La lucha de las mujeres en el socialismo. Parte 1: La Revolución Soviética

Hoy es 25 de noviembre. Como en cualquiera de estas fechas señaladas, repentinamente vemos a partidos políticos burgueses de todos los colores enarbolar la bandera del feminismo y de la lucha contra la violencia de género, una violencia de género que es reproducida sistemáticamente por el estado capitalista al que representan y no dudan en defender ante cualquier ataque minimamente desestabilizador.

El pasado 8 de Marzo ya publicamos un análisis sobre los límites de la política reformista [1], y cómo no suponen un cambio real, sustancial, para las mujeres obreras. Cómo estos partidos reformistas se ven, cada vez más, inoperantes y sin tener apenas capacidad de ofrecer pequeñas reformas a las mujeres de clase trabajadora que claman por mejoras para sus vidas.

Ha quedado patente de qué bando están las aspiraciones reformistas y hasta dónde puede llegar el «rostro amable» del capitalismo. Paralelamente, las mujeres y el colectivo LGTB de clase trabajadora nos seguimos organizando y luchando, aprendiendo y desarrollando tácticas que eleven nuestra lucha.

Por eso, en esta ocasión, vamos a realizar un balance de diversos hitos de los movimientos de mujeres revolucionarios, del papel de las mujeres en estas luchas y de la lucha del colectivo LGBT. En este primer artículo analizaremos la experiencia soviética. En los posteriores veremos también la experiencia de la lucha de las mujeres en las revoluciones de China, Perú, India y Filipinas. En cada uno de esos hitos veremos las siguientes ideas:

  • Las mujeres, en concreto las mujeres proletarias, son un pilar fundamental de la revolución. «Sostienen la mitad del cielo».
  • Derrocar el sistema patriarcal va unido a derrocar al capitalismo, pero no se da de manera axiomática; es necesario llevar la lucha feminista antes, durante y tras la revolución.
  • Derrocar el sistema patriarcal no se hace a golpe de reforma o de mandato, sino que tiene que darse a través de una verdadera movilización de masas que incorpore a las mujeres a todos los niveles de la sociedad, la economía y la política.
  • Acabar con el modelo de familia nuclear burgués no será posible sin socializar el trabajo doméstico y equiparar a los hombres a nivel de los cuidados a través de la educación político-ideológica y de la movilización de masas. Las mujeres tienen que ostentar el poder para ser la vanguardia en este proceso de transformación e incorporar a todos los sectores revolucionarios en ésta.
  • El papel de los hombres en dicho proceso, en especial de los hombres cis y heterosexuales, no es inconsecuente, y se les tiene que educar en esta materia. Además, de esta manera se transmite esta educación al resto de compañeros sin que nosotras carguemos sobre los hombros todo el grueso de esta transformación.
  • La consecución de los derechos LGBT va ligada a esta misma lucha y en, antes y tras la revolución, se le tiene que dar especial importancia a la movilización de masas y a la educación política en este ámbito.

El Marxismo-Leninismo-Maoismo es la ideología de la liberación del proletariado y, por tanto, de la mujer. Partiendo de ella expondremos aquellas experiencias históricas e internacionales de las que debemos aprender y que demuestran, tanto con aciertos como con errores, cómo combatir la influencia ideológica y práctica del capistalismo y el patriarcado en nuestros espacios de lucha y organización.

La ideología burguesa ha encontrado diferentes formas de justificar la subyugación de las mujeres y de castigar la disidencia. Con su forma parcial y metafísica de practicar la ciencia, han intentado demostrar que la dominación de las mujeres es un hecho biológico e inmutable: desde intentar medir cráneos, usar la psiquatría como arma represiva o mediante argumentos filosóficos pseudocentíficos sobre una supuesta naturaleza humana. En el mejor de los casos, las teorías burguesas que analizan la opresión de la mujer identifican el patriarcado, sí, pero como un sistema desligado del modo de produccion capitalista y que se puede revertir o paliar mediante reformas.

