Conflictos obreros en la época de los monopolios

No son pocas las noticias que hemos ido leyendo en los últimos años sobre conflictos obreros por el anuncio de cierres de plantas o EREs en la industria de nuestro país: Alcoa, Cemex, Vestas, Selecta, La Naval[1], Gallina Blanca, Nissan, ArcelorMittal… son algunos de los ejemplos que podemos nombrar. Si nos remontamos a la última década, podemos ampliar la lista estremecedoramente: Coca-Cola, Peugeot, Ford, Faurecia, Volvo, Iberdrola, Formica, Unilever, Airbus,… y un largo etcétera.

La mayoría de estas empresas, son grandes factorías industriales con varios cientos de trabajadores y millones y millones de euros de beneficios. Pero entonces, ¿por qué existe esta dinámica a cerrar plantas de fabricación? ¿Por qué existe esta dinámica a amenazar con EREs a las plantillas? Esto no hace más que demostrar la fase decadente en la que se encuentra el sistema económico en el que vivimos: el capitalismo en su última etapa, en la fase del imperialismo, en la época de los monopolios.

Por ello, podemos afirmar que el caso de Alcoa no dista tanto del de Coca-Cola, del de Vestas o el de Airbus. Responden a fenómenos en esencia iguales, con rasgos comunes.

Los monopolios en el imperialismo

Uno de los rasgos del imperialismo es la organización de los burgueses y sus empresas, en grandes corporaciones, grandes monopolios, que se conforman de la asociación y unión de empresas del mismo sector, de la misma cadena productiva en cualquiera de sus pasos (extracción, modificación, distribución y venta) o sin ni siquiera relación. Algunas de las asociaciones monopolísticas más conocidas son Unilever (propietaria de Frigo, Knorr, Hellman’s, Ben&Jerry’s, Mimosín, Skip, Axe, Dove, Tresemmé…), Volkswagen (dueña de Audi, Lamborghini, SEAT, Porsche, Škoda, Ducati…), Facebook (dueña de Instagram, WhatsApp, Oculus VR y Libra), Google (que además de ofrecer infinidad de aplicaciones como Gmail, Maps o Drive, es propietaria de Youtube, ITA Software, Waze, Blogger…) o las continuas fusiones bancarias (en el caso español, la concentración se ha disparado hasta tal punto que a día de hoy cinco entidades controlan cerca del 70% de los activos bancarios)[2].

En este sentido, de las empresas mencionadas en la introducción, podemos ver como Selecta se fusiona con Pelican Rouge y Demas[3], ArcelorMittal con Ilva[4], Alcoa con Alumax[5], mientras que Nissan firmó una alianza con Renault y Mitsubishi por la cual los accionistas participan de unas y otras pese a que cada corporación mantenga su independencia.

Estos monopolios son los que dominan el mundo, los que producen casi la totalidad de bienes necesarios para nuestra supervivencia (comida, alojamiento, medicinas, etc.) y para el desarrollo de nuestra vida con normalidad (ordenadores, coches, ropa, aparatos electrónicos varios, etc.)[6]. No podemos negar que fuera de los monopolios existan empresas, sin embargo, éstas no reportan apenas valor a la producción total, nacen y mueren con rapidez y son absorbidas por los monopolios cuando empiezan a tener un relativo éxito o al menos potencial.

Estos monopolios luchan por el control del mercado, del comercio, de las fuentes de materias primas; y luchan contra otros monopolios. Lo hacen a través de conflictos económicos, cuando no directamente bélicos, a través de compras (OPAs) o nuevas uniones, pactos o boicots. El funcionamiento de estos monopolios no dista tanto del funcionamiento del juego del Monopoly (la coincidencia en nombre no es casual). Esta guerra, que es la guerra por ganar y ganar más, por situarse en el pódium, es al mismo tiempo la guerra por no perder, por no quedar fuera de juego; de hecho, no ganar significa prácticamente perder y ganar significa seguir vivo en esta guerra: el margen con el que juegan es muy estrecho. Para ello, deben ajustar sus gastos al máximo (y por lo tanto, las condiciones laborales), afinar en sus inversiones, para maximizar sus beneficios y minimizar sus pérdidas. Aún así, en muchos casos el Estado acaba interviniendo para evitar la quiebra ya que, por sus dimensiones, la debacle sacudiría toda la economía. Fueron ejemplo de esto General Motors y Chrysler, ambas salvadas con dinero de los contribuyentes estadounidenses en 2009.[7] Este fenómeno se conoce en politología como compañías too big to fall.

