¡Defendamos el legado revolucionario de Stalin!

El 5 de marzo de 1953 falleció el camarada Stalin, Iósif Vissariónovich Dzhugashvili. Aunque Stalin es probablemente el líder comunista contra el que más propaganda burguesa se ha vertido, mientras vivió no solo fue una referencia para comunistas y revolucionarios honestos como lo sigue siendo hoy, sino para el movimiento obrero y popular de todo el mundo.

A su muerte, la burocracia soviética acaudillada por Nikita Jruschev dio un Golpe de Estado en la Unión Soviética e impuso el llamado proceso de “desestalinización”. Este proceso fue una caza de brujas dirigida contra los verdaderos revolucionarios militantes en el Partido Comunista de la Unión Soviética. En él, se convirtió a Stalin en el cabeza de turco de todos los errores y supuestos excesos del proceso revolucionario y la construcción socialista en la URSS, exagerándolos o directamente inventándolos para fomentar el reformismo en el Movimiento Comunista Internacional y para ampliar los privilegios de la burocracia soviética, poniendo rumbo a la restauración capitalista en la URSS.

Basta un vistazo a la falta de argumentos políticos serios en el infame “Discurso secreto de Jruschev” en el XX Congreso del PCUS, en que se impuso la “desestalinización”; o al revisionismo explícito del XXII Congreso, negando la dictadura del proletariado y la necesidad de que la clase obrera tomara el poder mediante una revolución.

Como comunistas, no puede asustarnos lo controvertido: ni la propaganda del sistema ni las valoraciones interesadas de quienes echaron todo el potencial revolucionario del primer Movimiento Comunista por la borda. Debemos esforzarnos por estudiar y defender el legado revolucionario de Stalin, sus contribuciones y enseñanzas como un dirigente comunista de una magnitud que solo Marx, Engels y Lenin alcanzaron antes que él.

Experiencia como militante revolucionario

Durante los años de la construcción del Partido Bolchevique y la etapa pre-revolucionaria y revolucionaria, Stalin destaca como el militante comunista “para todo”. Con muy pocas excepciones, tanto quienes le atacan como quienes le defienden, señalan que lo más característico de Stalin antes y durante la Revolución de Octubre es su capacidad de convertir las ideas de los bolcheviques en una fuerza social objetiva: desde golpes clandestinos al Estado hasta enormes movilizaciones pacíficas, pasando por la organización de milicias obreras para proteger a los trabajadores frente a las Centurias Negras, hasta el liderazgo en huelgas insurreccionales y actividad guerrillera.

Esta actividad revolucionaria polifacética le da a Stalin una comprensión profunda y, a la vez, aplicada, de las ideas comunistas. No obstante, es en la construcción de la Rusia Soviética, especialmente tras la muerte de Lenin, cuando Stalin empieza verdaderamente a destacar.

Síntesis del Marxismo-Leninismo

Su primera gran contribución es en el terreno de las ideas. Durante los años 1920, desde antes incluso de que Lenin fallezca, comienza una intensa lucha entre líneas de los dirigentes bolcheviques. Aunque todos los líderes bolcheviques dicen basarse en las contribuciones de Lenin, dado que éstas han demostrado ser ciertas, se utilizan los mismos libros y artículos de Lenin para defender posturas totalmente contrarias en muchos campos: cuáles son las claves que permitieron la Revolución de Octubre, cómo funciona el capitalismo ahora que está en su fase imperialista, cómo deben relacionarse las y los comunistas con las organizaciones de lucha de las masas, etc.

Stalin se da cuenta de que el problema de fondo está en que no se ha estudiado y asimilado la enorme experiencia revolucionaria que los bolcheviques han vivido en muy pocos años, y que eso hace que las contribuciones teóricas de Lenin, que son las que han ido guiando el camino a seguir, sean tratadas de manera dispersa, sin incorporarlas de manera sistemática al cuerpo científico que es el Marxismo.

De esta manera, igual que Engels hizo un esfuerzo enorme por digerir las aportaciones teóricas de Marx y de sí mismo para que estuvieran integradas y pudieran ser asimiladas por las y los revolucionarios, terminando de sintetizar el Marxismo como una etapa coherente e identificable de la ciencia revolucionaria, Stalin se esforzó por hacer lo mismo con las aportaciones de Lenin.

En lugar de utilizar las obras de Lenin como “almacenes de citas” de las que poder sacar justificaciones para sus políticas, Stalin estudió la enorme obra teórica de Lenin, generalmente repartida en polémicas e infinidad de cartas y artículos, y las sintetizó en un cuerpo ideológico, político y organizativo sistemático, haciendo avanzar la ciencia revolucionaria hacia una nueva etapa con avances en todas sus vertientes: el Marxismo-Leninismo.

