El Patriarcado y el Coronavirus

La situación de confinamiento que vivimos a causa del Estado de Alarma decretado a partir de la pandemia ha sacado a relucir, también, las relaciones patriarcales que atraviesan la sociedad capitalista. En este caso, vamos a hablar de los cuidados, es decir, del trabajo reproductivo, que muchas veces queda invisibilizado.

Vamos, primero, a ponernos en contexto, según el INE [1], las mujeres dedicamos semanalmente 38 horas al cuidado de los hijos, mientras que los hombres dedican 23; en cuanto a las tareas domésticas, las mujeres dedicamos 20 horas y los hombres 11, observando que, en este caso, prácticamente doblamos el tiempo dedicado. En cuanto al cuidado de personas con dependencia, vemos que se observa un poco más de paridad, con una diferencia de 4 horas sobre 18.

Siguiendo con los datos, en los supermercados como el Mercadona o el Lidl nos encontramos con que el 66% y 71% de empleados son mujeres [2]. También podemos observar que los servicios sanitarios están feminizados en todas las categorías de especialización, pero las estadísticas están más disparadas en los servicios de enfermería, alcanzando un 79% [3] Finalmente, otro de los sectores más feminizados y precarios es el de las trabajadoras de la limpieza, las cuales están expuestas ya tienen que encargarse de la desinfección de superficies.

Con todos estos datos, podemos comprobar que se da una contradicción: las mujeres estamos relegadas en su mayoría en las tareas reproductivas, pero, por otra parte, somos mayoría en los trabajos precarizados y en la sanidad. Esto pone de relevancia esta doble explotación a la cual nos somete el capitalismo, debido a que es necesaria la constante reposición de fuerza de trabajo.

Así pues, el capitalismo, para hacer más sostenible una supuesta conciliación, desde sus orígenes empezó a ofrecer, paulatinamente, servicios públicos para asegurar la reproducción de la fuerza de trabajo: guarderías, lavanderías, restaurantes, comedores infantiles, etc. Muchos de estos servicios, debido al Estado de Alarma, están cerrados, y es ahora cuando estas contradicciones salen a la luz de forma totalmente explícita.

Incluso, parte de este trabajo de cuidados puede llegar a ser peligroso para una parte de la población: las residencias están cerradas y sólo se dispone de un servicio mínimo que cubre apenas una hora del día, así que muchas mujeres y, en algunos casos, empleadas domésticas -no olvidemos que la clase nos atraviesa también a las mujeres y que las burguesas pueden comprar el trabajo reproductivo a las mujeres trabajadoras-, tienen que cuidar de ancianos a los que están poniendo en riesgo. Esto nos evidencia, más que nunca, que el patriarcado y el capitalismo son indisolubles.

Para responder a esta situación, en algunas ciudades como Barcelona, se han empezado a tejer redes de solidaridad entre vecinos y vecinas, para hacer más llevadera esta situación, con la mentalidad de que los cuidados deberían ser un trabajo comunitario.

[1] https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259950772779&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayout&param1=PYSDetalle&param3=1259924822888
[2] https://es.statista.com/estadisticas/540629/empleados-en-los-grandes-supermercados-espanoles-cuota-por-genero/
[3] https://elmedicointeractivo.com/la-sanidad-espanola-entre-las-mas-feminizadas-de-europa/