Tras la última victoria de Nicolás Maduro en las elecciones venezolanas vuelve a aparecer el fantasma del amaño electoral. No será algo nuevo para aquellos que siguen la actualidad política desde hace algunos años. Cada vez que hay elecciones en el país caribeño, vuelven a surgir las acusaciones de amaño por parte de las potencias imperialistas de la UE, EEUU, sus semicolonias americanas, expresadas mediante sus portavoces gubernamentales y amplificadas y repetidas por sus medios de comunicación.
Después de un largo período en el que a los citados medios se les parecía haber olvidado incluso la ubicación de Venezuela, vuelve a aparecer una preocupación repentina por los derechos humanos y la falta de democracia en el país. Desde luego las elecciones han tenido múltiples deficiencias desde el punto de vista democrático, empezando por la dificultad de los casi 8 millones de migrantes venezolanos de participar. No obstante, es repulsivo que el imperialismo y sus medios nos intenten hacer pasar sus propios intereses por una preocupación democrática.
Sin pretender dar a entender que la situación en el país es buena o que allí se vive algún tipo de revolución, desde el Partido Revolucionario de las y los Trabajadores queremos darle más profundidad a la cuestión: ¿qué ha significado el chavismo en la historia de Venezuela? ¿Por qué tanto interés desde determinadas potencias imperialistas en Venezuela? ¿Qué papel juega España en todo esto? ¿Qué posición debemos tomar los comunistas en todo lo que está pasando? Todo esto, trataremos de desentrañarlo en las próximas líneas.
Nuestras intenciones con este artículo son dos. La primera, aportar claves a revolucionarios, activistas y personas progresistas en general sobre cómo interpretar la situación actual en Venezuela y los próximos acontecimientos que puedan darse. Somos conscientes de las muchas dudas que hay entorno a lo que significa el chavismo, si hay o no un proyecto revolucionario detrás. Además, esto ayudará a entender la realidad del imperialismo en general y en particular cuando domina a otros países. Nuestra segunda intención es denunciar la hipocresía de los imperialistas, principalmente los estadounidenses, que a plena luz del día llevan a cabo guerras por el control de materias primas y el dominio de países, organizan día sí y día también golpes de Estado (varios en Venezuela), apoyan todo tipo de fraudes para mantener a sus lacayos en los países que dominan, y ahora tratan de ser los representantes de la democracia, arrogándose auditores de las elecciones en Venezuela.
Desde la colonia al dominio imperialista del petroleo venezolano.
El chavismo surge a raíz de las múltiples y agudas contradicciones que existen en las semicolonias como Venezuela, es decir, países dominados por el imperialismo que formalmente son libres. Para comprender bien este desarrollo, es necesario realizar antes un repaso muy breve al nacimiento del imperialismo y cómo comienza a dominar países como Venezuela.
Como la mayor parte de países de Latinoamérica, Venezuela se libera primero del colonialismo feudal español para pasar a estar bajo dominio del colonialismo capitalista británico y finalmente acaba bajo el dominio del imperialismo de diversos países, principalmente Estados Unidos.
Para que ese proceso se diera, en muchos países de Europa (principalmente Reino Unido, Alemania y Francia), así como en otros como Estados Unidos, el desarrollo del capitalismo se da con rapidez. Por la propia dinámica del capitalismo, el desarrollo de las empresas de la burguesía acaba derivando en monopolios, enormes conglomerados empresariales que dominan ramas enteras de la producción. Esto se da en un proceso progresivo de fusión entre las empresas industriales y bancos, que más formalmente denominamos fusión del capital bancario e industrial. Este tipo especial de burguesía es a la que denominamos oligarquía financiera y su particular poder le permite controlar los grandes rasgos de la economía y política. En el proceso de su conformación, para esta oligarquía financiera su mercado nacional se queda pequeño y salta a la conquista de otros países, de los cuáles puede obtener materias primas por un coste ínfimo, una alta explotación del trabajo y nuevos mercados donde colocar sus mercancías. Esta fase del capitalismo en la que reinan los monopolios, característica desde el cambio de siglo del XIX-XX hasta la actualidad, recibe el nombre de imperialismo.
