Pedro Sánchez y Susana Díaz, las dos caras de la oligarquía

El pasado 1 de octubre José Antonio Pérez Tapias, representante del ala izquierda del PSOE, salía de un caldeado Comité Federal y no podía evitar manifestar que: “el partido está roto”. Horas después, Pedro Sánchez presentaba su dimisión como Secretario General tras perder una votación y una gestora se encargaba de la dirección del PSOE. El pasado fin de semana culminaba aquel movimiento con una nueva votación que llevaba al PSOE a abstenerse ante la investidura de Mariano Rajoy sin contrapartida alguna. Durante todo este tiempo muchas han sido las reflexiones sobre el enfrentamiento en la dirección del PSOE y sus implicaciones, tanto para la clase dominante como para la clase obrera y sectores populares en nuestro país. Este es nuestro posicionamiento.

La coyuntura: dos tácticas de la oligarquía

Vivimos, desde hace prácticamente un año, una profunda crisis de gobernabilidad en España. Unos resultados electorales endiablados, unidos a una situación política delicada, dificultan las distintas opciones de pacto en España. La crisis de gobernabilidad en realidad no es más que un subproducto de la profunda crisis política que atenaza a nuestro país desde hace ya varios años. En esta crisis política se coaligan diferentes aspectos:

  1. Los fantasmas de la Transición. La transición a la democracia fue en términos estructurales la construcción de un nuevo bloque histórico de poder, dirigido por la oligarquía financiera y empresarial, y en el que se integraban de manera subsidiaria las burguesías periféricas —esencialmente la catalana— y la pequeña burguesía junto a sectores de la clase obrera. La alianza fue fructífera para la oligarquía, pues le otorgó treinta años de cierta paz social y de fortalecimiento de sus posiciones clasistas. Aquel pacto, no obstante, dejó desde el inicio fuera a importantes sectores de la burguesía y capas medias vascas —recordemos que allí el ‘no’ fue mayoritario en la votación de la Constitución— y, posteriormente, fue escindiendo a los representantes políticos de las capas medias tanto de la burguesía como de la clase obrera, los cuales durante todos estos años fueron perdiendo influencia social y, por tanto, su poder en la mesa de negociación frente a la oligarquía1. La conclusión es la vuelta de los asuntos inconclusos, es decir, la cuestión de clase y la cuestión nacional, y el intento de distintos partidos burgueses de cabalgar esas olas con la intención de buscar un nuevo pacto social con la oligarquía.
  2. El desgaste de la dictadura burguesa. La propia lógica de las democracias burguesas lleva al amortiguamiento de las diferencias entre los partidos de los empresarios, generando este sistema parlamentario desafección en las masas. Esta desafección y pérdida de influencia trastoca los equilibrios políticos del bloque de poder, lo que conlleva la exacerbación de las diferencias interburguesas, pues no hay consenso sobre cómo salir de este callejón. Este proceso también afecta a sindicatos obreros y partidos de las capas medias que, insertados en las dinámicas de negociación propias del sistema burgués, van despegándose de sus propias bases sociales y por ello convirtiéndose, paradójicamente, en menos necesarios para la burguesía.
  3. El proyecto económico y político de la UE. El papel de España como potencia de segundo orden en el contexto del imperialismo europeo limita el margen de maniobra de la oligarquía para buscar acuerdos con otras capas de las clases sociales. La UE les garantiza a las oligarquías nacionales mejores instrumentos de consenso y coerción de sus capas intermedias pero al tiempo menos control sobre esos instrumentos. En ese decalaje surgen las contradicciones y choques, como ejemplifica el conflicto con la burguesía catalana.

En el contexto explicado, la oligarquía duda sobre el qué hacer, sobre qué táctica llevar a cabo. La posición que se ha acabado imponiendo es la de la “unidad nacional”, es decir, agrupar toda la fuerza en un nuevo gobierno que pueda implantar las medidas económicas pactadas con la UE mientras se intenta que la sociedad se desinflame o, al menos, se desesperance. Esta es, evidentemente, la táctica que propone Rajoy y también la táctica que acaba de aceptar el PSOE de Susana Díaz. No obstante, algunos sectores de la oligarquía son conscientes de las limitaciones de esta táctica. Los gobiernos técnicos de Grecia o Italia ya han demostrado que las cosas no se calman y, en todo caso, parece plausible que  la oligarquía deba enhebrar un nuevo bloque histórico donde se integren las burguesías periféricas, la pequeña burguesía y sectores de la clase trabajadora. Esta era la táctica derrotada de Pedro Sánchez.

Es cierto que la táctica de Sánchez podía dejar resquicios para ralentizar los ataques contra la clase obrera, pero lo esencial era su intento de recomponer un bloque de dominación oligárquico-burgués que permitiera otros treinta gloriosos años. No obstante, de haber impuesto su posición,  las cosas no hubieran sido tan fáciles como en los 70.

La fase: ¿qué crisis?

La crisis económica, iniciada hace más de una década, ha supuesto un fuerte varapalo a la inversión capitalista. Europa es hoy un marasmo deflacionario sin perspectivas de crecimiento, y los burócratas europeos sólo esperan cuando vendrá la próxima acometida de la crisis. La respiración artificial en forma de millones inyectada por el BCE ha conseguido capear el temporal, pero las causas estructurales2 siguen en pie. La Unión Europea no supone una limitación a las oligarquías nacionales. Más bien al contrario, es básicamente su proyecto de dominación. Los recortes “impuestos” son en realidad planes de reestructuración de los capitalistas europeos sobre cada país para conseguir hacer un reset que ponga al sistema económico por la senda del máximo beneficio para ellos.

