Solidaridad con la lucha revolucionaria del pueblo filipino y el Partido Comunista de Filipinas

COMUNICADO CONJUNTO

Desde Iniciativa Comunista, Organización Comunista Revolución y el Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores, expresamos nuestra solidaridad con el Partido Comunista de Filipinas (CPP) y la lucha revolucionaria que encabeza, así como con todo el pueblo filipino en lucha por su liberación nacional y social, frente a la represión desatada del régimen fascistoide de Rodrigo Duterte.

Filipinas es un país dominado por distintas potencias imperialistas extranjeras, destacando históricamente EEUU, pero sumándose recientemente China. Estas potencias han mantenido a Filipinas en el subdesarrollo económico y social: una industria subdesarrollada, de bajo valor añadido y dependiente, una economía extractiva que se lleva productos agrícolas y minerales sin apenas procesar, un sector financiero especulativo que sobrevive en buena medida por las remesas de la enorme emigración filipina, y áreas enteras del país en las que la población subsiste mediante formas de agricultura pre-capitalistas a la vez que se ve obligada a resistir los embates de las multinacionales del monocultivo que destrozan sus fuentes de sustento. Es decir, Filipinas es un país semicolonial y semifeudal.

El Estado filipino, aunque formalmente democrático-burgués, está en manos de una camarilla de grandes empresarios compradores (es decir, dependientes de los imperialistas) y de terratenientes, y los sectores público y privado se entrecruzan en una maraña de corrupción junto con las altas instancias militares, históricamente afines a los imperialistas estadounidenses.

El Estado filipino intenta dar una imagen de modernidad y desarrollo, ocultando el carácter semifeudal de su país: maquillando cifras para que los agricultores en activo o desplazados por los monocultivos que trabajan itinerantemente en el sector informal aparezcan como parte del sector servicios, no contabilizando el trabajo de familias enteras (niñas y niños incluidos) en la agricultura de subsistencia, presentando áreas rurales como urbanas, etc.

En esa línea, también tratan de mantener la formalidad de unas instituciones
democrático-burguesas, pero la sumisión a los imperialistas y el subdesarrollo llevan a un Estado de crisis casi permanente en la que gobiernos electos se convierten rápidamente en dictaduras mediante leyes de excepción, corruptelas, campañas militares y la supresión de la independencia de poderes burguesa.

Ese fue el caso de Ferdinand Marcos, de Joseph Estrada, y ahora el de Rodrigo Duterte.
Conocido como una de las figuras más estrafalarias de la escena política internacional, Rodrigo Duterte inició su presidencia en 2016 con poses demagógicas de antiimperialismo y preocupación por la igualdad social, pero éstas degeneraron rápidamente en políticas represivas azuzadas por discursos que exaltan la violencia paramilitar y policial.

Quizás la manifestación más conocida del régimen de Duterte es su salvaje “Guerra contra la droga” por la que Duterte autorizó y animó desde el inicio de su presidencia a la población filipina a organizar grupos parapoliciales y paramilitares para asesinar a presuntos traficantes de droga y drogadictos. Los datos oficiales presentados por la Policía Nacional de Filipinas en 2019 arrojaban una cifra de 29.000 muertes clasificadas como “Muertes bajo investigación”, que son aquellas que están relacionadas con la Guerra contra la droga, pero supuestamente no son llevadas a cabo por la propia policía.

Naturalmente, esta campaña en sí misma es un caso masivo de represión fascistizante contra los pobres, como se ha visto en incontables ocasiones con diferentes Guerras contra la droga. No obstante, el régimen de Duterte no ha parado ahí.

En los últimos años, su política represiva ha ido tomando un cariz claramente más orientado a suprimir a todo tipo de activistas, desde el movimiento ecologista al sindicalismo. Esta política se ha intensificado en 2020, con la aprobación de una reaccionaria Ley Antiterrorista, la mayoría aplastante en el parlamento de Duterte gracias a las elecciones parciales amañadas de 2019 y los poderes presidenciales ampliados por la crisis del COVID-19.

