A 7 años de las protestas de Gamonal

El conflicto de Gamonal es un hito del movimiento barrial en nuestro país. La semana de protestas que se extendió del 10 al 17 de Enero de 2014 nos demostró en toda su crudeza, tanto a los vecinos de Gamonal como al resto de nosotros, cómo el Estado es, para la inmensa mayoría de la población, un instrumento de represión, que no nos representa ni nos protege.

Lo que ocurrió entonces debe servirnos de precedente. Tenemos que saber que cuando nos cansemos de que se ignoren nuestras necesidades, de que nos pasen por encima y nos roben descaradamente, cuando nos organicemos para luchar por nuestros derechos, tendremos al gobierno y a los dirigentes de los grandes negocios contra nosotros. Pero también debemos saber que en Gamonal ganaron. No dejemos que nos hagan olvidar que los trabajadores somos quienes tenemos más peso en la sociedad, tanto cualitativa como cuantitativamente. El poder de las clases privilegiadas depende de que queramos jugar bajo sus reglas. La victoria en Gamonal fue resultado de una lucha consciente, que logró ganarse la solidaridad de otras ciudades incluso a nivel internacional, y que tuvo muy claro a quién tenía en contra.

Gamonal es un barrio obrero que concentra a un tercio de la población de Burgos. Hoy hace seis años que sus vecinos se echaron a la calle para evitar que el ayuntamiento convirtiera el barrio en un nuevo centro, haciéndolo inaccesible para la gente que siempre había vivido allí. Las obras iban a durar 15 meses, suponían privatizar 300 plazas de aparcamiento que hasta ahora habían sido gratuitas, y agravar el problema del tráfico en uno de los ejes principales de la ciudad. Además, tenían un coste inicial de 8.5 millones de euros para los burgaleses. Esto ocurría en un momento en el que la crisis de 2008 todavía hacía estragos. Los vecinos pedían menos paro y más servicios sociales, las constructoras pedían gentrificación y concesiones para sus negocios especulativos.

La alcaldía no se preocupó en disimular de qué lado estaba. El alcalde, Javier Lacalle, ya tenía un historial de chanchullos con el cabeza de proyecto, el magnate Antonio Miguel Méndez Pozo. Este último se había visto envuelto años atrás en otras polémicas y corruptelas, como el Caso de la construcción, y controlaba uno de los principales periódicos de la localidad, el Diario de Burgos.

Cualquiera que viva o trabaje en una ciudad conoce de primera mano casos similares a este. Si no es porque resulta lucrativo, generalmente no vemos soluciones a los problemas de vivienda, limpieza, tráfico o accesibilidad de nuestros barrios. Aunque nuestras demandas no sean más que las condiciones mínimas para poder levantarnos cada día e ir a trabajar, hacer la compra, atender a nuestras familias y descansar para repetir el ciclo. Y aunque en conjunto contribuimos más a la sociedad que todos los fondos de inversión y empresas constructoras que se afanan en rentabilizar nuestros barrios, los obreros nos tenemos que resignar a quedarnos al margen de las decisiones sobre nuestros espacios de vida.

Meses antes de que se iniciaran las obras, se recogieron cerca de 4000 firmas y unas 3000 personas se manifestaron en contra del proyecto urbanístico. Era evidentemente impopular. A pesar de ello, el 10 de Enero se comenzó a construir. Grupos de vecinos trataron de bloquear el paso de la maquinaria, hubo altercados y diecisiete detenidos. Al día siguiente, más de mil personas se sumaron a las protestas. Se agravaron los disturbios, veintitrés detenidos más. Al tercer día ya había más de tres mil personas en las manifestaciones, esta vez la policía no se atrevió a detener a nadie. Tras cuatro días bloqueando las obras, el gobierno central decidió enviar 200 unidades antidisturbios a Gamonal. No fue suficiente. La alcaldía accedió a abrir un proceso de negociación para tratar de calmar los ánimos. Tampoco funcionó, las concentraciones no se desconvocaron. Los vecinos sabían que si el ayuntamiento conseguía llevárselos a su terreno, habrían perdido el conflicto.

Finalmente, el día 17 se celebró un pleno en el que el gobierno burgalés decidió seguir adelante con el proyecto urbanístico. Dos mil personas se manifestaron a las puertas del Ayuntamiento en contra de esta decisión. Las manifestaciones se hicieron eco en todas partes: Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Santander, Zaragoza, Coruña,… Esa misma tarde, Javier Lacalle tuvo que comparecer en una rueda de prensa para anunciar el cese de las obras. Gamonal había ganado.

Los representantes políticos, medios de comunicación y caras públicas de la clase burguesa como Ana Botín denunciaron la violencia en las protestas. Precisamente esa violencia, la amenaza a la “paz social” tan temida por la burguesía y sus representantes, es la que ha jugado a favor de todas las conquistas de la clase trabajadora. A la clase explotadora sólo le preocupa la violencia cuando no defiende sus intereses, sin embargo no se pronuncia cuando el Estado envía a la policía a cargar contra su propia población.

El 11 de Enero de 2017 se publicó Gamonal. La historia desde abajo, un libro que relata cómo sucedió todo. Lo que ocurrió en Gamonal es historia de nuestra clase, y es historia que se repite a pequeña escala todos los días, en todas partes.