[Documentos I Congreso] Situacion en España

Spain

 

Podéis ver ahora nuestro análisis sobre la «Situación en España» aprobado en nuestro Congreso fundacional.

Definimos nuestro país con un carácter dual de la formación capitalista española, con relaciones de dependencia con las principales países europeos y también con EEUU y al mismo tiempo con relaciones de dominancia sobre algunos países africanos y latinoamericanos. Estos elementos configuran la posición de España en el sistema imperialista internacional y su carácter de potencia intermedia, de segundo orden.

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Situación en España

1. ESPAÑA COMO POTENCIA IMPERIALISTA DE SEGUNDO ORDEN

España por su propio situación geográfica ha sido siempre un país de importancia estratégica para las diversas potencias. Es un país que pertenece geográficamente a Europa, que es puerta de entrada de África en Europa, que forma parte del área mediterránea  y a su vez, conecta a través de la propia historia y el idioma con América Latina.

El desarrollo del capitalismo español se ha dado de forma desigual y a saltos a lo largo de los siglos. Podemos situar en el “Plan de estabilización” de los 60 y las políticas “desarrollistas” del Franquismo el gran salto adelante del capitalismo español para convertirse en potencia imperialista. Esta situación fue sancionada de hecho con la entrada del país en la OTAN y la Unión Europea. Al mismo tiempo la pertenencia de España a distintos foros con países africanos y latinoamericanos, y las relaciones preferentes con países de gran importancia en esos continentes como Marruecos, Colombia o Argentina.

El patrón de relaciones comerciales del capitalismo español tiene una doble dirección: la principal fuente de relaciones comerciales se realiza con los países pertenecientes a la Unión Europea donde España esta imbricada de una manera decisiva y tiene una posición política y económica subordinada a los países europeos dominantes: Francia, Alemania y hasta cierto punto Reino Unido (sobre todo el sector financiero) pero a su vez tiene mayor peso en la Unión Europea que los países del este de Europa. A su vez España es de gran importancia para favorecer las relaciones comerciales europeas con América Latina y África, y de hecho cuenta con importantes inversiones en esos continentes y cierto dominio político sobre algunos de estos países. Esto determina el carácter dual de la formación capitalista española, con relaciones de dependencia con las principales países europeos y también con EEUU y al mismo tiempo con relaciones de dominancia sobre algunos  países africanos y latinoamericanos.  Estos elementos configuran la posición de España en el sistema imperialista internacional y su carácter de potencia intermedia, de segundo orden.

La entrada de España en el sistema imperialista internacional en esta posición intermedia marca también su posición en la división internacional del trabajo. En España desde los años 80 han ido perdiendo peso determinados sectores industriales [1](minería, siderurgia, naval, metalurgia) y también agricultura y ganadería, ganando peso los servicios financieros, la construcción y servicios relacionados con el turismo. Al mismo tiempo se han ido configurando, mediante procesos de privatización, una serie de monopolios con raíz española pero con importancia creciente en el contexto internacional.  En lo esencial, España se configura como un estado burgués desarrollado donde la contradicción principal reside entre los grandes capitalistas y el proletariado (que ha experimentado un crecimiento meteórico desde los 60 del pasado siglo) y donde en lo esencial contamos con una economía de carácter monopolista sostenido por un abigarrado cóctel de pequeña y mediana empresa con relaciones variadas con los monopolios (desde la subordinación absoluta de por ejemplo las franquicias o la mayoría de subcontratas industriales, hasta la independencia relativa de los monopolios con la que cuenta el sector hostelero o el comercio minorista).

No obstante, el país desde el punto de vista capitalista cuenta con algunas debilidades muy importantes. En primer lugar, el peso en la economía de sectores económicos de bajo valor añadido y muy intensivos en mano de obra lastra la competitividad de la economía y por tanto dificulta el desarrollo internacional de las empresas capitalistas, al mismo tiempo si bien el tejido de PYMES español es muy denso, se trata en la mayoría de casos de empresas escasamente capitalizadas, con poco músculo , a su vez hay una extraordinaria disparidad en cuanto a qué se produce y cómo se produce en las distintas regiones de España lo que lastra la unidad de mercado que necesitan los capitalistas españoles. Por último, hay que mencionar que el mix energético español lastra también la competitividad al ser muy dependiente del petróleo y de sus vaivenes.

