Gallina Blanca: se confirma el pelotazo urbanístico a costa de los trabajadores

Ya el pasado mes de agosto saltó en algunos medios de comunicación la aprobación del plan de remodelación urbanística en los terrenos de la fábrica de Gallina Blanca en Sant Joan Despí, donde solo unos meses antes los trabajadores habían estado luchando para mantener sus puestos de trabajo, posicionándose en contra del traslado de la planta a la provincia de Huesca. Así pues, y una vez perdidos los puestos de trabajo y las instalaciones, el 29 de octubre, el gobierno municipal, junto con el beneplácito de la Generalitat, aprobó y presentó el plan de recalificación de esos terrenos (450.000 metros cuadrados) donde se asentarán 45.000 metros cuadrados para oficinas, un hotel, así como 413 nuevas viviendas (de las que 184 serán de protección oficial). El discurso no se ha modificado con el tiempo, tanto el gobierno municipal, como la empresa lo han vendido como una “oportunidad” para la revitalización del municipio, con consignas vacías de aportar dichos beneficios para el municipio y un nuevo motor en el proceso de transformación del polígono de Fontsanta hacia las nuevas industrias ligadas al conocimiento y la tecnología.

En marzo de 2019, en el artículo Gallina Blanca: el pelotazo urbanístico que viene, informábamos de que los propios trabajadores ya sospechaban de este proceso de recalificación de los terrenos, ya que según muchos de ellos el propio alcalde, y su equipo de gobierno, ya hacía años que estaban detrás de la caza y subasta de esos terrenos como una extensión política de los intereses de Gallina Blanca y la familia Carulla en el municipio. Si bien estos hechos se habían negado en el pasado por parte del gobierno municipal, el tiempo ha dado la razón tanto a trabajadores como sindicatos.

Los trabajadores expresan su preocupación, no solo por la pérdida efectiva de sus puestos de trabajo, sino que, además, advierten, de la continuidad de un modelo urbanístico y económico que destruye a su paso suelo industrial, para reinvertirlo en zonas de alta especulación y en empresas terciarizadas que poco peso aportaran en el sector productivo. De esta forma se puede entender que, por una parte, nadie de credibilidad a las promesas de Agrolimen (grupo matriz donde forma parte Gallina Blanca) de establecer las oficinas centrales en ese mismo espacio y la creación de unos 1.000 puestos de trabajo, así como por la otra, tampoco modifica substancialmente el sombrío panorama económico de la zona que este proceso ha generado.

Agrolimen ha demostrado lo que ya era una realidad a voces, desde el anuncio del traslado de la producción los terrenos que ocupan la fábrica de Gallina Blanca iban a venderse y recalificarse, pero no para unas nuevas zonas industriales donde potenciar el tejido industrial, sino que, todo lo contrario, simplemente para uso y disfrute de los especuladores y oportunistas del momento que conforman tanto el gobierno municipal del PSC como la propia empresa. Esta lógica tampoco debe parecer extraña, ya que responde meridianamente a un proceso vital para los capitalistas actuales, la diversificación y la especulación en el campo económico.

En este caso se puede constatar como con todo este movimiento la empresa se ha beneficiado desde tres frentes: en primer lugar, ha trasladado la planta hacía una región como Huesca con salarios y convenios considerablemente peores que los que tenían los trabajadores en la planta barcelonesa, reduciendo por lo tanto costes; en segundo lugar, ha conseguido hacer negocio y sacar suculentas plusvalías de los terrenos ubicados en Sant Joan Despí, haciendo valer su posición ya que probablemente construirán sus oficinas centrales en una zona completamente revalorizada; y en tercer lugar mantienen su cuota de poder dentro de la zona metropolitana.

De esta forma, se observa una tendencia a cierta desertización industrial de las zonas industriales clásicas del área metropolitana, sustituyéndolas por zonas y sectores terciarizados (logística, servicios a la industria, servicios tecnológicos principalmente) y desplazando por tanto su capacidad productiva hacía otras regiones catalanas y españolas mucho más competitivas para los capitalistas.