Imperialismo y patriarcado

Con motivo del 8 de marzo, publicamos este documento de análisis que desarrollamos en una de nuestras conferencias de feminismo:

No podemos ignorar que el capitalismo alcanzó ya su fase superior, el imperialismo, y en este texto se trata de señalar cómo existe una relación de necesidad y realimentación entre imperialismo y patriarcado, en que el patriarcado actúa como un sistema funcional al imperialismo.

Países colonizados

Las fuentes de materias primas y manufacturas de bajo valor añadido y alto volumen, los países “neo-colonizados” de África y Asia, así como los países en desarrollo y algunas potencias aspirantes a imperialistas (como Brasil) se caracterizan por ser los grandes talleres del mundo.

En los primeros países, la burguesía imperialista centra las operaciones más sencillas, pero que son a menudo también las más pesadas y las que más mano de obra requieren. Los salarios son bajos, la asistencia social a las familias limitada y, junto a ello, la escasez de anticonceptivos (y de conocimientos) hacen que las familias sean grandes, con muchos hijos listos para trabajar durante su juventud, que serán carne de cañón en las fábricas y minas a cambio de aportar un miserable salario a sus hogares.

Es, precisamente, en esta aportación y renovación continua y masiva de mano de obra joven poco cualificada donde el patriarcado juega uno de sus papeles más importantes.

Los géneros, tremendamente estrechos (llegando a extremos de persecución de la libertad sexual como el del régimen ultra reaccionario de Uganda), garantizan que las mujeres serán madres desde jóvenes, tendrán muchos hijos e hijas y las criarán hasta que estén en edad de trabajar (temprana). Esto “librará” a sus maridos de dichos cuidados para que puedan deslomarse en jornadas mayores, mientras ellas realizarán una doble jornada extenuante, compaginando su trabajo en casa con trabajos en distintos sectores, como el textil.

Por supuesto, el estricto modelo de masculinidad existente en muchos de estos países jugará más a favor de la burguesía imperialista, facilitando que los hombres vean como natural esta división de tareas y este modelo de relaciones interpersonales.

En estos países, las nocivas consecuencias del patriarcado actúan casi exclusivamente sobre las capas populares de la población y, en particular, sobre las mujeres de clase obrera, puesto que la burguesía imperialista, incluidas las mujeres de esta capa de la burguesía, no forman parte de la sociedad a la que parasitan, y las mujeres hijas de las autoridades “neocoloniales” bien pueden permitirse pasar su tiempo en sociedades donde su género haya conquistado un mayor grado de autonomía.

Así, la burguesía apenas alberga contradicciones en su seno respecto a la situación de los géneros en estos países, cosa que facilita que los géneros se conserven con una estrechez particular, pues solo encuentran en su contra a mujeres de la clase obrera y las capas populares.

Potencias emergentes

Hay que hacer un inciso en lo referente a los países más pujantes en la arena económica mundial, como Brasil o India, donde existe una burguesía nacional desarrollista que pretende trasladar a sus países la centralidad de las operaciones de alto valor añadido, de alta cualificación y de administración de la tecno estructura de las empresas, así como convertirlos en centros de consumo.

Ello se combina con las luchas obreras y de otras capas de la población, y suele traer consigo, si la burguesía nacional es capaz de ponerse a la cabeza del proceso (como en Brasil o la India), el desarrollo del Estado burgués de aquellos países como herramienta de entrenamiento de mano de obra más cualificada y una cierta mejora de las condiciones de vida de la clase obrera, en la medida en que sea estrictamente necesario para dar el salto cualitativo en la producción.

En estos países, como se observa en sus pirámides de población, se da un salto desde una población con mucha natalidad, mucha mortalidad y gran juventud de su población, a una con más densidad en los grupos de población de mediana edad (30-50 años), cosa que viene a coincidir con la necesidad de tener mano de obra experimentada y proporcionalmente menor en número (hacer menos, pero mejor).

Obviamente, esto no significa que desaparezcan las condiciones anteriores, solo se desplazan a algún otro país que esté por debajo en la cadena imperialista.