La ideología proletaria, es decir, la ciencia de la revolución, ha roto con estas nociones burguesas: desde el marxismo se conceptualiza que la opresión de la mujer no es un hecho meramente biológico, sino que se trata de un proceso històrico que se desarrolla junto con la aparición de la socieda de clases y que tiene un papel clave para la retransmisión de la propiedad privada. En el leninismo, donde el capitalismo se convierte en imperialismo, se analiza la dualidad de la explotación de las mujeres: por una parte, son oprimidas como proletarias en sus centros de trabajo y, por otra parte, el capitalismo las necesita sometidas en el hogar para asegurar la reproducción de la fuerza del trabajo. En el maoísmo, el desarrollo de las guerras populares nos hacen comprender el papel que juega la semifeudalidad en la opresión patriarcal y cómo, en consecuecia, las mujeres son incorporadas como fuerza revolucionaria activa en todos los aspectos.

«Así como el marxismo considera el hombre como una concreta realidad históricamente generada por la sociedad, tampoco acepta la tesis de la «naturaleza femenina», pues ésta no es sino complemento de la llamada «naturaleza humana» y, por tanto, reiteración de que la mujer es una naturaleza eterna e inmutable; con el agravante, como viéramos, de que el idealismo y la reacción entienden por «naturaleza femenina» una «naturaleza deficitaria e inferior» a la del hombre».

«Mariátegui y el Movimiento Femenino en Perú», Catalina Adrianzen

Por lo tanto, sólo con la revolución socialista y el paso al comunismo, podrá eliminarse la opresión de las mujeres. Así pues, pesando esta opresión sobre la mitad de la humanidad, las mujeres, con sus luchas, han hecho avanzar decididamente las revoluciones socialistas.

La Revolución Soviética

La revolución rusa no habría sido posible de ningun manera sin la labor de las mujeres obreras que se lanzaron a la acción para derrocar el Estado zarista. Esto no surgió de una manera espontánea, descoordinada. Esto fue fruto de la labor del partido bolchevique por organizar a las mujeres obreras en la lucha contra el estado zarista.

El día de la mujer obrera fue proclamado en la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague en 1910. Sin embargo, en el Imperio Ruso no sería hasta 1913 que las mujeres salieron a las calles a movilizarse para sumarse a la proclamación y reconocimiento de Día Internacional de la Mujer Obrera.

Se suma además que en esta época hubo un creciente aumento en la cantidad de mujeres que ocupaban los puestos de trabajo fabriles en los últimos años, pasando de ser el 24% de las trabajadores fabriles al 31% en la mayoría de fábricas y ser la mitad de la fuerza productiva en las fábricas téxtiles [2, pag. 54-55]. Es entonces cuando comenzaron a materializarse y poner foco en la práctica, de una forma más consciente, las teorías que ya manifestaban la existencia de la doble explotación de las mujeres obreras y que conocían los socialistas rusos.

En ese momento, las mujeres socialistas bolcheviques comenzaron a generar órganos de expresión para las obreras (Rabotnitsa, «La trabajadora» en castellano), así como consejos, secretarias y oficinas específicas organizadas por mujeres.

No sólo eso, sino que se empezó a levantar un programa de reivindicaciones específicas para las mujeres trabajadoras, tales como: «La protección y la provisión para mujeres embarazadas y madres lactantes, la regulación legislativa del trabajo femenino, campañas contra la prostitución [Nota: por ejemplo muchas mujeres proletarias estaban obligadas por sus circunstancias a añadir la prostitución como un substento más a la sostenibilidad económica de su familia y hogar, por lo que estas campañas iban acompañadas con el resto ya nombradas y contra aquellos que fomentaban y reproducían la violencia hacia las prostitutas, el tráfico sexual y la trata de mujeres] y contra la mortalidad infantil, la demanda de derechos políticos para las mujeres, la mejora de la vivienda, la campaña contra el aumento del costo de la vida, etc.» [2, pag 56].

En el año 1914 estalló la Primera Guerra Mundial. En esta tesitura, la socialdemocracia de la Segunda Internacional optó por olvidar las consignas contra la guerra y pasar a apoyar a sus respectivas potencias imperialistas en la misma. Del mismo modo actuó una buena parte del movimiento feminista burgués a nivel internacional, defendiendo las posturas del imperialismo y exponiendo el carácter burgués de sus ideas.

