Solidaridad con el pueblo afgano: contra los imperialistas y sus lacayos integristas

Este 15 de agosto se consolidó la derrota de la República Islámica de Afganistán frente a los talibanes con la toma de Kabul, la capital del país. Ante este suceso, los medios burgueses se llenan de una narrativa común, con unos u otros matices, pero siempre defendiendo con uñas y dientes el régimen previo. Como de costumbre, su labor aquí también es la de propagar la narrativa imperialista, ahora veremos por qué.

¿Qué fue la República Islámica de Afganistán? Este Estado nace con la ocupación imperialista liderada por Estados Unidos al país. Nunca fue una democracia, como se la quiere pintar, sino que fue una cuasi teocracia para la que se aplicaron métodos coloniales clásicos para su establecimiento, como el respaldo en ciertos clanes y etnias sobre otras o el apoyo de señores de la guerra ultrarreaccionarios, cuando no directamente de los ejércitos invasores. Los derechos y libertades que se perderán según la prensa, nunca existieron; estos solo eran accesibles para unas pocas capas medias y privilegiadas de Kabul, y no eran más que para lavarse la cara y disfrazar una agresión imperialista de “progresista”. Ahora, aunque el régimen títere del imperialismo estadounidense ya era un infierno para la vida de la mayoría de las mujeres afganas y la comunidad LGBT del país, esta opresión se endurecerá, si cabe, con el restablecimiento en el poder de los Talibán, representantes de la reacción feudal más cruda.

Dentro de esta brutal ocupación en la que el imperialismo, además, se ha llevado la vida de más de 150.000 personas (de las que sabemos hoy al menos), también participó activamente el Estado español, poniendo más de 27.000 tropas sobre el terreno y 4.000 millones de euros para mantener al Estado títere y sacar provecho de la situación. Y, aun así, a pesar de estas multimillonarias inversiones y de tener todo el apoyo de la supremacía militar de Occidente, el ejército afgano ha colapsado en cuestión de días. Este era en esencia un cuerpo de mercenarios para el mantenimiento del control colonial, sin ningún interés real más allá de la paga en sostener el régimen de los lacayos de EE.UU. y sus aliados de la OTAN. La rápida descomposición de la administración afgana ha obligado a los poderes invasores a solicitar un humillante alto al fuego para poder evacuar sus fuerzas, aún en la capital, antes incluso de lo programado. Esto demuestra que el dominio de los poderes imperialistas es ya caduco y decadente y no es otra cosa que un tigre de papel.

De todos modos, ahora, aunque los ejércitos ocupantes se vayan, bajo los talibanes solo va a cambiar la forma concreta de dependencia, de colonial a semicolonial, tanto hacia EE. UU. que tiene inversiones inmensas y tramas locales que no dejará atrás, a parte de un acuerdo con los talibanes por el que pueden seguir manteniendo a más de 8.000 tropas en el país; como hacia China, que tiene importantes contratos extractivos en el país. Al final los talibanes son ultrarreaccionarios que buscan vivir de otra forma de someterse al imperialismo, algo que está claro viendo que una parte importante de sus ingresos viene de las rentas de la minería y la producción de opio.

En general, al tratar las causas de la caída del régimen títere, desde los medios se tiende a señalar “torpes errores” de la administración, pero estos supuestos errores son inherentes a los regímenes coloniales. Ese Estado no podía ser democrático, no podía estar libre de corrupción, no podía no basarse en rivalidades de clanes o etnias, no podía tener presencia real más allá de las grandes ciudades, etc. por su propia naturaleza como ocupación imperialista. Así, el motivo de su caída es su propia esencia, y esta era inevitable.

Ante esto, la única vía para la liberación de Afganistán, como país semicolonial y semifeudal, es la revolución democrática, fruto de una guerra popular prolongada que libere progresivamente territorios del imperialismo y el feudalismo, hasta tomar el poder instaurando un Estado de Nueva Democracia que complete la revolución democrática y prepare al país para avanzar al socialismo y, posteriormente, al comunismo.