Estos monopolios no se pueden entender sin su fusión con el capital bancario, formando el capital financiero, que se vuelve el capital dominante y fundamental para esta guerra; ya que controlan los créditos (darlos o no darlos), tienen información financiera de cada empresa, y son al fin y al cabo los que tienen capacidad de invertir el capital necesario para seguir con el ciclo de producción, los que tienen el poder de hacer quebrar una empresa o colocar a otra en primera línea. No obstante, la fusión de capital bancario y capital industrial no siempre se da de esta manera. En ocasiones, los fondos salen principalmente del sector productivo y es a través de los accionistas que llegan al casino financiero con el objetivo de multiplicarlos. Además, que el capital industrial y el capital bancario estén fusionados en el monopolismo, a menudo puede expresarse de una manera tan sencilla como que el famoso magnate de la banca sea además un inversor importante en operaciones de riesgo, o que no haya un magnate bancario o industrial, sino que ramas enteras de la producción y la banca sean poseídas entre difusos grupos de inversión.

Los oligarcas que son dueños de estos monopolios, directamente como magnates (Amancio Ortega, Ana Patricia Botín…) o indirectamente como accionistas casi anónimos a través de entramados de inversión, tienden a la diversificación. En ocasiones encontramos corporaciones que abiertamente diversifican sus actividades de producción, como Yamaha Corporation, que engloba bajo su marca una amplia gama de compañías dependientes que se dedican a mercados tan dispares como la automoción, la música o los componentes electrónicos; o Nestle, que no solo es todopoderosa en el sector de la alimentación (sector amplio de por sí), sino que también controla importantes marcas en otros sectores, como el de los cosméticos. En otras ocasiones, esta diversificación es más casual y puntual, dándose a través del complicado casino financiero en forma de inversiones puntuales que buscan extraer rentas de mercados que están al alza y abandonarlos cuando van a la baja. Las diversificaciones dotan a los monopolios, y especialmente a los dueños de los monopolios, de más estabilidad frente a las inevitables crisis del capitalismo.

Estos monopolios son gigantes de la producción y la especulación, con enormes inversiones e intereses en juego. Por eso, los monopolios no son independientes del Estado. Necesitan regulaciones que amortigüen los choques entre ellos, canales de comunicación y distribución seguros para sus negocios, abastecimiento energético, seguridad para mantener el orden y evitar interrupciones en sus planes y ejércitos que les faciliten el acceso a materias primas, fuentes de energía y nuevos mercados que controlar. Los monopolios fomentan políticas proteccionistas o librecambistas dependiendo de la fuerza con la que cuenten en cada momento, como una de sus formas de hacer la guerra económica. Lo hemos visto en 2019 a escala supranacional con el caso de ArcelorMittal: la empresa se quejó de la competencia del acero turco y acto seguido la Unión Europea anunció impuestos del 25% a las importaciones de acero no europeo. Esta medida protege el negocio del acero en el viejo continente o, lo que es prácticamente lo mismo, el negocio de ArcelorMittal, primera productora siderúrgica a nivel europeo y mundial.[8]

Incluso, en ciertos momentos, pueden fomentar la nacionalización del monopolio, su gestión como empresas públicas. Esto les es especialmente útil cuando necesitan grandes inversiones, como la construcción de grandes infraestructuras a nivel estatal (red ferroviaria, red eléctrica); cuando necesitan ser salvados de bancarrotas o pérdidas grandes (rescate bancario, recordemos que Bankia fue nacionalizada). Muchas veces, esta relación con el Estado es más aprovechada y directamente reciben ayudas públicas, bien en forma de dinero, suelo o infraestructuras.  Esta relación se afianza estrechando lazos con los altos funcionarios (políticos, directores generales, secretarios de Estado…), que a menudo se traduce en las famosas “puertas giratorias”.

