Stalin: Frente a la propaganda, aprendemos de sus contribuciones

El 18 de diciembre de 1878 nació Iósif Vissariónovich Dzhugashvili. Aunque Stalin es probablemente el pensador y líder histórico comunista más controvertido, fue durante décadas una referencia mundial no solo para las y los comunistas, sino para el movimiento obrero y popular de todo el mundo.

A su muerte, la burocracia soviética decidió convertirlo en el cabeza de turco de todos los errores y excesos, reales y ficticios, del proceso revolucionario y de construcción socialista en la URSS, y utilizar la retórica de la “desestalinización” para fomentar el reformismo en el Movimiento Comunista Internacional y para facilitar los privilegios de la burocracia y la implementación de políticas capitalistas en la URSS.

Como comunistas, no puede asustarnos lo controvertido, ni la propaganda del sistema ni las valoraciones interesadas de quienes echaron todo el potencial revolucionario del primer Movimiento Comunista por la borda. Debemos esforzarnos por conocer de manera independiente todo lo que Stalin aportó durante décadas de liderazgo y reflexión, para extraer todo lo útil que hay en ello y que fue clave en el crecimiento del Movimiento Comunista Internacional en la primera mitad del siglo XX.

Experiencia como militante revolucionario:

Durante los años de la construcción del Partido Bolchevique y la etapa pre-revolucionaria y revolucionaria, Stalin destaca como el militante comunista “para todo”. Con muy pocas excepciones, tanto quienes le atacan como quienes le defienden, señalan que lo más característico de Stalin antes y durante la Revolución de Octubre es su capacidad de convertir las ideas de los bolcheviques en una fuerza social objetiva: desde golpes clandestinos al Estado hasta enormes movilizaciones pacíficas, pasando por la organización de milicias obreras para proteger a los trabajadores de las Centurias Negras, hasta el liderazgo en huelgas insurreccionales.

Esta actividad revolucionaria polifacética le da al ex-seminarista e hijo de una familia humilde una comprensión profunda y, a la vez, aplicada, de las ideas comunistas. No obstante, es en la construcción de la Rusia Soviética, especialmente tras la muerte de Lenin, cuando Stalin empieza verdaderamente a destacar.

Síntesis del marxismo-leninismo tal y como lo conocemos:

Su primera gran contribución es en el terreno de las ideas. Durante los años 1920, desde antes incluso de que Lenin fallezca, comienza una intensa lucha entre líneas de los dirigentes bolcheviques. Aunque todos los líderes bolcheviques dicen basarse en las contribuciones de Lenin, dado que éstas han demostrado ser ciertas, se utilizan los mismos libros y artículos de Lenin para defender posturas totalmente contrarias en muchos campos: cuáles son las claves que permitieron la Revolución de Octubre, cómo funciona el capitalismo ahora que está en su fase imperialista, cómo deben relacionarse las y los comunistas con las organizaciones de lucha de las masas, etc.

Stalin se da cuenta de que el problema de fondo está en que no se ha estudiado y asimilado la enorme experiencia revolucionaria que los bolcheviques han vivido en muy pocos años, y que eso hace que las contribuciones teóricas de Lenin, que son las que han ido guiando el camino a seguir y extrayendo lecciones sobre la marcha, sean tratadas como libros dispersos que se pueden citar como inspiración, pero que no se tratan como un todo.

De esta manera, igual que Engels hizo un esfuerzo enorme por digerir las aportaciones teóricas de Marx y de sí mismo para que estuvieran integradas y pudieran ser asimiladas por las y los revolucionarios, constituyendo el marxismo propiamente dicho, Stalin se esforzó por hacer lo mismo con las aportaciones de Lenin.

En lugar de utilizar las obras de Lenin como “almacenes de citas” de las que poder sacar justificaciones para sus políticas, Stalin estudió la enorme obra teórica de Lenin, generalmente repartida en polémicas e infinidad de cartas y artículos, y las sintetizó en un cuerpo ideológico, político y organizativo sistemático: el marxismo-leninismo.

