El ejemplo de la huelga en Nissan: una experiencia de la que aprender para el futuro

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El ejemplo de la huelga en Nissan: una experiencia de la que aprender para el futuro – Revolución

El pasado 6 de agosto los representantes sindicales de los Comités de Empresa de NISSAN firmaban un acuerdo aprobado en asamblea tras 95 días de huelga indefinida. Más allá de los términos del acuerdo, del que hablaremos más adelante, es importante tener en cuenta el contexto en el que este se ha dado y la naturaleza y desarrollo de la propia huelga.

Desde Revolución consideramos que la huelga de NISSAN es una experiencia de la que aprender de cara a otros conflictos que puedan tener lugar y, a su vez, extraer lecciones para aproximarnos a qué actividad debemos desarrollar las organizaciones comunistas en los conflictos obreros.

La industria del automóvil en España representa cerca del 9% del Producto Interior Bruto. En Catalunya este porcentaje supera el 10% y solamente NISSAN genera el 7% de la actividad industrial, siendo el 1,2% del conjunto del PIB catalán. Con más de 3000 trabajadores, los trabajadores de NISSAN son el corazón de un importante núcleo industrial que conecta con multitud de empresas auxiliares dependientes de la multinacional. Toda una red que, desde la empresa matriz hasta las subsidiarias, engloba cerca de 25000 trabajadores que forman parte de la misma cadena productiva.

Nos encontramos entonces ante una huelga que surge en una posición estratégica, donde los trabajadores de NISSAN han encabezado una importante lucha, en primer lugar, por la posición que ocupan en el proceso productivo y, en segundo lugar, por su ejemplaridad a la hora de organizar y mantener en pie una huelga de cientos de obreros durante más de 3 meses, en plena pandemia y con el Estado de alarma en vigor durante el primer mes y medio.

Por las razones expuestas, en nuestra organización entendimos desde el comienzo de esta huelga que debíamos estar ahí y contribuir dentro de nuestras posibilidades al desarrollo y avance de la misma contra el cierre de las plantas. Hablamos además de un conflicto que no viene de la nada, pues los trabajadores llevaban más de un año alerta ante las amenazas de cierres y despidos masivos a nivel mundial.

Las maniobras para desmantelar NISSAN en Barcelona

El año pasado publicamos en nuestro periódico El Altavoz cómo la dirección de NISSAN chantajeó a los trabajadores con 600 prejubilaciones bajo la amenaza de despidos[1]. Meses más tarde, publicamos la entrevista que realizamos a Javier de CCOO y a Joaquín de CGT[2], en la que contaban la difícil situación sobre la que tuvieron que negociar las prejubilaciones debido a la amenaza de ERE. Situación que obligaba a no bajar la guardia ante las amenazas de más de 10.000 despidos a nivel mundial.

En este contexto de incertidumbre para los trabajadores, las organizaciones sindicales plantearon planes de inversión en I+D y modelos de automóvil adaptados a las características técnicas de las plantas catalanas. La empresa formalmente se comprometió a llevar a cabo un plan de inversión en las plantas, pero en la práctica los intereses de NISSAN no estaban enfocados a asegurar su producción en España.

Generando las plantas catalanas un nivel de producción de unas 185 mil unidades al año, produciendo al 100% de su capacidad, no alcanza el nivel de producción de otras marcas en el ámbito del estado español. La amenaza de los 10.000 despidos a nivel mundial ponía en evidencia que objetivo de NISSAN no era otro que reestructurar su actividad productiva y centrar esta y el desarrollo tecnológico en Japón.

En este caso, no se trata de una deslocalización con el fin de abaratar los costes de la mano de obra. Hablamos de una deslocalización pensada para aumentar la rentabilidad en base a producir allá donde NISSAN tiene mejores opciones de mercado actualmente, en este caso, el mercado asiático. Los miles de conexiones que existen entre las multinacionales y el Estado permiten que empresas como Renault en Francia o NISSAN en Japón refuercen la producción nacional en detrimento de las plantas extranjeras según sean los intereses empresariales en cada momento. En España, mientras que durante años se ha financiado el desarrollo industrial de NISSAN, ahora se les permite marcharse tranquilamente y sin importar el color de quién esté en el gobierno. El poder de los capitalistas sobre el Estado queda al descubierto cuando los gobiernos, sea por apoyo explícito o por dejar hacer, acaban defendiendo sus intereses en la práctica.

