[Documentos I Congreso] Teoría y práctica en una organización marxista, la formación

Cerramos la semana con el documento Teoría y práctica en una organización marxista, sobre la formación y cómo la entendemos desde la organización comunista Revolución. Pues la formación en una organización marxista es imprescindible en tanto que sin ella no podremos entender el mundo en el que vivimos y por tanto no podremos transformarlo.

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Teoría y práctica en una organización marxista

1. CÓMO ENTENDEMOS LA FORMACIÓN

Son archiconocidas las citas del tipo “de nada sirven las ideas si no hay personas que las pongan en práctica” o “hasta ahora los filósofos se han dedicado a describir el mundo, ahora se trata de transformarlo” o “sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria”. La “práctica” va unida a la teoría marxista de manera ineludible y primaria; y no sólo en un sentido “agente” o “eficiente” en la acepción aristotélica de la palabra, en tanto que como teoría revolucionaria ésta no tiene ningún sentido no le acompañan actuaciones encaminadas a transformar el mundo; sino también en un sentido ideológico e incluso ontológico.

Para los marxistas, la teoría es práctica condensada. Esto quiere decir que la teoría no es un fin último más o menos inalterable que tenemos que alcanzar o comprobar “mediante la práctica”. La formación marxista tiene sentido como “guía para la acción”, como forma de nutrirnos de experiencias anteriores y adquirir de forma más o menos condensada los conocimientos que han procesado pensadores y marxistas anteriores a nosotros. Leer a los clásicos (y también textos coetáneos, sobre actualidad general, política u otros temas) nos proporciona un bagaje cultural, una serie de conceptos y métodos, útiles para entender el mundo en el que vivimos (premisa para cambiarlo). Pero esta serie de conceptos y métodos no sólo se aprende a también de la lectura, sino también mediante la actividad y la experiencia propias; y es en la sistematización de éstas donde el marxismo se actualiza y se desarrolla: la teoría marxista debe estar sujeta, como todo en esta vida, a una evolución constante (que no significa transgresión de sus principios básicos). Así, podemos ver que la teoría marxista se ha desarrollado históricamente de forma muy ligada a su contexto, a la actividad y a los debates concernientes a los marxistas de ese tiempo. La teoría (marxista) no se desarrolla de forma aislada o de manera diferente a la práctica.

Igualmente, cuando un marxista o una organización marxista actúa, no lo hace separadamente de la teoría, sino que siempre se pone en juego el conjunto de los conocimientos y experiencia asimilados del militante o el conjunto de militantes; nuestro actuar es un reflejo o una constatación de nuestro pensar, entendiéndose más ésta clásica dicotomía entre “pensar” y “hacer”, “razón” y “acto” en clave platónica más que en clave marxista: para los marxistas no hay una distinción ontológica entre teoría y práctica: cuando hablamos de filosofía de la praxis, o de la praxis simplemente, no nos referimos a teoría aplicada a la práctica, sino a la fusión de la teoría y la práctica. La relación entre una y otra no es unidireccional ni lineal: la teoría “es” no en un plano metafísico sino en acto.

Atendiendo a estos prolegómenos, la formación en una organización marxista es imprescindible en tanto que sin ella: a) no podremos entender el mundo en el que vivimos y por tanto no podremos transformarlo: nuestras aproximaciones a la realidad serán vagas y acientíficas, carecerán de método de análisis que proporcione armonía y coherencia y en vez de poner nuestra actividad al servicio del socialismo científico y su historia en general, perderemos el tiempo nosotros mismos y haremos un flaco favor a la clase obrera: cuando acertemos será de casualidad y en general nuestra práctica será la de “dar palos de ciego”, b) desaprovecharemos las experiencias y los avances y desarrollos históricos del socialismo; pecaremos de adanismo, será imposible avanzar en la ciencia (el camino que nosotros estamos recorriendo lo han recorrido ya muchas personas; si lo ignoramos, es como si partiéramos de cero en vez de seguir en el punto donde ellos lo habían dejado). Por otra parte, la formación no ha de ser un adorno y cáscara vacía que nos haga perdernos en debates inoperativos, sino, como decíamos, una guía; el objetivo de la formación en cada militante es que éste transforme su forma de entender el mundo y adquiera una perspectiva más marxista y un método de análisis más marxista (decimos “más” porque jamás será puro ya que siempre estaremos influenciados de alguna manera por la ideología burguesa hegemónica ya que somos parte de este mundo y no ajenos al mismo; el marxismo-leninismo “puro” es más una quimera que una posibilidad), las cuales, de forma consciente o inconsciente, propulsarán un actuar político determinado. La práctica de una organización será el resultado cualitativo de la suma de las actuaciones de sus militantes.