Nueva investidura fallida

La semana pasada se produjo la tercera investidura fallida desde 2016, la segunda que fracasa con Pedro Sánchez y el PSOE recibiendo la negativa de Podemos (en este último caso de Unidas Podemos). Ambos bandos se culpan mutuamente de lo sucedido pero quizá no sea tan simple como echar la culpa a uno u otro. Por ello, queremos profundizar un poco más sobre cómo ha sido este proceso de negociación de la investidura.

Negociaciones tardías y con poca voluntad

Varios meses han pasado desde que se celebraron las elecciones hasta que el PSOE realmente ha empezado a negociar. Prácticamente tres meses desde que en abril ganase las elecciones. Hasta ese momento, en este partido se dedicaron a las elecciones municipales y europeas y a exigir tanto a derecha como izquierda que facilitase su Gobierno por favorecer la gobernabilidad.

Desde el primer momento, incluso ya desde la campaña electoral, el compañero de viaje predilecto de Sánchez ha sido Rivera y Ciudadanos. Sin embargo, la estrategia de los naranjas de disputar con el PP de Casado y con Vox el ala más rancia de la derecha les llevó a no poder contemplar una opción un pacto similar al que ya se produjo en 2016.

Unidas Podemos, mientras tanto, se ha mantenido firme en la postura de Gobierno de Coalición. Un Gobierno en el que se pactasen una serie de carteras ministeriales que corresponderían a la formación morada, a la vez que éstas eran coordinadas por una vicepresidencia “social” que ostentase Pablo Iglesias.

Tras el fracaso en las negociaciones de investidura, que haya una repetición electoral se vuelve posible. En este escenario, probablemente la derecha se reorganizaría entorno al PP (con más fuerza) y habría un afianzamiento de la subida del PSOE, al mismo tiempo que Unidas Podemos perdería fuerza, de manera que si la mayoría absoluta continuara en manos de la izquierda parlamentaria, el predominio del PSOE podría ser incluso mayor al actual. Así, el PSOE vislumbra menos riesgos que Unidas Podemos en una nueva convocatoria de elecciones, dado que la formación de Sánchez cuenta con la baza de atraerse el voto a su izquierda ante la perspectiva de un peor resultado dentro del arco entendido por la mayoría de la población como de izquierdas.

PSOE: Líneas rojas de un partido de Estado

Desde el prisma relatado en el párrafo anterior, el Partido Socialista ha dejado ciertas líneas rojas muy claras, de forma que si Unidas Podemos quería llegar a cualquier tipo de entendimiento tenía que asumirlas sí o sí.

En primer lugar, los denominados ministerios de Estado (Interior, Defensa, Justicia, Economía y Exteriores) quedaban absolutamente fuera del alcance de la formación morada. Quizá pueda parecer una cuestión menor y una simple estrategia negociadora del PSOE para quedarse con la mayoría de ministerios. Sin embargo, lo que esto refleja realmente es la importancia que tienen los mecanismos del Estado y que hay ciertas áreas del Gobierno que generan estabilidad, que en este caso sólo podía dar el PSOE.

Esto, hacia el final de la negociación, también se ha podido ver con el Ministerio de Trabajo que el PSOE ha vetado a Unidas Podemos en reiteradas ocasiones porque, según ha filtrado UP, son “inquietantes para la CEOE”.

Esto nos dice dos cosas. Por un lado, que la relación de los políticos con los que realmente mandan sobre sus intereses (los empresarios) es mucho más fluida y directa de lo que muchos puedan pensar. Y por otro, que la estabilidad y el mantenimiento del statu quo es fundamental para el Estado y por ello lo preserva el PSOE como partido tradicionalmente vinculado a éste.

En segundo lugar, la cuestión catalana ha sido una línea roja del PSOE durante toda la negociación. Claramente en varias ocasiones Pedro Sánchez y su partido han argumentado que no podían tener en su Gobierno a alguien que discrepase ante la posible aplicación de un nuevo artículo 155 de la Constitución en Catalunya. Fue una de las primeras exigencias y la expresaron de forma rotunda, hasta tal punto que Unidas Podemos acabó cediendo y admitiendo que no sería un problema en la cuestión territorial y sería leal y asumiría la acción del Gobierno.

