No a la guerra contra Irán

Desde el asesinato del general iraní Suleimani por parte de un dron estadounidense en la ciudad de Bagdad[1], las relaciones entre los EE.UU. e Irán encaran una nueva escalada de tensión. Miles de iraníes e iraquíes, no solo de confesión chií, así como amplios sectores del mundo árabe, se han echado a las calles para protestar por la muerte de la figura militar más sobresaliente del país persa. A las declaraciones de venganza por parte de funcionarios del gobierno de Teherán[2], se suman las bravuconadas que escribe el presidente Trump vía Twitter[3], lo que junto al desplazamiento de nuevos contingentes militares a Oriente Medio[4], plantean un escenario de compleja contención. El parlamento y gobiernos iraquíes, por su parte, exigen la salida inmediata de las fuerzas norteamericanas desplegadas en su suelo. Los tambores de guerra resuenan con más fuerza en la región.

¿Nadie a los mandos?

En las últimas horas, no han tardado en aparecer analistas y politólogos dispuestos a predecir el estallido de la nueva Guerra Mundial. Todos se empeñan en plantear que cualquier accidente podría avivar el fuego, desatándose una deflagración de consecuencias impredecibles. Sin embargo, el asesinato del responsable de la Fuerza Quds de los Guardianes de la Revolución Iraní (GRI), forma parte del último capítulo en el conflicto militar que arrastra Oriente Medio desde hace años.

El imperialismo estadounidense, culpable de las invasiones de Afganistán y Libia, y de las guerras que actualmente asolan Siria e Iraq, viene observando con preocupación la formación y fortalecimiento de toda una red de milicias chiíes pro-iraníes. Estas fuerzas armadas, adiestradas por el recién asesinado Suleimani, habían conseguido prestigio y simpatía popular por su destacada participación en la lucha contra el DAESH. Gracias a ello, el gobierno iraní había ampliado su influencia en la zona, provocando la alarma entre los EE.UU. y su país satélite en la región, Israel. No obstante, es muy probable que las protestas populares en Iraq contra la corrupción y la miseria, y el avance electoral de la coalición «Sairún» -defensora de una política independiente de la dictada por Washington- hayan provocado el asesinato de Suleimani.

El escenario que se abría en la región, por un lado, hacía presagiar un relativo aumento de la estabilidad. Por otra parte, se vislumbraba una retroceso de la capacidad de control por parte del imperialismo norteamericano. En definitiva, el diseño de la política de Washington para Oriente Próximo y Medio -provocar y sostener una situación de caos en la zona para rapiñar a placer los recursos naturales[5]– y la inversión ya realizada -recordemos que la embajada que poseen los EE.UU. en Iraq es la mayor que tienen en el mundo- necesitaban de un nuevo empuje, e Irán se interpone en su camino.

El culmen de la hipocresía

Con el asesinato de Suleimani, el gobierno estadounidense ha rebasado todas las normas y convenciones dictadas los organismos internacionales. No es la primera vez que los imperialistas se saltan la propia legalidad que ellos imponen al resto del mundo -recordemos que no hace tanto tiempo, Obama dio la orden de ejecutar al líder de Al-Qaeda en suelo pakistaní sin conocimiento ni aprobación del gobierno local-, pero en esta ocasión no han guardado las mínimas formas del derecho internacional: se trata del asesinato de un alto mando militar de un país con el que no media una declaración de guerra.

Trump y los «halcones conservadores» de la política norteamericana han vuelto a mostrarnos el cinismo y la hipocresía de la que hacen gala los imperialistas. Bajo graves acusaciones, los autonombrados «defensores de la libertad y los Derechos Humanos» rompieron el acuerdo nuclear con Teherán firmado durante la presidencia de Obama de forma unilateral. Además, el caso Irán fue convertido en un espantajo con el que esconder y tapar los problemas internos -impeachment, signos de recesión económica, etc-. Ahora, arriesgan la paz de la región provocando a la maquinaria de guerra iraní. De nuevo, el acceso a los recursos naturales -Irán posee las cuartas reservas petrolíferas del mundo, las primeras en gas- y el dominio político militar del territorio pasan por reducir la capacidad de la potencia persa. Y no dudarán en llevar a Irán y los países de la zona hacia un callejón sin salida.

Los pueblos y la clase obrera internacional no puede ligar su suerte a la de los gobiernos capitalistas de uno y otro signo, capaces de provocar guerras y extender la destrucción, la miseria y la muerte con tal de mantener  y acrecentar sus beneficios y sus privilegios. Muy al contrario, deberán organizarse para garantizar una verdadera paz. Y esto solo será posible cuando, de una vez por todas, seamos capaces de superar los obstáculos alimentados por los propios imperialistas -sectarismo, nacionalismo…- y construir un porvenir socialista.

[1]https://elpais.com/internacional/2020/01/03/actualidad/1578010671_559662.html

[2] https://elpais.com/internacional/2020/01/03/actualidad/1578042655_534867.html

[3] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-50996619

[4] https://www.eldiario.es/internacional/EEUU-Oriente-Medio-asesinato-Suleimani_0_980952590.html

[5] https://www.elviejotopo.com/articulo/un-caos-controlado-entrevista-a-nazanin-armanian/