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En el presente documento nos disponemos a realizar un breve análisis de cómo entendemos la unidad en el Movimiento Estudiantil que pueda marcar un eje de ruta común en la Organización Comunista Revolución de cara a nuestra intervención en los sindicatos base y en los distintos proyectos suprasindicales donde decidamos intervenir.

Introducción

Ya hemos analizado en otras ocasiones que la función del movimiento estudiantil en el proceso revolucionario (o para acercar el mismo), más allá de las victorias que pueda arrancar, es la de servir como una Escuela de Combate. Una primera experiencia de organización y lucha que tenga la capacidad de incorporar a los sectores ideológicamente más atrasados del estudiantado de clase trabajadora. El movimiento estudiantil también supone una fuente de análisis para el Partido y es un embrión de estructuras de masas para el Socialismo.

En esta línea nuestro proyecto para el movimiento estudiantil se basa en una organización sindical, ideológicamente amplia y de masas, combativa, democrática, de base, independiente de cualquier organización política, estatal con reflejos territoriales y coordinada con los sindicatos de trabajadores. Nuestros análisis sobre la unidad se articularán, por tanto, en torno a la construcción de esta Escuela de Combate, teniendo muy en cuenta su papel pedagógico en las formas de hacer política.

Diferencias entre Sindicato y Movimiento Estudiantil

Puede parecer una cuestión muy simple, pero es necesario hacer esta distinción entre la organización y el movimiento ya que la concepción de la unidad no es similar en ambos casos. Para visibilizar la cuestión, las diferencias serían muy similares a las de los sindicatos obreros y el movimiento obrero.

Los sindicatos son las estructuras permanentes del movimiento estudiantil, las que mantienen la llama de la lucha en periodos de flujo y de reflujo. Tienen una línea de análisis y trabajo más o menos definida, una estructura y unos requisitos mínimos de militancia (aunque estos puedan ser extremadamente flexibles).

El movimiento estudiantil tiene un carácter más amplio y menos preciso. A grandes rasgos estaría formado por los distintos sindicatos u organizaciones que participan en la lucha estudiantil (en toda su heterogeneidad), así como por las estudiantes no organizadas pero movilizadas, es decir, aquellas que participan o pueden participar potencialmente en las convocatorias y asambleas abiertas.

El objetivo de las y los comunistas en el Movimiento Estudiantil

El movimiento estudiantil es un frente de intervención interclasista. En él se dan cita personas de múltiple procedencia social, con gente que viene de los sectores mayoritarios de la clase obrera hasta personas procedentes de capas intermedias (aristocracia obrera y pequeña burguesía).

En el movimiento estudiantil se cubren aspiraciones muy diferentes, y puede llegar a ser muy masivo, porque en nuestro país la educación está muy extendida.

Como en cualquier otro frente, la labor de las y los comunistas es la de hacer de la clase obrera la vanguardia de ese ámbito de lucha, pues por su condición de clase revolucionaria, es la que lleva en su seno la posibilidad de dar una respuesta más profunda a las demandas de esa lucha. Por este motivo, en el movimiento estudiantil, desde Revolución hemos apostado por los sindicatos estudiantiles de clase como las estructuras preferentes de participación. Las principales características de estos sindicatos se hallan recogidas en nuestros documentos congresuales, así como en textos anteriormente publicados.

Como los sindicatos estudiantiles de clase (y combativos) ponen como su prioridad las demandas económicas y democráticas de los estudiantes de clase trabajadora, hacen que el resto de personas progresistas de distintas capas sociales (tanto aristocracia obrera como, especialmente, pequeña burguesía) entren en contacto con la realidad de la clase obrera, y aprendan junto a ella las potencialidades de la organización, a la vez que los límites de la lucha económica.

Idealmente, con un Partido Comunista ya reconstruido, nuestro papel en el sindicalismo estudiantil sería que un sindicato o una confederación de sindicatos estatal con mucho arraigo, democrática e independiente, que nos tuviera como referentes, arrancara mejoras al Estado y progresivamente lo fuera poniendo en la necesidad de decir que no, demostrando a amplias capas de la población obrera que es un sistema incapaz de satisfacer sus aspiraciones.

¿Para qué queremos la unidad?

Existen en el movimiento estudiantil dos tendencias en la concepción de la unidad que se desvían de cualquier posible análisis científico y honesto. Por un lado, la unidad como principio ideológico, entendida como una suma abstracta que no analiza el grado de compatibilidad de las distintas tendencias que pueden encontrarse en un sindicato ni la correlación de fuerzas frente a la misma. Por otro lado, el sectarismo, entendiéndolo como la tendencia a convertir diferencias de línea u orientación, naturales y positivas en todo frente amplio, en diferencias antagónicas que impiden compartir proyectos con otros sectores (ya sean ideológicos u organizados). Esta tendencia suele tener como causas el objetivo de construir la organización política mediante la instrumentalización de la organización estudiantil, la incapacidad de defender una línea frente a otras o la voluntad de control férreo de la organización estudiantil.

Por nuestra parte vamos a plantear la necesidad de la unidad en la lucha estudiantil en torno a 2 factores. El primero de ellos es unidad para hacer avanzar nuestra línea. Es decir, la unidad para conseguir que los proyectos estudiantiles en los que participamos sean más sindicales, más amplios, más combativos, etc. Este planteamiento debe servir de brújula política en nuestros análisis sobre unidad, sin embargo, podemos encontrar como coyunturalmente avanzar en una de estas características entra en contradicción con otras. Por ejemplo, participar en un sindicato estatal que desarrolle una línea sindical pero esté controlado por una organización política supondría un avance respecto a lo sindical y el desarrollo estatal, pero unas limitaciones difícilmente superables, a priori, en lo que respecta a la independencia y la democracia interna del sindicato.

