El 12 de mayo de 2024 tuvo lugar el Primer Encuentro Revolucionario de la Lucha por la Vivienda de València, organizado por el Partido Revolucionario de las y los Trabajadores (PRT) y Joventut Revolucionària (JR), con la colaboración del Sindicato de Barrio de Montolivet en la cesión del espacio.
Esta iniciativa tuvo como objetivo aportar claridad política a todo militante revolucionario o activista popular en el sector de la lucha por la vivienda, esclareciendo sus partes comunes y particularidades con el resto de luchas de resistencia contra el capital, así como el papel que debe jugar en la estrategia revolucionaria. Podéis leer los documentos completos del Encuentro a continuación:
1r Encuentro Revolucionario de la Lucha por la Vivienda (2024)
A continuación, ofrecemos un resumen de las ideas principales:
PARTE 1. El papel estratégico de los movimientos urbanos populares en la revolución
El desarrollo capitalista lleva a la creación de las ciudades como centros de administración, producción, distribución y consumo, concentrando tanto a las clases populares como a las del campo burgués. Así, la ciudad se convierte en una extensión de la lucha de clases. La explotación capitalista se extiende a todas las áreas de la vida, y, en consecuencia, la lucha de clases está presente en cada aspecto de la existencia. En este contexto, ofrecemos un análisis de clase detallado para determinar las distintas clases del campo popular y del campo burgués, y las contradicciones entre ellas. Los Movimientos Urbanos Populares (MUPs) son movimientos de masas que se dan principalmente en las ciudades, y agrupan a sectores con contradicciones directas con el imperialismo, de tal manera, tienen la capacidad de formar parte de las fuerzas revolucionarias para derrocar el capitalismo.
PARTE 2. La especulación capitalista pone en disposición de luchar a las amplias clases populares
Los magnates financieros suben artificialmente el precio de la vivienda al mantener la oferta existente por debajo de la posible, generando un desbalance con la creciente demanda en las ciudades. A su vez, los planes urbanísticos de los representantes de la burguesía buscan crear ciudades que sean bonitos escaparates para atraer turismo, encareciendo los precios y expulsando a las clases populares hacia la periferia. Estas clases populares, atraídas por las oportunidades laborales que genera el capital en el sector terciario, se encuentran en un ciclo en el que o no pueden acceder a un trabajo bien remunerado, o deben lidiar con condiciones híperprecarizadas, destinando gran parte de su salario a cubrir lo básico. De esta forma, se expulsa a las clases populares hacia la periferia de las ciudades, complementando la explotación capitalista: la extracción de plusvalía en los trabajos y el encarecimiento artificial de las condiciones de vida. Esto se traduce en un negocio sin fisuras para la oligarquía financiera, un trasvase constante de capital de las clases populares al campo burgués. La especulación está aplastando a la clase trabajadora urbana y a gran parte de las clases populares, ahogándolas en una situación precaria y sin otra salida que la lucha.
PARTE 3.1. Historia del movimiento por la vivienda en España
Desde principios del siglo XX, las luchas por el derecho a la vivienda han abordado problemáticas como el hacinamiento y la especulación. Durante la II República, la huelga de alquileres de 1931-1932 organizada por la CNT fue un hito, mientras que el franquismo y el tardofranquismo desarrollaron una política de vivienda basada en el régimen de propiedad fruto de sus concepciones ideológicas y las limitaciones de la oligarquía española en la posguerra. La crisis de 2008 desencadenó un renovado impulso para la lucha por la vivienda, encabezado por las PAHs, que centralizaron la lucha por los desahucios. Sin embargo, a partir de 2014, la cooptación de la PAH hacia el reformismo y la transición al alquiler desdibujaron su papel como herramienta de lucha popular. Esto dio paso al surgimiento de sindicatos de vivienda radicalizados por un lado, y los sindicatos de inquilinos, por otro, que buscan responder a la creciente inestabilidad habitacional y especifican nuevas formas de organización y resistencia.
PARTE 3.2. El desarrollo, conquistas y limitaciones del Sindicat d’Habitatge de València
El SHV se funda en febrero de 2023 impulsado principalmente por la que posteriormente se llamó Organització Juvenil Socialista (OJS). El nacimiento del SHV supuso un paso adelante para el movimiento, siendo una organización con una línea política más cohesionada y combativa. Sin embargo, en su primer año, el SHV ha enfrentado serias limitaciones, incluyendo el incumplimiento de objetivos, la pérdida de militancia, y un estancamiento general reflejo de una falta de estrategia. En este texto realizamos un análisis de los errores del SHV para aportar a superar la actual situación de estancamiento: como aspecto principal, el análisis de clase que vertebra la visión del sindicato confunde el proletariado como clase revolucionaria con las capas más depauperadas del campo popular, tratando de poner en el centro de toda la actividad política las necesidades inmediatas de estas capas. La especulación, como contradicción principal que posibilitaría la organización de las amplias capas populares para luchar, no guía la apuesta estratégica. La ausencia de estrategia imposibilita poder desplegar tácticas con una orientación clara, y en este contexto de confusión, se han recrudecido problemas organizativos por parte de la dirección del sindicato. La dirección del sindicato se encuentra mayormente ocupada por compañeros del Movimiento Socialista (OJS y simpatizantes), que en su práctica política priorizan la consecución de objetivos inmediatos al proceso de desarrollo político de la base del sindicato, reduciendo más y más el peso político de los espacios de base. En este contexto, la solución que propone OJS para superar el estancamiento del SHV es que este se adhiera al MS. Esto forma parte de su apuesta estratégica para evitar que el reformismo “vuelva a cooptar los movimientos populares” (como si la declaración de principios fuera alguna garantía).
