Crónica de la movilización contra la violencia policial en Carrús, Elche

“El Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables.” Así definía Lenin el Estado en su obra ‘El Estado y la revolución’. Día a día vemos cómo la lucha entre intereses de clases se manifiesta de una forma agresiva, violenta y represiva; siendo las capas de la población más empobrecidas quiénes más sufren acciones impermisibles.

Algunos ejemplos de estas acciones violentas por parte del Estado, normalmente apoyados en sus fuerzas represivas, son los desahucios que se ejecutan diariamente en los barrios más humildes del país, dejando así a familias enteras en la calle sin alternativa habitacional; la represión al movimiento obrero cuando protestan contra las innumerables injusticias que sufren en sus condiciones laborales; o la violencia indiscriminada y abusos de autoridad que se cometen a los trabajadores inmigrantes. Todo esto no se puede entender como casos aislados ni como defectos de un sistema mejorable, sino que estas circunstancias se dan de forma estructural porque responde a la función del Estado: garantizar un orden social que favorezca los intereses de la burguesía como clase dominante.

Podemos contar muchos casos concretos de esta violencia sistemática que, recordemos, tiene una finalidad concreta que es mantener la represión a la clase obrera y las clases populares: la tanqueta enviada a la protesta de los trabajadores del metal en Cádiz en noviembre de 2021, los jóvenes agredidos y detenidos por poner su cuerpo en un desahucio en Valencia en octubre de 2022 o la violencia policial cometida por un agente a un joven de Elche este pasado noviembre de 2022, con un agente de paisano de la policial nacional dándole patadas en la cabeza y con la pistola desenfundada, cuando el detenido ya estaba reducido e inmovilizado en el suelo.

Esto último ocurrió en Carrús, un barrio obrero donde la mayoría de personas sufren condiciones de vida y trabajo caracterizadas por un elevado grado de explotación, como en la industria del calzado, la construcción o la limpieza, sectores muy precarizados como también lo es el trabajo en el campo en el que trabaja una gran cantidad de trabajadores inmigrantes residentes en Carrús. En este barrio existe una elevada presencia policial de manera permanente, que suele generar situaciones de abuso de autoridad por parte de las fuerzas represivas del Estado contra, principalmente, personas migrantes y jóvenes. Y es que, independientemente de lo que hubiera hecho al joven vecino de la zona Carrús Oeste (Toscar), la violencia fue desmedida y fue un caso claro de abuso de poder, producto de una estructura de violencia que puede permitir este tipo de acciones sin que haya consecuencias al respecto a no ser que se cuente con la valentía de alguien que se atreva a denunciar estos hechos. Y así pasó esta vez: unas vecinas fueron testigos de esto y lo grabaron con el móvil, lo que permitió que este caso haya sido difundido y visibilizado. No así pasa con la mayoría de casos, ya que normalmente no suelen haber pruebas de estos sucesos, viéndose el agredido en un callejón sin salida si decidiera tomar alguna acción legal contra estos casos de represión.

Este tipo de hechos genera un revuelo social que hay que transformar en indignación, sentimiento de unidad de clase y protesta para así sembrar una semilla de cambio social mediante la organización de la clase trabajadora y otras capas del pueblo. Y así está empezando a ocurrir: se redactó un panfleto informativo detallando lo ocurrido que se repartió entre las personas del barrio donde sucedió dicha agresión policial y difusión mediante carteles denunciando la violencia policial y llamando a la movilización. El recibimiento por parte de los y las vecinas fue muy buena. El apoyo por parte de las personas fue sincera y pusieron de su parte, incluso, para difundir el folleto haciéndole una foto y compartiéndola en sus redes sociales.

Además, durante el panfleteo, surgieron pequeñas asambleas improvisadas con los vecinos y vecinas, con las que conversamos particularmente sobre las experiencias que sufren diariamente la población inmigrante del barrio. Todos los testimonios coincidían en que es habitual una conducta represiva por parte de la policía hacia ellos, sometiéndoles a identificarse de una forma arbitraria muy a menudo, o viéndose denunciados por llevar al trabajo cubiertos con los que poder pelar la fruta que se llevan para almorzar. También era habitual en los testimonios el uso de la violencia física por parte de la policía, siendo chocante la normalidad con la que contaban que, pocos días atrás, cogieron a un hombre inmigrante entre tres policías y le empezaron a agredir en plena vía pública.

Estos testimonios han de servir para entender que: 1) Como ya se ha explicado antes, la violencia policial no es algo puntual, sino extendida y sistemática hasta el punto de que las personas que la padecen, tristemente, llegan incluso a normalizarla. 2) Las masas son conscientes de esta discriminación, tal y como pudimos comprobar en las conversaciones con ellas, y pueden llegar a tener la predisposición a movilizarse. 3) El aprendizaje de estos testimonios es de gran valor porque ayuda a conocer la realidad del pueblo a partir del cual hacer un análisis que sirva como punto de partida de organización de las masas.

Además de explicar lo ocurrido, en el panfleto que se repartió también se convocaba una concentración en protesta de lo ocurrido, idea que gustó a la gran mayoría de vecinos y vecinas, mostrándose receptivas y con predisposición a ir. Aunque la concentración fue modesta, supuso un primer paso hacia la organización del barrio frente a las acciones represivas del Estado. Por ello, el camino hacia la liberación de la opresión del capital pasa por generar estructuras dónde las masas sean las protagonistas, formándose así un vínculo social que impulse el camino a la lucha y la protesta, y esto requiere un trabajo continuo y de proximidad con el pueblo.

Así se entendió también por parte de otros colectivos que estaban allí y con los que se pudo tener una breve charla política informal, y este es otro punto a tener en cuenta de la valoración final de esta concentración: este tipo de acciones ayudan a tejer redes entre colectivos y asociaciones que tienen puntos en común entre sus propósitos políticos. Y este debe ser el camino para continuar luchando; la unión social de la clase trabajadora a través de las acciones surgidas de entre distintos sectores del pueblo.

Queda mucho camino por delante. Pero el concepto de fondo queda claro: es posible y necesario contribuir a la creación de organizaciones que permitan canalizar el malestar social de la población trabajadora que sufre esta violencia estructural del capitalismo, donde las masas se organicen para ser ellas mismas las dueñas de sus vidas.

¡Basta ya de violencia policial!
¡Rompamos con el yugo del capital!