Sobre el SMI y las trampas del «dialogo social»

El pasado 28 de septiembre, el Gobierno aprobó oficialmente el incremento en 15€ del Salario Mínimo Interprofesional, con el apoyo de las centrales sindicales presentes en el Diálogo Social (CCOO y UGT) y con el voto en contra de la patronal. La medida fue anunciada como una victoria, justificándose precisamente en haber acordado el aumento a pesar de la negativa de las organizaciones empresariales.

La Ministra de Trabajo Yolanda Díaz ha mostrado desde el principio de las negociaciones especial interés en evitar el conflicto con la patronal, algo que se reflejó en la vergonzosa horquilla propuesta (entre 12€ y 19€) y muy particularmente tras la aprobación definitiva de esos 15€. Y el resultado de estos meses de espera ha sido, precisamente, el de garantizar que los objetivos de la patronal saliesen adelante: con la reciente subida del recibo de la luz alcanzando los precios más caros de la historia, llevando el porcentaje de inflación al 4% en el mes de septiembre (el más alto desde hace 13 años), con unos precios inasumibles de los alquileres y la vivienda en general, sumado a las enormes dificultades que han sufrido multitud de familias obreras durante la pandemia, este incremento del SMI es, como poco, un insulto para el conjunto de la clase trabajadora.

Debemos señalar que esta cuestión va más allá de la voluntad o capacidad negociadora de tal o cual ministro ya que, mientras sean los capitalistas quienes controlen los medios de producción del país, necesariamente los Gobiernos y sus Ministerios van a acabar siendo instrumentos de gestión de sus negocios y, muy particularmente, los de la oligarquía financiera. Y lo preocupante de todo esto es que los supuestos comunistas que ocupan estos puestos ministeriales son plenamente conscientes de ello y, aun así, insisten en que son necesarios en el Gobierno.

Hay que destacar que el Gobierno de PSOE-Unidas Podemos está gobernando con la legislación desarrollada por el PP tras la crisis de 2008. Una legislación que venía a responder a las necesidades de la oligarquía financiera en ese momento, donde la destrucción de fuerzas productivas, deterioro de derechos laborales y sociales, así como el incremento de las leyes represivas, venían a intentar devolver un margen de competitividad a las empresas para intentar revivir a un capitalismo ya agonizante.

El Gobierno de PSOE-Unidas Podemos no ha revertido estas políticas, sino que vemos incluso una continuación de estas que intenta ocultarse tras reformas cosméticas que en absoluto atacan a la raíz de los problemas. Por tanto, aunque digan lo contrario, su función en el Gobierno está siendo la de aplicar el programa de la oligarquía financiera.

Los capitalistas son plenamente conscientes del papel que pueden ejercer estos ministros comunistas en el Gobierno porque, aunque para el caso del SMI la patronal efectivamente haya mostrado su desacuerdo, saben perfectamente que es un mal menor. Incrementar en 15€ el SMI podría permitir aparentar que existe cierto margen de mejora y con ello vender a los reformistas como políticos de confianza amortiguando, en parte, las ansias de lucha de las masas; algo que, como vemos, es totalmente funcional para los intereses de los capitalistas.

Este problema, además, se complica cuando entre los interlocutores de la clase trabajadora en el Diálogo Social existe una excesiva confianza y complicidad con los políticos reformistas. Pues, mientras las políticas del Gobierno afectan al día a día de la clase obrera, no se está promoviendo una actitud crítica frente a estas, ni atisbos de movilización social promovida desde las organizaciones sindicales para hacerles frente. Por tanto, y para el caso que nos ocupa, si bien entendemos que este incremento de 15€ viene a ser una medida meramente cosmética, consideramos que es necesario esclarecer problemáticas inmediatas que es necesario resolver en el seno del movimiento sindical, imprescindible como herramienta de lucha de la clase obrera.

