Análisis: ¡Contra el imperialismo de la OTAN y sus lacayos!

Los días 28, 29 y 30 de junio se llevará a cabo en Madrid la cumbre de la OTAN. En este caso, los comunistas debemos manifestar firmemente nuestra posición al respecto: se trata de una alianza interimperialista para la defensa conjunta de sus intereses mediante la ejecución de acciones bélicas. El Estado Español, como potencia imperialista, es partícipe y nuestra oligarquía se beneficia de ella.

Pero, ¿qué significa ser una potencia imperialista? El imperialismo no se trata de un tipo de política, sino que se trata de la fase avanzada del capitalismo, en la que nos encontramos actualmente. Éste se caracteriza por el monopolismo y la dominación de la oligarquía financiera, siendo una de las maneras de llevarla a cabo la guerra de agresión o las políticas de usura. Es decir, al ser el imperialismo un sistema, un gobierno no puede no serlo, no existe esta opción: necesariamente, un gobierno dentro de los marcos burgueses en un país imperialista va a responder a los intereses de la oligarquía financiera.

En este artículo, vamos a hacer un análisis de qué es exactamente la OTAN y su papel dentro del imperialismo, hablaremos de cuál es el papel del Estado Español dentro de ella como potencia imperialista de segundo orden y, finalmente, sacaremos a colación algunas de las críticas que se hacen a la OTAN desde ópticas reformistas y chovinistas. En este último aspecto, es de vital importancia dilucidar la postura comunista: debemos desterrar cualquier posición reformista o socialchovinista y desatar la revolución en el Estado Español para construir el socialismo y desestabilizar las fuerzas internacionales del imperialismo.

Caracterización de la OTAN

En el desarrollo de la OTAN, podemos observar un cambio de naturaleza a lo largo de los años. La OTAN se funda después de la Segunda Guerra Mundial, en 1949, con la premisa de defenderse contra un supuesto reagrupamiento de Alemania. La realidad era que, después de la Segunda Guerra Mundial, el miedo fundamental de los imperialistas era la revolución mundial y la desestabilización de los países imperialistas europeos, ante la presencia de la URSS, que tenía el papel de organizar y formar cuadros en el movimiento obrero y comunista a nivel internacional.

La base fundacional de la OTAN fue una alianza de Francia y el Reino Unido con dos potencias europeas menores, Bélgica y Holanda, acabada la guerra. Poco más tarde se adhirió Estados Unidos -aunque en la práctica ya había aportado grandes cantidades de capital a través del Plan Marshall-, cuya categoría de Súper Potencia hacía viable una protección más eficaz a los intereses del imperialismo frente a la pujanza del movimiento obrero y del bloque socialista. Esta adhesión arrastró también a otras potencias imperialistas de primer y segundo orden, como Canadá, Italia, Noruega, Dinamarca… Y también a algunos países dominados y semicolonias, como Portugal, Grecia o Turquía. A partir de los años 90, la OTAN se expande a los países balcánicos y de la Europa del Este, que desde la restauración del capitalismo con el golpe de Krhuschov en 1956 quedaron bajo la esfera de influencia del social-imperialismo soviético posterior.

Una vez se disuelve la Unión Soviética, y la principal amenaza desaparece, la OTAN pasa a ser una alianza interimperialista para la coordinación de acciones bélicas. Es decir, para llevar de forma más eficaz las guerras de rapiña imperialistas.

Como bien conocemos por el estudio del imperialismo, los países imperialistas entran en guerras de rapiña para cambiar la configuración del reparto del mundo. Pero no sólo eso, sino que necesitan otras operaciones para asegurarlo. El papel de la OTAN es desestabilizar y realizar injerencias armadas, ya sea mediante la guerra directa de agresión -en menor medida-, la formación de grupos paramilitares o el apoyo militar y logístico al bando que esté alineado con los intereses de las oligarquías que forman parte de ésta.