El dominio que ejercen los imperialistas está caracterizado por la inversión de capitales. Con ello, empresas y naciones formalmente libres pasan a estar dominados económica y políticamente por la oligarquía financiera de los países imperialistas. Para desarrollar estas inversiones locales es para lo que se fundan los bancos de las semicolonias, establecidos normalmente en los puertos, enclaves logísticos importantes para la exportación de las mercancías hacia los países imperialistas. En el caso venezolano los primeros bancos del país fueron el Banco Colonial Británico (1839) y el Banco Nacional de Venezuela (1841), fundados con capital inglés. En las décadas posteriores se fundarían otros también con capital estadounidense, canadiense, holandés y británico.
Con este capital y mediante la explotación intensísima de la población local o extranjera proveniente de colonias de los imperialistas, se levantan las rutas logísticas necesarias para el transporte de mercancías. En Latinoamérica este proceso se da con intensidad en la segunda y primera mitad de los siglos XIX y XX respectivamente mediante la construcción de ferrocarriles. Todas estas construcciones sirven únicamente para permitir la salida de mercancías del país, sin ningún interés en desarrollar la movilidad de personas en su interior. Uno de los primeros ferrocarriles construidos en Venezuela lo construye la compañía inglesa Bolívar Railway Company, cuyo objetivo era conectar las minas de cobre y las plantaciones de café, cacao y otros productos al puerto de Tucacas.
El desarrollo de estos bancos y empresas locales ligadas a la oligarquía financiera genera un nuevo tipo de burguesía, denominada burguesía compradora. La componen los administradores de las empresas extranjeras como los bancos y empresas logísticas ya comentadas y otras empresas de las que sean dueños, pero de esta clase son parte también los dueños de las empresas locales dependientes del capital y la logística de los imperialistas. El ejemplo más común de estas empresas son las encargadas de comercializar y de producir (entera o parcialmente) los productos agrícolas en grandes plantaciones de monocultivo destinadas únicamente a su comercialización en el exterior. Es habitual que la mayor parte de esta burguesía compradora provenga de la aristocracia terrateniente-feudal conformada en los tiempos coloniales, ahora venidos a burgueses súbditos del imperialismo.
Entonces, la función de la burguesía compradora es comerciar a un precio muy rentable para los imperialistas las materias primas de las semicolonias (mineras y agropecuarias) o los productos manufacturados que requieren una alta inversión de mano de obra poco cualificada, como es el sector textil. Mientras, debe mantener el orden interior para que esta intensa explotación sea posible, haciendo mayor o menor uso según el momento de la represión policial y militar o agresivas campañas de los medios de comunicación privados de los cuáles son dueños.
En el caso venezolano, la producción agropecuaria comenzó a descender rápidamente al punto de no satisfacer la demanda nacional a partir de la década de 1940, cuando el petróleo era ya de gran interés para el imperialismo y se descubrieron en Venezuela grandes reservas. Este artículo no pretende desarrollar, pero sí dejar constancia, la importancia que ha tenido para el imperialismo la apropiación del petróleo desde los años 60 hasta la actualidad, que ha sido la base para muchos de los acontecimientos internacionales más importantes en estas décadas. La importancia central de este sector hace de Venezuela un país especial en comparación a otros de Latinoamérica.
Con ánimo de resumir, hasta la década de los 70 la extracción de las reservas de petroleo comenzó de la mano de nombres como la Standard Oil Company (fundada por Rockefeller) o la Royal Dutch-Sell (empresa anglo-holandesa) y progresivamente fueron uniéndose otros nombres a la fiesta del expolio de los recursos venezolanos, gestando golpes de Estado y aplastando la organización de los trabajadores del petróleo. El robo a manos llenas del imperialismo y la pobreza que generan genera irremediablemente conflictos con el pueblo.
Ascenso del chavismo: las clases populares en disputa con el imperialismo estadounidense.