La lucha de los trabajadores de NISSAN es la lucha de toda la clase obrera

Debido al carácter internacional de la producción, donde particularmente se desarrolla toda la cadena de valor de la alianza NISSAN-RENAULT-MITSHUBISHI, era fundamental que la lucha de los trabajadores de NISSAN no se desarrollase de manera aislada. Por ello, desde Revolución vimos necesario difundir entre los trabajadores de NISSAN la existencia de la Conferencia Internacional de Trabajadores del Automóvil y facilitarles el contacto con trabajadores de otros países, como es el caso de los trabajadores de Daimler, en Stuttgart, gracias a las relaciones de nuestra organización con el Partido Marxista-Leninista de Alemania (MLPD).

En la segunda Conferencia[3], celebrada durante el mes de febrero en Sudáfrica, se aprobó la siguiente resolución dirigida a los trabajadores de NISSAN:

«La Segunda Conferencia Internacional de Trabajadores del Automóvil declara su apoyo y solidaridad con los trabajadores de Nissan en España en su lucha justificada. La decisión de la directiva de Daimler de detener la producción de la pick-up destruye varios cientos de puestos de trabajo. Los trabajadores de Daimler son solidarios con la lucha por cada puesto de trabajo en todo el consorcio de Daimler Renault-Nissan».

Para los trabajadores, la prioridad en todo momento se situó en asegurar la permanencia y actividad de las plantas catalanas, cuestión que desde Revolución vimos como primordial para evitar el inmediato deterioro industrial de toda una región que conllevaría la pauperización de amplios sectores obreros y a la pérdida de la tradición de lucha propia de núcleos industriales como el de NISSAN.

No es la primera vez, ni será la última, que una multinacional pone entre la espada y la pared a los trabajadores de diferentes países, generando conflictos entre incluso las propias estructuras sindicales que demandan que la producción permanezca en sus países en detrimento de otros. Por eso esta lucha no podía darse de manera aislada, ni a nivel estatal ni internacional, y había que situar los intereses del conjunto de trabajadores en primer plano, romper con el individualismo y generar la solidaridad necesaria para impedir el cierre.

Y en esto, los trabajadores de NISSAN han sabido predicar con el ejemplo. Independientemente de la planta en la que trabajasen y del sindicato al que perteneciesen, la unidad obrera en Barcelona ha sido clave para el desarrollo de la huelga. La superación de las diferencias entre las organizaciones sindicales y la lucha por objetivos comunes se ha demostrado como fundamental para que los trabajadores actúen como un solo puño.

Cerca de 20.000 trabajadores y trabajadoras van a verse afectados por un cierre que puede devastar a toda una región, arrastrando además a la proletarización de pequeños comerciantes y empresarios que se benefician indirectamente de la actividad industrial. Situaciones como esta obligan a, como mínimo, trazar una estrategia sindical que unifique las luchas de todas estas plantillas y las sitúe en primer plano. Algo que los delegados de los Comités de empresa han trabajado, destacando el papel que han jugado los 500 trabajadores de Acciona encargados de la logística en NISSAN que actualmente se enfrentan a la ruptura del contrato con la multinacional.

En este contexto de enormes dificultades, con un movimiento obrero a nivel estatal sin la fuerza necesaria para acorralar a los empresarios, sin la existencia de una alternativa revolucionaria capaz de empujar las luchas hacia un nuevo modelo de sociedad, los comunistas tenemos la responsabilidad de contribuir a hacer avanzar las luchas, de aportar propuestas que las fortalezcan y de trasladar desde el marxismo explicaciones sobre la naturaleza política de este tipo de conflictos.

Con ello, la extensión del conflicto, la incorporación a la lucha de los trabajadores de las empresas auxiliares y la difusión de la solidaridad con los trabajadores de NISSAN para impedir el cierre, tanto en Barcelona como a nivel internacional, ha sido el elemento central sobre el que Revolución hemos basado nuestra actividad y colaboración con los trabajadores de NISSAN.