El segundo de ellos es la unidad como valor añadido. Son proyectos estudiantiles que han conseguido aglutinar a distintos sectores con orientaciones compatibles, aunque no necesariamente similares, han logrado también tener una mayor capacidad para organizar a un relativamente alto número de estudiantes “independientes” (no organizados políticamente). Existen ejemplos de cómo sin necesariamente tener la mejor orientación o desarrollar la mejor línea, la unidad supone una potenciación cualitativa de las capacidades del sindicato. Esto puede deberse, entre otras cosas, a que los choques entre organizaciones políticas se dan en el interno y con mayor “responsabilidad” y no desde fuera a través de distintos sindicatos.

La unidad en el Movimiento

Como decíamos, el sindicato debe ser una Escuela de Combate, una primera experiencia de organización y lucha que traiga consigo un desarrollo político e ideológico de aquellas estudiantes que se incorporen a él. En este sentido, debemos lograr que sea un paso previo al sindicalismo en el mundo laboral, aspirando a que todas las compañeras que acaben su ciclo estudiantil den el paso a la lucha obrera. Por tanto, también debemos tener presente que las orientaciones que promovamos en el movimiento estudiantil tendrán su reflejo a medio plazo en el movimiento obrero, al menos si conseguimos que exista esa continuidad de una lucha a otra.

En el movimiento obrero tenemos un modelo sindicalismo que queremos construir y un sindicato principal de referencia para desarrollar nuestro trabajo. Pero esto no quita para que defendamos la necesidad de la unidad de las trabajadoras en la lucha y el fin de la dinámica de choques sectarios entre sindicatos.

Salvando las distancias, ya que un frente es puramente obrero y el otro tiene carácter interclasista, planteamos la necesidad de fomentar la lucha unitaria dentro del movimiento estudiantil. Esto no quiere decir renunciar a la independencia de nuestros sindicatos, a sus análisis y trabajo propios, más bien generar dinámicas de intercambio de análisis, acuerdos en puntos comunes y coordinación con otros sectores del movimiento estudiantil.

Esta orientación supone un esfuerzo político extra al que estamos acostumbrados en nuestra intervención en el movimiento estudiantil, ya que supone saber defender la línea de nuestros sindicatos frente a cuadros de otras organizaciones que nos plantearán contradicciones. Sin embargo, tiene importantes consecuencias positivas como potenciar los debates sobre línea y proyecto político dentro del sindicato, aumentar la capacidad de análisis y debate de los cuadros independientes en este sentido y generar contradicciones en otros proyectos estudiantiles que puedan acercarlos total o parcialmente al sindicato.

La unidad en el sindicato

La cohesión política que se necesita a la hora de construir un proyecto sindical estudiantil es bastante mayor de la requerida para la unidad en el movimiento. Así pues, cuando analicemos la unidad en el sindicato estudiantil debemos tener en cuenta que este sí precisa de una línea política, un proyecto, mucho más definida y cohesionada.

A pesar de que, por la amplitud que exigimos y defendemos para nuestro modelo sindical, la organización estudiantil sí que permitiría la existencia de líneas diferentes, es más, esta es una característica natural y positiva dentro de cualquier frente amplio. Sin embargo, no cabe la unidad entre posturas antagónicas a la hora de desarrollar un sindicato estudiantil, ya que supondría un desgaste constante por los choques en el interno que además no se vería compensado por el avance del proyecto en una dirección concreta.

Para poner un ejemplo de a lo que nos estamos refiriendo. Revolución tiene una línea antagónica con asociaciones con un trabajo marcadamente sociopolítico, vinculadas ya no explícitamente pero si implícitamente a organizaciones políticas, por lo que es absurdo defender en nuestros espacios estudiantiles algo más que la merca comunicación y coordinación puntual con ellas. También tenemos diferencias con la forma de entender y aplicar el sindicalismo estudiantil que tienen algunas organizaciones estudiantiles, pero estas no son de tal calado para que no nos permitan trabajar en conjunto y construir un proyecto estudiantil junto a ellas y ellos.

Trabajar la unidad estudiantil desde Revolución

La unidad también debe trabajarse y fortalecerse a través de la propia organización. Es más que frecuente que cuando participamos con otras organizaciones en un proyecto estudiantil se den diferencias, confusiones y suspicacias que lleven a desconfianzas y a una innecesaria polarización de posturas, provocando fuertes choques y tensiones en los sindicatos.

Hemos podido comprobar que las reuniones partidarias con otras organizaciones para intercambiar análisis y posturas en frío ayuda a una mayor comprensión mutua de las orientaciones defendidas por las organizaciones.

Esto en ningún caso quiere decir pactar acuerdos a espaldas del sindicato, llevar a cabo ejercicios de fontanería política o faltar a nuestra honestidad con la democracia en el frente de masas. Simplemente, hemos comprobado que en no pocas ocasiones las orientaciones se malinterpretan y se crean innecesarias situaciones de confrontación en el frente que podrían solucionarse con una tranquila reunión entre organizaciones donde se expongan los análisis de cada una. En la misma línea, tampoco quiere decir que de estas reuniones tengan que salir puntos comunes, solo la aclaración honesta de los análisis de las distintas organizaciones y, en nuestro caso, dejar clara que la defensa de la misma nace de lo que, también honestamente, creemos más positivo para el frente.

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