En lo esencial, nuestro país muestra las características políticas y sociales de un país burgués desarrollado.  Esto es, el Estado burgués cumple la función de generar amplios consensos sociales en beneficio de la clase capitalista y resuelve los distintos conflictos sociales referenciándolos dentro de los marcos de la democracia representativa. Las fuerzas obreras y populares son al mismo tiempo cooptadas y atraídas hacia acuerdos y consensos para que vayan integrándose de manera subordinada en el Estado Capitalista, pero también reprimidas y aisladas cuando  confrontan con el poder burgués y no se avienen a los marcos normativos impuestos por la clase dominante. El dominio de la violencia pertenece al Estado en monopolio y ese monopolio no es discutido, ni total ni parcialmente, por ningún otro actor político o social. Al mismo tiempo, ese dominio violento consustancial a la sociedad de clases no es evidente, sino que se mantiene oculto mediante una condena total a cualquier forma de violencia.

También, contamos con otra característica básica de las democracias burguesas, y es el apoliticismo creciente y el auge de valores clasistas, sexistas y racistas, que son inoculados mediante los aparatos ideológicos del Estado y que buscan garantizar la gobernabilidad del sistema político. Asistimos al culto al individualismo, al ataque a cualquier forma de organización colectiva o comunitaria y en general un intento de evitar que las fuerzas obreras y populares obtengan espacios de influencia social. Esto a su vez también ha dañado la propia influencia de las organizaciones burguesas sobre las masas, en un contexto de apolitización, cinismo y descreimiento.

En nuestro país, la iglesia y el ejército han jugado un papel muy particular. Han sido dos de las instituciones más reaccionarias a lo largo de los siglos, y en particular son parte sustancial del Estado Burgués. A lo largo de estos años, y debido fundamentalmente al desarrollo científico-técnico, la denuncia de las guerras imperialistas y el desarrollo de un pensamiento científico y crítico, estas instituciones han tenido que ir modificando sus características para seguir conservando su papel. Hoy parece lejana la larga historia de asonadas militares y golpes de estado, pero no es pasado la fuerte influencia de los altos mandos militares en la dirección del país, ni el papel del ejército español en guerras imperialistas y de rapiña, con el asesinato de miles de inocentes y la muerte de cientos de soldados mandados a la muerte por los capitalistas. Del mismo modo, la Iglesia ha perdido una parte importante de su influencia directa en la sociedad pero conserva una imbricación  profunda con el poder político y una influencia indirecta sobre millones de fieles en España que escuchan las palabras de la jerarquía aunque no practiquen un cristianismo “ activo”.

La monarquía constitucional fue la formación de compromiso pactada para conseguir integrar a una parte mayoritaria del movimiento obrero y popular en el nuevo Estado tras el Franquismo y al mismo tiempo poner las bases de un nuevo modelo económico y político necesario para el desarrollo del capitalismo en España. También en este caso sus características se han visto modificadas a lo largo del tiempo pero mantiene su función esencial: es la forma concreta que toma a nivel político el capitalismo en España.

En el lado de la clase obrera, nos encontramos con una fuerte paradoja. Siendo esta clase potencialmente revolucionaria, por su situación en la cadena de producción, por sus condiciones objetivas y subjetivas, y siendo la clase más numerosa en España por el desarrollo del capitalismo en el país, apenas tiene instrumentos de organización y lucha. Jamás en la historia del país había existido un número tan grande de clase trabajadora (con este término incluimos a todas las  personas que tienen que vender su fuerza de trabajo para vivir, aun cuando se encuentren en desempleo) y eso configura una realidad objetiva que debemos tener  en cuenta. Al mismo tiempo jamás en la historia de nuestro país había existido un dominio más absoluto e incontestable de los monopolios capitalistas sobre la economía. Sólo el proletariado y la oligarquía son capaces de encarnar un proyecto de país. La pequeña burguesía y aristocracia obrera, por su lado, sin un proyecto político propio, deben posicionarse con una clase u otra. Teniendo en cuenta, que en la lucha política pueden arrastrar al proletariado a sus posiciones, que por no configurarse en un proyecto viable de país, benefician a la burguesía.