El partido bolchevique, sin embargo, fue tenaz en su postura contra la guerra:


«Para el Día Internacional de la Mujer de 1916, el Comité de Petersburgo del Partido Bolchevique emitió la siguiente proclama en nombre de la «Organización de Mujeres Trabajadoras del POSDR»:

¡Compañeras trabajadoras! Hoy es el día de nuestra solidaridad; el día en que la trabajadora, habiendo roto sus antiguas cadenas de obediencia, esclavitud y humillación, se une orgullosamente a las filas del proletariado internacional para luchar contra el enemigo común: el capital. ¡Trabajadoras! El gobierno ha enviado a nuestros hijos a la crucifixión en aras del capital, así que construyamos nuestras propias organizaciones, reunámonos en fábricas y talleres, en las oficinas y detrás de los mostradores, y gritemos ante el capital insaciable: «¡Basta de sangre! ¡Abajo la guerra! ¡Llevemos a la autocracia criminal ante la justicia!»»

«Feminismo y movimiento de mujeres socialistas en la Revolución Rusa» de Cintia Frencia [2, pag 69]

La Revolución de Febrero vino precedida por diversas huelgas y manifestaciones dada la escasez generada por la guerra imperialista en la que había entrado el Imperio Ruso. Por todo el imperio, especialmente en los núcleos de población obrera, se oía el clamor de las calles pidiendo pan.

Estas huelgas entraron en su fase más viva el 8 de Marzo de 1917 (23 de febrero en el calendario juliano usado por el Imperio Ruso en ese momento), cuando miles y miles de obreras pararon su producción y salieron a las calles a llamar a la huelga a otras obreras que las siguieron. En el furor de la lucha de las mujeres obreras, las demandas, en un origen más económicas, clamando simplemente por «pan», rápidamente derivaron en demandas directamente políticas (fin de la guerra, abdicación del Zar, etc.). Este cambio no nació de la nada, sino de la organización con las masas a través las asambleas que se celebraban en los patios de las fábricas, del debate político y del esfuerzo de las mujeres bolcheviques por canalizar las reivindicaciones contra el enemigo a batir.

Al día siguiente la huelga ya afectaba a 200.000 obreros y comenzaba a convertirse en una manifestación política general contra el régimen zarista.

Las obreras rusas demostraron gran tenacidad y viveza en la lucha contra el gobierno Zarista. Según se narra en «La historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS [3]:

«El 26 de febrero (11 de marzo) la cuarta compañía del batallón de reserva del regimiento de Pavlovsk rompió el fuego, pero no contra los obreros, sino contra los destacamentos de guardias montados que habían comenzado a disparar contra los obreros. La lucha por ganarse a las tropas revestía el carácter más enérgico y tenaz, sobre todo por parte de las mujeres obreras, que se mezclaban entre los soldados, confraternizaban con ellos y les incitaban a ayudar al pueblo a derribar la autocracia zarista, tan odiada por él.»

«La historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS», I. Stalin [3]

El 12 de marzo el Zarismo cayó y los mencheviques y socialrevolucionarios (derechistas en la revolución) cedieron el poder al Gobierno provisional (un gobierno burgués). Al mismo tiempo, este poder del Gobierno provisional no fue total, sino forzosamente compartido con los soviets, debido a la fuerza que tenían y que habían organizado junto a las masas (consejos de fábrica, agrarios, de barrio…). Se estableció una dualidad de poderes que los bolcheviques supieron aprovechar para tensar las contradicciones del nuevo Gobierno provisional y llevar a cabo la Revolución de Octubre.

En la Revolución Rusa quedó patente la necesidad de sumar a todas las mujeres proletarias a la lucha. Ya de antes se tenía claro:

«De lo que se trata es de ganar para nuestra causa a las millones de mujeres trabajadoras de la ciudad y del campo. Para nuestras luchas, y muy especialmente para la transformación comunista de la sociedad. Sin atraer a la mujer, no conseguiremos un verdadero movimiento de masas.» [4]

Esto, nuevamente, fue demostrado en el periodo entre la Revolución de Febrero y la de Octubre, y hasta la conclusión de la Revolución Rusa en el 1923. Las obreras rusas ya habían demostrado su capacidad de lucha en la Revolución de Febrero, y aunar sus reivindicaciones y organizar su lucha era prioritario.

