Comunicado | Pedro Sánchez y la crónica de un teatro

El oportunismo personalista contra la instrumentalización del poder judicial.

Estos últimos días ha estado en el centro del debate público las denuncias de Manos Limpias a Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez. La organización, conocida por sus vinculaciones con la ultraderecha y que se dedica a intervenir en la política burguesa mediante querellas la ha acusado de tráfico de influencias. Ante esto, Pedro Sánchez ha publicado una carta personalista en el que califica la actuación de Manos Limpias como un ataque a la democracia y con un claro chantaje al pueblo: o se defiende al presidente, o se defiende a la derecha.

Huelga decir que la democracia que llama a salvar es la democracia burguesa, la forma de gobierno que tiene como función fundamental garantizar la estabilidad de los monopolios.

Dentro del campo burgués, la capa que tiene en propiedad dichos monopolios es la oligarquía financiera, y que para proteger sus intereses impulsa su agenda política. Esta es la que delimita el terreno de juego de toda fuerza parlamentaria. Dentro de este marco, las distintas fuerzas parlamentarias se diferencian en que anteponen los intereses de distintas clases, capas y sectores en distinto orden, que podemos agrupar en dos formas de llevar adelante la agenda de la oligarquía:

  • La forma la derecha y ultraderecha parlamentaria: más directa en el ejercicio de la represión, explotación, opresión y dominación, teniendo como base social el campo burgués (gran, mediana burguesía, alto funcionariado y fuerzas represivas) y la base de masas que puedan movilizar mediante sus aparatos ideológicos (capas populares de corte conservador).

  • Y la forma de la izquierda parlamentaria (de la socialdemocracia y el reformismo): más gradual, que trata de sembrar el conformismo entre la aristocracia obrera y la pequeña burguesía, y por extensión a las amplias capas populares.

Así pues, aunque estos dos bloques representen los intereses de la oligarquía financiera, existen conflictos por imponer su agenda política.

La derecha, vinculada más directamente a las élites reaccionarias, usa la posición de poder de jueces y militares para atacar a sus adversarios políticos en el campo parlamentario. Sus blancos no son exclusivamente los políticos burgueses de izquierda, sino también atacan directamente a los trabajadores y otras masas populares, para hacerles retroceder en derechos de forma más rápida. Este tipo de ataques políticos son frecuentes en las democracias burguesas en general.

En este caso en particular, la organización Manos Limpias es una organización ultraconservadora directamente vinculada al poder judicial. La derecha parlamentaria es capaz de explotar estos vínculos más estrechos con los sectores más reaccionarios para saltarse la separación de poderes con el objetivo de asestar un golpe su adversario político.

Ante esto, la opción del PSOE ha sido una huida hacia adelante de carácter personalista y movilizar a su base electoral para defender al Pedro Sánchez, presentando la siguiente dicotomía: o se está con Pedro Sánchez y, por extensión, la democracia, o se está con Manos Limpias y la derecha antidemocrática.

No podemos olvidar de que el hecho de que existan este tipo de grupos, como Manos Limpias o Abogados Cristianos, que son usados para puentear los cauces de la democracia burguesa, presenta una amenaza a los derechos democráticos conseguidos por las masas, y no sólo han atacado a políticos burgueses sino a activistas.

La socialdemocracia siempre ha actuado de manera oportunista en lo que se refiere a defender los derechos democráticos de las masas, porque equiparan derechos democráticos a estabilidad del Estado democrático capitalista. Esto significa que a veces han llamado a movilizarse “por la democracia” en abstracto, alienando a todos aquellos que intuitivamente sienten rechazo por los políticos burgueses y sus juegos de poder; y en múltiples casos han recortado los derechos democráticos de las masas precisamente para hacer más estable la democracia burguesa.

Pero actualmente, debido al estancamiento continuo del capitalismo en su fase imperialista que lleva a la oligarquía financiera a imponer una agenda cada vez más asfixiante para las masas trabajadoras, que lleva a las democracias burguesas a ser cada vez más indolentes, más represivas, más reaccionarias, los socialdemócratas y la izquierda reformista en general han defraudado tanto a su base que han evolucionado a ser maquinarias electorales personalistas, así que en esta ocasión Pedro Sánchez ha optado por defenderse amenazando con desestabilizar el Estado para que grupos de poder burgueses intervengan para frenar a Manos Limpias.

El hecho de que existan grupos de extrema derecha actuando a su antojo, con toda la potestad y legitimidad dotadas por las instituciones, representa otra amenaza para las masas: hoy, sólo actúan terreno legal, pero en un futuro podrían actuar mediante matonismo.

El oportunismo socialdemócrata es cómplice de que dichos grupos campen a sus anchas: ha llevado a esta situación a base de chantajear y amordazar a las masas durante décadas, de manera que ahora existe una confusión paralizante entre ellas sobre hasta qué punto están defendiendo sus libertades y derechos democráticos y hasta qué punto están defendiendo a políticos oportunistas.

Con esto, es necesario tener en cuenta que la separación de poderes no es más una garantía burguesa para salvaguardar su propio Estado, pero saltarse continuamente esta separación es un síntoma de la pérdida de las pocas garantías y libertades para las masas que nos puede ofrecer el régimen democrático burgués. Y tampoco podemos olvidar el carácter represivo de la socialdemocracia, que ha llevado a cabo operaciones contra las masas organizadas como permitir el espionaje de los cuerpos represivos a movimientos activistas, o la represión de huelgas utilizando vehículos blindados.

Y aun así, los derechos democráticos que podamos arrancar o defender en el capitalismo tienen fecha de caducidad. La única forma que tenemos como clase para plantar cara de forma real a este capitalismo en descomposición y sus consecuencias para las masas, es luchar por la reconstitución de un partido que sea capaz de organizar a los más avanzados de entre la clase obrera, que sirva de herramienta para la revolución socialista: el Partido Comunista.

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