El capitalismo rosa no puede borrar nuestra historia

Cuando empieza el mes de junio, todas las empresas e instituciones cambian su logo por un logo con la bandera arcoíris, esto es señal de que llega el Orgullo LGBT, una fecha en el que se superponen manifestaciones y discursos críticos con el sistema con un entramado empresarial que capitaliza la lucha del Colectivo LGBT. Las campañas institucionales van desde lemas vacíos como #Loveislove a “Soy humano”, pero lo cierto es que, históricamente, tener una orientación sexual diferente a la heterosexual tiene unas implicaciones concretas. Y bajo el capitalismo, la cosa no es diferente, aunque intente blanquear su imagen haciendo una reedición arcoíris de una botella de Absolut Vodka. La hipocresía del capitalismo es algo evidente: las políticas y protocolos antiLGBTfobia en el trabajo son obra, precisamente, de la clase trabajadora organizada en sus sindicatos. La ética de una empresa suele virar hacia la dirección que más convenga: Esto no es un secreto, y forma parte del discurso de todos los colectivos LGBT no institucionales durante cada orgullo. La pregunta es, ¿hemos llegado a este punto porque el Movimiento LGBT está ligado con los intereses de la burguesía? Si hacemos un repaso histórico, comprobaremos que no es así, que nuestra historia está ligada a la lucha de la clase trabajadora y que, aparte de blanquear empresas, el capitalismo también se aprovecha de la apropiación de relatos para despolitizar al colectivo.

Una breve historia de la heteronorma.

Para comenzar, es necesario conceptualizar qué es la LGBTfobia, cuáles son sus raíces, sus complejidades y porqué ésta dio paso a un Movimiento LGBT tan combativo como Stonewall.  El control reproductivo y, por ende, el control sexual, es una característica endémica a los estados de sistemas patriarcales, que tienen su base en la propiedad privada. La heteronorma, entendiéndose como la heterosexualidad como el modelo deseable de relación, tiene su origen en el cambio de sistema de la comuna primitiva a la sociedad de clases, cuando se empezó a regular la sexualidad. La función del matrimonio monógamo, según el marxismo [1], tiene el objetivo de trasmitir de padres a hijos la propiedad, que no interesa que se desperdigue, sino que se le dé una continuidad. En este proceso histórico también se desarrolla el patriarcado como sistema relacional, que tiene como consecuencia una división sexual del trabajo, relegando a las mujeres al papel de reproductoras, esto conllevará la aparición de los roles de género y a convenciones regladas de cómo tiene que ser un hombre y una mujer. Así pues, el patriarcado jugará un papel muy importante en el desarrollo de la heteronorma, ya que la familia nuclear de carácter patriarcal se convertirá en la organización social destinada a la reproducción y a la reposición de fuerza de trabajo. El estado, que tiene la función de mantener un sistema, será un férreo agente de control social y sexual, que marcará una serie de pautas. De todas formas, la heteronorma, en las sociedades antiguas, no tenía por qué implicar una legislación que penalizase las relaciones homosexuales, como sería el caso de la Antigua Mesopotamia, que estaba permitida dentro del ámbito prostitucional [2]. Como es evidente, la monogamia no ha sido un mandato bidireccional, así que los hombres tenían más margen de libertad sexual, que satisfacían mediante la institución de la prostitución, según Engels, complementaria a la institución del matrimonio [3]. En todo caso, la permisividad en dichas relaciones no indica que, entre ellas, fueran precisamente la unión libre entre dos partes deseantes: no es extraño el caso de Grecia, en el que las prácticas homosexuales solo eran aceptadas en una relación de pederastia, que, además, cumplía la función social de introducir a un adolescente en la vida adulta, o como adiestramiento militar. Las relaciones entre dos hombres adultos eran reprobadas, ya que era identificada como una conducta contraria a la masculinidad. Las prácticas homosexuales no se llegaron a penar hasta el siglo III d.C, cuando el cristianismo se convirtió en la religión del Estado de Roma [4].