Frente al Estado filipino y, ahora, el régimen de Duterte, las y los comunistas filipinos,
organizados en el Partido Comunista de Filipinas (CPP) son verdaderamente el corazón de la lucha popular.

Hace ya 52 años que el CPP comenzó una lucha revolucionaria abierta contra el Estado filipino y por la liberación nacional y democrática encaminada a construir el socialismo.

Como Filipinas es semicolonial y semifeudal, históricamente el Estado se ha centrado en fortificar unos pocos centros urbanos (fundamentalmente la capital, Manila, más particularmente sus zonas de negocios) y descuida, oprime extremadamente y condena al atraso a las zonas rurales en las que vive la mayoría de la población. Ante esta realidad, el CPP desarrolla una estrategia revolucionaria de Guerra Popular Prolongada, por la cual combina la lucha armada abierta en las zonas rurales atrasadas, donde aplica la reforma agraria y políticas de modernización social con la participación activa del campesinado, con la lucha de masas y la organización clandestina en los centros urbanos desarrollados.

De esa manera, el CPP organiza mucho más que una simple guerrilla. En las zonas rurales, a través del Frente Nacional Democrático de Filipinas, que une a quienes luchan por la liberación nacional y social de Filipinas, el CPP ha logrado establecer un Gobierno Popular Democrático. Este Gobierno Popular Democrático entrega tierras y medios de cultivo a los campesinos, establece organismos de poder popular en las áreas bajo su control y conduce políticas sociales de alfabetización, sanidad, educación y también políticas dirigidas a socavar las relaciones patriarcales, empoderar a las mujeres y defender al colectivo LGTB.

Por supuesto, la fuerza de combate es fundamental para mantener esas conquistas y para liberar nuevas zonas, y esa fuerza de combate se encuentra en el Nuevo Ejército del Pueblo (NPA) creado y dirigido por el CPP, así como las milicias y unidades de autodefensa campesinas que la población crea para dar apoyo al NPA.

Aunque, como es natural, el CPP y todos los miembros del Frente Nacional Democrático de Filipinas están más que acostumbrados a la represión del Estado, Duterte está tratando de llevarla a nuevos niveles, reprimiendo de manera bárbara tanto a las poblaciones liberadas que forman parte del Gobierno Popular Democrático como a las masas de trabajadores y pobres de las ciudades que colaboran, o simplemente simpatizan, con la causa del Partido Comunista de Filipinas, y también en general a activistas y luchadores sociales acusándolos de cooperar con el terrorismo.

Bombardeos y asesinatos de representantes del Gobierno Popular Democrático en el campo, como el asesinato del ministro de Sanidad de dicho Gobierno revolucionario en plena pandemia, y arrestos de activistas y guerra sucia “contra la droga” en las ciudades. Esta es la receta del terror del régimen de Duterte.

Como el complemento perfecto a esta represión, los amos imperialistas del Estado filipino llevan años dándole socorro, introduciendo al CPP y sus organizaciones afines en listas internacionales de organizaciones terroristas, pese a que se trata claramente de un conflicto político que dura décadas e involucra a miles y miles de personas, no un grupo de células que utilizan el miedo a actos violentos para forzar a la población a aceptar políticas que no desea, cosa que, de hecho, el régimen de Duterte y sus grupos paramilitares afines sí hacen, en un ejercicio sostenido de terrorismo de Estado.

Ante estas circunstancias, desde el Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores,
Organización Comunista Revolución e Iniciativa Comunista, llamamos de nuevo a la solidaridad con el pueblo filipino y la lucha revolucionaria del Partido Comunista de Filipinas, y animamos a las y los comunistas y, en general, a las personas que piensan que hay que terminar con este sistema criminal que es el capitalismo, a informarse sobre la lucha revolucionaria del pueblo filipino.

Fdo,

Iniciativa Comunista, Organización Comunista Revolución y Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores.