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Y ahora, ¿qué?

Una de las enseñanzas principales que debemos tomar de la Revolución de Octubre y su Partido dirigente, el Partido Bolchevique, es que para organizar una Revolución hace falta un Partido con la determinación de hacerlo, con la capacidad de dirigir en la lucha a la clase obrera y el resto de capas y clases, especialmente a través de la más arrojada y consciente políticamente, pero siempre que esta tenga una ligazón real con el resto de su clase, siempre que su lucha sea una superación no solo sobre el papel sino también en la práctica de lucha.

Y además de determinación hace falta una estructura no burocrática que sea capaz de cohesionar ideológica y políticamente en base a la discusión, y después ejecutar la línea política hasta sus últimas consecuencias en cada caso, con especial atención no solo al conocimiento de la línea política que se tiene, sino también a cómo hacerla legítima y evidente para las masas en sus reivindicaciones y luchas.

No se trata de construir el Gran Partido de la clase obrera, que dirija grandes organizaciones de masas para hacer lo que ya podrían hacer por sí mismas y está atrapado eternamente en un gran ciclo de toma y daca por reformas con la burguesía —como ocurría en la mayoría de Partidos Comunistas de la segunda mitad del siglo XX—, sino un Partido Comunista actual, que planifique la Revolución Socialista para nuestro país, que busque y canalice la influencia sobre las luchas de masas más y menos conscientes políticamente en la medida en que le sea necesario, sin esperar a que se inflame o estalle una Revolución, sino potenciándola.

En la Organización Comunista Revolución pensamos que está claro que este Partido de la Revolución no existe en nuestro país, que hay que construirlo (reconstruirlo, si somos históricamente exactos).

Tampoco creemos que seamos la estructura embrionaria de ese Partido, en la medida en que no solo hace falta un salto cuantitativo (de más extensión o más militancia, por ejemplo) sino cualitativo (de fusión de la teoría comunista con el movimiento obrero para poder plantearse seriamente organizar una Revolución). Del mismo modo, estamos seguros de que ninguna sigla actual está en posesión de ese título.

Por tanto, ¿qué planteamos como ejes para la Reconstrucción de este Partido Comunista?:

 Si el Partido Comunista tiene que estar formado por las personas más dispuestas y capaces para pensar, esforzarse y trabajar por la organización de una Revolución Socialista, es prioritario atraer al comunismo a la parte de nuestra clase que hoy está más cerca de ser potencialmente un o una comunista, a esa parte de la clase obrera que, considerándose ya comunista o no, es más inquieta y combativa, con más claridad o determinación política para convencerse de que las cosas no pueden seguir como están y que para cambiarlas hace falta más que acciones individuales, locales o sectoriales y que no son una solución las aventuras electorales.

Una parte importantísima de este pilar se logra a través de la lucha explícita de ideas, de la explicación y el aprendizaje político junto a esas personas de aquellas cuestiones fundamentales para el proyecto político comunista.

Pero esas personas son los cimientos de la construcción del Partido Comunista, y no pueden ser cimientos débiles, no pueden ser simplemente personas que se contentan con una estética roja o un discurso exaltado, tampoco nos puede valer conformarnos para siempre con personas que se unan por simple simpatía o convencimiento general, cosa que nos lleva al segundo pilar:

 Debemos aprender a dirigir a la población en sus luchas, en la media que nos sea posible y en la escala que sea viable, precisamente porque el Partido Comunista no es un precocinado de microondas que podemos dejar cocinándose mientras nos sentamos a leer, el Partido Comunista no va a ser mejor que quienes lo construyamos.

La Construcción del Partido de la Revolución es un objetivo cuyos resultados, aunque hay que concretarlos, incluyen la capacidad de dirigir grandes masas. Realmente sería muy absurdo pensar que el Partido se reconstruye con charlatanes de feria. Si tratamos de ligar nuestra acción de hoy con la existencia de un Partido Comunista mañana, está claro que quienes construyamos ese Partido debemos ser gente con el valor y la capacidad probados para empezar a organizar una ofensiva masiva.

Además, las ideas y el discurso comunista pueden parecer coherentes y lógicos, pero las palabras significan poco o nada para una población continuamente decepcionada por candidatos electorales, incluso para aquella parte de la población más joven y más dispuesta a comprar grandes discursos con muy poco concreto.