La aparición en estos países aspirantes a imperialistas de una llamada “clase media” formada por clase obrera con mayor estabilidad y experiencia y pequeña burguesía que se beneficia del aumento del consumo y la distribución/reparación de productos nacionales, así como la existencia de mujeres entre los integrantes de la burguesía nacional en auge, hace que la acción del patriarcado sea más complicada de analizar.

Es comprensible que, dado que ya no se requiere una renovación de clase obrera tan acelerada y masiva, es más fácil conquistar mayores grados de libertad sexual y de cierta “relajación” en los géneros, con mayor educación sexual y proliferación de métodos anticonceptivos.

Por otro lado, las mujeres de la burguesía nacional y sus administradoras políticas o técnicas sí suelen vivir en estos mismos países en desarrollo, de modo que una aplicación estricta de los géneros dictados por el patriarcado se vuelve más problemática, porque los géneros tienen factores opresivos que les afectan, como pueda ser la inseguridad frente a violaciones, el trato vejatorio, la discriminación sexista…

Esto juega un doble papel: por un lado, tiende a producir un progreso en cuanto al, digamos, ensanchamiento de los géneros. No es que los géneros ya no sean rígidos, pero ahora lo que se entiende por lo masculino y lo femenino pueden ser más cosas. Por otro lado, y de forma más negativa, las mujeres de la burguesía nacional que actúen por los intereses de su clase, tenderán a centrar la respuesta desde una óptica burguesa, a menudo institucional, que trabaje precisamente por seguir ensanchando los géneros, y no por destruirlos, porque, en el fondo, el patriarcado les sigue siendo funcional como clase.

Además, se introduce aquí un factor que antes no se ha nombrado, pero que es importante: los roles patriarcales son funcionales a la burguesía también en los países imperialistas y aspirantes a imperialistas, porque facilitan cuestiones como el despido por embarazo o, incluso, que las bajas por m/paternidad sean tomadas mayoritariamente por mujeres, cosa que les permite de una forma eficiente restar este tipo de “gastos previsibles” a los salarios de las mujeres de forma anticipada, generando lo que se conoce como brecha salarial.

Por último, no hay que subestimar el conveniente papel de los géneros como divisor de la clase obrera incluso en sus luchas económicas, haciendo creer al hombre que vive en una posición de privilegio que se merece, por el hecho de que se le dé una parte de lo que hombre y mujer obrera producen mayor que a las mujeres. También es conveniente a la burguesía el papel de los géneros como desalentador político de las mujeres, que suelen ver su aportación minusvalorada, restando así potenciales activos a la lucha revolucionaria.

Potencias imperialistas

En estos países se consiguió ya lo que la burguesía nacional emergente persigue. En países como EEUU, España o Francia se concentran las operaciones más sofisticadas, la investigación científica y técnica, la administración de las tecno estructuras y las grandes aventuras financieras.

Por tanto, son de aplicación, en distinto grado cuantitativo, las mismas consideraciones que a las potencias emergentes.

Es de señalar en este caso el activo papel que juega la parte más acomodada de la clase obrera y también la pequeña burguesía a la hora de modular los efectos del patriarcado, de forma que los habituales roces y choques políticos con la oligarquía imperialista se trasladan también a este ámbito, habiendo continuos avances y retrocesos (hacia una mayor libertad dentro de los géneros) en la política “oficial”, que les afectan, pero que, en casos como el del derecho al aborto, afectan especialmente a las mujeres de clase obrera.

Conclusión

El patriarcado juega un papel fundamental como sistema funcional al capitalismo en su fase superior, la imperialista, y entraña contradicciones en el seno de la clase burguesa, y también de la clase obrera, que se han tratado de explicar dentro de las posibilidades de la organización.

Como tampoco se ha hecho en el resto de casos, y no se pretende condicionar el debate sobre cuál es la lucha feminista óptima y tampoco se está en condiciones de hacerla o de clasificar desde este documento al pormenor las actualmente existentes, se deja para el futuro esta tarea.

Datos

La mayoría de afirmaciones son fáciles de comprobar con una búsqueda rápida.

Se adjuntan las pirámides de población de dos países colonizados (Senegal y Camboya) y de una potencia emergente antes y después de serlo (Brasil):

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