Algunos de los ejemplos más sonados fue el caso de la guerra de Yugoslavia, en el cual fueron introduciendo fuerzas militares en Kosovo. También, con el tiempo, diferentes diplomáticos admitieron que, antes de los bombardeos, Estados Unidos había entrenado y formado al Ejército de Liberación de Kosovo con el objetivo de escalar el conflicto y poder justificar una intervención militar de agresión. Al final, en 1999, la OTAN inició un bombardeo aéreo que zanjó el conflicto, terminando con la vida de miles de civiles. Una vez que se separó Yugoslavia, progresivamente varios de los países que se formaron, como Eslovenia, Macedonia del Norte, Croacia, y Montenegro pasaron a ser miembros de la OTAN, convirtiéndose también en países dominados por sus principales potencias. El caso más claro es el de la región autónoma de Kosovo, el territorio ex-yugoslavo más rico en minerales y con un estacionamiento permanente de numerosas tropas de la Alianza.

Otro ejemplo más reciente fue el de Libia, en el cual se intervino mediante el argumento de proteger a los civiles, derrocando al gobierno de Gadafi. Durante la guerra, la OTAN armó grupos paramilitares, contrató mercenarios, realizó operaciones no autorizadas y, como siempre, puso en práctica todo su despliegue de tácticas de guerra sucia. En este caso vemos una guerra de rapiña en el sentido literal, ya que los “rebeldes” habían planteado permitir la explotación extranjera de petróleo. Al final, una parte de Libia pasó a ser controlada por un gobierno títere de la OTAN, y las otras partes, controladas por militares, reciben apoyo de potencias imperialistas rivales como Rusia.

Pero la OTAN no sólo tiene la función de asegurar la dominación sobre semicolonias sino que también es una línea de defensa contra otros países imperialistas en pugna, como Rusia y China. Esto lo podemos comprobar en la sonada guerra de Ucrania. Vemos cómo la OTAN, finalmente, ha enviado armamento a Ucrania por presión de Estados Unidos con el respaldo del Reino Unido (cuya oligarquía históricamente ha ligado más estrechamente sus intereses a los de EE.UU. que el resto de potencias europeas). El quid del conflicto se desencadena a raíz del intento de anexionar Ucrania a la OTAN. Aquí vemos reflejadas las pugnas entre imperialistas por el reparto del mundo: Rusia no es que sea un país dominado a la defensiva, sino que se trata de una potencia imperialista que ejerce una dominación sobre algunos de los antiguos países soviéticos, y que lucha por mantener dichas relaciones de dominación. No sólo tenemos el ejemplo de la Guerra de Ucrania, sino, también, la expansión de la OTAN por Europa del Este desde la caída de la URSS, con el objetivo de cercar a Rusia. Esta responde militarmente cuando ya no le quedan vías alternativas de presión para evitar la pérdida de influencia, como sucede en Siria con el sostén a Assad, en Georgia, con la región de Ossetia, o en Kazajistán con las protestas de diciembre pasado.

Aunque EEUU y la UE estén en competencia directa con Rusia y China, no debemos olvidar que también existen contradicciones entre los países miembros de la OTAN. Se puede llegar a pensar que la OTAN es una estructura dónde los países participan en igualdad de condiciones, que forma un bloque único, cuando en realidad existen contradicciones entre los estados miembro de carácter imperialista1, cuya participación es también desigual.

Hay que matizar que no existen imperialismos “buenos” u opciones menos malas, sino que estos enfrentamientos tanto entre imperialistas como las contradicciones dentro de las alianzas, son propias de la fase actual. El propio desarrollo de los monopolios no hace que desaparezca la competencia, sino que ésta se concentra en unas pocas manos, que compiten entre sí. Es decir, las potencias vinculadas en la OTAN, a pesar de que establezcan alianzas, pueden llegar a competir entre ellas por la explotación de un territorio en concreto. A modo de ejemplo pueden verse las distintas posturas de Francia, y especialmente de Alemania, partidarias de la negociación con Rusia a lo largo de los últimos 8 años de conflicto. Esto se debe a la dependencia energética de los monopolios industriales alemanes hacia el gas y el petróleo rusos, y a la alianza más estrecha entre las oligarquías franco-alemanas respecto las británicas y estadounidenses. En resumen, las alianzas entre imperialistas son relativas, y se establecen en función de los intereses de la oligarquía.