Y en tercer lugar, y probablemente menos importante, el veto a Pablo Iglesias. Una línea roja que tiene su base en la intención del PSOE de competir en la izquierda electoral y no dejar que el líder de Podemos pudiese formar parte del Gobierno y hacer una especie de oposición desde dentro. Una oposición que pudiese ir minando poco a poco la autoridad del Presidente para presentarse como una alternativa real de Gobierno en las próximas elecciones, perdiendo el aura de la ‘izquierda a la izquierda del PSOE’ a la que nunca se ha visto como opción viable para gobernar.

Unidas Podemos: el reformismo sin ninguna base

Resulta realmente llamativo ver la evolución que en los últimos años ha tenido Podemos en lo referente a los objetivos que tienen como organización. En sus primeros años como partido político se jactaban, probablemente en exceso, de que eran una organización nacida para ganar y gobernar. Aseguraban a quien le quisiese escuchar que en ningún caso querían ser una muleta del PSOE para que estos gobernasen, que ese era el papel que tradicionalmente había tenido Izquierda Unida.

Sin embargo, ya hace algún tiempo que casi desestiman la idea del sorpasso y encaran las elecciones generales a perder de poco con el PSOE de forma que quieran dejarles entrar en el Gobierno. Una concesión que sin duda debe ser dura para un partido que comenzó su andadura criticando a quienes buscaban sillones y relacionaban muy directamente el poder político con el poder económico.

No queremos decir con esto que Podemos sólo esté buscando puestos en el Gobierno para beneficiar sus intereses personales. Realmente, lo que esto expresa es una absoluta falta de fuerza en dicha organización. Una ausencia de base social que ha hecho que poco a poco Podemos tenga que buscar refugiarse en puestos del Gobierno para intentar sobrevivir 4 años más y reconstruir una estructura con muchos problemas y divisiones internas, dado que sus equilibrios de poder internos dependen exclusivamente de la representación y peso institucional.

Así, no sólo se ven obligados a tener que negociar con un partido que les menosprecia de forma continuada y les da migajas, sino que también ven que su fuerza negociadora es muy pequeña ante la perspectiva de unas posibles elecciones generales que les serían altamente perjudiciales. Ello es porque una repetición electoral no sólo puede suponer la disminución en cantidad de votos conseguidas por Unidas Podemos sino que, con el proceso de divisiones y fracturas internas del partido morado, esto amenaza la propia integridad del proyecto a corto plazo. Por ello, incluso manteniendo el mal resultado de las últimas elecciones, el proceso de degradación de esta formación podría continuar, en la medida en que los reformistas más exitosos se deslindan del proyecto o lo convierten en un reino de taifas ingobernable

Esto ha hecho que la postura negociadora de UP haya ido disminuyendo a marchas forzadas, debido a que no tenían la fuerza suficiente como para hacer valer sus pretensiones. Ministerio tras Ministerio, el PSOE fue negando todas las carteras realmente relevantes y Podemos no tiene, y nunca ha tenido, una fuerza social detrás que le apoye más allá del voto.

Por otro lado, esta falta de capacidad para pactar formar parte del gobierno también deja entrever que el partido de Iglesias no hubiera tenido fuerza en el gobierno para hacer reformas útiles y batallar con el PSOE en el Consejo de Ministros.

Por todo esto, viéndose en una posición tan débil, podemos observar como los reformistas entran siempre en una espiral de posibilismo que hace que rebajen sus pretensiones de una forma notable tanto en posiciones en el Gobierno como en contenidos. Esto es evidente si atendemos a la gran diferencia entre los primeros programas electorales de Podemos cuando se presentó y los que presenta ahora, que en busca de un electorado más amplio van reduciendo cada vez más lo ambicioso de las propuestas. Y por si fuese poco, la ausencia de base social a la que hacíamos referencia más arriba hace que la velocidad a la que Podemos ha ido renunciando a sus objetivos iniciales haya sido aún más vertiginosa que en otros casos pasados. En cualquier caso, siempre es la vía del reformismo, conformarse con lo que está al alcance de la mano y eso no cambia el sistema.