Tras la abdicación del Zar Nicolás, las asambleas de mujeres brotaron por todas partes, con llamamientos de las mujeres bolcheviques a todas las obreras a participar en las mismas.

Una de las principales reivindicaciones políticas de este nuevo movimiento de obreras rusas fue el del derecho al sufragio para poder tomar parte en todos los aspectos materiales de la sociedad rusa. Así viene recogido en el Pravda, No. 9, 15 de marzo (28 de marzo) de 1917.


«El 13 de marzo, a las 2:00 pm, se realizó una asamblea de mujeres en las instalaciones de la Hermandad Cristiana.
Asistieron a la misma 800 trabajadoras. Después del informe y del debate sobre el movimiento de mujeres, se adoptó la siguiente resolución:

«1) Nosotras, las mujeres proletarias, exigimos el derecho al sufragio universal, directo, igual y secreto, sin distinción de sexo y nacionalidad, para poder defender nuestros derechos nosotras mismas.

«2) Las mujeres proletarias defenderán firme y enérgicamente su derecho a participar en la Asamblea Constituyente para la implementación de un sistema democrático-republicano en Rusia.

«3) El movimiento de mujeres proletarias está en sintonía con el movimiento de toda la clase trabajadora, con la que comparte intereses comunes, y se separa del movimiento de mujeres burgués.

«4) Las mujeres proletarias luchan junto con los trabajadores masculinos no sólo por la plena libertad democrática, sino también por la destrucción del sistema capitalista en sí.

«5) Junto con el requisito de participar en la Asamblea Constituyente, las trabajadoras demandan una pronta introducción, por medios legislativos, de las siguientes reformas: a) Protección completa de la maternidad. b) Seguro para los trabajadores. c) Elección de inspectores de fábricas, con la participación directa de representantes de las mujeres.»

«Feminismo y movimiento de mujeres socialistas en la Revolución Rusa» de Cintia Frencia [2]

A principios de abril, 40.000 mujeres se movilizan en Petrogrado, rehusando abandonar las calles hasta que se aprobara el derecho al voto.
El feminismo burgués, en aquel momento interesado en el sufragismo universal, se dio a pactar con el Gobierno Provisional la aceptación de esta reivindicación. Sin embargo, su argumentación iba hilada a sus intereses de clase, alejado de las proletarias: esto serviría para el apoyo de la guerra imperialista en la que Rusia estaba inmersa, para aglutinar más fuerza, en este caso las mujeres, y entrar a formar parte del ejercito que marchaba a la guerra, sumando consignas patrióticas y chauvinistas (ultranacionalistas) para legitimar las clamas por el sufragio femenino. Finalmente, el 20 de julio de 1917, le arrancan al Gobierno Provisional de Kerensky el compromiso de permitir el voto para todas las mujeres mayores de 20 años en la futura Asamblea Constituyente (organizado por el gobierno provisional).

En contraposición, la impaciencia por las promesas incumplidas del Gobierno provisional crece sin cesar. Las y los bolcheviques se centraron en organizar a las mujeres en pos de la revolución socialista. Kollontai organizó una asamblea de mujeres de soldados en contraposición a las que se organizaban por parte de las burguesas. Las viudas y esposas de soldados marchan para exigir un aumento en las pensiones, quieren que se ponga fin de una vez por todas a la guerra. Eugenia Bosh, Inessa Armand y Aleksandra Kollontai fueron algunas de las dirigentes bolcheviques que en esos meses dieron discursos ante trabajadores, trabajadoras y soldados, escribieron artículos, organizaron reuniones y colaboraron con la organización de la revolución. La bolchevique Goncharskaia, junto con otras militantes, recorren las lavanderías, organizando a las mujeres lavanderas por sus condiciones de trabajo deplorables. Manifestándose en todo su esplendor en mayo, donde 40.000 lavanderas protagonizan la primera gran huelga contra el Gobierno provisional, reclamando aumento de salarios, 8 horas de trabajo y mejores condiciones laborales. También, estas bolcheviques estuvieron en primera línea para seguir organizándose con las trabajadoras domésticas, a las de los restaurantes y fábricas téxtiles y de tabaco… Todo en demandas económicas por la mejora de su situación y demandas políticas contra la guerra y por dar «todo el poder para los soviets». [5] y [2, pag 91].

