Rosa sí luchó

Como cada mes de enero desde hace ya unos años, hemos podido ver cómo distintos colectivos sociales y referentes locales progresistas e incluso algunos líderes electorales rendían homenaje público de una u otra manera a Rosa Luxemburg, la revolucionaria y líder comunista asesinada el 15 de enero de 1919.

Como suele ocurrir con las figuras históricas, especialmente con aquellas que no llegaron a tener éxito completo en sus objetivos, las ideas y acciones de Rosa Luxemburg se han ido diluyendo con el tiempo. Desde la Organización Comunista Revolución, a modo de homenaje pero también a modo de reflexión, queremos recuperar lo que entendemos que son algunos de los aspectos más importantes de esta revolucionaria.

Rosa Luxemburg fue más que una soñadora, Rosa Luxemburg fue una militante y dirigente que supo ver el acomodo de los antaño socialistas revolucionarios, entonces todavía marxistas de palabra, y romper con ellos.

Rosa Luxemburg supo ver que ese trayecto del sindicato a las elecciones, de las elecciones al sindicato, que años más tarde se convertiría tan solo en de las elecciones a las siguientes elecciones, era un círculo vicioso que inutilizaba a las cabezas visibles del movimiento socialista y rebajaba cada vez más las expectativas de la clase obrera organizada. Lo que antes eran gritos de rabia y revolución ahora eran llamamientos a la calma y la moderación, alfombras bajo las que barrer los miedos no confesados del liderazgo reformista, la transformación de las miserias en virtudes.

Rosa Luxemburg arriesgó y perdió su propia vida por una revuelta obrera, el conocido como Alzamiento Espartaquista de 1919, incluso aunque esa revuelta obrera era analizada por ella misma y por la organización que lideraba[1] más como una explosión que debía ser aprovechada como preparación y demostración de fuerza que como el verdadero momento de la revolución socialista, que necesitaría más fuerza y disciplina.

A Rosa Luxemburg la mataron las fuerzas del orden apaleándola tras detenerla y mientras estaba siendo trasladada para procesar su arresto. Pero quienes la asesinaron fueron en realidad los mismos reformistas, los mismos grandes dirigentes del movimiento socialista acomodado que dirigían el gobierno contra el que se alzó gran parte de la clase trabajadora berlinesa en 1919, quienes dieron la orden de eliminar ese movimiento revolucionario movilizando en un esfuerzo combinado a la prensa socialista, el ejército oficial del Estado y los cuerpos armados de la extrema derecha entre los que años más tarde triunfaría el nazismo, dando buena cuenta de la famosa separación de poderes.

Pero serviría de poco o nada quedarnos tan solo con su ejemplo personal, como si ella hubiera sido una heroína de acción o una especie de mártir. Como pensadora y dirigente comunista, Rosa Luxemburg hizo algunas aportaciones cruciales para el movimiento revolucionario aún hoy.

En libros brillantes como ¿Reforma social o Revolución? y  Huelga de masas, Partido y Sindicatos, Rosa Luxemburg analizó y extrajo conclusiones sobre las más diversas materias:

Demostró cómo la supuesta bonanza social debida al crédito fácil para favorecer el consumo masivo extendiéndolo a la clase trabajadora, no era más que una ilusión, una burbuja que tan solo alargaba los periodos de acumulación capitalista y hacía más grande la caída en momentos de crisis. Seguro que esta conclusión despierta ecos en quienes hemos vivido de cerca la gran crisis del Capitalismo de 2008, precedida por una famosa burbuja en que la mayoría de políticos se felicitaban por el alto nivel de vida que proporcionaba la economía de mercado.

Desmontó la cantinela repetitiva, que empezaba a nacer entonces, que aseguraba que las revoluciones socialistas eran cosa del pasado, que en los países desarrollados industrialmente lo que hacía falta era un lento e interminable camino de pequeñas reformas para mejorar la vida de la gente de connivencia con el Estado democrático. En este sentido, analizó cómo por un lado la precariedad no era algo exclusivo de países como Rusia, como, por otro lado, la clase obrera de las fábricas rusas que había supuesto la cabeza de la revolución dirigida por los bolcheviques, no era tan pobre como se quería hacer ver, sino más bien similar en sus condiciones de vida a la clase obrera alemana[2] moderna.