En España, en definitiva, nos encontramos que lo esencial es la lucha de clases, en sus tres  acepciones clásicas: la lucha del proletariado contra la burguesía, la lucha contra el patriarcado y la cuestión nacional.  La resolución correcta de estas luchas, en un sentido revolucionario, será clave para la consecución del socialismo y el comunismo.

2. FASE Y COYUNTURA DE LA CRISIS ECONÓMICA

La crisis económica capitalista que sacude la economía española ha generado importantes efectos en la sociedad. La crisis tiene como su razón inmediata el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en un contexto general de crisis del modelo neo-liberal, de crédito barato y bajos tipos de interés. Como resumen,  llega un momento en que empiezan los impagos y eso extiende la desconfianza entre los capitalistas que paralizan la inversión. Al mismo tiempo, la producción ya no encuentra salida en el mercado, lo que generaliza las quiebras. No obstante, debemos buscar la causa profunda de la implosión económica, causa arrastrada desde hace 30 años y que fundamentalmente se sitúa en la disminución general de la tasa de ganancia de los capitalistas. La crisis ha generado inmensas bolsas de pobreza, un índice de paro por las nubes, la bajada del poder adquisitivo de la clase trabajadora y sus familias y asociado a todo esto un brutal ataque contra los servicios públicos y los derechos laborales y sociales . La conclusión es que la crisis es en primer lugar una necesidad del capitalismo, imprescindible para destruir fuerzas productivas “sobrantes”  e iniciar un nuevo ciclo de acumulación pero también es una oportunidad para los capitalistas para ajustar por abajo las condiciones laborales y en general lanzar un ataque contra los trabajadores y trabajadoras.

La resolución de la crisis exige la destrucción de fuerzas productivas desarrollada a través del cierre de empresas, el despido de trabajadoras y trabajadores o las guerras para la conquista de nuevos mercados. En el fondo, la lucha de los capitalistas por aumentar la tasa de ganancia en una competencia desenfrenada pero también la crisis económica genera crisis políticas. Esto se produce porque por un lado se resiente la gobernabilidad y la unidad entre los distintos sectores burgueses, y por el otro lado porque se rebelan las clases trabajadoras buscando la defensa de sus intereses. La crisis política tiene varias resoluciones posibles: es posible un ajuste por arriba y por tanto una regeneración del sistema de dominación sin quebrarlo pero también es posible algún tipo de formación de compromiso entre las distintas clases que inaugure una nueva correlación de fuerzas garantizando el sistema de mercado y por último, también es posible la generación de situación pre-revolucionaria que sitúe a la orden del día la cuestión de la toma del poder. Para entender la crisis política, hay que entender la autonomía  relativa del dominio de la política sobre el dominio de la economía, esto quiere decir que a la crisis económica no le sigue inexorablemente una crisis política, y viceversa. Pero al mismo tiempo sin una base material (economía) no es posible entender la crisis política, sus aristas, sus debilidades y potencialidades.

La crisis política en España se manifiesta fundamentalmente a través de un vértice económico y otro político. El económico, la situación de emergencia social. El político, la desconexión creciente entre las masas y los partidos políticos y parlamentos provocada por el propio desgaste del régimen del 78 y la corrupción sistemática y generalizada. A esto se suma la crisis de la socialdemocracia expresada fundamentalmente en la reducción al máximo de la posibilidad de reformas en los Estados capitalistas europeos, y la sedimentación en la sociedad de un ciclo de luchas que podemos recorrer desde las movilizaciones contra la Guerra o las movilizaciones sobre el Prestige hasta las mareas y marchas de la última etapa. Esta dinámica de luchas tiene su razón de ser en la paradoja anteriormente comentada.