Para entender el ascenso del chavismo se debe entender qué es la burguesía nacional, una de las clases esenciales de las semicolonias y aliadas de la revolución, así como el resto de clases del pueblo contrarias al dominio imperialista. El capitalismo burocrático impuesto por los imperialistas en las semicolonias, es decir, el capitalismo no desarrollado traído desde fuera para ejercer su dominio, impide el desarrollo del país y lo mantiene estancado productivamente. La burguesía compradora, la burguesía generada por la oligarquía financiera, solo se encarga de comerciar con materias primas o industria ligera basada en la intensificación de la explotación de mano de obra. Lógicamente, la oligarquía financiera trata de ahogar el desarrollo productivo del país para que no surjan competidores a nivel global y a la vez mantienen cooptados mercados nacionales de las semicolonias.
La burguesía nacional es la burguesía de las semicolonias cuyos intereses de clase coinciden con el desarrollo productivo del país. Sin embargo, su desarrollo como clase no es posible debido a que el poder político, el crédito bancario y las redes logísticas y de comercialización está en manos de la burguesía compradora y la oligarquía financiera. Además, el mercado nacional está copado por las mercancías producidas por los monopolios de los países imperialistas. Para ilustrarlo, pongamos el ejemplo simplificado de un fabricante de ollas. El fabricante nacional de ollas a presión tendrá un acceso limitado al acero, por lo que debe conformarse con fabricarlas de aluminio, un material más barato pero endeble e insalubre. ¡Y menos mal que las fabrica de aluminio! Resulta que su acceso limitado al crédito dificulta la capitalización de la empresa, así que ha de conformarse con maquinaria más sencilla que sí puede trabajar el endeble y ligero aluminio, mientras que el acero sería un reto inviable. Así, nuestro fabricante “nacional” se ve obligado a desarrollar un proceso de fabricación de baja productividad y baja calidad. Además, encuentra dificultades para venderse en los principales centros de consumo nacionales urbanos como las grandes superficies, propiedad de la burguesía compradora. La exportación también parece difícil dado que las redes logísticas al extranjero son propiedad de los imperialistas. Por tanto, el fabricante de ollas no tiene más remedio que limitarse a la venta nacional a través de los modestos canales de la pequeña burguesía urbana y rural, siendo los principales compradores las clases populares empobrecidas. Esta situación impide la reinversión de capital en la empresa que permita producir más y mejor, un fenómeno llamado reproducción ampliada del capital. Como resultado, la burguesía nacional no se desarrolla, se limita a su pequeño mercado y no tiene ninguna capacidad de competir con la alianza de la burguesía compradora con el imperialismo. Por eso, el país no se desarrolla industrialmente y se mantiene en situación de dependencia con el imperialismo, que llena el mercado con mercancías de calidad extranjeras. Por eso, la burguesía nacional tiene un interés objetivo en la liberación nacional en tanto está sometida por el imperialismo, mientras que es titubeante ante una revolución comunista en tanto que es una clase del campo burgués y su forma de existencia es la explotación del proletariado.
Continuando el ejemplo, podremos ver que no existe necesidad de desarrollar la educación. ¿Para qué, si los procesos productivos complejos no se desarrollan en el país sino fuera, en los países imperialistas? ¿Para qué, si todo el trabajo se basa en la explotación intensiva de la mano de obra poco o nada cualificada? Por tanto, la educación superior no será seria y buscará principalmente desarrollar técnicos e ingenieros vinculados a los proyectos de los imperialistas: extractivismo petrolífero y minero, ingenieros civiles, ingenieros agrícolas, etc.
Estrechamente ligados a esta burguesía nacional se encuentra buena parte de los intelectuales del país, principalmente ubicados en el ámbito urbano. Esta capa popular busca el desarrollo del país en todos los aspectos: una economía independiente e industrializada y una sociedad democrática y científica. Por otra parte, la pequeña burguesía también mantiene fuertes contradicciones con el imperialismo, principalmente basadas en el empobrecimiento generado por él.
Finalmente, el proletariado y el campesinado sufren todo el peso de la explotación imperialista y son cuantitativamente las clases más numerosas. El campesinado en el campo vive bajo la semifeudalidad que permite la intensa explotación agrícola por parte de los terratenientes, que venden la producción principalmente a la burguesía compradora. El proletariado, la clase más concentrada y a cuyos mandos está el sector productivo, tiene fuertes contradicciones con toda la burguesía, desde la burguesía compradora a la nacional. Sin embargo, la clase obrera reconoce el papel progresista de la burguesía nacional por su oposición al imperialismo. Las formas de explotación semifeudales se extienden a todos los ámbitos y fruto de la emigración campo-ciudad en busca de oportunidades, se genera un grueso de trabajadores autónomos, itinerantes, individualizados, y que malviven de trabajos precarios varios, que reciben el nombre del semiproletariado, con una fuerte relación cultural con el campesinado pobre.
