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Tras el referéndum del 1 de octubre, la aplicación del artículo 155 y con el 21D a la vuelta de la esquina, desde la Organización Comunista Revolución hemos considerado oportuno mostrar nuestra posición al respecto. A continuación analizamos el estado del Procés, las elecciones autonómicas y una escalada represiva de la que, a nuestro juicio, debemos sacar lecciones que van más allá del conflicto nacional catalán.

El conflicto catalán

En primer lugar, cabe entender que el conflicto catalán, como comentamos en el anterior comunicado, es un conflicto intercapitalista, que se da entre dos sectores de la burguesía que pugnan por producir (o evitar que se produzca) un nuevo reparto del pastel ligado a sus propios intereses. Por un lado está el bloque de la oligarquía española, con fuertes lazos entre parte importante de la burguesía catalana, la que traslada sus sedes fuera de Catalunya cuando el referéndum del 1 de octubre tira adelante. A este sector se enfrenta un bloque encabezado por sectores medios y altos de la burguesía catalana con menos significación económica e inferior capacidad para exportar capitales, es decir, para pujar en los negocios internacionales. Pero que el conflicto se dé entre burgueses no significa que la clase trabajadora y el resto del pueblo permanezcan al margen. Al contario, pero es evidente que quienes llevan el timón del barco no son sino los burgueses.

Esto explica que, aun cuando de inicio habían dicho que iban a seguir hacia adelante con la proclamación de la República, nada más aplicarse el artículo 155 y convocarse elecciones, todo el bloque independentista acató la orden y se presentó a las mismas. Esto no hace sino remarcar su tendencia a restringirse a la legalidad burguesa, pues de no hacerlo habrían perdido las instituciones y no conciben la política fuera de éstas. A su vez, han supeditado desde el inicio la independencia de Catalunya a la aprobación de la UE, la cual sabían que no llegaría. La mayor parte del independentismo insiste en mostrarse como gent de pau (gente de paz) y rechazan el nivel de confrontación que implicaría una independencia “por las malas”, lo cual responde al carácter acomodado de una parte significativa de este bloque. Moviéndose dentro de este marco, han utilizado a las masas como un objeto de usar y tirar, solamente para mostrar músculo, sin querer hacer efectivo ningún cambio fuera del marco legal.

Se confirma la naturaleza intercapitalista del conflicto, en el que independentistas y “constitucionalistas” están polarizando a la sociedad por motivos identitarios, haciendo que la clase obrera y el resto del pueblo salga a la calle de forma acrítica, con una bandera de España o una estelada. Entendemos que el conflicto se plantea como algo ajeno a los intereses objetivos de la clase trabajadora, la cual, junto a otros sectores de la sociedad, va a la zaga de uno de los dos bloques que se han formado.

No obstante, sería un error analizar el Procés como algo estático. Hay que destacar que los días previos y posteriores al referéndum se vivieron en Catalunya jornadas abiertamente progresistas: la población trabajadora salió en masa a defender sus derechos democráticos, no la independencia o un determinado proceso nacionalista. Este momento álgido de lucha no se ha repetido cuando han encarcelado a consellers de Junts pel sí, de hecho la movilización ha ido a menos. Nos parece importante señalar que los “constitucionalistas”, en cambio, nunca han tenido momentos progresistas, al contrario, siempre han representado el bloque reaccionario.

Por todo esto, consideramos Catalunya una nación oprimida a la que se le priva de su derecho a emanciparse, a independizarse. A día de hoy, una de las principales manifestaciones de esta opresión la vemos en la actitud de la oligarquía española, que ni tan siquiera se sienta a negociar, rechazando cualquier tentativa de diálogo posible. En este sentido, desde la Organización Comunista Revolución defendemos firmemente el derecho de Catalunya a la autodeterminación.

Las elecciones del 21 de diciembre

Estas elecciones, como sabréis, se han convocado desde el Estado español, interviniendo directamente las instituciones catalanas, haciendo uso de la fuerza y haciendo más visible el marco de opresión nacional en el que se halla Catalunya. Sin embargo, al margen de que estas elecciones son particularmente ilegítimas, consideramos que, en cualquier caso, todas las elecciones convocadas en el capitalismo son ilegítimas, pues nunca podrán dar pie a un cambio en el modelo productivo con el que emanciparnos las trabajadoras y trabajadores.

En este caso concreto, no hay ningún partido que represente verdaderamente a la clase trabajadora y que pueda garantizar su independencia. Aunque ganara el bloque independentista e hicieran efectiva la república, no sería sino otro estado burgués capitalista, pero con otra bandera e himno.

No queremos decir, sin embargo, que nunca se deba participar en unas elecciones. El problema está en considerarlas una herramienta real de cambio, a través de la cual la clase obrera pueda llegar directamente al poder. Las elecciones, para un partido que quiera llevar al poder a la clase obrera, pueden servir como altavoz, haciendo más visibles nuestras reivindicaciones. También debemos entender que desde la lógica electoralista va a ganar siempre el pensamiento hegemónico, que no será otro que el de mantener el sistema de explotación capitalista intacto.

Por eso decimos abiertamente que el programa de “rescate social” con el que se presenta a las elecciones cierta izquierda es un engaño. Las instituciones burguesas están diseñadas para perpetuar la legalidad burguesa. Ningún cambio favorable a nuestra clase llegará por decreto: ni un gobierno autonómico ni una supuesta República Catalana nos va a regalar nada. Las victorias se consiguen con la clase obrera organizada desde cada empresa, desde cada barrio, y ni así serán victorias completas. Cada reforma progresista es una conquista arrancada al capital, pero una conquista parcial y temporal. Mientras exista burguesía ésta no cesará en su empeño de recuperar terreno perdido y continuará esta guerra civil encubierta que es la lucha de clases.

La escalada represiva

Nos gustaría hacer una última reflexión en base a lo sucedido en Catalunya. Hemos visto como, el día del referéndum, una masa de antidisturbios atacaron a quienes iban a votar y a quienes trataron de defender las urnas, con un resultado de casi mil heridos (de los cuales hubo incluso uno al que dejaron sin un ojo). Hemos sido testigos de cómo han encerrado a líderes del proceso independentista y a figuras públicas del mismo ámbito (Tanto a los “Jordis” como a los consellers).

Como hemos dicho antes, todo el proceso independentista no es más que un intento de nuevo reparto para las burguesías nacionales, que realmente no hace peligrar su sistema en lo más mínimo. Pero incluso en esta situación, en la que el sistema no se encuentra bajo amenaza de ningún tipo, los niveles de represión han escalado a pasos agigantados. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Qué sucederá el día que sí se trate de una revolución real? ¿Qué sucederá el día en el que se trate de derrocar a la burguesía y superar su régimen de explotación?

El conflicto catalán es un ejemplo tangible de la escalada represiva, pero no es el único. Hace poco condenaron al grupo de “La insurgencia” a dos años y un día de cárcel simplemente por las letras reivindicativas de sus canciones. Hemos visto como en las cuatro “operaciones araña”, la guardia civil ha detenido a gente tan sólo por sus tweets. Como estos hay muchos ejemplos de gente encerrada tan sólo por tener un discurso “antisistema”, aunque no supongan un peligro real.

Toda esta escalada de los niveles de represión que hemos estado viviendo debe hacernos pensar en qué pueda suceder llegado el momento. Debe servirnos para entender a qué nos enfrentamos, para desencantarnos del cuento de la democracia pacífica, y para saber tomar las precauciones pertinentes. La falta de planificación y los riesgos innecesarios no pueden estar presentes en nuestras acciones si buscamos hacer verdaderamente efectiva la revolución.

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