Stonewall, legado de la lucha de clases

Introducción 

La semana del Orgullo conmemora las protestas de Stonewall, que comenzaron el 28 de Junio de 1969 y marcó un hito para los movimientos de liberación sexual en todo el mundo. Hoy, sin embargo, más de 50 años después, el Orgullo LGTB se ha convertido en algo que muchos consideran más una festividad que un día de 

protesta y lucha. En este artículo queremos recuperar su importancia política y poner encima de la mesa el papel que debemos cumplir como comunistas en esta reivindicación. 

¿Por qué una defensa del Orgullo LGTB desde el comunismo? 

El propio movimiento LGTB es algo controvertido dentro del movimiento comunista, igual que lo es el movimiento feminista. Al tratarse de movimientos interclasistas, en los cuales también están representados los intereses de algunos sectores de la burguesía, es habitual que muchos comunistas rechacen o dejen de lado estas luchas, aludiendo que no tenemos nada que hacer en ellas. En este otro artículo explicamos nuestra postura respecto al capitalismo rosa y el carácter de clase del movimiento LGTB. 

A continuación, queremos ofrecer nuestro análisis acerca de las sinergias entre el movimiento comunista y el movimiento LGTB, y justificar por qué creemos que se debe reivindicar el Orgullo desde el comunismo y que la historia de la lucha LGTB es historia de nuestra clase. 

¿Qué ocurrió en Stonewall? 

Contexto 

Los sucesos de Stonewall ocurrieron en Nueva York, en un contexto de auge del movimiento feminista y LGTB, pero también en medio de las protestas contra la guerra de Vietnam y el movimiento por los derechos civiles de la comunidad afroamericana.

La comunidad LGBT de todo el mundo se encontraba aún en plena lucha contra la despenalización. Lo que se estaba peleando era el propio derecho a existir fuera de los esquemas patriarcales de la familia nuclear. 

En la decada anterior, el gobierno estadounidense había realizado una amplia campaña anticomunista en la que también se persiguió y castigó «la perversión homosexual»: comunistas, anarquistas y homosexuales fueron purgados de las instituciones públicas; la homosexualidad fue categorizada como enfermedad mental y se prohibió hacer cualquier tipo de defensa de las disidencias de género en colegios e institutos. 

En Nueva York era ilegal que dos personas del mismo género se besaran, se dieran la mano o bailasen en lugares públicos, y también estaba penalizado llevar prendas de vestir «propias del género opuesto». La policía organizaba redadas frecuentes en los bares frecuentados por «homosexuales y travestis», y algunos locales fueron penalizados y cerrados. 

El Stonewall Inn 

Stonewall Inn era un local sucio e insalubre a las afueras de Manhattan. Se trataba de uno de los negocios controlados por la mafia genovesa, y era el único bar gay en el que la policía sobornada no entraba. Esto suponía que el Stonewall no solo era el único local en el que se podía bailar sin represalias, también era el único espacio seguro para muchas personas que no habrían sido bien recibidas en ningún otro lugar. La discriminación social y laboral llegaba a ser tan brutal que, para muchas personas abocadas a la marginalidad, Stonewall era el único lugar en el que se podía pasar la noche a salvo. 

Por eso, cuando el 28 de Junio del 69 la policía asaltó el local por sorpresa a las 3 de la madrugada, haciendo detenciones forzosas y dispersando a la multitud a palos, la comunidad LGTB de Nueva York estalló de rabia. Stonewall fue pasto de las llamas, pero de los días de protesta que siguieron a la redada surgieron las mayores organizaciones LGTB en Estados Unidos hasta la fecha. 

El legado de Stonewall 

Muchos otros países y ciudades tuvieron su propio Stonewall: hitos que dieron lugar a que lesbianas, gays, travestis y personas trans que vivían en las mismas condiciones de represión y marginalidad, que se veían obligadas a recluírse en los mismos gettos, decidieran formar organizaciones de lucha y resistencia. 

Pero más allá de eso, los problemas que enfrentamos las personas LGTB hoy día en todo el mundo son básicamente los mismos. El capitalismo solo tolera que existamos en números reducidos y dentro de unos determinados márgenes. 

Existe una noción generalizada de que en los países «del primer mundo» esta problemática es poco importante o está prácticamente erradicada. Pero la realidad es que la inmensa mayoría de personas LGBT, especialmente las de más edad, aún tienen miedo de «salir del armario» por miedo a la discriminación; lo cierto es que nos seguimos encontrando con que los medios nos invisibilicen y caricaturicen sistemáticamente; con que seguimos sufriendo violencia y agresiones directas ante la incapacidad del Estado para protegernos; nos enfrentamos a la discriminación laboral y a tasas de paro notablemente más altas; con violencia médica hacia las personas trans; leyes reaccionarias como la del pin parental; las políticas de extranjería que niegan el asilo a personas LGBT que corren peligro de muerte en su país de origen, y un largo etcétera. 

Y cuando los métodos «blandos» de la cultura homófoba no bastan, los Estados capitalistas no dudan en utilizar métodos «duros»: todavía es relativamente normal encontrarse con países en los que la realidad de las personas LGTB es la violencia, el hostigamiento contínuo y la marginación social. Esto ocurre con la complicidad y beneplácito de todos los imperialistas a los que, por muy permisivos que puedan parecer «de puertas para adentro», no les preocupa perpetuar la homofobia y la misoginia en países que dependen económica e incluso administrativamente de ellos. 

Conclusión: Comunismo y movimiento LGTB 

Al Estado español, como a cualquier Estado capitalista, no le interesa que existan las disidencias de género. El modelo patriarcal es tremendamente funcional al sistema capitalista y difícilmente se puede destruir el uno sin antes acabar con el otro. La lucha LGTB es un movimiento de resistencia legítimo que erosiona uno de los pilares de la economía capitalista: la división sexual del trabajo. 

Si bien muchas empresas siguen lucrándose a costa de mercantilizar y aguar nuestra lucha, tratando de reducirla a aquellos aspectos de los que puede sacar tajada, la mayoría de las problemáticas que enfrentamos las personas LGTB –

discriminación laboral, desamparo en las instituciones, violencia callejera,…- prácticamente no afectan a la burguesía. Precisamente por eso, históricamente la inmensa mayoría de las luchas homófilas en todo el mundo han sido lideradas por personas de clase obrera (cuando no directamente por comunistas). Un ejemplo de tantos fue la sinergia que surgió entre los mineros y el movimiento LGTB en Inglaterra, que llevaron a cabo una lucha común contra la represión policial en los años 80. 

Nuestra lucha por ser quienes somos es legítima y es, en el fondo, una lucha contra el sistema capitalista en su conjunto. Como comunistas, no solo debemos reivindicar el valor histórico Orgullo, sino apoyar activamente la lucha por los derechos LGTB en España y en todo el mundo. Como ejemplo de esto queremos destacar la labor que lleva a cabo el NPA de Filipinas, que lleva años reivindicando los derechos y dignidad de las personas LGTB en medio de una lucha armada revolucionaria. 

Esta es nuestra postura y la de los comunistas del mundo: Orgullo LGTB es Orgullo de clase.