Ya habiendo repasado grosso modo las clases sociales principales de las semicolonias, volvemos a los inicios de los años 70 cuando las empresas petrolíferas venezolanas estaban bajo dominio directo del imperialismo. Es lógico que por aquel entonces que las clases populares, incluida la burguesía nacional, quisieran que la producción petrolífera pasara al control del pueblo y se conviertiera en un motor de desarrollo del país, que las posibles superganancias derivadas de su extracción se invirtieran en crear un sistema productivo nacional fuerte. Para muchos sectores del pueblo estos deseos parecieron satisfacerse en 1975 cuando las empresas petroleras extranjeras se nacionalizaron y se creó al año siguiente Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) como empresa estatal. Carlos Andrés Pérez, el presidente de aquel tiempo, aseguró que había llegado el fin de la dependencia de Venezuela y que comenzaba el desarrollo nacional.
Aquellas pretensiones fueron solo en un espejismo. PDVSA siguió en manos de los imperialistas y no fue un motor de desarrollo para el país. El latrocinio contra el pueblo venezolano continuó, ahora mediante la forma de empresa estatal. Esta operación de nacionalización sirvió, primero, para embolsar una cantidad millonaria a las arcas de la oligarquía financiera como fruto de la nacionalización. Segundo, el control de la empresa siguió en manos de los gerentes del imperialismo, la burguesía compradora, y de cuadros técnicos afines, por lo que sus ganancias estaban a salvo. El poder de PDVSA era tan grande que fue utilizado por el imperialismo para infiltrarse en las instituciones del Estado para preservar su dominio del petróleo venezolano. No es de extrañar entonces que a esta operación se le llamada “la nacionalización chucuta”, utilizando el término coloquial venezolano para decir que fue de baja calidad.
En un tiempo posterior y con gobiernos de la burguesía compradora, PDVSA comenzó un proceso de privatización hasta los años 90. La empresa seguía siendo estatal, pero aumentaba la participación de multinacionales del petróleo, se llegó a vender la explotación de reservas a las multinacionales extranjeras sin pasar siquiera por la propia empresa estatal y una serie de reformas y operaciones amparadas bajo el eslógan de “internacionalización”.
De esta época son las imágenes que los imperialistas sacan ahora como “la Venezuela rica y próspera que el chavismo hundió”, tratando de confundir a los pueblos del mundo dando a entender que los centros financieros donde se ven edificios altos y coches de lujo eran una representación del país. La realidad, equiparable a otras semicolonias latinoamericanas de la actualidad, es que se trataba de un país profundamente desigual, con enorme pobreza en las barriadas urbanas y el campo, llegando en los años 90 a un porcentaje de extrema pobreza en torno al 45%.
Es con estos antecedentes históricos y a modo de resumen que Hugo Chávez, comandante del ejército venezolano, intentó primero tomar el poder mediante un golpe de Estado en 1992 y, tras su fracaso, ganó las elecciones presidenciales de 1998 con un 56% de los votos. Su victoria y siguientes gobiernos, cada vez ganados con un mayor porcentaje de votos, fueron enormemente populares y producto del papel dirigente de la burguesía nacional que, junto a la intelectualidad y secciones patrióticas del ejército, convencieron y arrastraron a buena parte de las clases populares trabajadoras, en particular las más empobrecidas.
Los avances en términos de calidad de vida para el pueblo venezolano durante los primeros 15 años de chavismo son innegables. Se construyeron millones de viviendas sociales y se emprendieron multitud de programas sociales. Mejoró enormemente el acceso a la educación, avanzando en la erradicación del analfabetismo entre adultos y creando universidades populares. La sanidad fue otro servicio social que sufrió grandes avances, llevando la atención médica gratuita a las comunidades más empobrecidas. A su vez, se liquidó la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Para el 2007 la pobreza extrema había descendido al 10%.
