Sobre el auge de Vox

Ante el aumento de representación institucional por parte de la extrema derecha representada por VOX tras las elecciones del 10N, desde la Organización Comunista Revolución queremos remarcar una serie de cuestiones.

En primer lugar, todos los datos, tanto de estas elecciones como de las pasadas, apuntan a que el grueso del electorado de VOX coincide a la perfección con lo que antiguamente era el electorado más reaccionario del Partido Popular y, hasta estas últimas elecciones, también de Ciudadanos.

Este electorado consiste fundamentalmente en distintas capas de la pequeña, mediana e incluso gran burguesía y sus familias, que perciben que, en el momento actual de estancamiento económico del capitalismo, es necesario llevar a cabo una ofensiva reaccionaria que blinde su posición social frente a los vaivenes de la economía global y de la conflictividad social.

Su programa y propuestas combinan el proteccionismo ante burguesías más competitivas (la oligarquía financiera que controla la Unión Europea, principalmente) con el liberalismo económico más salvaje para poder exprimir al máximo a todos aquellos que queden por debajo en la escala social. Como complemento irrenunciable para un programa de estas características, incorporan propuestas que acentuarían la escalada represiva que venimos viviendo.

Naturalmente, este proyecto burgués reaccionario ataca con un discurso demagógico y victimista los derechos de las mujeres y de las minorías, así como, en general, a cualquier movimiento de protesta contra el sistema o sus consecuencias sociales. A ojos de VOX, la burguesía merece todo lo que tiene e incluso más, luego quien protesta es fundamentalmente una rémora que no se ha esforzado y pretende vivir a costa de los demás.

Este núcleo duro del electorado de VOX viene acompañado por los votos de otras capas de la sociedad, incluyendo un pequeño porcentaje de la clase trabajadora, atraídos por diferentes matices del discurso reaccionario de VOX: el ultranacionalismo español, la defensa corporativista de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el conservadurismo religioso, el racismo, el machismo, la LGTB-fobia, la nostalgia del franquismo…

No obstante, aunque VOX haya mostrado cierta inclinación a los guiños y pequeños gestos discursivos “obreristas”, siempre desde un obrerismo inofensivo y que celebra al trabajador abnegado que nunca se queja, no ha conseguido enraizar entre la clase obrera española, entre otras cosas por la total ausencia de cualquier medida social en su programa.

Esto nos lleva a enlazar con la segunda cuestión a tener en cuenta: igual que en las elecciones del 28 de abril, estas elecciones permiten constatar que la clase obrera toma masivamente dos caminos: o bien muestra su desencanto absteniéndose, o bien se moviliza para votar a opciones que identifica como progresistas, es decir, al PSOE y a las distintas fuerzas electorales reformistas, principalmente PODEMOS y candidaturas regionalistas o nacionalistas.

Por tanto, las ideas que siguen imperando entre la clase obrera en España son los dogmas de la socialdemocracia: no hay alternativa al capitalismo o es imposible reunir las fuerzas necesarias para construir esa alternativa, la política de la clase trabajadora tiene que consistir en perseguir el mal menor, para que a la clase trabajadora le vaya bien a los empresarios les tiene que ir bien, la democracia tal y como se entiende actualmente (la democracia burguesa) es el mejor modelo posible para gestionar el poder… El resultado de las elecciones viene a confirmar esta realidad que ya habíamos encontrado en la experiencia práctica de intervención en sindicalismo obrero y en otros movimientos de masas.

Con estas dos cuestiones principales en cuenta, creemos especialmente importante que las y los comunistas no caigamos en seguir la agenda que marca VOX.

Por un lado, como es evidente, es importante no seguir esta agenda por activa.

Centrarse en difundir una supuesta versión marxista de los problemas que VOX señala como los principales (inseguridad, inmigración, pérdida de valores tradicionales supuestamente apreciados por la población, falta de orgullo patrio…) es contribuir a introducir entre la clase trabajadora, especialmente en sus elementos más politizados, una agenda en la que la clase trabajadora juega fuera de casa y que, además, no le despierta especial preocupación.

Y, más importante todavía, incluso si actualmente hubiera un porcentaje muy elevado de trabajadores y trabajadoras anclados en un punto de vista reaccionario, la tarea actual ante la ausencia de un Partido Comunista capaz de organizar una revolución socialista es precisamente construir dicho Partido, y para ello es necesario que nos dirijamos a las trabajadoras y trabajadores más conscientes de sus intereses como clase y más dispuestos a comprometerse en la lucha contra el capitalismo.

Por otro lado, es también importante no seguir esta agenda de forma reactiva:

Efectivamente, VOX es una fuerza reaccionaria que incluso pone encima de la mesa elementos discursivos fascistizantes.

Ahora bien, esto no puede llevarnos a dulcificar las fuerzas autodenominadas centristas que nos han traído hasta aquí, incluyendo el Partido Popular, que ha capitaneado los mayores retrocesos en derechos y libertades para nuestra clase, y el Partido Socialista, que no solo ha tenido también su parte en estos ataques contra nuestra clase, sino que, además, con su postura de ser “el mal menor” han consolidado muchas de las medidas del Partido Popular y fomentado el conformismo y derrotismo entre nuestra clase. Lo mismo es aplicable a las derechas y grupos socialdemócratas nacionalistas, que han jugado el mismo papel en los territorios en los que operan y han servido de muleta a la mayoría de gobiernos desde la Transición.

Tampoco debe llevarnos a pretender constituir una política de frente común con las fuerzas reformistas que han sido incapaces de plantear una alternativa creíble al sistema, que no han hecho nada por fortalecer la organización de la clase trabajadora y que han jugado con la ilusión de buena parte de la población trabajadora hasta llevarla de nuevo al conformismo o el derrotismo.

Y, por último, rechazar el proyecto de VOX no puede llevar a pretender refugiarnos en las supuestas garantías democráticas de los países europeos y la Unión Europea, un bloque imperialista que cubre con un manto “liberal-progresista” y “multicultural” una política exterior de acoso y derribo a los países a los que pretende exprimir para beneficio de sus multinacionales, y una política interior de desregulación laboral, estrechamiento del marco de libertades política, propaganda anticomunista y tolerancia con la extrema derecha, que incluso gobierna o es la segunda fuerza en varios de los países miembros.

Para finalizar, queremos expresar que, aunque con este resultado electoral previsiblemente no se llevarán a cabo los retrocesos más duros contra los derechos y libertades de nuestra clase y otros sectores de la población trabajadora, tampoco hay que tener esperanza alguna en que tengan lugar avances desde el gobierno progresista. Ninguna reforma en favor de la clase trabajadora es duradera bajo el capitalismo, pero en las condiciones actuales, la falta absoluta de fuerza social y, por ende, de proyecto político de las fuerzas reformistas como Podemos llevan a que ni las más tímidas reformas salgan realmente adelante.

No podemos confiar en que partidos que buscan el mal menor dentro de un capitalismo estancado y a la ofensiva nos hagan esquivar la bala cada cuatro años mientras nuestras condiciones de vida siguen empeorando. Construyamos el Partido Comunista y tomemos en nuestras manos el poder para transformar la sociedad de una vez y por todas.