El anticomunismo en la Europa “democrática”

“Esto en Alemania sería impensable”. Es un tópico repetido hasta la saciedad, que atraviesa el discurso cotidiano de prácticamente todo el espectro político en España, especialmente de las personas progresistas.

A cada muestra del carácter represivo de nuestra democracia capitalista, a cada recorte de derechos sociales, a cada ofensiva de clase por parte del gran empresariado, a cada declaración indignante por parte de la extrema derecha, a cada muestra de violencia fascista… En definitiva, ante cada situación cotidiana de la vida del capitalismo en nuestro país, hay alguien que, con buena intención, señala que el motivo de todos nuestros males está en un atraso específico respecto al resto de países capitalistas desarrollados.

Esta idea, que es común y bienintencionada entre personas que empiezan a acercarse a una forma crítica de ver la política capitalista, es una idea peligrosa a medio plazo, porque idealiza el capitalismo y los márgenes de mejora que ofrece a la clase trabajadora.

Podríamos dar mil ejemplos: el auge de la extrema derecha y las fuerzas fascistas en la Unión Europea, que aventaja con mucho al de España; la persecución a grupos anticapitalistas en general o comunistas en particular; o la restricción del derecho a huelga y la limitación extrema del papel de los representantes sindicales de las y los trabajadores en sus empresas.

En particular, el ejemplo que presentamos hoy lo hemos conocido a raíz de los discursos y campañas que han compartido con nuestra organización los camaradas del Partido Marxista-Leninista de Alemania (MLPD). El pasado 8 de mayo tuvo lugar en Alemania la conmemoración del 75º aniversario de la liberación del fascismo nazi, y el MLPD organizó, por propia iniciativa o en colaboración con otros grupos, actos reivindicativos anti-fascistas de homenaje a los luchadores contra el régimen nazi, en especial los luchadores del Ejército Rojo de la Unión Soviética, que jugó el papel fundamental en la liberación anti-nazi.

Para nuestra sorpresa, el anticomunismo resultó ser el tema central de los discursos de los dirigentes del MLPD que hablaron en los actos conmemorativos. No vamos a reproducir el conjunto de sus discursos, porque mucho de su contenido es muy específico del día de la liberación en Alemania y de la actualidad política alemana, pero contribuye a comprobar cómo en países que, en el imaginario colectivo español, son “más avanzados democráticamente”, puede darse de manera sistemática y descarada un anticomunismo de Estado, que ponga trabas a cada pequeño paso.

Una muestra pequeña pero que habla por sí sola la encontramos en este fragmento del discurso de la líder del MLPD, Gabi Fechtner:

<<[…] hace dos días se nos prohibió con toda seriedad celebrar un acto conmemorativo este 8 de mayo como Día de la Liberación en el lugar conmemorativo del campo de concentración de Buchenwald, con el argumento de que, en el caso de nosotros, como organizadores, se debía asumir que «el estalinismo podría ser glorificado en este acto».>>

Pero el Estado alemán no se contentó con impedir un acto solemne de conmemoración antifascista en un campo de concentración por motivos puramente políticos, sino que, inicialmente, ni siquiera pretendía dar motivos explícitos, pretendía prohibir el acto con excusas absurdas:

<<Dos días antes nos habían enviado la explicación de que el evento no podía tener lugar porque no había suficiente desinfectante en los baños. Nosotros dijimos «ustedes no pueden decirlo en serio, con gusto traemos dos paquetes de desinfectante para cada baño». Y luego, dos días después, llegó esta argumentación. Así que se puede constatar cómo en este caso también se inventan pretextos.>>

A cualquiera que haya participado durante cierto tiempo en movimientos reivindicativos organizados le pueden venir a la mente mil pequeños casos en los que la administración o la empresa ha tratado de impedir actos políticos legítimos recurriendo a formalismos absurdos, medidas burocráticas que supuestamente se exigen a todo el mundo y que no se estarían cumpliendo, plazos insuficientes, etc.

Y es que el anticomunismo tiene estas mismas raíces. Es el empeño de la clase dominante por bloquear la participación política de la clase obrera, que se focaliza sobre elementos especialmente activos para tratar de apartar al resto de compañeras y compañeros de clase para dividir y así vencer con más facilidad.

Lo peor, es que en el anticomunismo, por ser tan focalizado, no solo toman parte los sectores políticos reaccionarios, sino también algunos representantes acomodados de las capas populares, usualmente ligados a la izquierda institucional y a la burocracia política. Estos sectores acomodados de la izquierda buscan seguir haciendo las cosas “a su manera”, quitándose de encima a los molestos comunistas que les critican y exigen que rindan cuentas a la población trabajadora a la que dicen representar. En el caso que denunciaba la camarada Gabi Fechtner, no era un gobierno de ultraderecha quien limitó el evento, sino, de hecho, un consejo formado por políticos de alto rango, principalmente del Partido Die Linke (Partido hermano de Izquierda Unida en Alemania).

Hay quien puede pensar, leyendo los fragmentos de discurso que hemos reproducido, que al fin y al cabo lo que se estaba reprochando no era la exaltación de la URSS sino del “estalinismo”. El problema es que esto del “estalinismo” no es más que una falsificación histórica con la que poder centrar el tiro de la represión de baja intensidad en los comunistas, es un anticomunismo más refinado. Permite separar “comunistas buenos” de “comunistas malos”, basándose en una falsificación histórica.

