Capitalismo burocrático y narcotráfico en el Ecuador

Desde hace tres años Ecuador aparece en las noticias por su violencia en las cárceles, en las calles y la presencia cada vez mayor del narcotráfico. En este artículo trataremos de responder a la pregunta central, ¿qué está pasando en Ecuador?, desde la visión del marxismo-leninismo-maoísmo, y lo haremos a través de los siguientes puntos:

  • La visión burguesa de los “Estados fallidos”, un engaño para los pueblos”. Repasamos el concepto de “Estado fallido” que utiliza la intelectualidad burguesa para referirse a la situación política y social de muchas semicolonias y cómo es un concepto en manos del imperialismo para tergiversar la realidad. Una vez vista la perspectiva burguesa, pasamos a analizar la situación desde la ideología revolucionaria.

  • El capitalismo burocrático, ecosistema para el desarrollo del narcotráfico”. El imperialismo implanta el capitalismo burocrático en las semicolonias que necesita dominar para expoliar. Al hacerlo, genera las condiciones para que el narcotráfico pueda aparecer y desarrollarse.

  • El Estado burocrático y el narcotráfico aplastan juntos a las clases populares”. Analizamos qué teme el pueblo del narcotráfico, pero también cómo el Estado burocrático aprovecha la situación para militarizar la sociedad y legislar en favor de la burguesía y contra el pueblo. No solo eso, sino que una parte de la clase dirigente del Estado, la burguesía, es parte del narcotráfico.

  • No hay unidad posible con la burguesía compradora”. La supuesta “unidad nacional” contra el narcotráfico es una farsa que trata de confundir al pueblo ecuatoriano. Las masas no pueden aliarse ni con quienes le reprimen y torturan ni con la burguesía que forma parte del narcotráfico y es la máxima aliada del imperialismo.

Pese a que este artículo se centra en la situación actual del Ecuador y de ahí se extraen la mayoría de los ejemplos, las tesis son en general comunes allá donde se dé el capitalismo burocrático y el narcotráfico.

La visión burguesa de los “Estados fallidos”, un engaño para los pueblos.

La ciencia social burguesa analiza los sucesos siempre desde un prisma a conveniencia, un prisma donde no se señalan de forma clara a los enemigos del pueblo ni, por supuesto, se evidencia la necesidad de la revolución o su camino. Cuando sus conclusiones no son simples mentiras son, a lo sumo, reflejo de algún aspecto verdadero pero parcial de la realidad.

Los académicos burgueses necesitan justificar su misma existencia y edulcorar la opresión capitalista con teorías y conceptos de todo tipo, por mucho que sirvan poco para explicar la realidad. A veces simplemente se dedican a reelaborar refritos de ideas anteriores. El concepto de “Estado fallido” es uno de esos conceptos que inventan desde sus poltronas teóricas y cátedras universitarias, que luego toman los intelectualillos de segunda para tergiversar la realidad y que finalmente los periodistas reproducen automáticamente en periódicos y telediarios. Como consecuencia, hoy leemos que Ecuador es ya un Estado fallido, así como recurrentemente lo es México o multitud de países africanos, dando a entender que “en estos países”, racismo incluido, no puede haber democracia, no pueden autogobernarse, que “su cultura” es incompatible con el orden y la paz.

Pero, ¿qué es para ellos un “Estado fallido”? La intelectualidad burguesa lo define a partir de los niveles de corrupción de un Estado, de su inestabilidad política, criminalidad, etc. Por tanto, lógicamente, los “Estados fallidos” son siempre semicolonias, Estados dominados por el imperialismo por la vía política, económica e incluso a menudo militar, pero donde existe formalmente una soberanía nacional.

Los llamados “Estados fallidos” no surgen porque sí, como si estos Estados existieran con independencia del resto, como si no estuvieran bajo relaciones de dominación. Para que los imperialistas lleven a cabo su forma de dominación son necesarias la corrupción y profunda pobreza que inevitablemente conllevan inestabilidad política y criminalidad. Por tanto, es absurdo entender que una semicolonia pueda ser un “Estado fallido”. Si los voceros de la burguesía no fueran tan cínicos como son, deberían reconocerlos como “Estados exitosos”, pues son como el imperialismo exige que sean. De hecho, el uso del término es tan cínico que es la organización gubernamental “Fondo para la paz” de Estados Unidos la encargada de listar cuáles son y cuáles no los “Estados fallidos”.