En el año 2002, con la ayuda de PDVSA que todavía estaba bajo el control de gerentes y cuadros técnicos afines al imperialismo, hubo un intento de golpe de Estado perpetrado por un sector del ejército al servicio de la burguesía compradora y la oligarquía financiera. Este golpe depuso como presidente a Hugo Chávez durante unas horas, pero pronto la movilización popular restauró el orden democrático. Desde entonces, la movilización de las clases populares ha sido clave para la defensa del chavismo frente a los golpistas, llegando en 2005 a crear la milicia bolivariana. Leopoldo López primero y Juan Guaidó después fueron figuras destacadas, pero no las únicas, utilizadas por el imperialismo para desestabilizar los gobiernos chavistas y buscar la posibilidad de dar un golpe de Estado. Juan Guaidó llegó incluso a autoproclamarse “presidente interino”, una forma dulce de decir que era presidente solo en su imaginación y la de los imperialistas, que estuvieron meses paseándolo por las televisiones de todo el mundo hasta que su imagen y recuerdo fue disolviéndose poco a poco conforme los yanquis no hacían real por la fuerza de las armas su presidencia imaginaria.
Declive del chavismo hasta hoy: de la burguesía nacional a la burguesía burocrática.
Como decíamos, el chavismo fue enormemente popular durante la primera década y media en la que gobernó. Este éxito se debió a las reformas progresistas emprendidas, al empuje del precio récord del barril de petróleo a finales de la primera década del siglo XXI y a la efectiva resistencia ante los ataques del imperialismo. No obstante, en torno al 2014, cuando el petróleo bajó, los golpes del imperialismo comenzaron a ser efectivos y creció la burocratización y corrupción del Estado, el chavismo entró en una fase de declive en la que todavía sigue.
En realidad, este resultado es la crónica de una muerte anunciada. El resultado del chavismo es el mismo de siempre cuando la burguesía nacional de una semicolonia dirige la lucha para liberarse del imperialismo: fracaso. La burguesía nacional, por su naturaleza de clase, puede ser revolucionaria ante la opresión imperialista pero reaccionaria una vez conquista el poder político, dado que existe y se desarrolla mediante la explotación del pueblo. Desde esa posición, instrumentaliza a las masas para sacarlas en defensa del régimen cuando le conviene, pero jamás libera el poder transformador y creador de las masas, en particular el del proletariado, siendo incapaz de desarrollar la producción del país y quedándose únicamente con la ya existente industria petrolera. A diferencia de esto, cuando el proletariado dirige la liberación nacional mediante la revolución comunista, todas las fuerzas sociales progresistas se ponen al servicio del desarrollo del país con el fin de salir cuanto antes de la situación de dependencia y preparar el salto a la edificación del socialismo.
Al no hacerlo, desde el mismo momento en el que toman el poder, los gobiernos dirigidos por la burguesía nacional inevitablemente pasan a una posición defensiva, que se traduce en parapetarse detrás del Estado. Al hacerlo, el Estado va integrando progresivamente más ramas productivas bajo su control, principalmente mediante la expropiación a la burguesía compradora pero también estrechando vínculos con el débil aparato productivo de la burguesía nacional. Simultáneamente, ante esa posición de debilidad, se vuelca a desarrollar nuevos vínculos con el imperialismo, incluso con el de los países que tradicionalmente lo han dominado como suele ser EEUU, aunque estas relaciones tengan ahora un carácter nuevo y no se vendan tan fácilmente.
Con el desarrollo de este proceso de engrosamiento del Estado, parte de la burguesía nacional se desligó del proyecto chavista y otra, junto con el ejército, acabó integrando la burguesía burocrática. Este es el proceso mediante el cual se generó la burguesía burocrática del chavismo. La burocrática es un tipo especial de burguesía de los países dominados por el imperialismo. Esta burguesía necesita su posición dentro del Estado para desarrollar sus negocios. Aquí encontramos como ejemplos típicos los gerentes y el alto funcionariado de las empresas estatales, que se valen de su posición y de la corrupción para establecer redes clientelares y apropiarse de grandes ganancias. Otro sector habitualmente ligado a la burguesía burocrática es el ejército, que vende ilegalmente material militar o aprovecha su posición para obtener licencias, negocios a precio de saldo u otros privilegios.
