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Otoño de 2017, a 100 años de la Revolución Soviética, un evento que marcó directamente la política mundial hasta bien entrados los años 40 e, indirectamente, todo el siglo XX. Por nuestra parte, desde la Organización Comunista Revolución, queremos lanzar una serie de reflexiones a todas aquellas personas que, organizadas o no políticamente como comunistas, sienten respeto y admiración por la primera Revolución Socialista de la historia.

Tomamos esta decisión porque entendemos que en nuestro país la Revolución Socialista que queremos no está en agenda, dado que no hay nadie —ni mucho menos nosotras y nosotros— con la capacidad de ponerla en agenda.

Con este artículo, y otros que iremos publicando, pretendemos extraer algunos de los aspectos de la Revolución Soviética que entendemos más relevantes para la situación actual del movimiento comunista en nuestro país, así como de todas aquellas personas que creen sinceramente que este sistema, el Capitalismo, debe ser superado.

Precisamente porque pensamos que la Revolución Soviética estableció por primera vez la única alternativa para superar el Capitalismo que se ha demostrado viable, el Socialismo. Es, por tanto, la principal experiencia a estudiar por aquellas y aquellos que piensan que es injusto que millones de personas que trabajan cada día tengan problemas para garantizarse un presente y un futuro a sí mismas y a su entorno, que es injusto que miles mueran en guerras por los recursos y las posiciones estratégicas —guerras en que siempre ganan los mismos—, que perezcan millones en hambrunas y enfermedades curables porque un puñado de empresarios no quieren abrir la mano…

La Revolución de Octubre, mitos y leyendas

Sobre la Revolución Soviética se han escrito infinidad de libros, algunos contados por sus dirigentes y detractores más directos, otros décadas más tarde con mejor o peor intención y con más o menos acierto político. No pretendemos convertir este artículo en un refrito de anécdotas de la Revolución, aunque creemos que hay ciertos puntos que deben remarcarse:

 La Revolución de Octubre no se hizo contra el Zar, se hizo contra una República Democrática establecida por una Revolución a la francesa en febrero de ese mismo año (1917) gobernada y sostenida por partidos socialistas, algunos de ellos declarados como marxistas. Esta República democrática era, como todos los demás Estados capitalistas, una máquina burocrática que convertía en cómplices a las fuerzas de izquierda que tomaban labores de gobierno en él (como los Social-Revolucionarios) o dejaba sin efecto sus iniciativas ahogándolas en un laberinto de pasilleo y papeleo propio del poder ejecutivo[1] capitalista. Esta burocracia, como el propio Lenin explicó, no es más que la principal herramienta, junto a la represión, con la que la burguesía se garantiza la estabilidad que necesita para continuar su explotación.

• Efectivamente Rusia era un país con una mayoría aplastante de campesinos, no obstante la Revolución Soviética fue encabezada por la clase obrera de los centros industriales y urbanos rusos, como Petrogrado (actual San Petersburgo), y dirigida por el Partido Bolchevique. El Partido Bolchevique tenía una escasísima implantación en las zonas rurales y entre el campesinado, pero su trabajo político de años para concienciar y aprender a dirigir a la clase obrera partiendo de sus luchas más elementales hasta las más directas y abiertamente revolucionarias fue esencial para lograr que esa fuerza enorme, la de quienes construimos el futuro con nuestro trabajo, se lanzara a la toma del Poder político.

• El Partido Bolchevique no esperó a ganar unas elecciones ni a representar al 51% de la población rusa; lanzó la revolución y la llevó a sus últimas consecuencias cuando vio que tenía la fuerza e influencia justa y necesaria para hacerlo, y después dirigió la implantación y extensión del Poder obrero siguiendo la misma lógica. De hecho, las y los bolcheviques no solo no ganaron unas elecciones, sino que perdieron las elecciones de la Asamblea Constituyente convocada por ellos inmediatamente tras la Revolución de Octubre, y la disolvieron al comprobar una cosa más importante todavía: efectivamente el Partido bolchevique no había ganado las elecciones, pero sí contaba con un apoyo absolutamente mayoritario de la clase obrera, expresada tanto en los soviets[2] de las fábricas y ciudades principales como en esa misma Asamblea Constituyente.