Por tanto, ¿qué visión proyecta la burguesía sobre lo que sucede en el Ecuador? En términos generales, la idea es que se trata de un “Estado fallido” donde el narcotráfico aprovecha la corrupción y pobrezas endémicas para proliferar. En este contexto, EEUU y la Unión Europea son una importante ayuda para controlar la situación, mientras que el autoritarismo y militarismo de la sociedad (como ha hecho Bukele en El Salvador) parecen una buena opción, quizá la única, para el pueblo. De esta simplona visión de la realidad surgen los portavoces de la reacción y del revisionismo que piden “mano dura” y “unidad nacional” para detener el narcotráfico, convirtiéndose en palmeros del mismo imperialismo.

Vista la visión burguesa del fenómeno, pasemos al análisis que realizamos los comunistas desde el marximo-leninismo-maoísmo y entender por qué estas posiciones son un burdo intento de engaño.

El capitalismo burocrático, ecosistema para el desarrollo del narcotráfico.

El capitalismo burocrático es la forma de capitalismo que los imperialistas instauran en los países que un día fueron sus colonias para seguir manteniéndolos subyugados. Este es un capitalismo injerto desde fuera que no ha surgido del propio desarrollo productivo del país y que, por tanto, no responde por completo a las relaciones productivas y sociales propias del capitalismo. Son sociedades con elementos propios del capitalismo pero también de sistemas socioeconómicos anteriores: restos de feudalismo, contradicción campo-ciudad aguda, estamentación racial radical, etc.

La clase social propia y que más frecuentemente gobierna en el capitalismo burocrático es la burguesía compradora. Esta clase social proviene de las históricas familias propietarias de cada país. En el caso ecuatoriano principalmente de terratenientes ligados a la antigua opresión colonial que amasan su primera fortuna mediante el despojo a las comunidades indígenas, y que hoy mantienen a sus países únicamente como primario-exportadores. De hecho, la mayoría de semicolonias pueden identificarse solo observando sus exportaciones. Como clase comerciante que basa su poder en una opresión brutal, se alía con la clase terrateniente para exportar su producción y mantiene el desarrollo productivo del país congelado.

Como ejemplo concreto el actual presidente del Ecuador, Daniel Noboa, es el hijo de uno de los empresarios más ricos del país cuyo núcleo de negocio proviene de la producción y exportación del banano. Este auge bananero fue posible gracias a la intervención a mediados del s.XX de la Standard Fruit y United Fruit Company, multinacionales estadounidenses dedicadas a la importación de fruta históricamente conocidas por su control político, económico y robo a manos llenas en buena parte de Latinoamérica, además de por la brutalidad desplegada para defenderlo. El emporio de “El Bananero”, como lo llama el pueblo, se compone de 134 empresas mediante las que también produce otras materias primas (harina, avena, café…) y controla todo lo necesario para la exportación internacional (naviera, licencias de exportación, embalaje, etc.). Sus negocios se extienden también a la banca y los seguros.

Este capitalismo burocrático es el que permite a los países imperialistas someter a las semicolonias pese a haberles otorgado libertad política formal. ¿Qué políticas impulsan para ello?

1. Apropiación de la materia prima. Los imperialistas se alían con la burguesía compradora y terrateniente para el expolio de los recursos del país, principalmente del sector minero, energético y agropecuario. Su control político del país promueve que estos países sean, por lo general, únicamente exportadores de materias primeras o producción simple.

2. Industria ligera con mano de obra barata. La investigación y las operaciones industriales delicadas se hacen donde existe la mano de obra cualificada, la estructura industrial y las condiciones sociales para llevarla a cabo, es decir, por lo general en los países imperialistas. No obstante, en las semicolonias pueden producirse aquellos productos técnicamente sencillos que salen muy baratos con salarios bajísimos, precariedad laboral y grandes cuotas de paro. Estas son operaciones como enlatado de alimentos, industria textil o ensamblaje (por ejemplo, de las partes de los vehículos).

3. Infraestructura mínima y necesaria para llevar a cabo estas operaciones. Las carreteras, los puertos y los lugares seguros en los centros urbanos más importantes de estos países responden a la única necesidad de garantizar estas operaciones. En cuanto al resto del país, existen grandes extensiones donde el Estado simplemente no existe.

Para llevar a cabo este tipo de políticas es necesario generar una dirección y administración del Estado corrupta: políticos, poder judicial, policías, militares, alto funcionariado, gestores de las empresas estatales, etc. Esto permite a la oligarquía financiera penetrar con facilidad y que el Estado venda el país a potencias extranjeras o sus aliados nacionales: concesiones extractivas, licencias de exportación, hacer la vista gorda ante el asesinato de activistas y revolucionarios que luchan contra la minería, legislación en favor del mantenimiento del semifeudalismo, etc.