Con todo esto, no podemos entender el papel de la OTAN dentro de la cadena imperialista sin poner de relevancia el papel de Estados Unidos. Fundamentalmente, la OTAN sirve a los intereses de los grandes oligarcas norteamericanos que, a pesar de las puntuales divergencias, están alineados con los intereses generales de los imperialistas de la Unión Europea. Este papel de Estados Unidos se materializa en varias formas. Para empezar, hay que tener en cuenta que la OTAN tiene dos ramas organizativas, la política y la militar. Mientras que la rama política está coordinada por un secretario general, que suele ser de un Estado miembro de la Unión Europea, la estructura militar está regida, sin excepción, por altos cargos del ejército estadounidense.

Dentro de esta estructura, Estados Unidos es el país que más invierte en el aparato militar de la alianza, siendo quien aporta el 69,1% del total de la financiación. Esta situación permite presionar al resto de países para aumentar su inversión, modernizar su estructura y armamento, y una operatividad y mayor control en las operaciones, además de beneficiarse de los contratos de compra de armas.

El Estado Español y su papel en la OTAN.

Tras la muerte de Franco y la instauración de una monarquía parlamentaria burguesa, nos encontramos entre un tira y afloja entre socialdemócratas respecto a la entrada en la OTAN. Fue a partir de la legislatura de Calvo Sotelo, en 1982, cuándo el Estado Español entró en el brazo político de la OTAN, siendo este evento uno de los puntos clave de su política. Argumentando, sobre todo, cuestiones de seguridad nacional: «Las prédicas que apuntan hacia una neutralidad, armada o desarmada, no ocultan la realidad de que estas modalidades están fuera de las posibilidades que derivan de nuestros recursos en el primer caso, y ambos fuera de nuestra especialísima situación geoestratégica. No son, por tanto, ni posibles, ni útiles, ni viables.» 2

Las propias declaraciones de Calvo Sotelo nos indican que para la propia consolidación del proyecto imperialista, es necesario contar con apoyos militares internacionales y aumentar el número de recursos destinados a las fuerzas militares. Esta cuestión viene marcada por el Estado Español como potencia imperialista de segundo orden, como explicaremos más adelante.

La cuestión de la OTAN generó oposiciones en un inicio entre la izquierda española (PSOE y PCE oponiéndose) pero, finalmente, la participación se ratificó en 1986 con el Referéndum de Permanencia convocado por el primer gobierno del PSOE. En este caso, el PSOE, que de entrada se había opuesto al ingreso de España en la OTAN, cambió de postura de cara al referéndum.

Hay que entender que el PSOE, durante el franquismo y la transición, a pesar de ser un partido reformista, sufrió varios cambios: los componentes del PSOE, que se mantuvo inactivo, estaban la mayoría en el exilio y organizados en federaciones internacionales, siendo la Española de las minoritarias. Así pues, había dos facciones, y la de Felipe González tenía como modelo la socialdemocracia alemana, de carácter muy liberal. Entonces, mediante la financiación del Partido Socialdemócrata de Alemania, la facción de la socialdemocracia liberal consiguió apartar mediante un golpe burocrático a los socialdemócratas con un discurso más radical, liderados por Rodolfo Llopis. El proceso culminó con la ratificación Felipe Gonzalez como Secretario General en el Congreso de Suresnes.

A principios de la década de los setenta el PSOE demagogia hablando de ruptura democrática y sacando la bandera republicana, siendo su modelo la socialdemocracia europea, cosa que aportaba cierto aire de modernidad. Así pues, mediante la nueva financiación y la presentación a las elecciones a través de diferentes partidos regionales, consiguieron tener un gran peso parlamentario. Aun así, en un inicio, mantenían una postura que, en apariencia, podría considerarse anti-OTAN. La consigna “OTAN, de entrada no” es literal: no se cierra la puerta, y así sucedió cuando ascendieron al gobierno.

