[Documentos I Congreso] Movimiento estudiantil

Esta tarde compartimos con todo el mundo el documento congresual sobre «Movimiento Estudiantil«. Mantenemos nuestro objetivo de construir un movimiento estudiantil basado en el trabajo sindical, democrático, abierto, de masas e independiente; organizando al estudiantado de clase trabajadora por la defensa de sus intereses y sin dejar de plantear un horizonte de lucha por un futuro mejor, un futuro socialista.

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Movimiento Estudiantil

1. INTRODUCCIÓN

Desde nuestro Congreso Extraordinario en septiembre de 2014, el ámbito educativo apenas ha sufrido cambios. No podemos decir lo mismo en el caso del movimiento estudiantil. En primer lugar, hemos de señalar cómo ha decaído la organización y movilización del estudiantado; durante el curso 2014/15 apenas se han registrado grandes protestas, huelgas, encierros y manifestaciones por parte del movimiento estudiantil –este fenómeno es extensible al resto de movimientos sociales españoles. Por otro lado, el tejido sindical estudiantil ha evolucionado de forma dispar consolidándose algunos proyectos y resintiéndose otros.

Todo este panorama nos emplaza a revisar nuestro marco teórico y práctico, evaluando aquellos elementos que puedan haber quedado desfasados, y así, de esta manera, hacer nuevas propuestas que nos permitan afrontar el próximo periodo con más consistencia. Nuestra meta no ha variado ni un ápice en este sentido: se trata de organizar al estudiantado de clase trabajadora por la defensa de sus intereses y ofrecerles un horizonte de lucha por un futuro mejor, un futuro socialista.

2. CARACTERIZACIÓN DEL ESTUDIANTADO

El estudiantado es el principal objeto sobre el que actuamos como organización partidaria en el campo educativo. En general, es un sujeto en periodo de preparación para incorporarse al entramado laboral-empresarial. Como tal, su definición objetiva de clase es la que a cada estudiante le viene dada por su respectiva familia, es decir, su pertenencia de clase hasta que rompa su relación de dependencia con sus progenitores será la de estos. Dicho de otra manera, hasta que no tengan unos ingresos obtenidos por sí mismos a título nominal que les posibiliten su propia manutención, su significación de clase viene determinada por su origen.

Por otro lado, la situación más frecuente es que para la mayor parte de la juventud el periodo relativo a la etapa estudiantil le supone una fase de maduración e independencia personal y de desarrollo de la capacidad crítica y pensamiento ideológico.

Además, se da un tercer factor que es doble y contradictorio. El carácter juvenil del estudiantado le hace proclive casi biológicamente a la movilización y la reivindicación, razón por la cual el sector estudiantil es uno de los más activos e importantes del movimiento popular. Sin embargo, el entorno que cubre ciertos espacios y niveles educativos favorece la sensación de estar bajo un microclima que, alejado de la realidad laboral y social, segrega y tiende a confundir a los participantes de los mismos.

3. UN SISTEMA EDUCATIVO A SU MEDIDA

La adaptación del sistema educativo español a las normas europeas es un proceso que venimos constatando y relatando desde el nacimiento de nuestra organización. Sin embargo, en los últimos cuatro años, y con más profundidad desde que Rajoy tomó en sus manos el Gobierno de España, las transformaciones que está sufriendo la universidad y la educación media están incidiendo, como no podía ser de otra manera, en el devenir de los estudiantes de clase trabajadora dentro del sistema educativo.

El caso universitario es, quizás, el más contundente. Para ver con claridad qué está pasando entre los y las estudiantes universitarias, debemos enumerar las medidas implementadas por el Ministerio de Educación con el visto bueno de las instituciones de la Unión: encarecimiento de las tasas universitarias, endurecimiento de los requisitos para acceder a una beca y aplicación por completo de los criterios de organización de los estudios previstos en el EEES. Esto ha tenido, al menos, dos consecuencias directas: por un lado la expulsión literal de 77.000 estudiantes universitarias en el período que va de 2012 a 2015 [1], presumiblemente hijos e hijas de familias obreras, esto sin contar con la creciente necesidad de cursar unos estudios de posgrado, opción que, sin ayuda económica por parte de la administración, se vuelve imposible para estudiantes sin recursos; por otra parte, la organización de los estudios de grado, que en la práctica aumentan el tiempo de dedicación (que no de estudio) a la carrera, están poniendo en evidencia la inadaptación de ciertas organizaciones estudiantiles a la nueva realidad, lo que conlleva, inevitablemente, una caída de la organización, operatividad y actividad sindical.