Las religiones monoteístas serán la herramienta principal de control social en las sociedades feudales, en concreto, el cristianismo, que identifica a Dios como Padre, es decir, como un hombre, es el resultado de un patriarcado más que consolidado, con todo lo que ello implica. Además, el feudalismo necesitará una mayor reposición de mano de obra, ya que se basa en la explotación agraria de feudos, en los cuales trabajaban varias familias de siervos, adscritos a esta tierra. Durante la larga Edad Media, se desarrollaron distintas instituciones relacionadas con el cristianismo que se encargaban de ejercer como brazo represivo, como la famosa Inquisición o el Santo Oficio, y la homosexualidad tanto femenina como masculina pasó a ser penada, ya fuera con la muerte o con otro tipo de acto punitivo. De hecho, no sólo se penalizaban estas prácticas, sino que, en 1460, Margarida Borràs, una mujer trans valenciana, fue la primera mujer trans asesinada por su identidad de género en España de la que se tenga constancia, tal como rezaba su sentencia [5]. Como podemos ver, la transfobia no es un invento de la posmodernidad, así como la existencia de las personas trans. Con la división sexual del trabajo, apareció también lo que se conoce como cisnorma: para ser funcional al sistema, las personas con capacidad de gestar van a tener que estar en una posición de subordinación, teniendo una posición política determinada dentro de la sociedad. Esto es lo que conocemos por ser mujer. La cisnorma es, como el propio nombre indica, que la norma sea que las hembras se las socializa como mujeres y a los machos como hombres. En estas condiciones nace la transfobia, la opresión activa y sistemática de las personas trans, como personas que no encajan en este esquema patriarcal.

La llegada del capitalismo no supuso un alivio en la condición de las personas LGBT pero sí la capacidad de negociar, ya que el capitalismo permite un cierto grado de implicación de las masas. Muy asertivamente, Engels, en su obra Del Socialismo Utópico al Científico, ya hace una crítica mordaz a la nueva moral burguesa: el derecho de pernada se cambia por las violaciones sistemáticas de patrones a trabajadoras, y las cifras de prostitución se disparan. La implementación del sistema capitalista supone el cambio en el paso de la producción individual a la social: es decir, un entramado de personas trabaja en la fabricación de una mercancía, pero los beneficios son de apropiación privada. Esto supone también un fuerte desarrollo industrial, que necesitará de una abundante mano de obra. En este contexto, el patriarcado juega un papel importante, ya que el capitalismo se aprovecha de dicha división del trabajo e impone una doble jornada a la mujer, mientras se ahorra costes en la reproducción de la mano de obra. Es por esto por lo que el capitalismo está cómodo heredando la tradición LGBTófoba del pasado feudal, porque encaja con la necesidad de mantener el núcleo familiar como unidad reproductiva.

Movimiento LGBT: una lucha de la clase trabajadora.

Es entonces, en este contexto, mientras que nace el movimiento obrero y el movimiento feminista, surge también un Movimiento LGBT, que tendrá sinergias inmediatas con los dos anteriores. Es evidente que existe una relación dialéctica entre estas luchas: la LGBTfobia tiene que ver directamente con los roles de género patriarcales, y es a clase trabajadora la que sufre un control más estricto sobre su vida sexual, jugando los burgueses sus propias reglas para poder esquivar las consecuencias de su propio monstruo. Además, el urbanismo capitalista también tuvo que ver en la organización del Movimiento LGBT: empezaron a existir distritos concretos en los que se ubicaban locales, en los que se concentraban las personas LGBT de clase obrera. Como prueba documental contamos con la publicación de Hirschfeld, de 1904-5, en la que analizaba la subcultura LGBT Berlinesa, en la cual existían tanto bares, como sitios de encuentro o, incluso una agencia de citas para lesbianas [6]. Es decir, antes las experiencias estaban atomizadas, pero ahora existían espacios compartidos. También, el hecho de que existiera un margen de negociación y la posibilidad de conquistar ciertos derechos democráticos afianzó este clima de unidad.

El consenso es que el Movimiento LGBT empieza con las revueltas de Stonewall, pero, la primera experiencia de lucha del colectivo LGBT por una mejora de las condiciones sociales en materia de libertad sexual se da en Alemania a finales del siglo XIX, siendo un país capitalista desarrollado y, además, con una ley especialmente contundente sobre la penalización de la homosexualidad, que amenazó con extenderse también al lesbianismo [7]. Dicha situación legislativa trajo consigo una paulatina alianza entre gais y lesbianas, arrastrando a su vez a sectores del movimiento feminista y obrero socialista (del cual Magnus Hirschfried, figura muy importante para el movimiento, participaba). Las lesbianas eran muy activas dentro del movimiento feminista, pero sin salir del armario, además de que la policía impedía su asistencia a los actos de Scientific Humanitarian Comitte (la primera asociación GBT), debido a que se trataban temas sobre los cuales era ilícito e inadecuado que una mujer participara. Las personas trans también eran participes en esta lucha, a pesar de que no se reconocían como tal, sino que entraban en la categoría de personas travestidas, cosa que, obviamente, hoy está, o debería, estar obsoleta. Como podemos ver, antes de Stonewall o la convención de usar las siglas LGBT para referirse a un conjunto de disidencias sexuales y de género, a principios del S.XX ya existían sinergias y luchas en común. Por otra parte, debemos tener también presente que la clase es una contradicción que atraviesa la sociedad, y los miembros LGBT de la burguesía también tenían su propia agenda, que se basaba en la integración dentro de los modelos heteronormativos, y, a lo largo del s.XX, fueron creando o interviniendo en algunas organizaciones homófilas, como Mattachine Society o Daughters of Bilitis, forzando este viraje de asimilación dentro del sistema.

