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El Partido Bolchevique

A la hora de analizar la política de la facción bolchevique de cara a la Revolución de Octubre, no podemos quedarnos simplemente en los meses entre Febrero y Octubre de 1917, aunque claramente estén entre los más trepidantes de su historia.

Sí, el Partido Bolchevique fue quien organizó y planificó la toma del Poder que se escenificó en Petrogrado en Octubre de 1917 (según el calendario ruso). Aprovechó su influencia bien merecida en los soviet de obreros y soldados que se encontraban en Petrogrado, y en el resto de luchas existentes allí, para derribar al poder democrático-burgués local y establecer el primer Estado obrero de la historia, en aquel entonces poco más que un puñado de Soviets principalmente urbanos-industriales y militares que encargaron su dirección a un alto mando revolucionario dirigido por el Partido Bolchevique con Lenin a la cabeza.

Y no, esa toma del poder y los meses anteriores no fueron un desfile de videoclip con el Partido Bolchevique unido y victorioso, sino meses de dudas, avances y retrocesos incluso en el seno del núcleo duro bolchevique. De hecho, las famosas Tesis de Abril de Lenin (Abril de 1917) fueron rechazadas por el máximo órgano de decisión bolchevique (Comité Central) la primera vez que las presentó, y cuando se aprobaron lo hicieron gracias a que algunos miembros del Partido como Stalin rectificaron su postura y las apoyaron[1].

Esas Tesis, que incluían liquidar en cuanto fuera posible la recién nacida democracia burguesa y establecer la Dictadura del Proletariado apoyándose en los soviet como sus órganos de poder, fueron la decisión política que hizo posible la Revolución de Octubre. ¡Pensemos en lo cerca que estuvo de quedar como la enésima intentona revolucionaria que no llega a nada!

Con esta mentalidad presente, es necesario entonces que las y los comunistas nos preguntemos: ¿qué caracterizaba y distinguía al Partido bolchevique?, ¿qué fue lo decisivo para su progreso y éxito?

No es una respuesta sencilla, desde luego, y sería pretencioso abordarla de forma tajante en un artículo “breve” como este, pero sí hay algunas cuestiones que pueden dar una idea:

 La facción bolchevique[2] desde muy temprano se caracterizó por la exigencia a sus miembros de una combinación muy exigente de creatividad política, abnegación y sacrificio. Las y los bolcheviques no eran solo lectores y escritores, eran también militantes aún cuando su estructura era muy precaria, y como muestra podemos citar el siguiente caso:

En 1905 el Partido Socialdemócrata envió a Stalin a Chiatura, para agitar en unas minas de manganeso donde las condiciones eran precarias hasta para los estándares de la Rusia Imperial —trabajo infantil, salarios de miseria, chabolas sin techo, dormir en las minas en invierno, raciones cubiertas de polvo de manganeso— y donde un grupo zarista llamado las Centurias Negras hacía cundir el terror sobre los mineros sindicados. Allí, Stalin convirtió los círculos de agitación de los socialdemócratas y sus simpatizantes en Centurias Rojas, grupos de choque que defendían a los trabajadores menos concienciados del sindicato, que eran la mayoría. De esta manera pudo coordinarse con éstos y bloquear las minas de manganeso a la vez que pedían mejoras, coincidiendo con la Revolución democrática de 1905[3].

 Esta exigencia de ser revolucionarios profesionales con toda su capacidad volcada en organizar la Revolución, se combinó y potenció con la búsqueda de una forma de organizarse adecuada. Esta forma de organizarse se ideó siempre con criterios políticos, nunca como el resultado de un simple debate burocrático, de manera que se obtuviera una organización donde todo el mundo tuviera funciones claramente asignadas, fuera un revolucionario profesional y la formación y la difusión de las ideas políticas bolcheviques fuera siempre ligada a una intervención política real que legitimase esas ideas y las hiciera evidentes.

Esta estructura se fue construyendo políticamente a medida que fue siendo necesaria, utilizando como guía la construcción de un periódico político. La motivación era la siguiente: un periódico servía como medio de transmisión de la línea del Partido y de los debates a tener para la militancia de ese Partido; además, el formato obligaba a desarrollar posiciones políticas claras y facilitaba detectar los desacuerdos y acuerdos, así como a desarrollar las opiniones; por supuesto, redactarlo, imprimirlo, reunirse para tratarlo, distribuirlo, recoger los artículos…implicaba además en aquellos momentos de clandestinidad una estructura que funcionase como un reloj y donde todo el mundo entendiese de lo que formaba parte.

Pero no solo eso, no solamente se preocupaban los bolcheviques por la vertiente interna, sino que además para distribuirlo era necesario contar con redes de distribución externas al Partido, lo cual obligaba a contar con redes de simpatizantes y a ser referente de distintos grupos de población. Además, al orientarlo hacia fuera en parte, también se forzaba a la militancia desperdigada por el territorio ruso a fundirse con las luchas de la población local, conocerlas en detalle para poder hilarlas con la teoría del Partido y darle salida a esas ideas.[4]

En resumen, una estructura que garantizase una disciplina férrea pero consciente de las orientaciones y objetivos del Partido, y obligase a desarrollarla creativamente a nivel local para poder dirigir a la población, especialmente a la clase obrera.