La contradicción entre amenazar con la movilización social y asumir la conciliación de clases

A finales del pasado año la Ministra de Trabajo Yolanda Díaz anunció que convocaría a los agentes sociales con el fin de llegar a un acuerdo para incrementar el SMI. En enero de este año 2021, los secretarios generales de CCOO y UGT anunciaron la convocatoria de movilizaciones para presionar al Gobierno bajo el eslogan “Ahora Sí Toca: Derogar las reformas laborales y de pensiones y subir el SMI”, las cuales se realizaron desde febrero a julio de este año. Sin embargo, éstas se desarrollaron con importantes limitaciones.

Por una parte, apoyándose en las exigencias sanitarias derivadas de la pandemia, las convocatorias se realizaron con un cupo de participación muy limitado y acotado principalmente a los dirigentes sindicales. De manera mayoritaria estas movilizaciones no pasaron de ser concentraciones simbólicas donde no se movilizó ni tan si quiera a la propia afiliación, centrando la difusión de estas convocatorias en su publicación en las redes sociales, correos electrónicos y notas de prensa. Por tanto, vimos una contradicción entre la necesidad de movilizar a la clase trabajadora para presionar al Gobierno y la patronal y la timidez con la que en la práctica esto se estaba realizando.

Este mismo hecho pudimos constatarlo en las movilizaciones del 1º de mayo, donde en la mayoría de los casos (salvo excepciones de algunas grandes ciudades) las organizaciones sindicales organizaron meras concentraciones simbólicas. La preocupación por las críticas que podían verter los medios de comunicación contra los sindicatos (siendo, en la práctica, un ejercicio de condena hacia el sindicalismo en general) puede ser legítima. Sin embargo, la nula voluntad por hacer partícipe a la clase trabajadora (y de manera limitada, a la propia afiliación) de estas movilizaciones, ni mucho menos por fomentar la iniciativa de las y los trabajadores desde las empresas, barrios, etc., muestra que este argumento ha sido utilizado como excusa para no plantear una confrontación abierta contra el Gobierno.

Vemos entonces una continuación de una tendencia que no es nueva, donde toda negociación queda en manos de los dirigentes y sus equipos técnicos, y donde la clase trabajadora no es partícipe de la elaboración de las reivindicaciones que se trasladan al Diálogo social y la Negociación Colectiva. Todo ello, sumado a la excesiva paciencia con la que los dirigentes sindicales actúan cada vez que gobierna la socialdemocracia. Tras ello, se esconde una tendencia de la burocracia sindical a alejarse de la movilización, acomodándose en las tareas de gestión de la maquinaria sindical y en su papel de portavoces y representantes institucionales, temiendo que los trabajadores desarrollen sus propias iniciativas y les sobrepasen por la izquierda y desarrollando con ello una visión idealista de la sociedad de clases.

Con ello, huelga decir que de poco sirven todos los esfuerzos en cualquier de negociación sin una fuerza real en los centros de trabajo y en las calles. Pero, además, sin escuchar si quiera a la propia afiliación, todo acuerdo estará totalmente desconectado de las necesidades reales de la clase trabajadora. En el caso que nos ocupa, incluso si el resultado de las negociaciones hubiese supuesto un incremento mayor del SMI, ese resultado no puede interpretarse como una “victoria sindical” en tanto que no ha sido fruto de la lucha y participación directa de los trabajadores y trabajadoras.

Las organizaciones sindicales son fundamentales para la defensa de los derechos laborales más básicos y para el entrenamiento en el terreno de la lucha de clases. A pesar de las limitaciones planteadas líneas arriba, son una herramienta básica de organización y no es casualidad que los capitalistas intenten apagar su espíritu de lucha o directamente eliminarlas. Por tanto, es imprescindible participar allá donde sea posible con acciones y propuestas dirigidas a dar rienda suelta a las iniciativas de los trabajadores y trabajadoras y a fomentar la toma democrática de decisiones, empresa a empresa, con el fin de arrinconar las posiciones conciliadoras con la patronal y el Gobierno, sea este del color que sea.