Estos rasgos del imperialismo y los monopolios ya los venía describiendo hace más de un siglo Lenin en su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo.

El cuento de los monopolios. Cierres de plantas y despidos masivos.

Teniendo en cuenta los rasgos de los monopolios que acabamos de describir, nos es más fácil entender el porqué de esta dinámica devastadora que azota a la clase obrera en nuestro país. El cierre de plantas de producción y despidos masivos (EREs y ERTEs) responde a los intereses de estos jugadores del Monopoly en su guerra monopolista.

La cuestión principal no es la rentabilidad de estas plantas o si es un coste muy grande para el Estado mantenerlo, como se argumentaba para desmantelar la minería en España[9]. De hecho, en la totalidad de los casos hablamos de empresas con beneficios millonarios, y en la mayoría de casos de plantas más que rentables. En el caso de Vestas, con 200 millones de euros de beneficios por año, la factoría leonesa tiene una productividad relativa importante, exportando el 80% de su producción a distintos países de Europa[10]. La cuestión principal reside a los intereses de un puñado de oligarcas financieros en su pugna con otros oligarcas.

A veces, son parte de planes de deslocalización de la fabricación a países donde pueden reducir gastos a costa de peores condiciones laborales de los y las trabajadoras, o por la cercanía a las fuentes de materias primas o el menor coste de éstas. Gallina Blanca recurrió a esta práctica hace poco más de un año: cerró la histórica fábrica de Sant Joan Despí (Barcelona) para trasladar la producción a Ballobar (una pequeña localidad de Huesca en la que rige un convenio menos garantista) y, sobre todo, a diferentes puntos de África, continente en el que la multinacional agroalimentaria ha multiplicado sus ventas en la última década. Con esta medida no sólo reducen gastos de producción, sino también de distribución. [11]

También puede deberse a querer evitar la presión fiscal de los países en los que se encuentran, volviendo al caso de Vestas (con planes de deslocalización a India, China o Argentina), ya comentamos que debían más de 90 millones de euros a la Agencia Tributaria. Otras veces, responden a cambios de inversión del capital hacia otros sectores, cuestión relacionada con la diversificación.

Hay que tener en cuenta también que el cumplimiento de la normativa de cada región puede influir en la voluntad de los oligarcas financieros a la hora de seguir invirtiendo su capital en determinada empresa localizada en esta región. Y es que las normativas, los estándares a cumplir, las exigencias de calidad, de emisión de gases es otra forma de lucha económica entre los monopolios, dificultando la entrada de nuevos monopolios o la supervivencia de los existentes en las zonas que controlan otros monopolios, que cuentan ya con esa tecnología o cumplen esos estándares. En este sentido, la Unión Europea[12] es mucho más restrictiva que América o Asia. En el caso de Arcelor Mittal[13] y Cemex[14], ya han amenazado varias veces con cerrar fábricas en Europa por los límites de emisión de gases de efecto invernadero, como el CO2.

