Las consecuencias económicas del Coronavirus

Desde la Organización Comunista Revolución seguimos trabajando en esta serie de análisis que hemos bautizado como ‘Diario de la lucha de clases en cuarentena’. En el contexto del estado de alerta y en vísperas del mismo han surgido día tras día noticias sobre el hundimiento de la economía, y en particular de las bolsas, que está suponiendo la pandemia.

Pero ¿Qué supone realmente para la clase trabajadora un desplome de las bolsas? ¿Cómo de profundo y duradero puede llegar a ser el impacto del Covid-19 en nuestra calidad de vida? Y en definitiva, ¿De quién es la culpa?

El desplome de las Bolsas

Por lo general, cuando ese ente conocido como “los inversores”, por el motivo que sea, en este caso por la propagación del coronavirus, pierden confianza en tener aseguradas sus apuestas en la casa de juego de los mercados financieros, bursátiles y de materias primas, se puede desatar el pánico entre ellos que actúa retroalimentandose y hace que el valor de mercado de todos estos activos se desplome.

En una situación normal, los grandes capitales, la gran burguesía y las corporaciones tienen poder suficiente, conocimiento privilegiado en suficientes ámbitos de la economía y unas inversiones lo suficientemente diversificadas como para saber de antemano qué empresas irán mejor que otras, qué países del mundo tendrán problemas severos en qué momentos y en definitiva dónde “apostar” sin exponerse a perder más que una pequeña parte de inmensas cantidades de capital. ¡Es curioso este “riesgo” del que siempre se habla que corren los capitalistas!

A pesar de ello, y debido a que la economía capitalista se basa en la competencia desenfrenada, siempre hay corporaciones más pequeñas que otras, economías menos dominantes en el escenario internacional que otras y, en definitiva, perdedores del juego. El quid de la cuestión, es cómo afecta a nuestra clase esta locura capitalista, principalmente, se debe a la influencia que tiene sobre el crédito, ya que la burguesía domina completamente los entes acreedores.

El crédito, los préstamos, son una parte vital de la economía e imprescindibles para el funcionamiento de muchísimas empresas. Pongamos el ejemplo de una empresa que, por motivos de demanda estacional de sus servicios, necesita cada año un préstamo para seguir en funcionamiento durante los meses en los que no vende. Si a esta empresa su banco le deniega el crédito o le impone unas condiciones que no puede asumir por que el banco ha apostado donde no debía y tiene problemas o simplemente no quiere asumir más riesgos por que ha salido a tiempo de una burbuja financiera, la empresa cerrará. En una situación de inestabilidad de los mercados los trabajadores de muchas empresas como la que hemos descrito se quedarán en la calle y la economía real se verá tremendamente afectada por la bajada del consumo que puede extender el problema a empresas que no necesiten crédito.

La Crisis del Coronavirus

En los últimos 6 meses se venía cocinando en Wall Street una burbuja en el valor ficticio de las empresas representado por sus acciones, una situación de por sí frágil teniendo en cuenta que los prestamistas estatales se disponían, después de más de una década de dar dinero con unos tipos de interés bajísimos para reactivar la economía después de la catástrofe de 2008, a subir progresivamente estos porcentajes.

Esta burbuja dependía, para evitar repetir el crack que muchos aún recordamos, de que las inimaginables inversiones en forma de crédito barato que las grandes empresas habían acumulado dieran resultado en los próximos años. La burbuja, como todas las burbujas, iba a estallar tarde o temprano pero la magnitud de las pérdidas (y ganancias) sería moderada.

Lo que no prevén los capitalistas en esta coyuntura es la aparición del Coronavirus.

Al principio, millones de personas en china deben ser confinadas. China es una pieza importantísima de los que apuestan nuestro futuro por querer ser aún más ricos y poderosos, la producción de infinidad de bienes de consumo, y en general su economía, se resiente profundamente y empieza a contagiarse el problema económico.

El capitalismo en las últimas décadas se ha hecho grande, se ha hecho complejo y se acerca peligrosamente a la insostenibilidad absoluta. Las nuevas tecnologías y el perfeccionamiento de los procesos productivos nos han llevado a una situación estructural en la que la tasa de ganancia del capital es cada vez menor. A su vez, muchas industrias se encuentran en una situación de sobrecapacidad de la producción de la que no se beneficia nadie mientras estas industrias sirvan a intereses privados. El capitalismo es un sistema frágil, con las defensas bajas.

Al contagio del problema económico se le suma el contagio de miles de personas en prácticamente todos los países del mundo, y a continuación, todos los estados burgueses al servicio del capital dilatan todo lo posible la activación de medidas de protección de la población y siguiendo su lógica destructiva a día de hoy siguen obligando a gran parte de la clase obrera a acudir a sus puestos de trabajo aunque no se trate de sectores indispensables para asegurar la buena salud y las necesidades básicas del conjunto de la sociedad. Una política ruín que arriesga la salud de todos en pos de evitar mayores pérdidas a una clase parasitaria e improductiva de oligarcas financieros.

Sin cambios profundos en la forma de organizar nuestra sociedad, sin una visión más allá de los beneficios a corto plazo de unos pocos, nosotros, los que creamos toda esta riqueza que ahora se destruye, acabaremos siendo los que pagamos los platos rotos. El coronavirus no ha hecho más que acelerar y profundizar un proceso inherente al capitalismo.

Pero vemos también cómo los trabajadores de varias industrias se plantan ante la irresponsabilidad de los capitalistas. Vuestras intuiciones son correctas, debemos dar la lucha. Por otro lado vemos con rabia cómo cientos y miles de personas son víctimas de EREs y ERTEs. Sólo si trabajamos por tomar el poder, por plantar en nuestras filas, como clase unida ante el adversario, la semilla de un futuro socialista podremos afrontar las dificultades históricas, como el Covid o el cambio climático, que se avecinan sin que eso signifique la devastación de nuestras vidas.