Todo este declive y transformación de la burguesía nacional en burocrática (o su expulsión del proyecto chavista) llevó también a la deserción de los intelectuales progresistas que apoyaban al chavismo y que desaparecieron tan pronto comenzó el declive. En el caso venezolano, buena parte de la academia burguesa ha buscado puestos en universidades del resto del mundo, sobre todo en otros países de Latinoamérica. Debido a su fracaso, el proyecto chavista ha ido perdiendo también el apoyo de cada vez mayores secciones de las clases populares. Hoy, parte de esas clases populares descreídas del chavismo se manifiestan de forma justa contra el Gobierno y son reprimidas por él. Hasta casi 8 millones de venezolanos han salido del país en la última década buscando un futuro mejor ante la hiperinflación, la delincuencia desatada y la falta de oportunidades.
Durante toda la “revolución bolivariana”, ni los gobiernos de Chávez, ni los de Maduro rompieron con las cadenas de la dependencia. Venezuela fue y sigue siendo una economía dependiente, particularmente de la exportación petrolífera. Aunque ahora la situación es un poco diferente como resultado del desplome de las exportaciones venezolanas por las sanciones del Gobierno de Trump a partir del 2018, en ese año la exportación de petróleo (principalmente crudo) alcanzó el 85% del valor de las exportaciones. Sumado a los minerales alcanzó el 95%. De ellas, Estados Unidos era el mayor importador con el 37% del valor y China con el 18%. Este dato, pese a ser de un año concreto, representa la normalidad de los años anteriores. A su vez, por aquel entonces Estados Unidos era el país del que más importaba Venezuela (52%). Incluso en 2022, el origen de las importaciones venezolanas era de un 23% de EEUU y 31% de China. Por tanto, de quien más importó y exportó la “revolución bolivariana” fue de su declarado gran enemigo imperialista. En cuanto a las potencias imperialistas que más inversión tienen en Venezuela, si bien es cierto que es difícil encontrar datos recientes, entre 2008 y 2009, las que tenían un mayor volumen eran las siguientes: Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Alemania, en ese orden.
Además, creció la dependencia frente al imperialismo chino. No es un secreto el apoyo político, económico y militar de China a los gobiernos de Chávez y Maduro, así como el control político que han llegado a ejercer sobre el Estado venezolano (por ejemplo, obligó a detener la exportación de petróleo a la India, enemigo de la oligarquía china). Sabemos que uno de los principales mecanismos de control político indirecto que utiliza el imperialismo es la deuda. Entre 2010 y 2019, China prestó más de 54.000 millones de euros a los gobiernos venezolanos. Es ya su mayor acreedor. Del 2005 al 2019, China pasó de adquirir el 1,5% del valor de las exportaciones al 26,8%. En 2023, la inversión china se incrementó en Venezuela en un 11,4% con respecto al año anterior, sumando más de 130 mil millones en inversión.
Además, el PSUV ha desmovilizado progresivamente a gran parte de sus bases, a las que solo saca a la calle como demostración de fuerza en procesos electorales o cuando el gobierno ve amenazada su estabilidad. Se las ha corporativizado a la mayor parte, avanzando en la integración en el Estado de las milicias populares o utilizando al PDVSA, a sus cuadros y trabajadores, para que se posicione y manifieste abiertamente a favor del chavismo. Incluso ha sometido a persecuciones políticas y represión a miembros del prosoviético Partido Comunista de Venezuela.
De esta experiencia y de tantas semejantes ocurridas durante el siglo XX y XXI los comunistas llegamos a una clara conclusión: no existe liberación nacional si no la dirige el proletariado como clase dirigente, junto al campesinado en los países semifeudales, y en alianza con el resto de clases populares contrarias al imperialismo. La burguesía nacional, a lo sumo, consigue la liberación formal de su país cuando se trata de una colonia, consiguiendo que pase a ser una semicolonia. Esto no solo lo demuestran las experiencias fracasadas de la burguesía nacional, sino también todas las exitosas revoluciones emprendidas por los partidos comunistas con el proletariado y el campesinado a la cabeza.