Respecto a esto, creemos que cualquiera que pertenezca a la clase trabajadora verá claramente la trampa que supo ver también Rosa Luxemburg. En España hoy siguen siendo la norma los accidentes de trabajo[3], la incertidumbre en cuanto a la situación personal y laboral, las viviendas con ayudas oficiales con materiales de construcción que se dañan con facilidad y no aíslan del frío y el calor, los alquileres y gastos básicos en alimentación y transporte que siguen suponiendo una enorme porción de lo que se gana trabajando, la vivienda compartida junto a otras personas que trabajan por lo prohibitivo de adquirir o alquilar una casa propia, las medidas arbitrarias del gobierno que nos dañan y nos dejan sin derecho a réplica o nos castigan por protestar, mientras premian al empresario…

Rosa Luxemburg también analizó y obtuvo conclusiones sistemáticas en lo que se refiere a la forma que muy seguramente tomaría la revolución en los países desarrollados industrialmente como Alemania o España hoy: la clase obrera de las grandes industrias era la que más fuerza tenía para hacerse oír y por tanto la que más tendía a mantener constante su combatividad, mientras que otras capas de la clase trabajadora, más empobrecidas o en situación de mayor indefensión, no tenían ninguna posibilidad en periodos de calma social, y solo se movilizaban en situaciones explosivas de todo o nada.

Por tanto, para Rosa Luxemburg era fundamental que el movimiento revolucionario se centrase en dirigir en la lucha a esa clase obrera industrial y fuerte, a la vez que se difundían las ideas comunistas entre el resto de capas trabajadoras, para que la parte más fuerte pudiera servir de detonante y de causante de una situación que permitiera la incorporación masiva de la clase trabajadora al combate, escalando desde la huelga industrial a la huelga de masas y a la revuelta obrera. De no hacerlo así, detectó que podría acabar cayéndose en una cierta endogamia del movimiento socialista en el sector industrial de la clase obrera, que acabase posponiendo siempre la revolución, o bien en la flaqueza total de fuerzas y en la disociación entre lo que se decía que se iba a hacer y lo que finalmente se hacía.

Este análisis cuenta con gran actualidad para nuestro país: en España los ejemplos de mayor combatividad sostenida siguen encontrándose en la clase obrera de las fábricas y en general de la industria, así como de las empresas con grandes plantillas que trabajan a pie de tajo[4], siendo uno de los ejemplos mediáticos más recientes y paradigmáticos el caso de la estiba, donde un grupo de trabajadoras y trabajadores no muy numeroso ha logrado sacar músculo y doblegar a la patronal del sector, dando además muestras de solidaridad con el resto del movimiento obrero y otros movimientos como el estudiantil o el feminista.

Dicho todo esto, no pretendemos hacer de Rosa Luxemburg una especie de oráculo. Como cualquier pensadora y dirigente, tuvo ideas polémicas que no compartimos: su rechazo al nacionalismo, tanto grande como pequeño, que le acababa por imprimir una neutralidad distante que en la práctica justificaba al nacionalismo grande, su aversión inicial a una organización revolucionaria de disciplina estricta y enlazada con el resto del movimiento, que posteriormente fue rebajándose, pero que lastró el desarrollo de su organización y muy posiblemente la debilitó frente a situaciones de alta tensión como el Alzamiento Espartaquista…

Para concluir, nos gustaría recordar que efectivamente Rosa Luxemburg deseó un mundo donde fuéramos “socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”, pero  no se limitó a desearlo, luchó por esa sociedad entonando el grito de ¡Socialismo o Barbarie!, no se limitó a hacer declaraciones desde la prensa o desde su salón, fue una dirigente que aportó tanto en el terreno de las ideas como en el esfuerzo práctico, dirigiendo la construcción de una fuerza revolucionaria en su país, impulsando incluso Consejos de poder obrero con los que empezar a fundamentar un nuevo poder que conquistar con una revolución socialista, y en última instancia cayó en combate contra todas las caras del régimen capitalista: su cara amable y reformista, su cara seria, liberal-conservadora y oficial, y su cara rabiosa, totalitaria y extremista.

Rosa Luxemburg fue, con sus aciertos y errores, con sus momentos de grandeza y sus flaquezas, una de las nuestras, una comunista, una revolucionaria y un ejemplo. Por ello, queremos recordarla con la frase que publicó en su escrito El orden reina en Berlín un día antes de ser asesinada en la revuelta espartaquista:

¡El orden reina en Berlín!, ¡esbirros estúpidos! Vuestro orden está edificado sobre arena. La revolución, mañana ya se elevará de nuevo con estruendo hacia lo alto y proclamará, para terror vuestro, entre sonido de trompetas:

¡Fui, soy y seré!

 


[1] La Liga Espartaquista, posteriormente Partido Comunista de Alemania.g

[2] Cosa que es lógica, puesto que para aguantar una pesada jornada de trabajo en un sector industrial siempre ha hecho falta un salario mayor, o la plantilla se negaba a seguir trabajando; además de que suponía un sector de la clase obrera que no podía ser comprado, porque era el punto crítico de la cadena productiva, donde no se podía desperdiciar nada de dinero del empresario, pero a su vez siempre suponía una mayor compenetración y disciplina de las y los trabajadores presentes.

[3] En torno a 1 millón al año, tan solo los que son detectados o se pueden estimar con fiabilidad.

[4] Aunque en España una empresa con una plantilla relativamente grande sea considerada oficialmente pequeña o mediana empresa.