Como ya hemos comentado, los monopolios se hacen servir del Estado a su antojo para salir ventajosos en su pugna. En algunos casos tenemos que el Estado les favorece con inversiones públicas: como la cesión de suelo público del Estado Español a Vestas y las ayudas de 15 millones de euros[15], o el caso más sangrante de Alcoa, que recibió más de 1000 millones de euros en ayudas públicas para rebajar su factura de la luz durante la última década[16].  Beneficiarse de dinero público es una práctica habitual de las empresas no solo durante su apertura o actividad normal, sino también ante las amenazas de cierre, donde la respuesta de la administración puede ser la de invertir más dinero en la empresa. Un claro ejemplo fue el de Vestas, donde el Gobierno central y la Junta de Castilla y León concedieron ayudas públicas para que permaneciese abierta, aunque finalmente se lo quedase la corporación Network Steel[17]. Esta es la tónica habitual: así lo ha denunciado la Federación de Industria de CCOO en su informe de julio de 2019[18]. En éste se señala que el Programa de Reindustrialización y Competitividad Industrial, pese a su título biensonante, es en la práctica un pozo sin fondo para las arcas públicas, pues el dinero fluye hacia la empresa privada sin que ésta adquiera compromisos firmes, sin supeditarlo a objetivos cuantificables ni se tengan en cuenta los desafíos tecnológicos o medioambientales.

Además de esto, las empresas muchas veces sacan tajada de sus amenazas, y las utilizan como chantaje para empeorar las condiciones laborales de los y las trabajadores, ya sea disminuyendo salarios, vacaciones y prestaciones, o prejubilando a la plantilla fija y veterana con mejor convenio, como fue el caso de Selecta, dónde en vez de hacer un ERE a 300 personas de la plantilla, se logró gracias a la lucha sindical rebajar a 125 ceses voluntarios[19]; o a través de presión para mejorar la productividad, es decir, presionando para aumentar los ritmos de trabajo, disminuir los descansos, etc.

Los sindicatos y la lucha obrera como protagonistas de la resistencia

Los grandes centros y plantas industriales, que están en el núcleo de la producción, mantienen la tradición sindical, combativa y de clase. Es ejemplar la lucha que dan, paralizando la producción con huelgas diarias, semanales y hasta indefinidas, que ponen en apuros a la empresa. La clase obrera organizada, sindicada y luchando es capaz de hacerse valer y negociar sus condiciones.

Sin embargo, en la mayoría de ocasiones, esta lucha de resistencia contra los grandes monopolios y oligarcas no es suficiente para paralizar sus planes, para imponerse como clase. En el sistema capitalista la clase trabajadora siempre tiene las de perder. Y es que muchas veces se ven en la tesitura de negociar y aceptar pactos que suponen un mal menor. Es el caso de lograr bajas voluntarias, jubilaciones o prejubilaciones en vez de despidos; de comprometerse a cumplir objetivos de productividad que empeoran las condiciones de la plantilla; de aceptar rebajas salariales, etc. Lo hemos visto recientemente en Nissan, así lo reconocía el Secretario General de la sección sindical de CCOO en la fábrica de Montcada i Reixac (Barcelona): “Al principio sí que apretamos y exigíamos un compromiso que garantizase futuro para los que se quedaban y una buena salida para los que se iban. Pero la empresa no quería darnos nada, ni tenía ni tiene plan industrial. Nissan está en un periodo profundo de reestructuración en el que se plantea si mantener su alianza con Renault o si apostar por vehículos eléctricos, todo esto mientras crecen las pérdidas en Europa y América. En estas condiciones presionamos y hasta rompimos la negociación una noche a las dos de la mañana porque no veíamos garantías de futuro. Sin embargo, corrían las semanas y empezaron a amenazar con convertir los 600 prejubilados en 600 despidos. Así que necesitábamos tomar una decisión para cerrar el convenio y conseguir que las prejubilaciones se produjesen en condiciones dignas. El resultado al final es que los primeros afectados se van de Nissan contentos con un plan de acompañamiento del 90% hasta la jubilación y manteniendo cotización, aunque los que nos quedamos estamos angustiados porque vemos que no hay trabajo.”[20]

