15M. Repasamos las lecciones

15M. Breve repaso del movimiento socio-político nacido en 2011.

Convocadas por una «desconocida» plataforma, Democracia Real Ya (DRY), y el grupo Juventud Sin Futuro -cantera política de una parte importante del núcleo fundador de Podemos-, el 15 de mayo de 2011 se celebraron importantes manifestaciones en las capitales de provincia españolas bajo el lema «No somos mercancías en manos de políticos y banqueros». Las multitudinarias marchas dieron paso a una serie de acampadas en las principales plazas, y tras una dura intervención policial, el movimiento de ocupación pública se terminó por extender en el resto del país. De esta forma, nacía el movimiento 15M, movimiento social que, a diferencia de las luchas contra la Guerra de Irak, las huelgas generales anteriores, o el activismo estudiantil contra el Plan Bolonia, permitió la politización de aquellas generaciones y sectores sociales hasta entonces ubicados fuera del circuito político. Jóvenes, y no tan jóvenes, vivieron su bautismo de fuego político. 

¿Por qué surgió el 15M el 15 de mayo de 2011?

Desde 2008, pero especialmente a partir de 2009, la gestión de la crisis capitalista en España comenzó a mostrar la verdadera esencia de cualquier régimen de dominación burguesa: el entramado político-institucional cerraba filas a la hora de rescatar al sistema.  Y para ello, los representantes políticos, en este caso el PSOE de Rodríguez Zapatero, pero también la CiU de Artur Mas, entre otros, no dudaron en aplicar las siguientes recetas: recortes en inversión pública -incluyendo mermas salariales de los empleados públicos- y reformas en el marco laboral encaminadas a fortalecer el poder de la patronal frente al movimiento obrero y sindical. Esto se producía al tiempo que el Estado desarrolló un programa de rescate de las entidades financieras quebradas, lo que disparó la deuda pública nacional. La operación, finalmente, fue resuelta con la intervención de la Troika (las instituciones de gobierno capitalista europeo e internacional), generando sufrimiento entre millones de personas en nuestro país. Todo ello desembocó, por un lado, en el crecimiento desorbitado de las tasas de paro, por otro, en una degradación de las condiciones laborales, así como una pérdida de capacidad adquisitiva generalizada entre la clase obrera, y finalmente, se produjo un empeoramiento notable de los servicios públicos, especialmente sanidad, educación y dependencia. 

La brutalidad de la crisis, medida en la situación económica y social que atravesaban las clases populares, incluidos amplios sectores medios y de la pequeña burguesía, fueron el catalizador del estallido de indignación en que se convirtió, rápidamente, aquel 15 de mayo de 2011. Fueron cientos de miles de personas las que tomaron las plazas públicas en acto de protesta, y desafiando a la violencia del Estado, durante varias semanas protagonizaron un ejercicio político inédito en la historia de España. Los participantes se dedicaron a discutir el origen de los problemas que atravesaba el país, y en muchas ocasiones pusieron en marcha tanto iniciativas de formación política y económica, como todo tipo de protestas y movilizaciones. No podemos dejar de mencionar el clima político que recorría el planeta, y que sin lugar a dudas sirvió para alimentar aquel ciclo de protestas: movilizaciones populares en el mundo árabe, huelgas generales en Grecia e Italia, consolidación de gobiernos de «cambio» en América Latina, etc. 

Las potencialidades y límites del 15M

Si por algo se caracterizó el 15M fue por agrupar en torno así el apoyo de buena parte de la sociedad española con un mensaje de deslegitimación del orden existen y por desconcertar como a la élite gobernante como hacía varias décadas no ocurría. Estos elementos fueron, desde luego, fundamentales para entender las potencialidades revolucionarias de aquel movimiento social. 

Desde luego, el movimiento fue plural en cuanto a la composición de sus miembros, pero destacaban los elementos jóvenes de los sectores acomodados venidos a menos. Los hijos de la pequeña burguesía y la aristocracia obrera, en su mayoría titulados superiores pero con escasas perspectivas de futuro, se convirtieron en los principales protagonistas de aquellos días. No obstante, el movimiento llegó a conectar con el sentido común de la mayoría social española, y parte de las reivindicaciones que se concretaron, según las encuestas de entonces, fueron asumidas por más del 70 % de la población. Sin embargo, como movimiento político primitivo (entiéndase primitivo como «recién nacido», sin trayectoria ni otros elementos que lo vinculen con tradiciones políticas y luchas anteriores), las demandas del 15M se focalizaron en defender un perfeccionamiento ingenuo e inocente del sistema: los portavoces quincemayistas defendieron que era posible volver al estadio anterior a la crisis de 2008, y para ello era preciso abordar y elevar los procedimientos democráticos, la participación ciudadana en la política institucional burguesa y los mecanismos de control sobre los representantes para, así, evitar los casos de corrupción que entonces comenzaban a airearse. Estas ideas, además, encontraron su chivo expiatorio en el bipartidismo, una vez las masas comprendieron que las diferencias reales entre el PP y el PSOE eran nulas, pero de manera intuitiva también volvieron sus ojos hacia el papel de los «mercados» y la institucionalidad europea.  

A modo de reflexión

2011 convulsionó la realidad política española, y sus efectos se dejaron notar hasta, prácticamente, 2014. Desde entonces, el caudal de movilización política y social de los sectores más golpeados por la crisis, en muchas ocasiones con luchas protagonizadas por la propia clase obrera, dio paso al enésimo proceso de embaucación reformista hasta nuestros días. En estos momentos nos encontramos, otra vez, frente a un fenómeno de hastío y descreimiento por parte de los sectores populares, pero en esta ocasión las fuerzas de ultraderecha tienen una capacidad mayor de penetración gracias al desgaste de la pata izquierda del sistema. Quienes de forma oportunista se aprovecharon de las ilusiones y esperanzas de cambio y transformación social, han vuelto a dejar tirados a quienes confiaron en ellos. 

No obstante, podemos extraer interesantes aprendizajes de lo que supuso el 15M. Por un lado, aquel movimiento de masas, a pesar de que orientó su camino de manera equivocada, demostró la capacidad y creatividad innata de los sectores llamados a hacer la revolución. Las ocupaciones de espacios y edificios públicos, el movimiento antidesahucios, las luchas obreras emblemáticas, como la de los empleados de Coca-Cola en Fuenlabrada, o el movimiento estudiantil que se alzó frente a las políticas del ministro Wert, dan buena cuenta de ello. Por otro, la falta de un horizonte claramente a favor de la ruptura con el orden capitalista y su andamiaje político, permitió el triunfo de las tesis reformistas, lo que inevitablemente acabó con la movilización. 

En lo que nos toca, muchos y muchas comunistas nos curtimos durante aquel tiempo. Pudimos, en muchos casos por vez primera, participar de lleno en un verdadero movimiento político social de masas. Participamos en la dirección de determinados procesos, aprendimos importantes enseñanzas y, por medio de las derrotas, logramos extraer valiosas lecciones. Sin duda, durante aquellos meses comprendimos la necesidad que tiene la clase obrera de contar con su propia organización política, un Partido Comunista fuerte, revolucionario y dispuesto a romper con un presente que nos condena el futuro.