Pero hacerlo conlleva que los gestores del Estado no sean solo corruptibles hacia los imperialistas, sino que también lo sean hacia el narcotráfico. Por ejemplo, en el reciente “caso Metástasis” del Ecuador se detuvieron a jueces, fiscales y policías entre los que se encontraban Wilman Terán, juez de la Corte Nacional de Justicia y el presidente del Consejo de la Judicatura, o Pablo Ramírez, exdirector de Antinarcóticos. Quienes se enriquecen al permitir el expolio imperialista son los mismos que introducen y protegen el narcotráfico desde el Estado.

Por otra parte, las precarias condiciones de subsistencia que son útiles a los imperialistas para generar mano de obra barata (e incluso siervos), que lleva a niños y adolescentes a trabajar en la calle, son el caldo de cultivo para la aparición de bandas criminales. Estas bandas son las que, con el desarrollo del narcotráfico, pasan a multiplicarse y convertirse en su fuerza de combate en el día a día, aliándose con los cárteles de la droga y constituyéndose como la franquicia local de una especie de “multinacional ilegal de la droga”.

¿Por qué el narcotráfico no crece y opera igual en Europa? A diferencia de las semicolonias, la oligarquía financiera construye Estados sólidos en los países industriales imperialistas donde las operaciones productivas más delicadas se llevan a cabo, donde se debe investigar, donde la distribución y comercialización de mercancías de forma generalizada debe funcionar, etc. Para ello, la oligarquía tiene un férreo dominio sobre el Estado: los políticos burgueses saben que su posición depende de lo bien que le vaya a la burguesía internacional, los cuerpos represivos están bien instruidos, etc. En general, la oligarquía financiera puede permitirse mantener su poder dentro de la propia legalidad burguesa. Existe la corrupción, pero normalmente local y puntual. También existen mafias con mucho poder, sí, pero solo pueden permitirse la distribución de droga, la extorsión y la inversión en negocios legales que en ningún caso llevan a la violencia callejera en un conflicto armado abierto contra el Estado. En definitiva: el narcotráfico crece y domina allá donde el imperialismo genera condiciones para que lo haga.

El Estado burocrático y el narcotráfico aplastan juntos a las clases populares.

Los cárteles del narcotráfico son un sector profundamente reaccionario y antipopular que se alía con distintos estamentos de la burguesía y clase terrateniente en función de la coyuntura. Integran como fuerza de choque callejera a los hijos de las familias más pobres de las clases populares, en particular del semiproletariado. A la pequeña burguesía y al semiproletariado les chantajea mediante lo que se llaman “vacunas”, exigiendo un pago recurrente a cambio de no acabar con su negocio o su vida. El consecuente aumento de la criminalidad dificulta el día a día de las clases populares. Sus barrios, medios de transporte y lugares cotidianos se vuelven peligrosos. La intelectualidad y parte de las clases medias temen los secuestros y la violencia de la calle. La burguesía nacional ve difícil cualquier tipo de progreso con una inestabilidad tan aguda.

Pero el pueblo no solo debe temer al narcotráfico. El Estado, incluso en las circunstancias de conflicto interno abierto contra el narcotráfico, sigue siendo un enemigo directo. No podemos olvidar que la supuesta guerra Estado vs narcotráfico es una caricatura de la realidad. Buena parte de la propia burguesía que maneja el Estado está implicada en el negocio del narcotráfico: parte de los estamentos más altos del Ejecutivo, del Poder Judicial, del ejército o de la policía trabajan para los cárteles. Además, el narcotráfico necesita los canales de exportación de la burguesía compradora para hacer salir la droga del país. Por ello, el narcotráfico se alía con parte de esta burguesía que, en el caso ecuatoriano, se fundamentó en el sector bananero. Esta alianza no se queda en la exportación, sino que el tejido empresarial de la burguesía compradora es una de las formas de blanquear el dinero del narcotráfico, convirtiéndose así en “burgueses de pleno derecho” y generando contradicciones entre los distintos sectores de la burguesía compradora. Otra manifestación de esta alianza está en la minería ilegal que llevan a cabo mafias ligadas con el narcotráfico, que venden lo extraído a empresas legales que sí pueden comercializar fácilmente los minerales, llegando a generar en 2022 unos ingresos calculados en 810 millones de dólares, con un potencial futuro mayor incluso que el de la minería legal.

En este proceso de guerra interna el Estado nunca desaprovecha para hacer avanzar la agenda reaccionaria y aumentar la explotación y opresión del pueblo. El ejemplo más cercano es el del Ecuador, donde “El Bananero” ha planteado ya reformas profundamente antipopulares. Aprovechando la inseguridad, propuso el día 3 de enero la organización de un referéndum cuyas preguntas tratan de legitimar casi cualquier acción que pueda llevar a cabo la policía y el ejército, la no prisión preventiva para cualquier policía o militar mientras se le investiga y, de paso, la vuelta a la legalización de los casinos y casas de juego (¿para facilitar lavar el dinero? ¿Por qué quiere que su conglomerado empresarial y el de “su papi” se expanda al sector del juego?).