Lo que nos encontramos ante los ojos es: una crisis económica que no tiene fin y que si bien tiene fases de estancamiento y débiles crecimientos, los capitalistas no han resuelto y por tanto tendrá todavía recorrido a medio y largo plazo con previsibles convulsiones generales que engendraran guerras y revoluciones; un sistema político, heredero del Franquismo, que sufre una crisis de representación (ya no construye consenso entre clases) y que exige una restauración ya sea en la versión de “cierre de filas” o de “nuevos consensos”; la emergencia de nuevas formaciones progresistas de carácter reformista e identificación clasista pequeño burguesa que buscan aprovechar la crisis política para provocar cambios en la composición dominante del sistema político, para ello saben que necesitan la participación de las clases trabajadoras al tiempo que evitan que sea la propia clase quien se ponga a la cabeza de la lucha y por último, el campo comunista en permanente proceso de recomposición que combina una prácticamente nula influencia entre las masas y una orientación marxista con muchas limitaciones para componer un movimiento revolucionario que ponga en apuros al poder burgués.

La fase de crisis económica que atravesamos, con su coyuntura actual de crisis política, exige en primer lugar, un análisis certero de la realidad del capitalismo hoy día en España. Esto es, el reconocimiento de la clase trabajadora como la clase más numerosa de la sociedad y objetivamente revolucionaria, del capitalismo en fase imperialista como el modo de producción hegemónico en la formación socio histórica. En segundo lugar, un análisis sobre la situación de las fuerzas subjetivas de la revolución, esto es el dominio del reformismo en la mente de sectores de las capas populares que se identifican con la izquierda  y el dominio de las desviaciones ideológicas en las organizaciones comunistas, y la necesidad de poner de pie a la ideología marxista maltratada durante años en nuestro país, esto es un balance de la situación subjetiva y por tanto de la estrategia y tácticas necesarias para el momentos histórico. En tercer lugar, una lectura de la coyuntura y el momento político, en donde la clase dominante encuentra dificultades para imponer la estabilidad y aparecen fuerzas reformistas dispuestas a disputar el gobierno, y por tanto la necesidad de construir el movimiento obrero y popular no como un simple movimiento de resistencia económico sino también como un movimiento de carácter sociopolítico que una la lucha del proletariado contra la burguesía, la lucha contra el patriarcado y una postura adecuada en torno a la cuestión nacional.  Esto es, la tarea de construcción del Partido de la revolución socialista.

3. LA IZQUIERDA Y LA CRISIS ECONÓMICA

Lejos queda aquel Partido Comunista de José Díaz, que fue capaz de adaptarse a las circunstancias e introducir cambios en su táctica sin ceder sus principios marxista-leninistas. El tiempo avanzó, muchos militantes fueron fusilados o se exiliaron, y otros acabaron en las cárceles franquistas. El partido se debilitó, las posiciones revisionistas se hicieron fuertes en un contexto de ausencia de discusión democrática por la clandestinidad y el exilio y como consecuencia fueron generándose sucesivamente los partidos y grupos que hoy componen el MCE.

La flexibilidad que había permitido al PCE alcanzar los 300.000 militantes durante la guerra y levantar una estructura sindical dentro de un régimen fascista, al no ir de la mano de una firmeza en los principios, derivó en oportunismo y finalmente en reformismo. La situación que quedó fue unos movimientos sociales en gran parte desarticulados desde los Pactos de la Moncloa por las propias organizaciones progresistas, quedando así una serie de partidos comunistas minúsculos, y un partido comunista reformista y cuyas posturas se ubicaban en ocasiones incluso por detrás de las de sus frentes.