Es por eso que, hoy en día, cualquiera que quiera organizarse como comunista puede encontrar una serie de obras de Lenin de referencia (por ejemplo, el “Qué Hacer”, el “Imperialismo, fase superior del capitalismo” o el “Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”), una serie de estudios de otras obras de Lenin y experiencias revolucionarias bolcheviques que desarrollan sus puntos de vista o los conectan entre sí (“Fundamentos del Leninismo” o “Cuestiones del Leninismo”), un modelo organizativo claramente definido (el centralismo democrático) y toda una serie de herramientas y grandes líneas políticas de referencia que sirven como base para aplicar de manera adaptada y creativa ante distintas situaciones (el frente único, el frente popular…).

Naturalmente, esta síntesis del marxismo-leninismo no debe entenderse como una especie de catecismo, sino como unos cimientos que sirven a la vez para ser aplicados creativamente y también como base para nuevas contribuciones científicas para el movimiento comunista (por ejemplo, estudios más profundos sobre la forma en que continúa la lucha de clases bajo el socialismo, que la burocracia puede servir para derrocar el socialismo desde dentro o estrategias para situaciones que quedaban fuera de la experiencia de Octubre, como los países semicoloniales y semifeudales).

Además, jerarquizar y ordenar ideas siempre tiene el problema de que puede dejarse otras ideas en el tintero o puede presentar de manera demasiado esquemática las ideas originales. Posteriores aportaciones y reflexiones sobre el marxismo-leninismo han hecho más hincapié sobre algunas de sus ideas en comparación a otras (si ha de haber más o menos monolitismo en el Partido Comunista, cuál debe ser la actitud de la militancia hacia los dirigentes del Partido, cómo ha de tratarse la burocracia en el socialismo…).

En cualquier caso, esta contribución de Stalin es esencial para el Movimiento Comunista, tanto históricamente como en la actualidad.

Promotor y dirigente de la construcción del Socialismo:

La segunda gran contribución de Stalin está en el terreno de la construcción del Socialismo. Dentro de quienes reconocen los logros sociales y productivos de la URSS, a menudo se muestra a Stalin como, o bien una especie de garrapata monstruosa que parasitaba la cumbre de la URSS, cuyo desarrollo estaba ya fijado, o bien una especie de “Zar Rojo”, brillante pero cruel, que desarrolló el país imponiéndose a los deseos de la población y eliminando a sus enemigos políticos.

Lo cierto es que la construcción del socialismo en la URSS no era algo sobre lo que la cúpula del Partido Comunista estuviera de acuerdo cuando Stalin empieza a proponerla a mediados de los años 20. A la muerte de Lenin, la Rusia Soviética se encontraba en un momento decisivo, en el que la llamada Nueva Política Económica (NEP), una serie de políticas capitalistas de Estado que buscaban reconstruir el país tras la guerra civil revolucionaria y acumular capital para tener unas bases desde las que crecer, estaban agravando las desigualdades, cansando a la población trabajadora y había que decidir cuándo terminaban.

Ante este problema, la cúpula bolchevique estaba enormemente dividida. Algunos, como Bujarin, planteaban que la NEP debía continuar, y que realmente las desigualdades no eran problema e incluso podían agravarse. Otros, como Zinoviev, Kamenev y, desde otros puntos de vista, también Trotsky y sus seguidores, estaban resignados a que la URSS siempre sería un país atrasado y semi-dependiente, así que o bien debía vegetar en esa situación (Zinoviev y Kamenev) o debía ser dirigido con puño de hierro a la vez que se volcaban los esfuerzos en una revolución mundial que permitiría que la atrasada Rusia fuera el eslabón atrasado de un sistema socialista mundial (Trotsky)[1].

