El falso feminismo del Salón Erótico de Barcelona

El Salón Erótico de Barcelona, como cada año, ha mejorado su aparato de márketing. En esta, la vigésimoquinta edición, el spot ha calado dentro del Movimiento Feminista, y es que difunde un mensaje en el que todas podemos estar total o parcialmente de acuerdo: el porno “mainstream” es misógino y la falta de educación sexual es un problema. Además, después de la polémica del  año pasado, en la que el principal patrocinador del Salón fue Apricots, una conocida cadena de prostíbulos, han decidido llevar a cabo un total lavado de imagen que, cabe añadir, ha resultado exitoso. No sólo se han desvinculado, aparentemente, de patrocinadores directamente relacionados con el mundo de la prostitución, sino que han contratado a una dirección compuesta íntegramente por mujeres, bajo el lema: “Ahora mandamos nosotras”, que gestionarán los espectáculos, vigilando que estén extentos de cosificación y misoginia . Esta vez, han buscado que los contenidos del Salón sean coherentes con la narrativa del Spot, pero, materialmente, es imposible.

La industria del sexo, por muy antisistema que quieran pintar a ciertos sectores de ésta, es evidente que opera dentro del capitalismo, y como tal, su finalidad es producir la mayor cantidad de ganancias posibles, para ampliar su capital. Así pues, las contradicciones entre discurso y realidad material no tardan en hacerse palpables, por ejemplo: una de las propuestas estrella de esta edición era no realizar espectáculos que infantilicen a las mujeres, habiendo un compromiso en contra del abuso sexual a menores. El problema es que esta intransigencia, como no podía ser de otra manera dentro de la lógica capitalista, cae por su propio peso: el ejemplo más claro es Tarrago Porn, una pequeña productora de Tarragona, la cual cuenta tanto con un stand -puesto donde una empresa dedicada a la industria sexual expone su material- como con artistas invitadas, pero que, analizando su producción, vemos un caso claro de fetichización de la adolescencia: en la película “The Old Pervert”, un hombre mayor, que es también el cámara, se encuentra con dos mujeres vestidas de colegialas, a las cuales les da dinero para que practiquen sexo entre entre ellas. A nivel de contenido, vemos que frivoliza y erotiza la prostitución, además de que, de la forma en que está grabado, en primera persona, se produce una identificación simbólica del espectador con el “Viejo Pervertido”, y es de ahí dónde radica parte de su potencial erótico. Como podemos observar, su discurso no es que peque de, simplemente, buenas intenciones que no se han podido llevar a cabo, sino que corresponde a una estrategia para ampliar el público que va a asistir, en este caso, aprovechándose del auge del feminismo. Cuando el feminismo convive con narrativas misóginas tan recalcitrantes, que provienen de una industria que mercantiliza el cuerpo de las mujeres, debemos plantearnos al servicio de quién está. En este caso, está más que claro a qué intereses responde.

A continuación, analizaremos la relación que guarda el Salón Erótico con la prostitución. Basta con investigar un poco a las empresas colaboradoras, para ver que dicha relación sigue estando a la orden del día, aunque de manera menos evidente : Uno de los muchos stands que se pueden encontrar es el de Geoscorts, una empresa dedicada al desarrollo web y márketing especializada en “ocio adulto”, siendo esto un eufemismo para referirse tanto a webcamers, como prostitutas de lujo -escorts-, o cualquier club o prostituta autónoma que requiera de estos servicios. Aun así, la mayoría de empresas colaboradoras son productoras pornográficas, webcams o empresas especializadas en pornografía en vivo. Es decir, el sector de la industria del sexo que es considerado inocuo. Hasta ahí, dentro de su lógica, han cumplido con su cometido. De todas formas, es necesario aclarar que, desde el prisma de análisis del feminismo liberal, se hace una disección del fenómeno prostitucional, para que ciertas variaciones de ésta encajen en la etiqueta de “trabajo sexual”, que presenta una serie de implicaciones que debemos analizar en profundidad, para entender qué representa el Salón Erótico, y cual es el papel que ha tenido el feminismo en su difusión.

La prostitución y la pornografía no son sectores independientes entre sí dentro de la industria, ya que se basan en una misma realidad material: el consentimiento sexual y, por ende, el cuerpo de las mujeres, tiene un precio. Es decir, la máxima expresión del patriarcado. Pero no podemos entender esta relación sin comprender cómo ha cambiado la prostitución en el desarrollo del capitalismo. Según Marx, la prostitución constituye una manifestación de la explotación de la clase obrera, en concreto, de las mujeres pertenecientes a esta; además, el capitalismo produjo que este fenómeno social se masificara, debido a que, con su implantación, relegó a las mujeres a la esclavitud doméstica, o bien a subsistir con un salario muy inferior al de los hombres, empujándolas a prostituirse para conseguir ingresos extras. 

Con el desarrollo del imperialismo, la fase superior del capitalismo, la prostitución no sólo ha llegado a alcanzar cifras altísimas, sino que sobre esta, se ha construido una industria muy competitiva. El rastro de pobreza que supone el reparto del mundo entre las distintas potencias imperialistas, es un caldo de cultivo para la trata, estimándose según los datos que, entre las prostituidas, un mínimo del 49% de ellas provienen de redes de tráfico humano. Además, la gran cantidad de mujeres prostituidas abarata el coste de los “servicios”, haciéndolos accesibles a casi la totalidad de la población. Aquí es dónde entra la pornografía, legalizada en los años setenta, que no es más que la legitimación cultural a gran escala de la prostitución; en este contexto, ya no se compra sólo el cuerpo de la mujer sino su imagen, que podrá ser difundida y reproducida hasta la infinidad. De hecho, la pornografía no sólo alimenta la demanda de prostitución, sino que es una forma de “ascenso” entre las prostitutas, brindándole la oportunidad de poder optar a sueldos más altos, que no es más que un engaño ya que las posibilidades de convertirse en una “porn star” son muy limitadas.

Así pues, una de las consecuencias del imperialismo es que, en las potencias de primer y segundo orden, la tasa de prostitución entre las mujeres obreras baja de manera exponencial, ya que, como se ha mencionado, se cuenta con una reserva de mujeres pobres e inmigrantes que no tienen otra salida. Pero, también, esta legitimación a gran escala social, ha supuesto la aparición de la prostitución autónoma en los países capitalistas desarrollados, es decir, algunas prostitutas voluntarias que no están adscritas a ningún club, sino que son ellas las que eligen a sus propios clientes. Además, la aparición de las tecnologías ha supuesto que, además, exista la categoría de webcamers, como forma de prostitución donde el prostituyente paga por una performance a su elección, o pequeñas agencias de prostitutas dónde se intente buscar un modelo ético, además de empresas especializadas en “asistencia sexual” a discapacitados. A esto lo llaman “trabajo sexual”, y es un fenómeno estadísticamente muy minoritario, pero que ha tenido una gran difusión: el término parte directamente de los intereses de una pequeña y mediana burguesía que opera en la industria sexual, compitiendo con los grandes portales de la pornografia o las redes de trata que operan a escala mundial.

El Salón Erótico es el reflejo de esta burguesía que necesita ser competitiva, y que se arma de un feminismo que está en consonancia con sus intereses de clase, un feminismo que enmascara la realidad social que supone la prostitución, que la fragmenta, y que nos dice que hay una forma ética de consumir el cuerpo de las mujeres. En resumidas cuentas, utilizan el feminismo para ser competitivos en el mercado, para poder subsistir y ampliar su capital, aumentando su público, ya que, sin hablar de “feminismo”, “empoderamiento”, o “consumo ético”, muchas de las empresas que participan estarían condenadas a su desaparición. 

Como conclusión, un feminismo que apoye la industria sexual que se basa en la explotación del cuerpo de las mujeres, es inoperativo para nuestra emancipación. Debemos señalar las burguesas son, en efecto, nuestras enemigas de clase, y organizarnos en torno a un feminismo que ponga nuestras reivindicaciones a la vanguardia, porque, al fin y al cabo, el capitalismo y el patriarcado no pueden entenderse de forma autónoma, así que un feminismo que le siga el juego al capital, va a hacerlo, como consecuencia, al patriarcado.