Sobre la importancia de la ciencia y la investigación

Es habitual que en estos días de confinamiento y crisis sanitaria causada por el SARS-CoV-2, se señale la falta de inversión en ciencia como una de las causas de la expansión y la poca amortiguación al impacto causado por esta pandemia. Exigir un aumento de la inversión en ciencia se trata de una demanda legítima y un motivo por el que luchar. Sin embargo, es necesario profundizar sobre los problemas que la investigación sufre no sólo en nuestro país, sino a nivel global. ¿De cuáles se trata?

En primer lugar, está claro que hay una infrafinanciación en la ciencia. Desde la crisis económica que estallaba en 2008, la inversión en ciencia se redujo drásticamente, no sólo en lo que se presupuestaba, sino incluso en el porcentaje de ese presupuesto llegaba realmente a invertirse [1]. Un aumento en la financiación se traduciría obviamente en más recursos para los grupos de investigación, sin embargo, aquí llegamos a otro problema.

Y es que dentro de este sistema económico voraz, se busca la máxima rentabilidad y en el menor plazo posible de una inversión, y la ciencia no se escapa a este hecho. Tanto las grandes potencias a nivel científico (Alemania, EEUU, Japón,…) como las grandes empresas ligadas a la investigación (en el ámbito de la industria, petroquímicas, farmacéuticas, etc.) tienen una tendencia a invertir más recursos en la investigación más rentable, en la que va a dar más dinero. En la práctica ocurre que las líneas de investigación que se dedican a la ciencia básica, necesaria para poder asentar unos buenos fundamentos, o a la ciencia aplicada sobre sectores económico poco rentables tienen menor financiación. Los recursos destinados a tratar enfermedades cardiovasculares o cualquier tipo de cáncer (que son las enfermedades que más afectan en las potencias imperialistas; y que además tienden a ser crónicas por lo que el tratamiento se alarga) superan con creces a los recursos para muchas enfermedades infecciosas (como la malaria, la tuberculosis y el sida), asentadas en países sin recursos. Por poner negro sobre blanco, la tuberculosis mata a 1,5 millones de personas al año y con 10 millones infectadas cada año [2]. Es decir, los recursos de la investigación no se rigen por criterios de beneficio social, sino económico.

De hecho, gran parte de los grupos de investigación que han logrado sobrevivir, e incluso fortalecerse durante la crisis son los que están ligados a empresas y obtienen una financiación elevada por parte de éstas, a parte de la financiación pública, que ya de por sí es más elevada que en otros grupos [1]. Y aquí es donde viene el siguiente punto. La privatización de la investigación va más allá de lo que se suele entender y consta de varias vías. Entre ellas tenemos el uso de recursos públicos (personal e infraestructuras) por parte de empresas a precio de risa (a veces 10 o 100 veces por debajo del precio de mercado); la obsesión por la transferencia de conocimiento de las instituciones públicas al “mundo real”, que es la forma de camuflar darles en bandeja a las empresas privadas el conocimiento creado y financiado en instituciones públicas, ya sea a través de spin-off, cesión de patentes y licencias, cátedras de empresa… En resumen, que no sólo se rige la investigación por criterios “de mercado”, sino que les llenamos los bolsillos a los capitalistas ligados a la investigación.

Otro problema grave es la precarización del personal investigador, puesto que, al escasear la financiación, se suele utilizar la vocación o la necesidad de currículum como herramientas para conseguir mayor servilismo y estirar el salario a la baja. Por ejemplo, en el caso de estudiantes de grado que realicen prácticas no remuneradas o doctorandos que una vez finalizan sus contractos siguen trabajando sin cobrar para terminar la tesis, además de asumir carga docente no remunerada en las universidades. De hecho, la mayoría de contratos laborales para el personal investigador del sector público no superan los 2-3 años, cuando no son de 6 meses.

Por último, es interesante mencionar como las propias dinámicas de competencia del sistema capitalista se trasladan en el mundo de la investigación y perjudican su calidad. Actualmente, obtener financiación para realizar proyectos es la clave para poder investigar y sobrevivir como grupo de investigación. Sin ella, no es posible comprar reactivos, contratar personal investigador, realizar experimentos, etc. No obstante, al recortar cada vez más el presupuesto y gran parte de este ser destinado a grupos que producen más rentabilidad, nos encontramos con una competitividad bestial. Esto se traduce en intentar publicar el máximo posible en revistas de alto impacto, tener méritos de transferencia de conocimiento a empresas, producir patentes… Todo ello lleva a malas praxis científicas como la ocultación de resultados negativos, el falseamiento de datos, incluso la ocultación de resultados positivos entre unos grupos y otros para no perder la novedad…

¿Y es así como se pretende desarrollar la ciencia? En el capitalismo la investigación siempre tendrá un criterio de rentabilidad económica, dejarán de tratarse enfermedad curables, tenderá a privatizarse y entrará en las dinámicas de competencia en nada ayudan a la ciencia y la sociedad. ¿Aun te faltan motivos para querer romper con este sistema?

[1] http://informecotec.es/media/INFORME-COTEC-2019_versionweb.pdf

[2] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/tuberculosis