 La exigencia y estructura de la facción bolchevique le llevó a ser minoría numérica hasta la fecha misma de la Revolución de Octubre, precisamente porque su política de admisión era tremendamente restrictiva y confiaban sus fuerzas en la influencia y capacidad de dirección de personas no adscritas al bolchevismo. No obstante, su influencia en términos numéricos también era más limitada, dado que ni aspiraban a convencer a la mayoría del país, ni sus posiciones eran fáciles de tragar de partida, porque eran muy exigentes, tenían más reconocimiento en el momento de la lucha como combatientes reconocidos y respetables que a la hora de elegirlos como líderes. De hecho, en la anécdota sobre Stalin que hemos expuesto antes, faltaría indicar que a la hora de elegir un líder, los mineros terminaron votando a un menchevique mejor orador y con más afiliados —que no militantes— a su facción.

No obstante, el compartir movimientos estando en minoría numérica y de influencia no hizo que los abandonaran o los boicotearan, al contrario, siguieron trabajando de forma ejemplar en ellos, logrando sacar adelante su línea en cada ocasión y explicándola a los integrantes de esos movimientos aunque no recogieran el crédito por esas iniciativas, a sabiendas de que en un futuro su línea y planificación acertadas llevarían la situación a una crisis revolucionaria en que serían la única alternativa que se mantendría firme.

 En cuanto a la ideología de la organización bolchevique, aunque pueda sorprender, esta no fue marxista-leninista hasta tiempo después de tomado el Poder. No pretendemos hacer un juego de palabras diciendo que no se incluyera en sus Estatutos esa palabra. Hablamos de que en sentido estricto, posiciones de Lenin que se plantean hoy como una base principal de la ideología y política comunista (la naturaleza del Imperialismo o la relación entre revolución burguesa y revolución proletaria, por ejemplo) y que tienen una base material más que probada (aunque solo nos fijásemos en que empíricamente tuvieron lugar), eran entonces discutidas por la propia cúpula de su organización, e incluso siguió ocurriendo después de la Revolución[5], a menudo quedando Lenin en minoría.

Estos disensos de tipo ideológico en el seno del Partido bolchevique marcaron todo el desarrollo de la Unión Soviética, la Internacional Comunista y por extensión del Movimiento Comunista Internacional. Pensemos que además de quienes simplemente nunca compartieron las tesis revolucionarias leninistas, existía un buen número de bolcheviques que era la primera vez que oían las opiniones de Lenin y éste era para ellos y ellas un camarada de organización, un referente, pero de carne y hueso y con tanto derecho a equivocarse como cualquiera.

En la actualidad no nos encontramos ya con tantísimas dificultades y carencia de documentación política como en aquel entonces, tanto porque el propio Lenin escribió mucho y en detalle, como porque tiempo más tarde los bolcheviques leninistas como Stalin tomarían la responsabilidad de leninizar el Movimiento Comunista Internacional y su propio Partido, escribiendo manuales y sistematizando algunos principios, como por ejemplo los organizativos, que hicieron triunfar a los bolcheviques o que, en todo caso, les hubieran ahorrado errores y disgustos.

Sí es cierto, no obstante, que esta forma de construirse el marxismo-leninismo, en combate ideológico incluso dentro del movimiento bolchevique, vino condicionada en forma de peleas de poder, escisiones y necesidad de ganar posiciones dentro y fuera de la URSS, haciendo que se tomase una dinámica demasiado arraigada  en el movimiento comunista del siglo XX de tomar el marxismo como algo estático y propio de manuales sistemáticos que tomados por sí solos son demasiado simples, y de dar por hecho muchas de las enseñanzas de la Revolución de Octubre, hasta el punto en que cuando se fueron abandonando esas posiciones, a veces por incapacidad y otras por falta de voluntad, muchos no notaron el cambio o no se supieron oponer a él con éxito.

 Para terminar con este apartado, hay que añadir que el Partido Bolchevique fue capaz de adaptarse a las distintas situaciones de represión y libertades, y en todo momento desarrolló actividades legales o abiertas y otras que no lo eran. No obstante, en los meses previos a la Revolución el Gobierno Provisional republicano confirió a los comunistas una libertad de acción extraordinaria debido a su propia debilidad a nivel represivo, hasta el punto en que los bolcheviques mantuvieron sostenidamente todos aquellos meses la consigna de la toma del Poder para los soviet mientras estos ejercían poder efectivo a pequeña escala.

Evidentemente la burguesía no va a cometer de nuevo los errores que cometió entonces y que sirvieron a un Partido Bolchevique en ocasiones dubitativo o poco cohesionado ideológicamente para no verse aplastado. No obstante, las y los comunistas de la actualidad tampoco tenemos por qué tropezar con sus mismas piedras, y hemos de aprovechar el legado teórico y práctico que nos dejaron.

 


[1] Stalin, paradojas del poder, Stephen Kotkin (2014), historiador anticomunista de Princeton que trata de enfocar a Stalin y la revolución de Octubre con su propio sesgo ideológico pero ateniéndose a los hechos documentados. Cap: El salvador de Kalmyk.

[2] Las y los bolcheviques, antes de constituir su propio Partido, eran una facción radical del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, un grupo de marxistas de distintas tendencias y sin una coordinación de Partido como hoy la entendemos.

[3] Stalin, paradojas del poder, Stephen Kotkin (2014),  Cap: El enemigo más poderoso del Zar.

[4] Qué Hacer, Lenin (1902), Capítulo V: “Plan” de un periódico político destinado a toda Rusia.

[5] VIII Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, en 1919.

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