Ante el discurso anticomunista: construyamos la alternativa revolucionaria

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Ante el discurso anticomunista: construyamos la alternativa revolucionaria


La precampaña electoral por gobernar la comunidad de Madrid está siendo la excusa para que el PP vuelva a agitar la bandera del anticomunismo. Ya en noviembre de 2020, y con el apoyo de VOX y C’s, presentó una iniciativa parlamentaria para condenar el comunismo. El pasado 23 de marzo volvió a hacerlo con el mismo propósito.

Resulta cuanto menos indignante que la respuesta por parte de los ‘comunistas’ con presencia parlamentaria haya sido la de poner en valor su papel reformista y conciliador de clases durante la transición española, cuestión que incluso el PSOE ha defendido con tal de mantenerse cerca del electorado de izquierdas.

Y decimos que resulta indignante porque, además de dejar en el olvido el carácter revolucionario de los comunistas y de los derechos arrancados a la burguesía, inconscientemente están allanando el terreno para el discurso anticomunista mediante la diferenciación entre quienes se mantuvieron en posiciones revolucionarias y aquellos que abrazaron el reformismo y la socialdemocracia, situándose de este modo entre “los comunistas buenos”.

Pero esto este clima de hostilidad contra el comunismo no se debe únicamente al juego parlamentario del Estado español. El discurso y política anticomunista está plenamente asentado incluso en países modelo de la ‘democracia’ europea, como es el caso de Alemania y de países ultrarreaccionarios de la UE como Polonia y Hungría, donde existen leyes anticomunistas amparándose en la condena a “los regímenes totalitarios del siglo XX”.

Cabe destacar la resolución aprobada en septiembre de 2019 en el parlamento europeo “Sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa” donde se equiparaba al comunismo con el nazismo, lo que ejemplifica cómo los países imperialistas necesitan preparar el terreno para impedir el desarrollo de cualquier opción revolucionaria.

Señalar que, lejos de situarnos en un contexto donde el movimiento obrero esté adoptando posiciones revolucionarias y pueda poner en jaque al Estado burgués, nos encontramos en un momento en que las opciones reales del reformismo y la socialdemocracia son muy limitadas. La permanente caída de la tasa de ganancia a nivel internacional conlleva que las concesiones que los capitalistas puedan asumir sean cada vez menos, y con ello los márgenes de actuación de la socialdemocracia para volver a un “Estado del bienestar” que dure otros 40 años son inexistentes.

El fortalecimiento de las posiciones reaccionarias tanto en España como en el resto de la UE son un ejemplo de cómo la burguesía necesita controlar esos márgenes. Y es llamativo que en España tilden de “comunistas” a quienes están gobernando mediante tibias reformas basadas en la total conciliación con los capitalistas. Esto no es más que una excusa para instaurar el discurso anticomunista y poder utilizarlo contra todo aquel que decida rebelarse contra el capitalismo y sus consecuencias. Por tanto, más allá de lo caricaturesco que pueda resultar ver al trifachito llamar “social-comunista” a la coalición de gobierno socialdemócrata, debemos reflexionar sobre las implicaciones de esta ofensiva ideológica contra el comunismo.

La situación de impotencia en la que se encuentra el movimiento obrero, manteniéndose desde hace décadas en posiciones defensivas ante los continuos ataques de los capitalistas, donde ni tan si quiera un sector del mismo y con una mínima relevancia presenta posiciones revolucionarias, sitúa a nuestra clase en una posición de total debilidad que abre vía libre a una escalada represiva bajo el discurso del anticomunismo.

Pero cada día es mayor el número de jóvenes que muestran inquietud por las ideas comunistas o anticapitalistas, ante las perspectivas de futuro mísero a las que el capitalismo del aboca. Cada día la clase trabajadora, en sus empresas y en sus barrios, vive las consecuencias de un sistema moribundo y sus coletazos en forma de desahucios, despidos, represión, mayor presión y menor seguridad en los puestos de trabajo. El sistema capitalista cada día tiene menos crédito, aunque la sociedad no concibe una alternativa clara.

Por tanto, debemos dotarnos de las herramientas necesarias de agitación y propaganda para poner en valor el papel de las y los comunistas en la historia de la lucha del proletariado. Debemos ser quienes demos ejemplo, quienes llamemos a luchar contra todas y cada una de las consecuencias del capitalismo, debemos aprender de las luchas emprendidas por nuestra clase en cada frente, convertirlas en experiencia y volver a ponerlas en práctica. Y con ello, construir el Partido para generar una alternativa revolucionaria al capitalismo es la tarea más inmediata y urgente y la única que puede hacer frente a la ofensiva anticomunista.