[Documentos I Congreso] La cuestión nacional

En nuestro documento congresual sobre «La cuestión nacional» explicamos que, atendiendo a que el proceso revolucionario hacia el comunismo exige determinados pasos previos (la construcción de un Estado socialista, la reivindicación de los derechos nacionales), nuestra aspiración es construir un estado basado en una formulación centralista democrática. Evidentemente esta formulación no puede arrasar los justos derechos de las naciones existentes en nuestro Estado, por ello apostamos como forma transitoria por un modelo federal, que al tiempo que garantiza el control estatal de la economía permita amplios grados de independencia cultural y social para atender a las demandas de las distintas naciones y preservar su cultura, su costumbre y sus especificidades.

[fac_button icon=»file-text» link=»http://somosrevolucion.es/wp-content/uploads/2016/02/La-cuesti%C3%B3n-nacional.pdf» target=»_self» color=»#ffffff» color_hover=»#ba2a2a» background=»#ba2a2a» background_hover=»#ffffff»]

La cuestión nacional

La cuestión nacional, y en particular el derecho a la existencia política de determinadas naciones, ha sido un tema recurrente tanto en la historia de la lucha de la clase trabajadora como en el desarrollo histórico de nuestro país. En primer lugar, debemos mencionar dos aspectos del problema, uno general y otro específico. El general, la cuestión nacional es una de las formas de manifestación de la lucha de clases moderna, los conflictos entre naciones son esencialmente conflictos que refieren a la cuestión de la democracia y la lucha contra el sistema imperialista internacional. La específica, España es un país de carácter plurinacional esto quiere decir que junto a la nación española conviven otras naciones.

La nación, en palabras de Stalin y en la definición más aceptada del término, sería “una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura”. Debemos tener en cuenta que para hablar de nación todos estos rasgos se tienen que dar a la vez y no se pueden dar unos sí y otros no. Al mismo tiempo podemos atender a de qué manera Marx y Engels resolvieron la cuestión nacional en su época, acogiendo el ejemplo de Irlanda. Ellos decían “Si bien Inglaterra es el baluarte de los grandes propietarios de tierra y del capitalismo europeo, el único punto en el que se le puede asestar un duro golpe a la Inglaterra oficial es Irlanda. En primer lugar, Irlanda es el baluarte de los grandes propietarios de tierra ingleses. Si se desmorona en Irlanda tendrá que desmoronarse también en Inglaterra. En Irlanda esto es cien veces más fácil, dado que la lucha económica se concentra allí en la propiedad territorial, dado que allí esta lucha es, a la vez, una lucha nacional y dado que el pueblo de Irlanda es más revolucionario y está más exasperado que el de Inglaterra”.

Posteriormente Lenin también situaría la cuestión nacional desde un punto de vista general, en su formulación. Decía “¿Contestar «sí o no» en lo que se refiere a la separación de cada nación? Parece una reivindicación sumamente «práctica». Pero, en realidad, es absurda, metafísica en teoría y conducente a subordinar el proletariado a la política de la burguesía en la práctica. La burguesía plantea siempre en primer plano sus reivindicaciones nacionales. Y las plantea de un modo incondicional. El proletariado las subordina a los intereses de la lucha de clases. Teóricamente no puede garantizarse de antemano que la separación de una nación determinada o su igualdad de derechos con otra nación ponga término a la revolución democrática burguesa. Al proletariado le importa, en ambos casos, garantizar el desarrollo de su clase; a la burguesía le importa dificultar este desarrollo, supeditando las tareas de dicho desarrollo a las tareas de «su» nación. Por eso el proletariado se limita a la reivindicación negativa, por así decir, de reconocer el derecho a la autodeterminación, sin garantizar nada a ninguna nación ni comprometerse a dar nada a expensas de otra nación.»

Y en estas expresiones queda condensada la actitud general de las y los comunistas ante el problema nacional. Se trata en concreto del reconocimiento a las distintas naciones a la libre separación, es decir a ejercer el derecho de autodeterminación como derecho democrático pero al mismo tiempo no exige una postura “separatista” en todas y cada una de las situaciones, si no que la postura sí/no va a depender de que postura sea más beneficiosa para el avance de la lucha de clases del proletariado. Al mismo tiempo, tenemos en cuenta que el propio derecho de autodeterminación es un problema democrático que se puede resolver en el marco del capitalismo, pues no son más que residuos de la particular configuración que tomó en los inicios del capitalismo el nacimiento de los Estados burgueses. Esto no quiere decir que las naciones desaparezcan en el socialismo, lo que quiere decir es que el problema político de la correspondencia entre naciones y Estados y por tanto la cuestión nacional es una cuestión que corresponde a la fase histórica burguesa. Esto tampoco significa una visión “mecanicista” que obligue a que el problema nacional se resuelva obligatoriamente en el seno del Estado Burgués, tenemos ejemplos históricos de que esto no es así, sino que aunque se resuelva en una fase socialista se trataría no de un problema perteneciente a esta fase, sino a una tarea anterior, una tarea democrática burguesa.

