La solidaridad, nuestra herramienta para ganar en Nissan

Los trabajadores y trabajadoras de Nissan están siendo ejemplo de lucha y de dignidad. Primero por lanzarse a una huelga indefinida sin precedentes en la historia reciente de la industria del automóvil en nuestro país. Pero además, porque ante la noticia de cierre, lejos de resignarse, han redoblado esfuerzos y se han lanzado a la calle. Ese mismo día los polígonos de Zona Franca, Montcada i Reixac y Sant Andreu de la Barca se volcaron con los compañeros y compañeras en lucha para revertir la decisión de la multinacional japonesa. Al día siguiente la llama se extendió a los principales concesionarios de Nissan en Barcelona y Granollers. La guerra no ha hecho más que empezar

El ejemplo de Nissan demuestra la fuerza que puede alcanzar la clase obrera organizada. No es casualidad que en estas semanas de conflicto abierto (un conflicto que de manera soterrada viene arrastrándose desde hace años), representantes políticos e institucionales hayan virado de la inacción o de poner palos en la rueda a hacer declaraciones públicas contrarias al cierre. Lo hemos visto en el govern de la Generalitat: cuando se convocó la huelga, la consellera de Empresa Àngels Chacon se limitó a un “Hemos hecho todo lo que hemos podido”[1] con el que daba por zanjado el tema; además, durante los primeros días de huelga hubo tensiones con los Mossos d’Esquadra, que obligaron a desmontar el piquete en Montcada i Reixac e identificaron a quienes permanecían en el piquete de Sant Andreu de la Barca, decisiones que implican directamente a la Conselleria de Interior. Sin embargo, en las semanas sucesivas no decayó el ánimo, al contrario, y tanto consellers como ministros empezaron a verse obligados a tomar cartas en el asunto.

Todavía hay margen para conseguir la continuidad de los puestos de trabajo, pero queda mucho por pelear. Ha sido gracias a la constancia de los trabajadores y trabajadoras de Nissan, que las instituciones empezaron a posicionarse contra el cierre. Pero estar en contra del cierre no es suficiente, pues no es admisible mantener activas las fábricas a cualquier precio. La consigna debe ir más allá para asegurar que no haya despidos ni deterioro de las condiciones laborales.

Esta misma batalla se está dando en Alcoa, con manifestaciones multitudinarias que exigen soluciones. Sin duda son un aliado en este pulso para exigir que la oligarquía en su conjunto afronte los gastos. Han amasado beneficios millonarios a costa de nuestro trabajo y ahora pretenden abandonarnos como una mercancía que ya no les sirve. Pero esta mercancía tiene nombre y apellidos: los de las miles de familias que no están dispuestas a rendirse.

Es fundamental que señalemos al Estado y que le exijamos que garantice la continuidad de la actividad industrial. Estos días se está hablando mucho de nacionalización, y debemos advertir que no significa lo mismo que socialización. No es lo mismo que las empresas pasen a estar gestionadas por los políticos de turno y la burocracia de las instituciones burguesas, que el control obrero de la producción. No obstante, teniendo en cuenta que no estamos en una situación revolucionaria ni con un movimiento obrero fuerte y combativo marcando la agenda política, exigir al Estado que garantice una solución en la que ningún trabajador ni trabajadora se quede atrás, es la opción progresista a la que debemos sumar esfuerzos.

Desde la Organización Comunista Revolución haremos todo lo que esté en nuestra mano por desarrollar una solidaridad amplia para ese fin. Un paso prioritario es que la lucha se extienda y se coordine con las plantillas de las empresas que dependen indirectamente de Nissan. Es fundamental, además, articular una red amplia de apoyo que cale en el conjunto de nuestra clase. La solidaridad es nuestra mejor arma: ¡La lucha en Nissan es la lucha de toda la clase obrera!

[1] https://www.economiadigital.es/directivos-y-empresas/la-generalitat-se-resigna-al-cierre-de-nissan-en-barcelona_20058090_102.html