De cara al referéndum de permanencia, el PSOE entiende de que, a pesar de que la izquierda española fuese profundamente antimilitarista y, algunos sectores, incluso antiimperialistas, las condiciones económicas habían cambiado. En los años ochenta, que ya se había consolidado el imperialismo español -como más adelante explicaremos-, había surgido una nueva capa de profesiones acomodadas, sobretodo alto y medio funcionariado. Para este sector de la población, a pesar de ser antimilitaristas de discurso, el PSOE consigiuió vender la OTAN como modernidad, debido a que el ejército de aquella época aun estaba atrasado y poblado de militares franquistas.

El referéndum se ganó con un 60% y IU lanzó una campaña antiotan pero que no tuvo la suficiente fuerza como para cambiar los resultados. En cualquier caso, se pierde el referéndum y entra en el brazo político. Vemos pues que la dinámica turnista entre partidos PP-PSOE, aunque pueden representar puntualmente a sectores concretos de la oligarquía financiera, al final la beneficia para sus intereses generales. Lo importante es que se convenció a una parte de la sociedad española de que era necesario y deseable el ingreso a la OTAN y este aspecto no ha cambiado en los 40 años de historia que han transcurrido.

Realmente esto sirve para comprobar hasta qué punto la socialdemocracia, como partido burgués, tiene la función de actuar como sostén social de la oligarquía financiera, siendo además capaz de hacerlo manteniendo la paz social. Aunque en principio el referéndum no contemplaba la entrada en el brazo militar, con el gobierno de Aznar esto se enmendó, jugando un papel relevante en el conflicto de Yugoslavia, en Afganistán e Irak, aunque éste último no estuviera directamente vinculado con la OTAN.

La entrada de España en la OTAN y, anteriormente, en la UE, ha servido para ratificar el proyecto imperialista de nuestra oligarquía. El imperialismo español se ha desarrollado a saltos y los monopolios españoles empezaron a reconstruirse tras las políticas desarrollistas de los 60 con Franco. En este período, ya existían sinergias importantes con el imperialismo yanki (construcción de bases, importancia táctica de la localización de España, etc.) a cambio de bonos económicos para el desarrollo. Como podemos ver, esta política respecto a Estados Unidos, fue de vital importancia para la consolidación de España como potencia imperialista de segundo orden.

Debemos detenernos para definir qué implica ser una potencia imperialista de segundo orden, ya que esto define la relación del Estado Español con la OTAN. Dentro de la cadena imperialista, el Estado Español cuenta con una oligarquía financiera con monopolios desarrollados, que exporta capitales y que mantiene relaciones de dominación respecto a países, sobre todo, de América Latina. Esto lo podemos ver con las prácticas monopolistas y de usura del banco Santander, el Banco Sabadell o BBVA, así como la actividad de empresas como Repsol, Melia Hotels, NH Hotel Group, Telefónica o Acciona.

Aun así, a pesar de contar con monopolios privados y estatales desarrollados, nuestra burguesía tiene menos peso económico que la de otros países imperialistas como Alemania o Francia, así como una potencia industrial y científica menor. Debido a esta situación, la forma rápida de acumulación de capital es mediante la inversión en sectores lucrativos pero inestables como la construcción, la hostelería o el turismo. Con todo esto, se necesita la existencia de un estado burocratizado con instituciones militares capaces de salvaguardar los intereses de nuestra oligarquía.

En este sentido, después de la transición, el Estado español estaba relativamente atrasado, y la entrada en la OTAN fue la apuesta necesaria para modernizar el aparato militar y poder beneficiarse de la explotación imperialista. En resumen, nuestra oligarquía no le sigue el juego a la OTAN y a Estados Unidos por una relación de opresión, sino por una subordinación voluntaria ya que ésta es necesaria para mantener la estabilidad de los monopolios españoles.

Entonces, el Estado Español, como potencia de segundo orden, ocupa una posición intermedia dentro de la OTAN, con una inversión del 6% y cierta relevancia en la cadena de mando por encima de otros países europeos que sí son dependientes. Para un imperialismo segundón como el español, la OTAN ha jugado y juega un papel clave en el proyecto imperialista nacional, ya que garantiza llevarse un trozo del pastel cuando se entra en alianza relativa con los Estados Unidos.