Llegados a este punto, nos podíamos preguntar ¿por qué nosotras y nosotros, comunistas, defensores de una sociedad sin clases y de la destrucción del Estado burgués debemos resolver aspectos de la democracia burguesa? La respuesta es una paradoja, una paradoja sobre la que se funda, por ejemplo, la construcción de la propia URSS. Llegados a este punto de desarrollo capitalista, las tareas democráticas no resueltas por la burguesía ya solo podrán ser resueltas por la clase trabajadora y sus luchas. En todas las épocas históricas, al futuro le toca todavía resolver problemas enquistados del pasado y esto es un caso. Más aún, la defensa de las libertades y derechos de la época burguesa en general, es una de las tareas ineludibles de la clase trabajadora y quienes somos comunistas. Esto no significa que las y los comunistas nos limitemos a defender “conquistas democráticas” y por tanto a apuntalar el Estado burgués, sino que debemos combinar con sabiduría la defensa de derechos y libertades conquistados propios de las revoluciones burguesas con un ataque profundo al Estado burgués y sus instituciones. De la combinación correcta de estas tareas, en su justa proporción atendiendo al momento histórico, depende una parte importante de los éxitos que coseche la clase trabajadora por su liberación.

De todo esto se infiere que la cuestión nacional es una manifestación de la lucha de clases en nuestra época. ¿Y qué queremos decir con esto? En primer lugar, que la lucha de clases no es una lucha puramente económica, “resistencialista” sino que se trata en lo esencial de una lucha política, en el que la clase trabajadora plantea una serie de reivindicaciones políticas y sociales que absorben también las reivindicaciones de los sectores intermedios de la sociedad y se enfrentan al poder de los monopolios y la oligarquía. La clase trabajadora en este sentido, porta un universal de reivindicaciones, que permiten la transición del capitalismo al socialismo, es decir el progreso humano. Ese universal de reivindicaciones, no es una suma de reivindicaciones parciales, sino al contrario un modelo de sociedad que debido a la posición de la clase trabajadora en la sociedad, es la única que puede resolver hasta sus últimas consecuencias.

Pero bajemos a la realidad. España como hemos dicho es una potencia imperialista de segundo orden. Esto quiere decir que no estamos ante un país subdesarrollado ni del tercer mundo, este hecho confiere una nueva dimensión a la cuestión nacional en nuestro país. Al mismo tiempo, Cataluña y Euskal Herria, los lugares donde la cuestión nacional está más candente son dos de las regiones más desarrolladas del país, y están perfectamente imbricadas sus clases dominantes en el proyecto de país oligárquico-burgués. No existe una opresión económica sobre estas regiones ni se trata de colonias del estado español. En estos dos casos, parte de los sectores populares han hecho suyo el proyecto independentista. De nuevo, esto marca una nueva dimensión a la cuestión nacional.

No obstante, sí existe un problema de encaje y opresiones culturales fundamentalmente sobre estas naciones periféricas por parte del modelo oligárquico-burgués. Es decir, sí existe un problema democrático no resuelto en el seno del Estado Español.

El objetivo de todas las burguesías es siempre el mismo. Necesitan un marco económico capitalista que les permita maximizar las ganancias y un clima social de paz que facilite esa labor. La burguesía necesita arrastrar a la clase obrera bajo sus banderas para poder modificar la correlación de fuerzas interburguesas. Esto no es nuevo en la historia de nuestro país, e históricamente es la forma en que las burguesías periféricas han intentado negociar su encaje en el Estado. Esto no invalida el carácter democrático de su reivindicación del derecho de autodeterminación pero sí sitúa el horizonte estratégico de esa reivindicación: una nueva negociación, fundamentalmente económica, con el resto de sectores burgueses para mejorar su correlación de fuerzas en el Estado.

Constatamos que la cuestión nacional en España es un problema de primer orden, se enmarca en una serie de reivindicaciones democráticas que reflejan una fuerte lucha de clases en su seno. Nuestro principio fundamental es el respeto al libre ejercicio del derecho de autodeterminación pero constatamos que una separación no es un objetivo para la clase trabajadora, por lo que nos posicionamos por el “no a la independencia” a no ser que acelere el proceso revolucionario o que directamente sean agentes revolucionarios o del campo popular quienes lideren el proceso.

Nuestro objetivo es conseguir que el Partido (en este caso hablamos del partido de la revolución) se haga Estado. Esto no significa que el Partido sustituye al Estado en el socialismo, sino que el partido lucha por reproducir en lo político, ideológico y organizativo nuestro modelo de Estado, el socialismo como fase inferior del comunismo, la sociedad sin clases. Por ello es que atendiendo a que el proceso revolucionario hacia el comunismo exige determinados pasos previos (la construcción de un Estado socialista, la reivindicación de los derechos nacionales) nuestra aspiración es construir un estado basado en una formulación centralista democrática. Evidentemente esta formulación no puede arrasar los justos derechos de las naciones existentes en nuestro Estado, por ello apostamos como forma transitoria por un modelo federal, que al tiempo que garantiza el control estatal de la economía permita amplios grados de independencia cultural y social para atender a las demandas de las distintas naciones y preservar su cultura, su costumbre y sus especificidades.