Ser capaces de elaborar y demostrar nuestros postulados políticos de cara a la parte de nuestra clase que no va a ser comunista ni hoy, ni mañana, ni pasado mañana, es una forma indispensable de demostrar a la parte que sí es más susceptible de ser comunista que no vendemos humo, que no somos niños y niñas jugando a la Revolución, que pretendemos ser revolucionarios y revolucionarias profesionales. No solo porque no queramos vender humo, sino porque la Revolución tampoco necesita a la gente dispuesta a comprar humo.

Intentarlo aprovechando las luchas y reivindicaciones de nuestra clase y, a través de ella, de otras capas empobrecidas de la población, nos sirve para forzarnos a ver qué aportamos como comunistas que no puedan dar por sí solas esas luchas, qué análisis, qué enfoque político, cómo vinculamos las ideas comunistas con la realidad a través de la práctica social de lucha.

Con todo esto, no podemos olvidar que, aun sin haber un Partido de referencia para todas las personas que quieren el poder de las y los trabajadores, igual que la capacidad o la valentía para la organización de grandes grupos de población no viene del cielo, tampoco van a nacer por arte de magia la disciplina, la capacidad de analizar, la estructura que obligue a cumplir con los objetivos que nos fijamos… Cosa que nos lleva al último pilar:

 Trabajamos día a día por construir una organización que sea un buen ejemplo a pequeña escala organizativa de lo que queremos para ese Partido Comunista. Trabajamos por construir una organización donde el aprendizaje sobre el comunismo sea creativo, donde el enfoque con nuestro propio trabajo sea más crítico y exigente que con el de cualquier otro grupo político, donde no nos presupongamos el acierto político ni la razón, donde la disciplina sea algo asumido de forma consciente por toda la militancia, desde arriba hasta abajo, y donde todas las decisiones que tomamos —también aquellas que se toman por omisión— tengan un porqué político, no nos vengan marcadas por el descuido, la falta de esfuerzo o las decisiones aparentemente técnicas, que le quitan el mando a la política.

Esto no significa que creamos que somos una especie de embrión que necesite más manos para ser el Partido y no lo decimos por falsa modestia o para escurrir el bulto: no tenemos un vínculo sistemático y estable con nuestra clase que nos permita crecer de lo más combativo que tiene, no tenemos ni siquiera influencia significativa en esa parte más consciente políticamente de nuestra clase… Tampoco creemos, como ya hemos dicho, que nadie esté actualmente en esa situación que le permita plantearse comenzar a organizar la escalada para la Revolución Socialista en nuestro país.

Tenemos claro que hay vida ahí afuera, que existen buenos comunistas tanto dentro como fuera de las organizaciones actualmente existentes, y, como hemos dicho, aún más personas que están a un paso de ser comunistas. Con todas ellas queremos intercambiar opiniones, experiencias e ir avanzando y profundizando en aquellos puntos en que estemos de acuerdo y sacar a relucir aquellos puntos en los que no lo estemos, desde la buena voluntad y el respeto mutuo porque nadie tiene en su mano la fórmula secreta de la Revolución (que, por cierto, no existe).

Y para terminar…

En definitiva, la enseñanza fundamental de la Revolución de Octubre es que se necesita un Partido que surja de la clase obrera, que conozca cómo vive, que la parte más arrojada de la clase obrera vea como su referente político y que el resto de ella esté dispuesto a seguirlo, que no se deje influenciar o comprar por ningún interés empresarial, y que sea capaz de analizar científicamente la realidad y plantear una respuesta efectiva y planificada, para lo cual debe tener una militancia prudente, capaz, entregada y experimentada.

Ese Partido capaz de plantar cara a la burguesía, de organizar una Revolución, no existe hoy en España, pero está en nuestras manos unir fuerzas, aprender, analizar la realidad, curtirnos en las luchas que concluyamos que pueden llegar a socavar los cimientos del capitalismo de cara a una Revolución, planificar cada detalle de nuestras acciones, prepararnos para asumir una tarea dura, discutir con toda aquella gente que realmente aspire a llevar a la clase trabajadora al poder y, así, construir la herramienta política que necesitamos las y los trabajadores: el Partido Comunista,

¿y tú, nos ayudarás a conseguirlo?

Organización Comunista REVOLUCIÓN

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