Esta situación hace que el Gobierno de España, sea del color que sea, no vaya a romper con la OTAN por motu propio. Nos encontramos el caso de la derecha Española que es inequívocamente pro yanki y pro OTAN, como hemos visto con los sucesos del Gobierno de Aznar, en las que se participó en diferentes guerras de invasión directa. Por otra parte, la izquierda parlamentaria parte de diferentes posicionamientos: el PSOE, como partido de Estado por excelencia, defiende la posición de España dentro de la OTAN y, en el caso de UP, algunos hacen alguna que otra crítica tibia, olvidando que forman parte del Gobierno. Dentro de este campo, también nos encontramos con el PCE, que mantiene una postura crítica con la OTAN, pero que, como partido reformista de gobierno, no se materializa en nada. En todo caso, para el gobierno español, representante de los intereses de los oligarcas, la OTAN es un punto más de estabilidad de nuestro imperialismo.

La crítica a la OTAN

Como acabamos de mencionar, desde los sectores de la izquierda parlamentaria y, también, desde el Movimiento Comunista, nos encontramos con críticas a la OTAN desde diferentes enfoques.

Primero que todo, es necesario ahondar un poco más en el papel de la coalición de Unidas Podemos. Actualmente, como partido del gobierno, con supuestos ministros comunistas, mantienen desde fuera un discurso crítico con la OTAN. Es más, la salida de España de la OTAN era un punto programático antes de las elecciones. Algunos sectores, sobre todo vinculados con Izquierda Unida y PCE, se posicionan de forma crítica sobre el papel, alegando su participación en las diferentes manifestaciones Anti-OTAN en las que han participado a lo largo de los años.

La posición por parte de los sectores socialdemocrátas también se vincula ideológicamente a la idea burguesa del pacifismo, es decir, llamar a una situación de paz en abstracto, condenando cualquier tipo de violencia. La consigna vacía “Sí a la paz” o “No a la guerra”, sin especificar qué paz o qué guerra, oculta que el imperialismo no puede existir sin sus guerras de rapiña, y que ellos existen en base al botín de la explotación de la clase obrera internacional. Conviene recordar las palabras de Lenin:

«En la actualidad, una propaganda de la paz que no vaya acompañada del llamamiento a la acción revolucionaria de las masas sólo puede sembrar ilusiones, corromper al proletariado, infundiéndole confianza en el humanismo de la burguesía, y hacer de él un juguete en manos de la diplomacia secreta de los países beligerantes. Es profundamente errónea, en particular, la idea sobre la posibilidad de la llamada paz democrática sin una serie de revoluciones. «

Esto no se queda sólo en ideas, sino que, además, no dudan en ponerlo en práctica dentro de los movimientos de masas. Hay que tener en cuenta que, dentro de UP, el PCE e IU cuenta con una base en la que un sector participa en los movimientos de masas. De la misma manera que UP y partidos semejantes siguen la táctica de la cooptación de activistas destacados, a los cuales absorben y acomodan en sus dinámicas institucionales -véase Ada Colau, que viene de la PAH, como el ejemplo más destacado. Esto tiene el propósito de expandir la ideología reformista y desarticular movimientos sociales. Pero esta no es la única táctica que sigue la socialdemocracia para hacerlo, tal como podemos ver en el caso de la Plataforma Anti-OTAN de Madrid.

Aunque no estén llevando políticas de cooptación y soborno, se desarticula un movimiento con potencial combativo por otras vías: los miembros del PCE y UJCE participan en la plataforma anti-OTAN de Madrid -y en otras del Estado- aprovechando su altavoz para rebajar el discurso y la combatividad de la plataforma. Han jugado un papel de complacencia, crítica de boquilla, y han bajado significativamente la combatividad del acto, convocando acciones para la semana anterior para no interferir en los planes de la cumbre. Desde la Organización Comunista Revolución no podemos más que denunciar la política de esta plataforma anti-OTAN, por su carácter inocuo, su complacencia y seguidismo al Gobierno. Y es que además, esta plataforma está integrada y tiene el visto bueno de la mayoría de organizaciones que se llaman a sí mismas comunistas en nuestro país, que no son capaces de romper con las dinámicas del reformismo.