En el campo de la ideología, el chavismo demuestra, junto a las experiencias similares Latinoamericanas como Bolivia o Ecuador, la bancarrota ideológica del llamado “Socialismo del s. XXI”, que no es más que el refrito reformista de palabrería pseudorevolucionaria en defensa de los fracasados gobiernos de la burguesía burocrática. La esencia de estas ideas llevan recorriendo la historia siglo y medio, tratando de minar las posiciones de los comunistas y llevando a los pueblos a callejones sin salida. Con sus muy diferentes expresiones históricas, la esencia de estas posiciones pueden verse en el menchevismo en Rusia o en el eurocomunismo en la Europa de finales del s. XX. Esta forma de actuar burguesa pero diciéndose “socialistas” manchan el nombre del socialismo y de la revolución, convenciendo a mucha gente que lo son y dificultando así el trabajo de los comunistas.
El imperialismo: su naturaleza rapaz e hipocresía.
Es llamativo el interés de los grandes medios de las potencias imperialistas como EEUU, la UE o Reino Unido, entre otros, en Venezuela. Si bien hacíamos notar de forma irónica en los párrafos introductorios que, repentinamente, parecían estar muy preocupados por una supuesta falta de democracia y libertad en el país, debemos preguntarnos cuáles son los verdaderos intereses del imperialismo en Venezuela.
El imperialismo es un sistema caracterizado por el monopolismo, la exportación de capitales, la intensificación de las crisis y la guerra. En este contexto de tendencia decreciente de la tasa de ganancia, se agudiza la competencia por el control de recursos, infraestructuras, mercados financieros, explotación de mano de obra barata… Y como ya hemos explicado, Venezuela es una perita en dulce para estos imperialistas. El hecho de tener un gobierno de la burguesía compradora que permita un acceso más sencillo y garantizado a todas estas infraestructuras, recursos, mercados, capitales… es casi estratégico para muchos países como China, los de la UE (entre las que se encuentra España), Reino Unido, Canadá y, especialmente, EEUU.
Precisamente en contra de estos deseos, Venezuela es, junto con Cuba, el país de la región que más resistencia ha opuesto a las potencias imperialistas que tradicionalmente lo han dominado, especialmente EEUU. Como hemos mostrado anteriormente, esta relación de dependencia se mantiene, pero ahora con un carácter diferente: la burguesía burocrática chavista ahora genera más dificultades para vender el petróleo venezolano y se vende también al imperialismo chino. Todos estos factores ayudan a explicar la insistencia de los medios de comunicación en el país americano.
Y, en todo este contexto, ¿qué papel juega España? Como ya se ha comentado en otros artículos, documentos y comunicados que hemos escrito, España es una potencia imperialista de segundo orden, pero con una presencia muy importante en el Norte de África y en toda Latinoamérica, lo que hace que la oligarquía financiera mire con lupa lo que pasa en Venezuela. De hecho, tal y como reconocía prensa conservadora como El Español, la oligarquía española se juega más de 500 millones de euros en función de la situación del país. Si bien la situación no es tan catastrófica como marcan estos medios, esta noticia nos da a entender que la oligarquía financiera española tiene mucho interés en quién gobierna en Venezuela y cómo va a segurar las condiciones y estabilidad de sus inversiones.
