La lucha de dos líneas en nuestra organización

La lucha de dos líneas dentro del Partido Comunista forma parte indivisible de las leyes de la lucha de clases. En cualquier contexto previo al comunismo ya sea la preparación de la revolución, guerra revolucionaria en curso o construcción socialista, están presentes las contradicciones entre la burguesía y la clase obrera. Dichas contradicciones no sólo se manifiestan en materia de resistencia en lo económico y lo político, sino en plano ideológico. Como decía el Presidente Mao: «Dentro del Partido se producen constantemente oposición y lucha entre diferentes ideas. Esto es un reflejo, en el Partido, de las contradicciones entre las clases y entre lo nuevo y lo viejo en la sociedad. Si en el Partido no hubiera contradicciones ni luchas ideológicas para resolverlas, la vida del Partido tocaría a su fin.».


Las ideas burguesas se comunican a través de cualquier dispositivo social y cultural y permean en todo tipo de espacios, y los partidos comunistas no son un ente ajeno a la realidad que les rodea, en ningún momento de su evolución y existencia. Por lo tanto, el partido no es un ente puro per se que genera sus propias ideas contrarias a las ideas burguesas y que, si hay una línea extraña, es por un agente externo disruptivo. La lucha de clases impregna cada punto de la sociedad, y los Partidos Comunistas no son una excepción, así que la lucha de líneas se va a dar independientemente de que nos guste o no. Es decir, la lucha de dos líneas en el partido es la concreción de la lucha de clases en la sociedad.

De hecho, el término lucha de dos líneas no es arbitrario, ya que la contradicción se da entre una línea proletaria, que es revolucionaria y que, por tanto, beneficia al proletariado como clase, y una línea burguesa, aquella que sabotea el objetivo revolucionario, tome la forma que tome. Este punto se puede ilustrar con varios ejemplos históricos: la lucha de dos líneas entre los revolucionarios bolcheviques y los reformistas mencheviques, la lucha de dos líneas internacional empezada por China entre el marxismo-leninismo y la camarilla revisionista de Jrushchov, etc.

Teniendo claro que la lucha de dos líneas es inevitable, la clave está en como se gestiona, ya que esto puede afectar al curso del desarrollo del partido. La lucha de líneas no debe abordarse de forma burocrática, si no que esta debe darse de forma honesta y abierta en el interno de la organización, con la movilización de toda la militancia. Es decir, la lucha de líneas no debe basarse en que la dirección del partido tenga la potestad de tomar acciones burocráticas como expulsiones o la represión del derecho de expresión interna de la militancia. Esta perspectiva lleva al fraccionalismo, al seguidismo ciego de la militancia a la dirección, en la falta de disciplina consciente y formación política, y en definitiva, deja crecer la línea burguesa, aunque sea en la sombra, hasta que se apodera del partido y causa graves perjuicios para la línea revolucionaria. La derrota de la línea identificada como incorrecta tiene que ser, en primera instancia, política (mediante la educación de las bases y entorno cercano) y, segundo, organizativa, aplicando los principios de unidad. En este sentido, la gestión correcta de la lucha de dos líneas es un principio fundamental del centralismo democrático

Así pues, en nuestra organización está abierto un proceso de lucha de dos líneas desde septiembre, siendo el eje central del debate la adopción o no del Marxismo-Leninismo-Maoísmo en nuestro próximo congreso. Es decir, la lucha de líneas se da entre la defensa del MLM como tercera etapa y la negación de ésta premisa, abogando por el ML, aunque sin rechazar algunas aportación de Mao a la teoría y práctica revolucionaria. Este proceso finalizará antes del proceso congresual, después de continuar nuestra ruta de investigación y debate.