Por otra parte, existe otra tendencia, con tintes socialchovinistas, que basa la crítica a la OTAN en el argumento de que la participación de España en ésta socava la soberanía nacional. Hay varios elementos de la izquierda y el movimiento comunista que apoyan este argumento, basándose en una verdad, y es que Estados Unidos tiene un papel dominante en la OTAN. Sin embargo, esto no significa que España sea una semicolonia o un país atacado con una soberanía nacional que defender. Estas posturas llegaban al absurdo de pretendidos comunistas (en realidad, socialchovinistas) reivindicando la necesidad de defender la soberanía de España frente al intento de “invasión” por parte de Marruecos, como semicolonia.

Tenemos que tener claro que, como hemos dicho antes, España es una potencia imperialista de segundo orden, por lo tanto, tendrá un puesto secundario en la OTAN (además de intereses conciliables con la UE y Estados Unidos). Aun así, esto no hace que España no sea imperialista: tiene control y exporta capitales en países de Latinoamérica y África, posee una oligarquía financiera y monopolios estatales y privados, y aprovecha su posición respecto a Marruecos para tener un matón que proteja al estado de crisis migratorias, colabora en el armamento de semicolonias como Turquía, y participa de las guerras de rapiña del imperialismo.

Así mismo, España no sólo ejerce dominación imperialista a través de la OTAN, sino que participa en diferentes organismos que, aunque no sean directamente militares, regulan las relaciones de dependencia, como el Foro Mediterráneo Occidental o la Cumbre Iberoamericana. Como conclusión, la subordinación de nuestra oligarquía financiera a la OTAN es voluntaria, ya que se alinea con los intereses de desarrollo y conservación de los monopolios españoles.

Entonces, hablar de soberanía nacional como punto relevante de la crítica a la OTAN no es más que una defensa de desarrollar el imperialismo español por otras vías, en contraposición al imperialismo de la UE y Estados Unidos. Se trata de un análisis que obvia la sociedad de clases y sus intereses, poniendo en primer plano los intereses nacionales (de una potencia imperialista); y reniega del análisis del imperialismo desarrollado por Lenin hace más de 100 años, como eje fundamental de la ideología proletaria.

La posición comunista

Para empezar, aunque la reivindicación de la salida de España de la OTAN es una reivindicación justa, como comunistas debemos conocer que potencial tiene esta reivindicación. No podemos apoyarla en base a argumentos socialchovinistas que justifiquen un camino imperialista alternativo, sino en el potencial que pueda tener de cara a crear una situación de desestabilidad y debilidad para nuestra oligarquía financiera que favorezca la correlación de fuerzas revolucionaria.

Es necesario recordar que el antiimperialismo en abstracto, para los comunistas, es un callejón sin salida a nivel político. Sí queremos atacar con eficacia al imperialismo, no sólo debemos denunciar, en primera instancia, a Estados Unidos o a la OTAN, sino también al resto de potencias imperialistas, como Rusia y China. Así mismo, los comunistas debemos denunciar a los revisionistas que adulteran las posiciones revolucionarias y tratan de conducir a los sectores más radicales de las masas a un callejón sin salida. Si queremos desestabilizar de forma real al imperialismo, no basta con mostrar apoyo pasivo a las revoluciones del mundo, centrando el foco en los países dominados y rehuyendo de nuestro trabajo en los países imperialistas, como se pretende con la tendencia tercermundista. La única forma de romper con el imperialismo y la opresión que éste ejerce sobre los países dominados es contar con un programa revolucionario para el Estado Español, que pasa necesariamente por reconstruir el Partido Comunista.

Un primer paso es expresar de forma clara que forma debe tomar la revolución en el Estado Español. Como país imperialista de segundo orden, la vía revolucionaria es una revolución socialista y la toma del poder mediante el derrocamiento del Estado Burgués. Por lo tanto, la contradicción principal es aquella con nuestra propia burguesía y sus representantes, encarnados en el Estado Burgués y su Gobierno.

Contra la OTAN y todo imperialismo,
Contra los estados que lo sostienen y sus lacayos,

¡Desatemos la tormenta revolucionaria!