Este tipo de luchas despertaron con las especificidades concretas en Estados Unidos, como su vinculación con el movimiento de liberación negro, en el sentido de que la esclavitud, las políticas raciales y demás, fueron caldo de cultivo para la agudización de la lucha de clases a escala mayor. Cuando ocurrió Stonewall, el colectivo LGBT ya estaba curtido en sus propias luchas antirrepresivas, pero Stonewall tuvo particularidades concretas: una redada policial particularmente violenta en un barrio donde se concentraban tanto bares gais como lésbicos, mientras que, paralelamente, existía un tejido asociativo como las patrullas de autodefensa y otro tipo de asociaciones. Las personas que tuvieron un papel vanguardista respecto a un episodio tan descarnado de homofobia fueron mujeres trans, lesbianas butch y personas marginalizadas en general. Este cambio en el paradigma activista en Estados Unidos, dominado por hombres gays de talante liberal, dio un giro radical en el cual aparecieron colectivos como el Gay Liberation Front o Acción Travesti Callejera cuya agenda iba más allá de los postulados reformistas liberales, esto inauguró un activismo de masas emulando el movimiento por los derechos civiles que rivalizó con las antes mencionadas asociaciones homófilas. Además, había una clara diferencia en el discurso: estos sectores aburguesados denostaban a cualquier persona LGBT que tuviese una expresión de género alejada de la norma, es decir, sólo les interesaba la integración como asimilación dentro del sistema, además de defender unos ideales estéticos y conductuales relacionadas con la masculinidad hegemónica.

Nos podemos encontrar con hechos homólogos como la marcha de las Ramblas del ’77 por la derogación de la Ley de Peligrosidad y Reforma Social, la lucha por la despenalización en Australia, o la lucha del Colectivo LGBT en Inglaterra contra la represión policial que, en la década de los ’80 se convirtió en un movimiento de solidaridad con los mineros. En definitiva, cada país ha tenido su Stonewall. Efectivamente, el grueso del movimiento y las mayores reivindicaciones no han sido una victoria de la burguesía, sino el resultado de la lucha de la clase obrera. Entonces, ¿cómo hemos llegado al punto en el que nos encontramos actualmente?

El capitalismo rosa y apropiación de la lucha LGBT

Las causas son las siguientes: por una parte, el imperialismo supone la exportación del capitalismo a escala global, por lo tanto, nos encontramos que en unos países la actividad económica capitalista tiene un mayor grado de automatización, de avance tecnológico, con operaciones más sofisticadas, que ejercen dominación en otros países donde se requieren tareas más sencillas y pesadas, con un grado mucho más bajo de avance tecnológico e infraestructuras y con una mano de obra mucho más barata. Esto afecta la estructura social: en las potencias imperialistas, al no necesitar tanta reposición de mano de obra, y en las que las capas acomodadas de la clase obrera y la pequeña burguesía tienen peso y representación política, los roles de género son más laxos y, en las que se ha desarrollado un Movimiento LGBT histórico, existe cierta permisividad, sobre todo legal, en materia de libertad sexual. Por otra parte, en los países dominados, se impone un patriarcado férreo, con todo lo que conlleva para las personas LGBT, porque es necesario un núcleo familiar heterosexual que reproduzca mano de obra que es necesario reponer con más asiduidad. En las potencias imperialistas, al haberse cumplido la mayoría de las reivindicaciones relacionadas con la no persecución y con el ejercicio a la libertad sexual, el capitalismo ha sabido sacar tajada de la situación: el colectivo LGBT supone un nicho nuevo de mercado, con unas dinámicas de consumo marcados por la construcción de una cultura y unas prácticas, cosa que se puede ver de manera más evidente en el sector del ocio. Es decir, el capitalismo ha fagocitado parte de la cultura y la identidad del colectivo LGBT como una consecuencia sine qua non de la inclusión.