Gracias a ello el Movimiento Comunista, organizado en la Internacional Comunista, pudo desarrollar las importantes experiencias revolucionarias de la primera mitad del siglo XX, incluyendo la que sería el fruto de las más importantes contribuciones tras las síntesis del Marxismo-Leninismo: la Revolución en China.

Explicado con algunos ejemplos, es por ello que, hoy en día, cualquiera que quiera organizarse como comunista puede encontrar una serie de obras de Lenin de referencia (por ejemplo, el “Qué Hacer”, el “Imperialismo, fase superior del capitalismo” o el “Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”), una serie de estudios de otras obras de Lenin y experiencias revolucionarias bolcheviques que desarrollan sus puntos de vista o los conectan entre sí (“Fundamentos del Leninismo” o “Cuestiones del Leninismo”), un modelo de Partido Comunista (el Partido de Nuevo Tipo), un modelo organizativo claramente definido para dicho Partido (el centralismo democrático) y toda una serie de herramientas y grandes líneas políticas de referencia que sirven como base para aplicar de manera adaptada y creativa ante distintas situaciones (el frente único, el frente popular…).

Stalin dirigió el enorme esfuerzo teórico que supuso sintetizar las aportaciones de Lenin en el Marxismo-Leninismo, dando así una muestra de la diferencia entre las ideologías burguesas y la ciencia revolucionaria de la clase obrera: no se trata de plantear escenarios imaginarios sobre cómo organizar la sociedad, se trata de utilizar los conocimientos demostrados por la clase obrera en la lucha revolucionaria como base para nuevos planteamientos teóricos que, si son correctos, se traducen en experiencias revolucionarias fructíferas, a su vez llevan la ciencia de la revolución a un nuevo nivel.  

Promotor y dirigente de la construcción del Socialismo:

La segunda gran contribución de Stalin está en el terreno de la construcción del Socialismo. Dentro de quienes reconocen los logros sociales y productivos de la URSS, a menudo se muestra a Stalin como, o bien una especie de tirano acomodado que parasitaba la cumbre de la URSS, o bien una especie de “Zar Rojo”, brillante pero cruel, que desarrolló el país imponiéndose a los deseos de la población y eliminando a sus enemigos políticos.

Lo cierto es que la construcción del socialismo en la URSS no era algo sobre lo que la cúpula del Partido Comunista estuviera de acuerdo cuando Stalin empieza a proponerla a mediados de los años 20. A la muerte de Lenin, la Rusia Soviética se encontraba en un momento decisivo, en el que la llamada Nueva Política Económica (NEP), una serie de políticas capitalistas de Estado que buscaban reconstruir el país tras la guerra civil revolucionaria y acumular capital para tener unas bases desde las que crecer, estaban agravando las desigualdades, cansando a la población trabajadora y había que decidir cuándo terminaban, porque socavaban las bases del poder obrero.

Ante este problema, la cúpula bolchevique estaba enormemente dividida. Algunos, como Bujarin, planteaban que la NEP debía continuar, y que realmente las desigualdades no eran problema e incluso podían agravarse. Otros, como Zinoviev, Kamenev y, desde otros puntos de vista, también Trotsky y sus seguidores, estaban resignados a que la URSS siempre sería un país atrasado y semi-dependiente, así que o bien debía vegetar en esa situación (Zinoviev y Kamenev) o debía ser dirigido con puño de hierro a la vez que se volcaban los esfuerzos en una revolución mundial que permitiría que la atrasada Rusia fuera el eslabón atrasado de un sistema socialista mundial (Trotsky)[1]. Todos ellos, en resumen, defendían de una manera u otra que Rusia fuera o estaba destinada a ser capitalista.

Es Stalin quien plantea que es posible construir el socialismo en un país atrasado como Rusia si se cuenta con la voluntad de las grandes masas de la población trabajadora y se rompe con las lógicas de la rentabilidad capitalista, que son las que mantienen en el subdesarrollo a Rusia en comparación a otros países europeos. Es con ese planteamiento con el que Stalin gana el apoyo mayoritario de la población trabajadora soviética y de los representantes del Partido, especialmente a niveles bajo y medio. Una política que no era para nada el punto de vista de la cúpula del Partido Comunista a la muerte de Lenin, sale adelante con el entusiasmo de la población, que, de hecho, se lanza incluso a constituir brigadas para aumentar la producción (siendo conocido el fenómeno del Estajanovismo).

Comprobamos así cómo, aunque aparezcan con muchas formas distintas, en el fondo todas las líneas políticas que no rompen decididamente con el capitalismo ni confían en las masas y su potencial revolucionario son una misma línea política burguesa.

Además, Stalin no presenta el punto de vista de la construcción socialista de forma demagógica, no convence a la población a base de mentiras. En ningún momento se oculta que habrá cosas que puedan salir mal, que puede haber sacrificios. La cuestión es que, en los años 20, la decisión para la población soviética no es si hacer o no sacrificios para desarrollar el país, sino si hacer sacrificios hoy para vivir dignamente en una o dos décadas, o seguir malviviendo en el atraso y la falta de recursos hasta que la situación sea insostenible y se vuelva al orden social capitalista, pero bajo dominio colonial o semi-colonial.