El desarrollo de la huelga y la extensión de la solidaridad

Tras el parón de producción debido a la pandemia del coronavirus la dirección de NISSAN decidió retomar la actividad el 4 de mayo para finalizar el pedido del modelo pick-up de Mercedes Benz antes del mes de junio. Una vez finalizado el pedido la empresa volvería a dejar en la calle a los trabajadores que había reincorporado al trabajo en plena pandemia. Los sindicatos vieron en esta una oportunidad para dar un golpe sobre la mesa y decidieron comenzar la huelga indefinida el mismo 4 de mayo. Tras los primeros tres días de huelga en la fábrica de Montcada la empresa tuvo que parar la producción en el resto de plantas. Esta pequeña victoria fue el primer chute de moral para la huelga de tres meses que estaba por delante.

En una de las visitas que realizamos al campamento La Resistance, desde El Altavoz entrevistamos a varios trabajadores en el 18º día de huelga[4]. Los delegados de los Comités de empresa nos explicaban su intención de poner en primer plano el mantenimiento del empleo y cómo su presión no se ha dirigido únicamente contra NISSAN, sino también contra las instituciones del Estado, debido a la pasividad tanto del gobierno autonómico como estatal ante el previsible cierre, algo que puso de relieve el desarrollo del carácter político de la huelga.

En esta entrevista también pudimos conversar con un miembro del sindicato de estibadores OEPB, que no dudaron en implicarse en la huelga con diversas muestras de solidaridad y cooperación. El hecho de que los trabajadores de la estiba, trabajadores con una dilatada experiencia de lucha, se volcasen en la huelga de NISSAN fue una muestra de las dimensiones que podía y debía alcanzar el conflicto.

La huelga también tuvo su eco a nivel internacional. La Conferencia Internacional de Trabajadores del Automóvil envió una carta de solidaridad con la huelga de NISSAN, carta que publicamos en nuestra web[5] e hicimos llegar a los delegados de los Comités de empresa. Durante todo el período de la huelga, los trabajadores de la planta de Daimler, en Stuttgart (Alemania), con los que teníamos contacto directo, enviaron varios vídeos de apoyo a la huelga que difundimos mediante las redes sociales de El Altavoz[6]. Además, se encargaron de difundir en Alemania información sobre el conflicto y llamaron a realizar aportaciones a la Caja de Resistencia.

Los trabajadores de NISSAN habían logrado romper el aislamiento al que hacíamos referencia líneas arriba y que muchas veces dificulta el avance de las luchas obreras. Sin embargo, y a pesar de todo el esfuerzo invertido en ello por parte de la plantilla, todavía era necesario ampliar más la solidaridad, llegar a más sectores de la población y, sobre todo, implicar a las plantillas de las empresas subsidiarias afectadas. La multinacional japonesa anunció el 28 de mayo su decisión definitiva de cierre, momento en el que la unidad obrera adquirió una importancia todavía mayor.

Para que “una victoria en NISSAN sea una victoria de toda la clase obrera” no quedase en una mera consigna, se tornaba necesario desarrollar los medios para que eso fuera posible. Partiendo de nuestros modestos recursos como organización comunista, además de dar apoyo con nuestra presencia diaria en las movilizaciones, aportar nuestros análisis y apoyo al conflicto en nuestra cartelería y panfletos, difundir el desarrollo de la huelga mediante nuestro periódico, difundir y realizar aportaciones a la Caja de Resistencia, etc., entendimos que debíamos contribuir de manera práctica a extender la solidaridad para aportar un plus de fuerza a los trabajadores en huelga.

Esto se materializó en una propuesta de campaña amplia que desde Revolución presentamos a los delegados de los Comités de empresa, a la que pudiera sumarse cualquier persona interesada, independientemente de su afiliación sindical, empresa, etc., en la que además de llamar a la solidaridad se denunciaba el papel del Estado mediante la financiación de NISSAN durante los años previos y la permisividad de los diferentes gobernantes con la multinacional, así como los chantajes que los trabajadores han ido sufriendo durante estos años. A la vez que hacía falta implicar a más sectores a la lucha, se hacía necesario denunciar el funcionamiento del capitalismo partiendo del ejemplo de NISSAN.