Uno de los grandes retos de los sindicatos en esta etapa de los monopolios es la internacionalización de su trabajo, es decir, la necesidad del estudio de las inversiones (reparto de proyectos, contrataciones, inversión en instrumentos de producción) y los mercados y sus tendencias a nivel global, para estar preparados para las ofensivas patronales que devengan, y la coordinación entre las secciones sindicales de las plantas de la misma empresa repartida en diferentes países para tener una acción sindical coordinada y complementaria, más eficaz y con menos riesgos. El cierre en 2018 de la planta de Ford de Burdeos[21], que era referente por su tradición sindical y combativa, nos da buena idea de ello. Ya no es suficiente con pedir mejoras salariales y hacerlo contundentemente, hay que planificar a nivel internacional esa intervención sindical, como ya hacen en Amazon[22], Vestas[23] o ArcelorMittal[24].

[1] https://www.elconfidencial.com/empresas/2018-10-21/alcoa-cemex-vestas-siemens-gamesa-se-oscurece-el-futuro-de-la-industria-espanola_1633353/

[2] https://www.elperiodico.com/es/economia/20190608/concentracion-bancaria-espana-bce-baja-moderada-competencia-7494743

[3] https://www.revistamundovending.com/sector/selecta-group-compra-pelican-rouge-para-crear-un-nuevo-lider-del-vending-en-europa

[4] https://spain.arcelormittal.com/news-and-media/press-releases/2018/noviembre/concluyeadquisicionilva.aspx

[5] https://www.washingtonpost.com/gdpr-consent/?destination=%2farchive%2fbusiness%2f1998%2f03%2f10%2falcoa-to-buy-alumax%2fba716762-f5c2-4d50-9f0e-09a4b96bfd18%2f%3f&utm_term=.c987466b603b

[6] https://economipedia.com/ranking/empresas-mas-grandes-del-mundo-2018.html

[7] https://www.publico.es/actualidad/obama-da-ultimatum-chrysler-y.html

[8] http://somosrevolucion.es/sobran-razones-para-frenar-el-erte-en-arcelormittal/

[9] https://www.20minutos.es/noticia/1473133/0/claves/sector-minero/carbon/

[10] https://www.elindependiente.com/economia/2018/08/29/358162/

[11] http://somosrevolucion.es/gallina-blanca-el-pelotazo-urbanistico-que-viene/

[12] Uno de los principales motivos de la salida el Reino Unido de la Unión Europea es éste.

[13] https://www.lne.es/economia/2017/05/19/arcelor-augura-cierre-40-plantas/2106827.html

[14] https://www.diariodemallorca.es/part-forana/2018/10/17/cemex-achaca-nueva-normativa-emisiones/1356841.html

[15] https://www.lanuevacronica.com/vestas-anuncia-despidos-masivos-tras-recibir-mas-de-15-millones-de-ayudas-publicas

[16] https://www.abc.es/espana/galicia/abci-alcoa-recibio-1000-millones-ayudas-publicas-para-rebajar-factura-durante-ultima-decada-201810171431_noticia.html

[17] https://www.leonoticias.com/paramo/vestas-lleva-gobierno-20181207190107-nt.html

[18] https://industria.ccoo.es/d9b6ad5f5c202bfd80fe756db1f15766000060.pdf

[19] https://valenciaplaza.com/selecta-cede-al-pulso-de-la-huelga-por-el-ere-a-300-trabajadores-y-solo-habra-despidos-voluntarios

[20] http://somosrevolucion.es/la-plantilla-de-nissan-sigue-alerta-ante-la-amenaza-de-los-12-000-despidos-anunciados-a-nivel-mundial/

[21] https://www.lasprovincias.es/economia/ford-cerrara-planta-francia-20181213182645-nt.html

[22] https://www.elboletin.com/noticia/162386/tecnologia/los-sindicatos-europeos-de-amazon-unen-fuerzas-para-coordinar-acciones-globales.html

[23] https://www.leonoticias.com/paramo/ccoo-comite-vestas-20181004122532-nt.html

[24] http://www.industriall-union.org/es/los-sindicatos-forman-una-red-mundial-y-tratan-de-ampliar-la-asociacion-con-arcelormittal