En el mismo artículo, nos marcan los sectores donde los monopolios españoles tienen más inversiones: petrolero, gasístico y financiero. Es decir: recursos naturales claves para asegurar la acumulación y rotación de capital, y el sector bancario. No obstante, no se debe olvidar cómo los intereses de la oligarquía están entrelazados. Muchos sectores tienen inversiones y participaciones en otros. Los mismos medios que bombardean sistemáticamente sobre la situación del país, no son una excepción. En el caso particular de España, hay casos que, si bien son anecdóticos, dan a entender de forma muy palpable los intereses en juego: el Grupo Prisa lleva tiempo llevando una campaña particularmente insistente en contra del gobierno de Venezuela. El Grupo Prisa es un monopolio español que, entro otros, engloba medios como Santillana, El País, Moderna, Cadena Ser, los 40 o el Diario As. Entre los principales accionistas del grupo, con un 4,15% de participación, está el Banco Santander. ¿Y qué tiene que ver esto? Que el Banco Santander fue nacionalizado por el gobierno de Chávez en 2008. Este es un ejemplo palpable de la tesis que se comentaba previamente: cómo se entrelazan los intereses de los diferentes sectores de la oligarquía y cómo los medios no son ajenos a esta dinámica. Dentro de este grupo, como ya hemos comentada, está Santillana. Santillana tiene una basta red de distribución de libros tanto educativos como de literatura. No es un misterio, ni es muy difícil de deducir, los intereses que tiene un grupo como Prisa, ni los sucesivos enfrentamientos que ha tenido con los diferentes gobiernos chavistas.
Si bien es verdad que el gobierno venezolano constituye un enemigo para la revolución en Venezuela y su verdadera liberación nacional, no podemos perder de vista que el principal enemigo de los pueblos del mundo en la oligarquía financiera, a la cabeza de la cual está la superpotencia estadounidense. No es un secreto para nadie que el brazo de los Estados Unidos en Venezuela es la oposición política ultraderechista del chavismo, que avisa que privatizará toda empresa estatal si consigue llegar al poder. El vínculo entre la oposición y EEUU es tan estrecho que las sanciones se imponen o levantan en función del desarrollo de las negociaciones con el chavismo.
Resulta verdaderamente repulsivo que un país como EEUU, reconocido abiertamente como genocida, que ha perpetrado decenas y decenas de golpes de Estado para preservar los intereses de su oligarquía, que ha lanzado tantas guerras con el único fin de expoliar a las naciones y que es el mayor opresor de pueblos que ha habido en la historia de la humanidad, se las dé de demócrata y exija, junto al resto de ratas imperialistas, supervisar las elecciones de otro país. Hay una lista casi interminable de países dominados por la burguesía compradora afín al imperialismo yanki cuyas democracias y procesos electorales se reconocen como un chiste. Esa lista podría comenzar por el narcoestado colombiano, en particular de los tiempos del ex presidente Uribe, continuaría por el actual ilegítimo gobierno de Dina Boluarte en Perú y podría acabar por el Estado indio, gobernado por un partido fascista que cuenta con la organización paramilitar más grande del mundo a su servicio, y donde el Partido Comunista de la India (maoísta) desarrolla una guerra popular por la verdadera liberación nacional. Sin embargo, de todos ellos la mayoría del pueblo no ha oído ni una palabra por parte de los mismos medios de comunicación.
¿Cuál es la posición de los comunistas?
Primero, rechazar la farsa propagandística de los imperialistas encabezados por EEUU. Cualquier intento de pasar sus posiciones por democráticas son un insulto a los pueblos del mundo.
Segundo, reconocer en la burguesía nacional de las semicolonias es incapaz de emprender ningún proyecto de liberación nacional. Muy al contrario, en su lógico desarrollo, o se suma a la burguesía burocrática o termina saliendo del proyecto. En ese proceso coopta sectores de las masas y se vuelve contra el pueblo, reprimiendo las legítimas protestas o la organización revolucionaria por la verdadera liberación nacional. En toda esta experiencia vemos también cómo la estatalización no tiene necesariamente nada de progresista y es una forma más de propiedad de los medios de producción dentro del capitalismo.
Tercero, debe combatirse ideológicamente las ideas propias del socialismo del s. XXI o cualquier refrito de las ideas fracasadas del revisionismo, que niegan los éxitos de las revoluciones comunistas y no hacen más que confundir a los activistas y revolucionarios del mundo, dificultando la constitución o reconstitución de partidos comunistas en el mundo que puedan tomar el poder y liberar a las naciones dominadas.
La vía de liberación del pueblo venezolano pasa por la revolución democrática dirigida por el proletariado y junto al campesinado para construir, en alianza con las clases progresistas oprimidas por el imperialismo, la Nueva Democracia, la dictadura de las clases progresistas encabezadas por el proletariado para deshacerse de la dominación imperialista y enlazar este proceso para la construcción del socialismo.