Esta es una enseñanza fundamental de la Revolución de Octubre: la democracia capitalista es una trampa que nos fuerza a elegir entre lo malo y lo peor.

De forma natural la gente vota según su clase y capa social al candidato que parece que mejor se identifica con sus intereses a corto plazo, dentro del marco económico actual. El problema es que esta libertad es una libertad falsa, porque al poder que tiene la oligarquía financiera con su capacidad de condicionar todas las decisiones solo con mover sus inversiones aquí y allá, solo es capaz de hacerle frente el poder de quienes hacen rica a esa oligarquía, la clase obrera, y especialmente la clase obrera de los sectores productivos. El resto de la población y sus representantes políticos se ven obligados, en el mejor de los casos, a negociar con la oligarquía y sus representantes cómo ir tirando unos años más.

Lenin entendió perfectamente esta realidad y actuó en consecuencia: la clase obrera era la única capaz de conquistar el futuro tanto para sí misma como para el resto de clases y capas oprimidas y explotadas por la gran burguesía, y por tanto atar a la clase obrera a las peleas sin futuro de esas otras clases y capas era hacerle el trabajo sucio a la oligarquía. La única alternativa por el bien de la clase obrera y del resto de oprimidas y oprimidos era la toma del poder, el establecimiento de un poder obrero que, gracias a sus logros también para el resto de clases sociales, abriese el camino de la única superación posible del Capitalismo y el reinado de la oligarquía.[3]

Aunque esto es más conocido, lanzar una Revolución Socialista en un país atrasado económica y políticamente como Rusia no fue algo que le rompiera los esquemas al marxismo. Partiendo de las dinámicas que Marx y Engels habían demostrado dentro del funcionamiento del Capitalismo, Lenin observó el mundo que le rodeaba, lo estudió y concluyó que el Capitalismo había entrado en una nueva fase de híper concentración de la propiedad en largas cadenas de empresas conectadas piramidalmente (monopolismo) que pervertía la libre competencia y la vaciaba en buena medida de contenido, pero mantenía el funcionamiento esencial del Sistema, agravando sus consecuencias, a la vez que se dotaba de fuertes Estados imperialistas que a golpe de tratados internacionales y cañonazos cuando hacía falta, habían abierto el mundo a las relaciones sociales de producción capitalistas, conectándolo en una larga cadena imperialista de la que Rusia era un eslabón débil.[4]

Incluso dentro del Partido Bolchevique, antes y después de la Revolución de Octubre, había detalles de esta teoría que no terminaban de ser compartidos o comprendidos. Pero,desde luego,hasta grupos que se revelaron como contrarrevolucionarios, como los mencheviques, declaraban que en Rusia la Revolución Socialista no solo era algo compatible con las tesis del marxismo, sino que era una necesidad clara que se planteaba en agenda como continuación de la revolución democrático-burguesa de Febrero, estando el disenso en cuándo lanzarla.

Entendemos que estos apuntes históricos ayudan a desmitificar en cierta medida la Revolución Soviética y a apartar la mezcla de concepciones confusas y contradictorias que a veces arrastramos por la costumbre o lo que nos han enseñado, pero el punto principal de este artículo empieza a partir de aquí, en próximas entregas; esperamos no haber aburrido a quienes ya conocieran estas cuestiones y animamos a seguir leyendo.

 


[1] El Estado y la Revolución, capítulo 3, La experiencia de la Comuna de París, punto 3, La abolición del parlamentarismo. Lenin, 1917 (Agosto-Septiembre).

[2] Consejos de trabajadoras y trabajadores, así como otros estratos de la población como soldados y en algunos lugares campesinos pobres, que servían a la vez de lugar de debate y decisión y lugar de ejecución de esas decisiones. A partir de la revolución de Febrero de 1917 se extendió que ejercían como pequeños reductos de poder obrero que en ocasiones mandaban más que las autoridades institucionales oficiales, de modo que el Gobierno Provisional de la República se vio obligado a respetarlos en cierta medida.

[3] Tesis sobre la Asamblea Constituyente, Lenin, 1917 (diciembre) y Proyecto de Decreto disolviendo la Asamblea Constituyente, Lenin, 1918 (enero).

[4] El Imperialismo, fase superior del Capitalismo, Lenin (1916).

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