Cualquier comunista que hable de la II Guerra Mundial tiene que reconocer que, si está a favor del papel jugado por la Unión Soviética contra el nazismo, que fue el fundamental en aquella guerra, el papel del máximo dirigente de la URSS y del comunismo internacional, Stalin, no se puede barrer debajo de la alfombra. Aunque su figura resulta transgresora y controvertida para alguien que no esté activo como comunista, no puede pretenderse presentar a Stalin como un dirigente que entorpeciese el papel de la URSS, como un tirano “a pesar del cual” la URSS encabezó la derrota del fascismo.

Stalin no se limitaba a ser el gestor de la URSS. Defendió y promovió posturas políticas en la URSS y el Movimiento Comunista Internacional que resultaron clave para la victoria sobre el fascismo. En la URSS: la industrialización rápida y autosuficiencia de la URSS (muy controvertida en los años 20 entre los dirigentes bolcheviques), el esfuerzo por tomar el control público sobre la agricultura (la muy difamada colectivización forzosa) o la preparación de toda la industria para que pudiera desplazarse rápidamente, aún a costa de la eficiencia de la maquinaria. En el Movimiento Comunista Internacional: las alianzas antifascistas, la organización de brigadas partisanas amplias incluso en los países ocupados y hasta en el corazón del régimen nazi, que desató niveles de represión sin precedentes, la URSS organizó la llamada Orquesta Roja, un comando antinazi dirigido desde la URSS con un funcionamiento extremadamente clandestino y profesional, que posibilitó golpes quirúrgicos contra el régimen nazi así como la obtención de información política y militar crucial extraída incluso a los más altos niveles del nazismo.

Naturalmente, una práctica política oportunista no tiene problema alguno en pasar de puntillas sobre todas estas cuestiones con tal de no confrontar con la visión del mundo y de la Historia que promueven los capitalistas desde sus diferentes publicaciones y aparatos ideológicos de adoctrinamiento. Pero un comunista organizado y honesto, que se preocupe porque la clase obrera cuente con una posición política independiente de la de los capitalistas, no puede ignorar todas estas cuestiones.

Como los capitalistas y sus representantes políticos no son estúpidos, utilizan la cuestión de Stalin (y muchas otras) como forma de dividir entre “comunistas tolerables” y “comunistas extremistas” a los que hay que perseguir. A veces esta forma de actuar es más malintencionada y otras veces es más “casual”, pero en cualquier caso es útil políticamente para sostener el anticomunismo.

Del resto de discursos de los camaradas del MLPD también pueden extraerse múltiples pequeños ejemplos de este anticomunismo muy presente en todo el espectro político alemán y en su Estado, y cómo este anticomunismo daña a la clase trabajadora: dirigentes sindicales socialdemócratas que expulsan a representantes sindicales comunistas, dejando descabezadas luchas obreras; organizaciones amplias de lucha que son vetadas por partidos políticos de izquierda institucional porque dentro tienen un papel importante los comunistas (aun cuando esas organizaciones en sí mismas no son comunistas, ni siquiera en algunos casos anticapitalistas), entre otros.

Por último, creemos que son interesantes las referencias que nos transmiten los camaradas del MLPD a la construcción de la democracia capitalista alemana tras la liberación del nazismo, y sirve para poner en cuestión esa idealización de las democracias europeas por sus transiciones “netamente antifascistas” tras la II Guerra Mundial en comparación al Estado español.

Encontramos en sus discursos referencias que son fácilmente contrastables: años de silencio institucional respecto al nazismo, la invisibilización oficial de la resistencia antifascista que muchos alemanes llevaron a cabo dentro de sus posibilidades, la devolución de todas sus propiedades a los grandes empresarios que patrocinaron el nazismo antes y durante la Guerra Mundial… Todo ello coronado con un discurso hipócrita en la actualidad por parte del establishment político alemán: “a Alemania solo se la puede amar con el corazón partido”, como decía recientemente un político de la CDU (el partido de Merkel). En otras palabras: durante décadas, los políticos de centro alemanes persiguieron a los comunistas (llegando a ilegalizar durante años el Partido Comunista Alemán) mientras toleraban la continuidad de sectores ligados al nazismo en amplios sectores del Estado y la economía, y ahora pretenden que toda Alemania se identifique con los crímenes nazis.

Con esto, tenemos dos mensajes claros que transmitir:

Por un lado, no debemos idealizar las democracias europeas. Hacerlo, nos confunde, altera nuestra agenda política, nos lleva a buscar un espejismo democrático imposible bajo el capitalismo.

Por otro lado, el anticomunismo debe entenderse como un complejo sistema de pensamiento y actuación político que golpea al conjunto de la población trabajadora tratando de actuar contra personas particularmente activas y organizadas. Por eso, reproduce las mismas formas de la represión democrática contra los movimientos de lucha de nuestra clase (trabas burocráticas, represión focalizada para aislar a los elementos más activos y difamación).

[1] Discurso de Gabi Fechtner:
https://icor.info/2020-2/200518 MLPD Discurso de Gabi Fechtner 75 anos de liberacion del fascismo hitleriano_ES_ec.pdf

[2] Discurso de Stefan Engel:
https://icor.info/2020-2/200518 MLPD Discurso de Stefan Engel 75 anos de liberacion del fascismo hitleriano_ES_ec.pdf