El contenido del acuerdo, las luchas futuras y las reacciones desde el MCE

El 6 de agosto el acuerdo fue ratificado en la asamblea de La Resistance tras 95 días de huelga. En resumen, el acuerdo[7] contempla el mantenimiento de la actividad industrial hasta diciembre de 2021 (fecha límite para desarrollar un plan de reindustrialización), paralizando posibles despidos hasta entonces, y una serie de indemnizaciones en caso de los trabajadores que no entren en el plan de reindustrialización. Estas indemnizaciones superan de manera importante los límites establecidos por la legislación española para situaciones de este tipo.

El plan de reindustrialización que contempla el acuerdo deberá concretarse en las mesas de trabajo que comenzarán a reunirse durante el mes de septiembre, con participación del gobierno central y autonómico. A su vez se creará una Comisión de Seguimiento con capacidad de ‘codecisión’ que debe velar por el mantenimiento del empleo durante un mínimo de 3 años más.

Como vemos, el acuerdo no es una solución definitiva en la batalla contra el cierre, pero sí un importante paso donde los trabajadores han forzado al gobierno a adoptar compromisos y donde han arrancado indemnizaciones que superan los límites que establece la ley, superando así las intenciones de NISSAN. Por tanto, es un ‘derecho’ conquistado en la lucha, que además supone una prórroga para continuar reorganizando fuerzas y luchar por que los compromisos se lleven a término.

Ahora bien, ¿hasta qué punto debemos confiar en los compromisos que los gobiernos han plasmado sobre el papel? NISSAN recibió casi 180 millones de euros sólo desde 2009 (154,64 millones del Estado y otros 25,1 millones de la Generalitat). Apenas siete meses después, el Gobierno catalán le proporcionó otros 3 millones de euros públicos para una planta de pintura que la empresa calificaba de “imprescindible” en la adjudicación de nuevos modelos, pero cuyas obras no llegaron a realizarse. Los diferentes gobiernos han estado inyectando dinero público a NISSAN en función de sus intereses, poniendo de relieve el poder de las grandes empresas sobre las instituciones del Estado.

Más recientemente, el gobierno ‘progresista’ de PSOE-UP no ha sido capaz, ya no de aportar ninguna solución, sino de responder a tiempo ante una amenaza que llevaba gestándose meses. No fue hasta que los trabajadores comenzaron su huelga cuando el gobierno se vio obligado a tener algún gesto con la plantilla. Por tanto, no hay que olvidar que todo supuesto compromiso al que haya accedido el gobierno ha sido fruto de la lucha de los trabajadores, y que sin ella el único destino al que está abocado NISSAN será el cierre definitivo a finales de 2021.

En definitiva, aunque no hay que olvidar que el peligro de la desindustrialización de toda una región se mantiene, los trabajadores disponen de una prórroga para continuar luchando por evitarlo, desentrañar los vínculos entre los capitalistas y el Estado y conocer los límites de esta lucha, cuestión a la que deberemos contribuir desde el marxismo. Sin embargo, algunas organizaciones comunistas y de izquierdas han calificado directamente este acuerdo como una derrota o, peor aún, como una claudicación de los trabajadores frente a la patronal al no haber seguido sus consignas sobre “la toma de la fábrica” o la “nacionalización y control obrero” de la producción.

Desde Revolución creemos que es un error realizar ese tipo de afirmaciones. Como comunistas, compartimos la necesidad de que los trabajadores impongan un horizonte nuevo, tomen el control de la producción y del poder del Estado para construir una nueva sociedad sin explotación. ¿Significa esto que actualmente los trabajadores disponen de las herramientas necesarias para poder llevar esto a término? ¿Significa, entonces, que los comunistas debemos llamar masivamente a la toma del control de las empresas o del Estado en este momento? Y, peor aún, de hacer esto ¿tenemos algún tipo de legitimidad para, encima, tratar a los trabajadores como “traidores a su clase” por no seguir esas consignas y contraer este tipo de acuerdos?