Además, la implementación de la LOMCE en el presente curso nos merece una especial atención. En las muchas de las nuevas disposiciones que establece la ley, podemos entrever el objetivo último de la norma: reorganizar el sistema educativo obligatorio a las necesidades de la oligarquía española y europea. Buena prueba de ello es la reincorporación de un sistema evaluativo de reválidas, que penaliza sobre todo al alumnado de clase trabajadora (no son pocos los estudios que certifican la estrecha relación entre resultados académicos y condición socioeconómica del estudiante), siendo este perfil encauzado por un itinerario diseñado para la Formación Profesional Básica, sustituto de los PCPI. De esta forma, los programas de adaptación curricular para los estudiantes con necesidades educativas especiales son fulminados, se adelanta a los 15 años la vía segregacionista-clasista, y por último, se ofrece una primera puerta de escape a los estudiantes más desfavorecidos. En definitiva, esta legislación no solo atenta contra la proclamada igualdad de oportunidades, sino que va más allá, modulando un sistema educativo acorde a los intereses de la economía capitalista, tanto española como europea, acrecentados por la época de crisis económica que estamos sufriendo.

Nos encontramos, finalmente, ante el la etapa de conversión del paradigma educativo, que tiene por objetivo reconvertir los centros de enseñanza en perfectos aparatos de reproducción social del sistema, haciendo de ellos, además, suculentos nichos de negocio para las élites económicas de nuestro país.

4. PREPARAR AL ESTUDIANTADO PARA SUS LUCHAS. EL SINDICALISMO ESTUDIANTIL QUE DEFENDEMOS

El movimiento estudiantil ha sufrido una serie de cambios irregulares en las últimas décadas. Tras la intensidad de las luchas de la década de los 80, dirigidas por el Sindicato de Estudiantes, éste pasó a convertirse en una estructura radical en el discurso pero estéril en las formas, fuertemente jerarquizada y poco preocupada o poco capacitada para mantener o desarrollar un movimiento de base permanente. La masiva creación de asambleas de estudiantes durante las protestas contra la LOU y, especialmente, durante la lucha antiBolonia del 2008 dejó en evidencia la incapacidad del SE para aglutinar el descontento y la protesta estudiantil.
Tras dos intensos años de lucha en los que se logró movilizar a un sector mayoritario del estudiantado contra la nueva reforma, los movimientos antiBolonia se deshincharon debido a que fueron incapaces de lograr frenar la reforma, a la falta de coordinación y estructura en el propio movimiento y a la propia naturaleza temporal de las asambleas. El relevo fue tomado por asociaciones estudiantiles, herederas o no del movimiento asambleario, generalmente vinculadas a una organización política y con un perfil sociopolítico bastante elevado. En los últimos años observamos como estas organizaciones están dando un tímido viraje hacia el sindicalismo estudiantil, encontrando ya estructuras estudiantiles que son principalmente sindicales.

4.1. Tipos de organizaciones estudiantiles

Asamblea

Reunión abierta de estudiantes donde se tratan los temas propuestos in situ para la misma de una manera muy libre y sin filiación a la misma. Es la forma más primitiva de organización, y en buena medida depende del estado de ánimo del movimiento estudiantil.

Es preciso distinguir entre dos modalidades de asamblea: 1) la que tiende a corresponder al conjunto de estudiantes de un espacio concreto y 2) la que tiende a ser más una asociación de corte libertario. Más teniendo en cuenta que, sobre todo en momentos de reflujo, la primera suele terminar en la segunda. La tipo 1.1) puede ser muy útil tanto para ciertos momentos de la lucha sindical, como instrumento de extensión y organización de masas para la lucha política.