Tampoco podemos obviar que, a medida que se ha ido avanzando y se han ido conquistando derechos, la lucha LGBT se ha ido integrando, también, en las instituciones, en la forma de Observatorios o en varias disciplinas académicas, siendo representantes de esta clase obrera acomodada. Estas instituciones suelen bailarle el agua de la burguesía, defendiendo incluso medidas machistas y clasistas como la gestación subrogada, que se basa en la explotación reproductiva de mujeres pobres que suelen provenir, precisamente, de países dominados por el imperialismo.

Aunque el capitalismo se ponga una máscara gayfriendly y nos haya concedido derechos como la despenalización, el matrimonio igualitario o el cambio de género en el registro civil, aún queda camino por recorrer. Nos encontramos en un contexto en el que en el que un 43% de las personas trans residentes en la Unión Europea admite haber sufrido más de tres agresiones o amenazas de violencia física o sexual en 12 meses [8], y en España se registró en 2017 una tasa de paro del 85% en las personas trans por motivos de exclusión y discriminación [8]. Además, un joven LGBT tiene una tasa de suicidio de 3 a 5 veces más alta que uno que no lo es [9]. Por no hablar de todas las políticas de extranjería que niegan el asilo a personas LGBT que corren peligro de muerte en su país de origen. Como podemos comprobar, la situación no está para contentarnos con un pregón, unas verbenas y unos buzones pintados.

Además, los derechos que hemos conseguido, bajo el capitalismo, no son garantía de nada: vemos como la visibilidad de nuestro colectivo hace rugir a las cavernas. Fuerzas reaccionarias que operan dentro del mismo sistema capitalista, intentan imponer medidas, como el Pin Parental, que intentan impedir avances positivos para nuestra calidad de vida como la educación sexual en escuelas. Las personas trans se enfrentan continuamente a violencia médica y a desabastecimiento de tratamientos hormonales, y aun se requiere un diagnostico psiquiátrico para ciertos cambios en la documentación. Es por eso por lo que el Movimiento LGBT de base no ha olvidado sus orígenes: si no queremos retroceder en nuestros derechos, es necesario luchar. Por eso el año pasado marcharon en el Orgullo los trabajadores de Telepizza en huelga, junto con los manifestantes. En cada manifestación crítica, se corean cánticos contra la gestación subrogada, y se expulsa a partidos reaccionarios y oportunistas como Ciudadanos. Toda esta historia, que aún vive en nosotros, tenemos que arrebatársela de las manos a los capitalistas, que solo se apropian de nuestros símbolos para sacar provecho económico.

La libertad sexual va de la mano con la abolición del patriarcado, que marca a fuego y condiciona las relaciones humanas. Dicho en otras palabras, si queremos que nuestros derechos sean garantías, tenemos que ser conscientes de que pedimos más de lo que el capitalismo está dispuesto a dar. Estas experiencias de lucha nos demuestran no sólo que la clase trabajadora es diversa, sino que es capaz de ganar, pero la victoria definitiva no será arrancarle reformas al capitalismo, sino destruirlo. Necesitamos un sistema en el que exista un compromiso real con la liberación de la mujer y de la liberación sexual, con un estado al servicio de nuestra clase, que es diversa, en el que estas nuevas instituciones estén a nuestro servicio y podamos fiscalizar y garantizar el cumplimiento de nuestras demandas.

1 y 3. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/el_origen_de_la_familia.pdf

2 y 4. McCubbin, B. and Ettinger, S., 1993. The Roots Of Lesbian & Gay Oppression. Este texto aporta datos históricos interesantes, pero tiene algunas tesis anticuadas como la supuesta existencia del matriarcado primitivo.

  1. https://valenciaplaza.com/margarida-borras-la-primera-transexual-ejecutada-en-valencia
  2. Hirschfeld, M., 2017. Berlin’s Third Sex. Berlin: Rixdorf.
  3. https://www.workers.org/books2016/Lavender_and_Red.pdf
  4. https://fra.europa.eu/sites/default/files/fra-2015-being-trans-eu-comparative-summary_es.pdf
  5. https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2017/10/28/discriminacion-de-las-personas-trans-en-el-ambito-laboral/
  6. http://ovejarosa.com/alarmantes-tasas-suicidio-lgbti-espana-casi-50-jovenes-se-quitan-la-vida-al-ano-950-lo-intentan/