Debemos tener presente el contexto en el que nos encontramos. No estamos, en absoluto, en un período que requiera consignas de transición hacia el socialismo: no hay nada similar a una dualidad de poderes, ni un Partido con capacidad para influir en la construcción de ese contrapoder obrero. Más bien todo lo contrario: nos encontramos un movimiento obrero en posiciones defensivas en el conjunto del estado español, haciendo frente a los constantes ataques de la patronal, sin capacidad de imponer una agenda de lucha que acorrale al poder de los capitalistas. El marxismo en España lleva décadas sin la más mínima influencia entre los trabajadores y, con ello, no existe ni alternativa revolucionaria ni Partido capaz de generarla.

¿Por qué, entonces, hay organizaciones que lanzan consignas sobre el “control obrero y la nacionalización”, sin aportar ninguna explicación sobre las consecuencias de la nacionalización en un Estado dominado por los monopolios? ¿Y por qué, encima, critican a los trabajadores que no compran su discurso? ¿De verdad creen que, de conseguir convencer a alguien, sus ‘propuestas’ llegarían a buen puerto? Sería preocupante que, aun sabiéndolo, haya quien prefiera aparentar situarse en posiciones ‘puras’ y revolucionarias mediante ese tipo de consignas ante la duda, legítima por otra parte, de no saber qué aportar al conflicto.

Entendemos que no es sencillo desarrollar un posicionamiento acertado para cada situación concreta, pues ninguna organización marxista estamos libres de esas dificultades. Pero esto no es algo que surge de la nada, sino que es fruto de cómo analizamos la realidad, de cómo aplicamos el marxismo a la coyuntura en la que nos encontramos. Por tanto, consideramos idealista por una parte e irresponsable por otra lanzar este tipo de consignas de manera gratuita, sin pensar ni en el contexto en el que se realiza ni en las posibles consecuencias pues, como poco, sería un fraude para quienes lleguen a confiar en esas propuestas.

Por eso entendemos que debemos evitar correr más de la cuenta. Debemos ser conscientes de la situación de debilidad en la que nos encontramos, detectar los errores que estamos cometiendo desde el marxismo y ponernos manos a la obra para resolverlos. Debemos ser pacientes y constantes, realizar un trabajo planificado y sistemático, ayudando a impulsar las luchas de nuestra clase, a desarrollarlas y a concienciar a nuestros compañeros de la necesidad de acabar con el capitalismo; organizando a los obreros más comprometidos, construyendo organización desde la problemática concreta de cada empresa. Sin todo ello, no podremos generar una alternativa revolucionaria, ni construir la herramienta política para ello.

Desde Revolución rechazamos ese tipo de posiciones aventureras, que en la práctica suponen un flaco favor a la lucha de los trabajadores de NISSAN, y apoyamos a los trabajadores en su lucha por el mantenimiento de los puestos de trabajo. Llamamos, en ese sentido, a continuar reforzando la unidad obrera, poniendo en valor la unidad sindical que ha hecho posible la huelga en NISSAN, y a llevar a cabo una lucha lo más unitaria posible entre la plantilla de NISSAN y del resto de empresas afectadas por el cierre. Igualmente, animamos a continuar exigiendo al Gobierno que actúe, a no confiar en las promesas y a exigir que cumplan mediante los hechos para impedir la desindustrialización. Continuaremos, dentro de nuestras humildes posibilidades, aportando todo lo que esté en nuestra mano para que todo esto sea posible.

[1] http://somosrevolucion.es/las-trampas-de-nissan-para-justificar-despidos/

[2] http://somosrevolucion.es/la-plantilla-de-nissan-sigue-alerta-ante-la-amenaza-de-los-12-000-despidos-anunciados-a-nivel-mundial/

[3] https://automotiveworkers.org/es/conferencia/2a-conferencia-internacional-de-los-trabajadores-de-la-automocion-2020

[4] El Altavoz entrevista a los trabajadores de NISSAN en su 18 día de huelga indefinida https://www.youtube.com/watch?v=JU7r6UowU5w

[5] http://somosrevolucion.es/la-coordinadora-internacional-de-trabajadores-del-automovil-llama-a-solidarizarse-con-los-trabajadores-de-nissan/

[6] Twitter https://twitter.com/elaltavozobrero y Facebook https://www.facebook.com/ElAltavozObrero/

[7] https://www.ccoo.es/noticia:516366