Frente a la resignación o la demagogia de los distintos sectores contrarios a Stalin en el PCUS, éste hace política como un verdadero comunista: hablando sin tapujos a la población trabajadora, planteando respuestas basadas en la realidad y confiando en la madurez de las masas para luchar por su propia emancipación.

El proceso que suele presentarse como el principal ejemplo de gran sacrificio, o incluso de “política criminal de Stalin”, es el de la colectivización forzosa, por la cual el gobierno soviético se lanzó apresuradamente a confiscar tierras a los capitalistas del campo (kulaks) para establecer haciendas agrícolas colectivas. Los estudios históricos no solo demuestran que el gobierno soviético hizo todo lo posible por evitar las hambrunas producidas por el enorme conflicto civil que se desató en el campo[2], sino también que, a partir de la colectivización, nunca ha vuelto a haber hambrunas en el territorio de la URSS[3].

Este proceso ha traído mucha polémica, pero solo porque se utiliza como arma arrojadiza propagandística. Es evidente para cualquiera que defienda el socialismo que tener una capa enorme de capitalistas en el campo y realizar una transición gradual al socialismo en el campo, tal y como se tenía previsto inicialmente, hubiera ofrecido a las distintas potencias europeas, tanto imperialistas democrático-burguesas como imperialistas fascistas, todas abierta y beligerantemente anticomunistas hasta finales de los años 30, un aliado interno perfecto para socavar el nuevo régimen social y todas sus conquistas.

Defender el legado revolucionario de Stalin

Sobre Stalin se han dicho infinidad de mentiras, cosa que él mismo sabía que ocurriría y asumió debido a su convicción revolucionaria.

Stalin desarrolló la ciencia revolucionaria todo lo que era posible hacerlo con la experiencia recogida hasta entonces, y la aplicó incansablemente. La burguesía lo criminaliza por ello, los reformistas, también aquellos disfrazados de comunistas, insisten en hablar de sus supuestos errores, convirtiendo la cuestión en un debate personalista sobre Stalin que no permite sacar conclusiones políticamente útiles.

Las limitaciones del proceso revolucionario soviético desembocaron en el golpe de Estado revisionista de Jruschev y en la degradación de buena parte del Movimiento Comunista Internacional, pero sería ajeno al pensamiento científico plantear esto como una responsabilidad personal de Stalin y el resto de dirigentes comunistas que concordaban con sus posturas.

No es casual que, históricamente, quienes más se han empeñado en señalar los errores y supuestos crímenes de Stalin sean quienes no los han utilizado en absoluto para fortalecer la vía revolucionaria, sino quienes los han usado como excusa para su política anticomunista o reformista.

El fracaso del primer gran proyecto de poder obrero y construcción socialista fue una de las durísimas pero valiosas experiencias revolucionarias que sirvieron a los camaradas del Partido Comunista de China (hoy degenerado en un partido único capitalista) para comprender mejor la continuación de la lucha de clases bajo el socialismo, la lucha de dos líneas dentro del Partido Comunista, el papel de las masas en la revolución, la línea de masas como una forma de llevar a un nivel superior la relación del Partido de Nuevo Tipo con las masas, entre otras grandes contribuciones del camarada Mao Tse Tung y quienes han continuado su obra.

Una etapa de la ciencia revolucionaria, el Marxismo-Leninismo, sirvió para traer nuevos triunfos y nuevos retos, retos que llevaron a nuevos avances en la ciencia revolucionaria gracias a las contribuciones de Mao. Por tanto, mucho de lo que se personifica como un error de Stalin es en realidad la ciencia revolucionaria en su encontrando sus propios límites en aquel momento.

Por otro lado, los errores políticos que Stalin pudiera cometer al aplicar el Marxismo-Leninismo en el PCUS o en la dirección del Movimiento Comunista Internacional hay que entenderlos en el marco de ser el primer líder comunista que fue, a la vez, un mandatario longevo de un país socialista muy extenso y de un Movimiento Comunista Internacional joven y formado, en buena medida, por ex militantes de la socialdemocracia con una actitud revolucionaria, pero sin la suficiente formación política.

Desde la Organización Comunista Revolución recordamos y defendemos el legado revolucionario de Stalin como uno de los más grandes dirigentes comunistas, clave para el avance de las ideas revolucionarias de la clase obrera, y seguiremos estudiando su vida y obra.

[1] Estas polémicas fueron públicas y son fáciles de encontrar entre las obras de cada uno de estos autores.

[2] Stephen Kotkin: Stalin: Waiting for Hitler (1929-1941)

[3] Grover Furr: Stalin: Waiting for…the truth

[4] Véase Documentos del XXII Congreso del PCUS