Esa deriva ha tenido consecuencias aún peores por la incapacidad del resto de destacamentos de erigirse en alternativa revolucionaria. La suma de ambas situaciones ha supuesto en la práctica la ausencia de un referente revolucionario ampliamente reconocido en el seno de la clase obrera.

El caso de Izquierda Unida:

Nació para ser un bloque electoralista con un programa de mínimos, pero ha caído tras una larga agonía presa de sus propias contradicciones:

  • Ser un partido electoral-reformista con militantes de base que suelen reconocerse como anticapitalistas.
  • Utilizar una retórica asamblearista que contrasta con la peor “fontanería” de partido electoral.
  • Tener una pretendida transparencia con la confrontación y opacidad de la Dirección Federal con las Federaciones.
  • Poseer un supuesto programa de mínimos con la propaganda y el lenguaje maximalista (llegando a pedir el «socialismo democrático» o, como llegó a afirmar Cayo Lara «el dictado democrático de los trabajadores»).
  • La connivencia con la corrupción con los casos aislados, pero trascendentes, de corrupción (tarjetas Black, Rivas Vaciamadrid, casos aislados en Andalucía).

Esta naturaleza contradictoria deriva de la tendencia del PCE a entender hegemonía como dominio burocrático y de su incapacidad ideológica y revisionismo. Todo ello, ha llevado a IU a ser una herramienta inútil para su cometido reformista-electoralista, y le ha hecho caer en el sectarismo e inmovilismo ante la aparición de Podemos.

Podemos y las Candidaturas de Unidad Popular en las elecciones:

  1. Ante la necesidad acuciante de una solución política para las capas populares, incluida la clase obrera, el reformismo planteó una solución diferente a IU: Podemos. Nacida como una versión más pragmática y atractiva de IU, a manos de un grupo de académicas y académicos (entre quienes destaca Pablo Iglesias), utilizando mediante concesiones iniciales la estructura y mano de obra que podía prestarles Izquierda Anticapitalista. Con una inteligente planificación del trabajo logró explotar las formas y responder a las preocupaciones de las y los españoles, consiguiendo en las elecciones europeas de 2014 un buen resultado. Posteriormente, en el encuentro de Vistalagre (su Congreso fundacional) el equipo de la UCM consiguió relegar a Izquierda Anticapitalista, apoyándose en la inmensa mayoría de la afiliación poco politizada. En poco tiempo, han logrado un partido electoralista eficiente y vertical, donde las bases votan continuamente, pero siempre de manera conducida por el binomio Iglesias-Errejón. Han construido una estructura socialreformista capaz de reducir a IU hasta su suelo electoral y abrirse hueco en el panorama político.
  1. Candidaturas de Unidad Popular bajo partidos instrumentales: La estrategia de Podemos para las elecciones fue esta: los círculos territoriales se presentarían bajo el nombre de “Podemos” mientras que los círculos locales deberían formar su partido para presentarse. ¿Qué fin tiene este movimiento político? En caso de existir problemas en las bases, Podemos tendría facilidad para desvincularse. Además, esto da más libertad a cada círculo local para aplicar sus reformas sociales, mientras que los círculos de todo el territorio solo deben elaborar un programa

No obstante, en ciertos lugares Podemos no tenía excesiva fuerza. Otros, según las características del lugar, se han visto obligados a realizar listas junto a IU o partidos de ese lugar. Es aquí cuando nacen las mal-llamadas candidaturas de unidad popular. Formadas por las clases populares, mantienen los problemas existentes en la izquierda política: seguían influenciadas por corrientes pequeñoburguesas, la conciencia de clase de sus miembros era poca. Sumada a la influencia casi nula de los  y las comunistas (principalmente por su sectarismo y el no querer pertenecer a estos procesos) produjo que estas candidaturas cayesen en el reformismo.

 


 

[1] como consecuencia de la ‘reconversión’ industrial propiciada por Felipe González y posteriores gobiernos, y la consecuente privatización de sectores estratégicos de la economía española, para poder entrar en Europa.