Sobre el escrache a Pablo Iglesias y Enrique Santiago en la fiesta del PCE

Combatamos al reformismo

El pasado sábado 25 de septiembre el Movimiento antirrepresivo de Madrid organizó un escrache contra Pablo Iglesias y Enrique Santiago en la fiesta del PCE.

Con esta acción denunciamos sin pelos en la lengua la íntima complicidad que existe entre el reformismo y la burguesía a la hora de reprimir a la clase obrera y garantizar la continuidad del sistema.

El reformismo en el Estado español, del que el PCE forma parte, cuenta con un abultado historial de conformismo, conciliación con la burguesía, desmovilización de la clase obrera y complicidad con la represión. Podemos, como forma depurada de este proyecto político, no escapa a sus inercias. No en vano, aún forman parte de la memoria colectiva los desalojos de la Ingobernable, en Madrid, por parte de Manuela Carmena, de la Insumisa, en A Coruña, por parte de Xulio Ferreiro, entre otros muchos ejemplos. Parece que el ala «radical» de la pequeña burguesía le ha cogido el gusto a desarmar al movimiento popular y cerrar sus espacios de organización. Luego habrá quien diga que el problema de los reformistas es que no tienen votos («poder») suficiente.

No podemos dejarnos embaucar por la misma falacia de siempre. La ecuación es sencilla: si el capitalismo solo necesita ser reformado en clave progresista, la clase obrera organizada es un estorbo para su proyecto. Y contra los estorbos, la represión y la mano dura es la mejor medicina.

Podemos y el PCE son la cara amable del Estado capitalista. De nada vale que se rasguen las vestiduras ante alguna manifestación de la represión del Estado. Simplemente están interpretando el papel que se les ha asignado: ser el ala izquierda de los intereses de la oligarquía financiera española.

Con Unidas Podemos en el gobierno se siguen ejecutando desahucios todos los días, siguen encarcelando y multando a cualquiera que luche contra este sistema criminal. Se siguen tolerando las torturas en comisaria, las palizas a los manifestantes, el acoso al movimiento popular por medio de identificaciones, cacheos arbitrarios, presión y coacciones. Unidas Podemos no ha movido un dedo para amnistiar a los presos políticos, ni para derogar la ley mordaza o la reforma penal del PP. No han hecho nada para evitar las condiciones de miseria en las prisiones, para detener las tramas policiales contra aquellos que luchan (operación Jaro, CDR, etc). En definitiva, se han puesto de perfil ante todos y cada uno de los ataques a la clase trabajadora por parte del Estado.

Y lo peor no es que no hayan movido un dedo contra el acoso y derribo al movimiento popular. Hemos visto que la excusa de la falta de «poder» les viene como anillo al dedo. El problema es que ni si quiera lo denuncian, a duras penas se indignan. Ocupan una posición privilegiada desde la que podrían -como mínimo- llevar al discurso público las barbaridades del Estado, pero ni lo hacen ni lo harán. Porque a fin de cuentas ellos forman parte de ese Estado represor y, en el fondo, están de acuerdo con sus métodos.

Cada vez que un representante del reformismo «condena la violencia callejera», cada vez que justifica la detención de un trabajador porque «la ley está para cumplirse”, todas las veces que se quedan impasibles ante la represión del Estado apuntalan las posiciones e intereses de la burguesía, entierran nuestra capacidad de combate y movilización.

Los trabajadores tenemos un enemigo claro, la burguesía y sus lacayos, aunque estos se pinten de rojo (o de morado).

El sistema capitalista tiene raíces profundas, la única alternativa que tenemos es organizarnos y destruirlo hasta sus cimientos. Cualquier camino intermedio que se conforme con dejar las cosas como están, es estéril y contrario a nuestros intereses.