En masa, las mujeres se unieron en diversas asambleas eligiendo delegadas para los soviets, reivindicando sus demandas concretas y luchando por el socialismo y su propia liberación.

El periódico Rabotnitsa se volvió un órgano de agitación masivo entre las mujeres obreras, siendo las mismas redactoras las que después iban a las fábricas a transmitir la necesidad de organizarse y de avanzar la lucha por sus demandas.

Es así cómo se organizó la lucha de las mujeres rusas. Siendo las bolcheviques parte de su lucha, recolectando sus experiencias, ideas y reivindicaciones y canalizándolas para el derrocamiento del Gobierno provisional y para dar «todo el poder» a los soviets, donde las las mujeres tenían un rol activo, ganado a pulso de su propia lucha, movilización y organización.

Es decir, el partido bolchevique supo dirigir estas luchas, apuntando al Estado zarista, primero, y al Gobierno provisional después, para poder derrocar a la monarquía y a la burguesía y erigir el Estado socialista. De esta lucha surgió finalmente la Unión Soviética. Esto no hubiese sido posible sin la unión y carácter combativo de las mujeres rusas por derrocar el Estado, primero zarista y luego del Gobierno provisional.

La cuestión de la liberación de las mujeres fue central y ocupó el primer plano de la política soviética tras la Revolución de Octubre.

Lenin dijo en su discurso del 23 de septiembre de 1919:

«El poder soviético, como poder de los trabajadores, implantó legislativamente, ya durante los primeros meses de su existencia, los cambios más radicales con respecto a la mujer. La República Soviética no dejó piedra sobre piedra de las leyes que colocaban a la mujer en una situación de sometimiento. Y al decir esto me refiero en particular a las leyes que aprovechaban especialmente la situación más débil de la mujer, para privarla de derechos y colocarla con frecuencia en condiciones humillantes; es decir, a las leyes sobre el divorcio, los hijos ilegítimos y el derecho de la mujer a demandar judicialmente al padre del niño para que asegure su sustento.

Es precisamente en este campo, hay que decirlo, donde la legislación burguesa, incluso en los países más adelantados, se aprovecha de la situación de mayor debilidad de la mujer, para privarla de derechos y humillarla. Pues bien, el poder soviético, en este terreno, no ha dejado ni la sombra de las viejas leyes, leyes injustas e intolerables para los representantes de las masas trabajadoras. Y hoy podemos afirmar con todo orgullo y sin ninguna clase de exageración, que fuera de la Rusia soviética no hay país alguno en el mundo en que la mujer goce de plenitud de derechos y se halle libre de esas condiciones humillantes que resaltan de modo particularmente sensible en la vida cotidiana y familiar. Ha sido esta una de las primeras y más importantes tareas que hemos abordado.»

«Las tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética», V. I. Lenin [6]

Y, sin embargo, pese a ser el Estado más avanzado en la época en cuanto a la liberación de las mujeres, siguió sin realizarse dicha tarea hasta sus últimas consecuencias. En este primer Estado socialista todavía perviviero dinámicas patriarcales que no se supieron contrarrestar del todo. Parte de esto deriva de una focalización mayor en socializar el trabajo reproductivo, pero de una manera en que finalmente siguió siendo una tarea femenina en mayor medida.

Sin embargo, de esto también nace un aprendizaje para la lucha obrera y de las mujeres obreras en particular, que veremos reflejado en las siguientes partes de esta serie de La lucha de las mujeres en el socialismo.

Referencias:
[1] http://somosrevolucion.es/el-ministerio-de-igualdad-y-los-limites-del-reformismo/
[2] https://www.marxists.org/espanol/tematica/mujer/autores/frencia/2018-feminismoymovrevrusa-frencia-gaido.pdf Feminismo y movimiento de mujeres socialistas
en la Revolución Rusa de Cintia Frencia
[3] https://www.marxists.org/espanol/tematica/histsov/pcr-b/cap6.htm
[4] https://www.jotdown.es/2018/04/la-mujer-en-la-urss/
[5] https://ctxt.es/es/20170307/Politica/11457/revolucion-rusa-feminiso-dia-de-la-mujer-trabajo-domestico.htm
[6] https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/23ix1919.htm