Ya no hay clase obrera

[fac_icon icon=»comment» color=»#8e8e8e»]Nadie es obrero. Lo sabe todo el mundo. Solo unos pocos se resisten ante tal verdad universal.

[fac_icon icon=»comment» color=»#b31313″]Hay pruebas clarísimas de que ya no hay clase obrera: la televisión nos lo enseña todos los días. Los comentaristas, el telediario y las series de televisión lo muestran claramente. Los personajes que nos gustan son managers, empresarios de éxito; en las series de televisión casi todos los personajes tienen un negocio, etc. Los que trabajan por un sueldo son profesionales cualificados o autónomos. Por eso en los libros de historia solo se le dedica una o dos páginas a la clase obrera, porque es una cosilla del pasado.

¿Quieres pruebas más claras? ¿De qué viven los miembros de tu familia? ¿Viven de su trabajo en una empresa o del trabajo que hacen otros en su propia empresa?

Esa, es la pregunta clave.

Alguien que vive de su propio trabajo, que no tiene ningún negocio, que el dinero que lleva a casa lo ha ganado solo por su trabajo, sin tener nada más; ésta persona es obrera. No es clase media, ni baja ni alta, ni media-baja, ni media-media-baja, ni media-baja-media, ni ninguna otra absurda clasificación que escuchamos por todas partes.

En el capitalismo tenemos dos clases sociales que dentro de cada una pueden tener varias capas. La clase propietaria, que posee las empresas, las máquinas y la tecnología (patentes). Posee los medios para producir y se adueña de los bienes producidos. Esta clase propietaria tiene una capa inferior que es el sector de los pequeños propietarios y de muchos trabajadores autónomos. Y después está la clase obrera que es la clase sin medios para producir. Sólo disponemos de nuestra capacidad para trabajar, una capacidad que ponemos a la venta.

¿Cuánta gente conoces así? Seguro que mucha. ¿No tienes colegas trabajando en Carrefour, el Dia o algo parecido? ¿No tienes a alguna vecina que limpia en algún sitio? ¿No conoces a alguien que trabaja fabricando algo o fabricando una parte de algo? ¿No conoces a nadie que trabaje montando o instalando algo? A lo mejor nunca lo has preguntado, pero te sorprendería.

En España, sólo la juventud suma cerca de 2 millones de personas que trabajamos por un salario. Y unos 22 millones de personas trabajadoras en total (contando con las que no tienen empleo pero buscan uno). Impresionante cifra para una parte de la sociedad que dicen que ya no existe.

[fac_icon icon=»comment» color=»#8e8e8e»]Vale, de acuerdo, existen obreros. Pero son muy pocos en realidad, casi todos esos que trabajan por un salario no trabajan en una fábrica. Si no trabajan en una fábrica o en la construcción no son realmente obreros.

[fac_icon icon=»comment» color=»#b31313″]¿De verdad? El objetivo de toda mercancía o servicio es ser intercambiado por dinero. Y para ello, ¿no es necesario un montón de gente que meta la mercancía en una caja, la lleve hasta un comercio que debe ser reparado y limpiado, se coloque en las estanterías y se venda y se cobre? Toda esa cadena por la que se mueve cada objeto o alimento que compramos pasa por las manos de miles de personas que han realizado una parte de esa labor, desde la tierra hasta tu casa. Seguro que conoces mucha gente que trabaja en una parte de toda esa cadena.

[fac_icon icon=»comment» color=»#8e8e8e»]Pero hay mucha gente que su trabajo no hace ninguna de esas cosas. La arquitectura, la informática, la enseñanza, la estética (peluquería, depilación, etc.); todas las personas que hacen eso, no forman parte de esa cadena.

[fac_icon icon=»comment» color=»#b31313″]Algunos sí. Por ejemplo, la arquitectura, o cualquier tipo de ingeniería, incluso la informática, son una parte necesaria en la fabricación o instalación de algo. Un arquitecto o un ingeniero pueden ser simplemente personas con formación que cobran un sueldo por diseñar una mercancía o mejorar la producción de una empresa. Pero además, muchas profesoras o peluqueros, ¿no trabajan también por un sueldo? ¿Son dueñas de la pizarra y el secador que utilizan? Si no son dueñas, entonces son clase obrera. El capitalismo, que convierte cualquier servicio prestado en una mercancía, convierte en obrero a cualquiera que preste un servicio por un salario.

Pero sí es cierto que la clase obrera que trabaja en la industria vive más cerca la contradicción que hay entre la acumulación de capital y el trabajo colectivo necesario para producirlo. Es decir: es cierto que la clase obrera industrial vive más claramente la injusticia y la agresión que supone la economía capitalista, pues es fácil calcular el robo que hace el capitalista en cada una de las mercancías fabricadas por una persona. Y también es cierto que la proporción de clase obrera trabajando en la industria parece haber disminuido mucho en las estadísticas.

Pero cuidado, no nos creamos la interpretación de las cifras que elaboran los gobiernos al servicio de los empresarios. Sólo entre la juventud trabajadora, existe un 11,1% de jóvenes trabajando en la industria de forma directa, un porcentaje similar al de jóvenes trabajando en la hostelería (11,3%). Y nunca ha habido en España tanta gente trabajando en la industria como justo antes de la crisis (casi 7 millones de personas). Pero además debemos saber que la subcontratación es muy alta, especialmente entre la juventud. Y con la subcontratación se produce una manipulación estadística porque existen muchos trabajos relacionados directamente con la industria pero que al realizarse a través de la subcontratación, computan como sector servicios, haciéndonos pensar que son trabajos completamente alejados de la producción; cuando no es así.

Y eso solo para España, porque en realidad, la necesidad de mano de obra asalariada se ha hecho mundial. Cuando desaparece industria en algún lugar del mundo, casi nunca desaparece, solo se desplaza a otro lugar del planeta.

[fac_icon icon=»comment» color=»#8e8e8e»]De acuerdo pero ¿y qué si hay clase obrera? Aunque es verdad que haya, no cambia nada.

[fac_icon icon=»comment» color=»#b31313″]Para entender la importancia de una clase social hay que empezar por preguntarse algunas cosas: ¿De dónde viene el cambio social? ¿Qué fuerza, en la sociedad, es capaz de romper ese dominio sofocante sobre nuestras vidas? Esta pregunta es tan vieja como el sistema capitalista. Los «enterradores» de este sistema de explotación son las mismas personas que forman la clase obrera, según escribieron Marx y Engels en su Manifiesto del Partido Comunista. ¿Han desaparecido hoy en día estas personas que enterrarán el sistema de explotación? Acabamos de ver que no, que las personas que deben enterrarlo seguimos ahí, solo que en condiciones laborales y de organización y lucha diferentes de las de hace décadas.

Seguimos funcionando en una sociedad de clases, donde unas personas generan la riqueza cada día (la clase obrera) y otras se quedan con ella (la burguesía, los capitalistas). Toda aquella persona que produce, transporta o cobra algo que puede ser vendido y comprado, genera un margen de beneficio para el capitalista. Para que la clase obrera rompa las condiciones bajo las que vive (dificultades para acceder a la educación, la sanidad, un horario aceptable, bienestar, etc.) debe organizarse y dar la vuelta a la tortilla. En palabras de Marx y Engels: «El proletariado, la capa más baja de la sociedad actual, no puede levantarse, enderezarse, sin hacer saltar todo el edificio de capas superiores que constituyen la sociedad oficial.»[i] Y esa es la importancia histórica de la clase obrera.


[i] Marx y Engels. Manifiesto del Partido Comunista.

Todos los datos estadísticos están extraídos del Instituto Nacional de Estadística.