Las consecuencias para la clase trabajadora se han hecho sentir, como sabemos, muy duramente. Lo esencial es que hoy día el margen de maniobra para que la oligarquía vuelva al pacto social de posguerra es prácticamente nulo. Tampoco existe un bloque socialista que antagonice con el proyecto capitalista y ni el movimiento obrero ni el democrático supone una amenaza fuerte. Es por esto que los socialdemócratas, encargados en la división del trabajo burguesa de integrar a la clase trabajadora en el sistema capitalista, pierden a marchas forzadas su influencia social y hasta su razón de ser. Tampoco las nuevas tácticas, como la representada por Syriza de “romper para negociar”3, surten ningún efecto. Los intentos de los sindicatos europeos de componer un movimiento a escala europea o de conseguir eliminar las importantes legislaciones antiobreras desarrolladas en distintos países tampoco han conseguido grandes éxitos. Todas estas apuestas parecen insuficientes ante el cierre oligárquico y la profundización en la dominación de clase a escala nacional y europea.

Es en este contexto donde tácticas como la representada por Pedro Sanchez pueden ser vistas con buenos ojos por algunos sectores de la oligarquía. Se trataría de canalizar el descontento, de limitar los daños, de recomponer las alianzas de clase bajo hegemonía burguesa para intentar avanzar en una recomposición política. Es cierto que apenas podía ofrecer más que la ralentización de algunas medidas o cuestiones cosméticas pero, en cualquier caso, no representaba ninguna postura progresista, sino más bien un dique que garantizara la dominación capitalista.

La etapa: situar en el centro el debate estratégico

La izquierda se enreda permanentemente en debates de tipo táctico. El problema no son estos debates, seguramente importantes para decidir el camino a cada momento; el problema es la ausencia  de debates sobre la estrategia. A falta de esos debates se impone, de facto, una estrategia de carácter reformista que aprovecha oportunidades pero nunca sabe para qué.

Si vivimos en la época de las revoluciones proletarias, si el desarrollo económico y social de España nos permite construir una sociedad socialista mañana mismo, ¿por qué no definir nuestros objetivos antes de lanzarnos a tal o cual lance de inmediata actualidad?  Durante estos años de crisis y de fuertes movilizaciones y desarrollo de organizaciones populares, apenas han existido avances para la clase trabajadora. Y es en los lugares donde están construidas organizaciones fuertes, clasistas, bajo orientación marxista, donde la clase obrera ha tenido protagonismo y ha participado con proyecto propio en la vida política.

Así sucede en Portugal, donde el Partido Comunista de Portugal (PCP) manteniendo su postura de clase avanza en ciertas conquistas4; o en Bélgica, uno de los lugares donde más resistencia se está oponiendo a los tratados de libre comercio5; o en Grecia, donde se han vivido impresionantes movilizaciones contra un gobierno dirigido por un partido del Partido de la Izquierda Europea (PIE) gracias a la independencia de clase mantenida por el KKE6.

Más allá de su futuro devenir y de las tendencias que puedan albergar en su seno, que desconocemos, partidos como el PCP, el PTB o el KKE, son quienes han logrado trasladar al movimiento popular una posición firme de clase obrera, logrando por lo menos que dicho movimiento, y en particular el sindical, sea combativo y tenga una agenda política propia, en lugar de ir a trompicones o fracturarse frente la posibilidad de un Gobierno que se presente como progresista.

El común denominador son, con todas sus limitaciones, partidos fuertes, con base clasista, y una orientación estratégica hacia el socialismo, planteado como una cuestión de actualidad.

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[1] Ejemplos de esto encontramos en la reducción cada vez mayor de los espacios de debate y acuerdo entre Gobierno, patronal y sindicatos; o la aprobación del artículo 135 de la Constitución que dejo fuera tanto a IU como a CiU, partidos que sí estuvieron presentes en los acuerdos de la transición.
[2] De bajada tendencial de la tasa de ganancia —fenómeno secular desde los 70—, de sobreproducción y de exceso de capacidad productiva.
[3] Las amenazas veladas de Tsipras y su equipo de no hacer “ningún sacrificio por el euro” con la declarada intención de mejorar la inserción de Grecia dentro del sistema económico y financiero europeo.
[4] Posición más reciente del PCP sobre la situación: http://www.pcp.pt/comunicado-do-comite-central-do-pcp-de-17-18-de-setembro-de-2016
[5] «Valonia reniega del libre comercio entre despidos masivos». (22 de octubre 2016). El País. Extraído de http://internacional.elpais.com/internacional/2016/10/22/actualidad/1477124222_951899.html
[6] «Los sindicatos presentaron un proyecto de ley sobre los Convenios Colectivos y están preparando una huelga general (reportaje fotográfico)». (19 de octubre 2016). Extraído de http://es.kke.gr/es/articles/Los-sindicatos-presentaron-un-proyecto-de-ley-sobre-los-Convenios-Colectivos-y-estan-preparando-una-huelga-general-reportaje-fotografico/