El 8 de enero retiró esta propuesta de referéndum para proponer otra batería de cuestiones. Entre ellas pide que la policía y militares sean juzgados en tribunales especiales para fomentar su protección y que se puedan llevar a cabo “indultos durante la sustanciación de las causas penales a los servidores de la Policía Nacional, Fuerzas Armadas o del Cuerpo de Seguridad y Vigilancia de Penitenciaria a quienes se haya imputado un delito relacionado con el uso de la fuerza en contra de sospechosos de delitos”.

“El Bananero” no ha desperdiciado la oportunidad para favorecer a la burguesía compradora, su clase. Primero, incluyendo una pregunta en el referéndum para que el Estado “promueva la inversión extranjera y reconozca el arbitraje internacional como método para solucionar controversias en materia de inversión”, es decir, dejar en manos de instancias del imperialismo la legalidad de las inversiones de la oligarquía, normalmente extractivas. Segundo, reformar el Código del Trabajo para legalizar los contratos por horas, precarizando legalmente el empleo que en la realidad del país es ya de unas condiciones draconianas.

No hay unidad nacional posible con la burguesía compradora.

En este proceso, el Estado y sus voceros reaccionarios tratan de glorificar a los milicos y a los chapas (como despectivamente llama el pueblo al ejército y policía). Estos son los cuerpos represivos que mataron a 11 y 8 personas durante los paros nacionales (huelgas generales) de 2019 y 2022 respectivamente, además de detener a miles de personas; son quienes extorsionan a diario al pueblo para recibir coimas (sobornos) a condición de evitar cualquier tipo de problema; quienes en los años 80 y 90 ejecutaban a activistas, revolucionarios y personas sin relación alguna cuando el movimiento revolucionario estaba al alza; y son también los cuerpos cuyos mandos trabajan precisamente para los cárteles del narcotráfico (cabe recordar, como se mencionaba con anterioridad, la reciente detención del exdirector de antinarcóticos).

En estos contextos, como ya está sucediendo en Ecuador, el imperialismo introduce a su ejército. En este caso, como en la mayoría, se trata de los Estados Unidos. Como ya ha ocurrido en Latinoamérica, comenzando por el caso peruano, o como sucede también en Filipinas, bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico el ejército yanki pasa a ser una fuerza importantísima de defensa del Estado destinada a combatir a las fuerzas revolucionarias.

En este ejercicio de lavado de imagen de quien ejerce la represión a diario, parte del pueblo cae debido al miedo ante la falta de un proyecto revolucionario claro. Se llega a normalizar el abuso y las torturas que los militares están ejerciendo contra los detenidos, ya sean miembros de bandas, delincuencia menor o solo alguien que pasaba por allí y que normalmente es racialmente sospechoso para el ejército. Este proceso de fascistización constituye un peligro muy grande para las masas del país: un pueblo acostumbrado a levantarse para defender sus derechos y que ha protagonizado intensísimas y prolongadas luchas contra el Estado en los últimos años con huelgas generales que han durado semanas, ahora se encontrará con una sociedad militarizada y posiblemente con mayor división entre sectores populares, en medio de un ataque a sus derechos y condiciones de vida.

Es por ello que no existe “unidad nacional” posible contra el narcotráfico como proclaman los derechistas, puesto que el mismo Estado es cómplice del narcotráfico y la burguesía compradora parte del negocio, que además utiliza la coyuntura de miedo y militarización de la sociedad para hacer retroceder los derechos del pueblo (en materia laboral, subida del IVA, expolio abierto de sus recursos, etc.).

Por ello los revolucionarios debemos estudiar esta situación, dar a conocer cómo el imperialismo es la partera del narcotráfico y continuar luchando en nuestro país hasta la derrota del Estado capitalista. Este deber es todavía mayor considerando que España es una potencia imperialista que, aunque de segundo orden, históricamente a expoliado a Ecuador y sigue siendo partícipe del dominio de la oligarquía financiera sobre este país y sobre el resto de Latinoamérica. No hay que olvidar que el debilitamiento del Estado imperialista es también el debilitamiento del capitalismo burocrático instaurado en las semicolonias.

Nadie que se reconozca como revolucionario puede caer en la demagogia de la “bukelización” o procesos reaccionarios similares. Apoyar esta supuesta “unidad nacional” y “al Bananero” como hacen algunas organizaciones reaccionarias (Frente Obrero entre otras) en pos de una infantilísima “mano dura” (¿contra el pueblo?) en una carrera por ver quién parece el más duro de internet es desconocer lo más básico de la teoría del imperialismo, desconocer la situación particular del Ecuador y supone convertirse en un traidor de las masas y de la clase obrera internacional.