Es Stalin quien plantea que es posible construir el socialismo en un país atrasado como Rusia si se cuenta con la voluntad de las grandes masas de la población trabajadora y se rompe con las lógicas de la rentabilidad capitalista, que son las que mantienen en el subdesarrollo a Rusia en comparación a otros países europeos. Es con ese planteamiento con el que Stalin gana el apoyo mayoritario de la población trabajadora soviética y de los representantes del Partido, especialmente a niveles bajo y medio. Una política que no era para nada el punto de vista de la cúpula del Partido Comunista a la muerte de Lenin, sale adelante con el entusiasmo de la población, que, de hecho, se lanza incluso a constituir brigadas para aumentar la producción (siendo conocido el fenómeno del Estajanovismo).

Además, Stalin no presenta el punto de vista de la construcción socialista de forma demagógica, no convence a la población a base de mentiras. En ningún momento se oculta que habrá cosas que puedan salir mal, que puede haber sacrificios. La cuestión es que, en los años 20, la decisión para la población soviética no es si hacer o no sacrificios para desarrollar el país, sino si hacer sacrificios hoy para vivir bien en una o dos décadas, o seguir malviviendo en el atraso y la falta de recursos hasta que la situación sea insostenible y se vuelva al orden social capitalista, pero bajo dominio colonial o semi-colonial.

De hecho, el que suele presentarse como el principal ejemplo de gran sacrificio de este proceso, o incluso de política criminal de Stalin, es el de la colectivización forzosa, por la cual el gobierno soviético se lanzó apresuradamente a confiscar tierras a los capitalistas del campo (kulaks) para establecer haciendas agrícolas colectivas. Los estudios históricos no solo demuestran que el gobierno soviético hizo todo lo posible por evitar las hambrunas producidas por el enorme conflicto civil que se desató en el campo[2], sino también que, a partir de la colectivización, nunca ha vuelto a haber hambrunas en el territorio de la URSS[3].

Este proceso ha traído mucha polémica, pero solo porque se utiliza como arma arrojadiza propagandística. Lo cierto es que tener una capa enorme de capitalistas en el campo y realizar una transición gradual al socialismo en el campo, tal y como se tenía previsto inicialmente, hubiera ofrecido a las distintas potencias europeas, tanto imperialistas democrático-burguesas como imperialistas fascistas, todas abierta y beligerantemente anticomunistas hasta finales de los años 30, un aliado interno perfecto para socavar el nuevo régimen social y todas sus conquistas.

Aprender de los aciertos y errores

Sobre Stalin se han dicho infinidad de mentiras, cosa que él mismo sabía que ocurriría y asumió debido a su convicción revolucionaria.

No obstante, es evidente que también hubo errores cuando, poco después de su muerte, un pequeño golpe palaciego permitió que el mismo Partido Comunista de la Unión Soviética renunciara a sus postulados revolucionarios y pasara a ser promotor activo de políticas socialdemócratas con disfraz comunista[4], y su dirección pasara a trabajar por la restauración capitalista en la URSS.

En este sentido, distintos líderes y partidos comunistas han aportado reflexiones críticas tratando de encontrar qué falló. Se han señalado problemas en la vigilancia revolucionaria de los miembros del Partido Comunista, los burócratas y los gerentes de empresa, en la cultura de debate y el nivel ideológico dentro del PCUS, en el recurso a la vía represiva estatal en lugar de la movilización de masas a la hora de combatir a la burocracia y a los defensores de la vía capitalista, y también fallos o insuficiencias en esta primera síntesis del marxismo-leninismo desarrollada por Stalin.

Por nuestra parte, estudiamos y debemos seguir profundizando el estudio tanto de la obra de Stalin y sus contribuciones, como de las críticas revolucionarias constructivas que se dirigen a su aportación personal a la teoría y práctica marxista-leninista y al periodo en que fue el dirigente comunista más relevante, entendiendo en todo momento que no es posible dirigir un proceso revolucionario de las dimensiones de la URSS y afrontar una obra política como es el impulso del Movimiento Comunista Internacional sin que haya fallos.

[1] Estas polémicas fueron públicas y son fáciles de encontrar entre las obras de cada uno de estos autores.

[2] Stephen Kotkin: Stalin: Waiting for Hitler (1929-1941)

[3] Grover Furr: Stalin: Waiting for…the truth

[4] Véase Documentos del XXII Congreso del PCUS