A nivel estratégico, si queremos que los movimientos urbanos populares y en particular el movimiento por la vivienda organicen masivamente al pueblo contra los intereses de la oligarquía financiera, poniendo los intereses de la clase obrera al frente, poner como requisito primero la militancia o afinidad con una organización comunista es un filtro estéril que limita la amplitud del movimiento, la posibilidad de adquirir experiencia de lucha y un primer contacto con la perspectiva proletaria a quienes no están de acuerdo con las ideas del comunismo, y el aislamiento de los elementos más avanzados del resto de las capas populares. Por el contrario, para evitar que la burguesía, en forma de reformismo, coopte los movimientos populares, lo que debemos poner en el centro es el fortalecimiento ideológico, político y organizativo de la militancia popular y de los cuadros revolucionarios, para poder disputar y vencer al reformismo y otras formas de claudicación de la revolución en cada una de las batallas.
PARTE 4. Por un sindicalismo de barrio que sea herramienta de transformación de la clase obrera y el pueblo
El sindicalismo de barrio se erige como una herramienta de transformación para la clase obrera y el pueblo, recogiendo experiencias de movimientos como el okupa, las PAH y asociaciones vecinales. Este enfoque debe buscar adaptarse a las necesidades actuales de lucha popular, inspirándose en experiencias históricas como los Comités de Defensa Económica de la CNT.
El análisis revela la contradicción principal entre las capas populares y los monopolios del sector bancario, que impulsan la especulación, en particular mediante el aumento del precio del alquiler. Además, se identifican contradicciones secundarias en relación a especuladores, pequeños propietarios y el Estado. La estrategia del sindicalismo de barrio debe centrarse en restringir la acción de los especuladores y obtener reivindicaciones efectivas, como la limitación del precio de la vivienda y la ampliación del parque de vivienda pública.
El golpe principal para hacer avanzar el sindicalismo radica en «proporcionar un análisis certero de los problemas en los barrios», elevando la comprensión estratégica de la militancia y la voluntad de luchar de las capas populares. La realización de un encuentro revolucionario por la vivienda es un paso clave para desarrollar esta línea, que debe difundirse, contrastarse y completarse.
Los principios políticos que deben regir el sindicalismo de barrio son:
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Democracia obrera: mediante la participación colectiva transformar nuestra concepción del mundo para que se ajuste a poder identificar las necesidades, retos, causas, y formas de actuar adecuadas a cada situación, que solo puede hacerse con espacios de debate y decisión amplios y honestos donde la educación política es una prioridad.
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Amplitud: tratar de unir a todo el que puede ser unido para golpear al enemigo, gestionando de forma no antagónica las contradicciones en el seno del pueblo.
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Combativo: únicamente mediante la presión conseguiremos hacer ceder al enemigo ante nuestras reivindicaciones, pondremos por encima los intereses del pueblo a los de los capitalistas, y desvelaremos por experiencia propia de los participantes el carácter de clase y represivo de todos los estamentos del Estado y el carácter oportunista y traidor de la socialdemocracia y los reformistas.
El sindicato de barrio debe ser un «cuartel general del pueblo en la lucha urbana contra los capitalistas». Para ello:
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La investigación y el análisis de clase deben guiar nuestra actividad, esto nos permitirá conocer cómo se manifiesta la especulación en el barrio, usando encuestas y asambleas para identificar problemas específicos.
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Debemos pasar a la ofensiva: Organizar y movilizar a todas las clases populares impactadas por la especulación, no solo a los afectados por desahucios, centrándonos en la limitación de precios de alquiler y la creación de vivienda pública.
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Despleguemos las formas de lucha más adecuadas: deben combinarse los enfoques reactivos y proactivos, permitiendo escalar las formas de lucha desde la presión sobre grandes tenedores hasta movilizaciones masivas, manteniendo el apoyo mutuo como práctica secundaria.
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Las asambleas deben tener la centralidad política, enfocada en la lucha, priorizando la acción colectiva y evitando debates estériles. La toma de decisiones debe ser democrática y transparente, permitiendo la participación activa de todas las clases populares en la construcción y avance del movimiento.
Solo organizando un movimiento democrático, amplio y combativo podremos avanzar en el movimiento por la vivienda, forjar la unidad para cercar y hacer retroceder a los especuladores y capitalistas, y que estas experiencias sirvan para vincular las demandas de las clases populares a la necesidad de la revolución.