Asociación ideológico-política o cultural

Grupo de estudiantes definido políticamente que, dejando de lado la acción sindical, centra su actividad en cuestiones de índole más ideológica o cultural. Como organización la mayor parte del tiempo está enfocada a la realización de actos política o culturalmente muy marcados. El resto de su actividad se encauza en las reivindicaciones de máximos sobre el sistema educativo, sobre todo al calor de grandes movilizaciones o reformas del Gobierno, siendo estas generalmente muy difusas y abstractas.

Esta organización ofrece nulas ventajas absolutas y resulta incapaz para asociar a todo el estudiantado. Ya que en la lucha por sus intereses inmediatos puede ser superada por un sindicato, y en difusión ideológica o cultural por un partido o una fundación. Para las aspiraciones comunistas poca utilidad aportan, pero pueden resultar idóneas para todo tipo de reformistas.

Sindicato

Asociación de estudiantes constituida para la defensa y promoción de sus intereses como usuarios del sistema educativo. Más útil resultará por cuanto pueda dar cabida y participación a todo el estudiantado, y cumpla un papel natural como organización de la clase obrera.

4.2. ¿Por qué apostamos por el sindicalismo estudiantil?

Un sindicato de estudiantes es un frente de lucha natural en el que los estudiantes se organizan para defender sus intereses más inmediatos. Este debe dar cabida a los sectores políticamente más atrasados de la clase (entendiendo que los más avanzados deben organizarse en el Partido Comunista) para que desarrollen experiencias de lucha, puedan ver los límites del sistema a raíz de esta y entiendan la lucha colectiva como vía para lograr sus reivindicaciones. De esta forma, el paso natural es que la mayoría de ellos se organicen en un sindicato de trabajadores cuando den el paso a su vida laboral, ya que lo concebirán como una herramienta en defensa de sus intereses. Para que este proceso se dé de forma más natural, debemos apostar por una estrecha vinculación entre el movimiento estudiantil y el movimiento obrero, bajo la premisa de la solidaridad y de que los estudiantes de hoy seremos los trabajadores del mañana.

Para cumplir su cometido, un sindicato de estudiantes debe ser una organización de masas que aspire a organizar a la mayoría de estudiantes de la clase, abierta al estudiantado, democrática e independiente, es decir, no vinculada ni controlada por ninguna organización política. Al ser una estructura masiva, o que pretende serlo, también debemos entender que se darán distintos grados de implicación dentro de la misma, en la que los comunistas debemos ser siempre referente.

Para aglutinar al mayor número de estudiantes, el sindicato debe tener un grado reducido de politización y un alto nivel de combatividad. De esta forma, debe alejarse de la práctica sociopolítica y centrarse en luchas económicas y democráticas, alejándose de actitudes conciliadoras pero evitando también caer en el sectarismo. Así mismo, el sindicato debe asumir luchas transversales tales como la feminista o la antifascista, pero siempre desde la perspectiva sindical y no como lo haría un partido político.

5. TÁCTICA SUPRASINDICAL ESTUDIANTIL. HACIA EL SINDICATO ESTATAL.

El movimiento estudiantil estatal se caracteriza por un alto grado de división. La mayoría de las organizaciones estudiantiles están adscritas a un centro de estudios concreto o son de ámbito local. Nuestra apuesta pasa por la construcción de un sindicato estudiantil estatal como herramienta necesaria para convertir al movimiento estudiantil en un actor político de primer orden, poder plantar cara a los distintos ataques a la educación pública con un mayor grado de cohesión y poder pasar a la ofensiva.

Para que esta futura estructura estatal sea realmente la herramienta que necesitamos debe cumplir una serie de condiciones que ya mencionábamos en el punto anterior para las estructuras sindicales de base: basada en el trabajo sindical, democrático, abierto, de masas e independiente.

 


[1] http://politica.elpais.com/politica/2015/09/30/actualidad/1443617583_326144.html