Falta de acuerdo con la lucha de la clase obrera como perjudicada

Finalmente llegó el jueves 25 de julio y Unidas Podemos acabó votando no a la investidura de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno (mediante una abstención que suponía, en la práctica, dicha negativa). Se podrá argumentar que el PSOE realmente no ha tenido voluntad de pactar y que todo era parte de una estrategia de cara a posicionarse mejor en unas hipotéticas elecciones generales, eliminando a su izquierda y quedando como única izquierda de gobierno.

Sin embargo, en política no se obtiene el poder (en este caso, el poder de controlar el gobierno) en base a quién lo merece más o quién ha puesto más de su parte. En política el poder se obtiene en base a la fuerza con la que se puede presionar para lograr el objetivo. Y Unidas Podemos no ha sido realista con la capacidad que tenía. Ha forzado buscando una salida a la situación de su organización, que está muy enfocada a tener cargos públicos, con la obtención de una Vicepresidencia del Gobierno y varios ministerios, pero no ha obtenido una oferta buena del PSOE que les permitiese venderlo bien a su electorado. Los socialistas les han querido hacer arrastrarse para obtener puestos casi decorativos en el Gobierno y finalmente no han querido aceptar.

Sin duda este es un nuevo ejemplo de cómo el PSOE siempre elige no pactar con su izquierda. No por ser algo recurrente hay que dejar de destacarlo, pero a la vez su electorado es bastante permisivo con este tipo de actuaciones, cosa que siempre les deja en buena posición de cara a unas probables nuevas elecciones generales, tal como demuestra la negativa tras la investidura a retomar la vía del gobierno de coalición.

Probablemente una crítica igual de dura debe recibir Unidas Podemos. No porque no hayan tenido intención de pactar, que ha sido más que evidente. En su caso se les debe achacar no haber movido ni un sólo dedo para hablar de las medidas que querían tomar en el Gobierno en las distintas áreas y no sólo en las que hubiesen controlado. Una obsesión absoluta por saber qué puestos ocupaban dentro del gabinete ha hecho que no haya habido ninguna propuesta clara entre ambos partidos sobre cuál iba a ser su acción de gobierno.

Quizá en el fondo sabían que el PSOE no quería pactar y su intención era ganar el famoso ‘relato’. Pero ni eso ha sido capaz de hacer Unidas Podemos. Con una formación en declive en las últimas elecciones y un posicionamiento de los medios de comunicación claramente a favor de la postura socialista, es muy difícil que el mensaje que quede entre el electorado no sea que una vez más Pablo Iglesias ha votado ‘no’ a la investidura de Pedro Sánchez. Exactamente lo mismo que les quitó tantos votos hace tres años.

Y entre tantas idas y venidas, tanto tacticismo y tanta maniobra buscando quedar bien ante las cámaras, la clase obrera ha perdido eso que ellos mismos llamaban un ‘Gobierno progresista’. Por supuesto, no creemos que este Gobierno hubiese hecho otra cosa más que gestionar los intereses de los empresarios de una forma algo más amable con los trabajadores, pues sin duda no hubiese cambiado prácticamente en nada la explotación que sufrimos cada día (para un mayor desarrollo de los motivos por los que esta democracia burguesa es una trampa para nuestra clase social recomendamos nuestro análisis ante las elecciones del 28 de abril alojado en nuestra página web[1].

Sin embargo, la existencia de un gobierno levantado sobre la exigencia de medidas programáticas podría haber generado una situación ciertamente más favorable a los intereses de la clase obrera. Ello es porque sí hay una serie de actuaciones que un Gobierno de este tipo podría haber realizado y hubiesen ayudado en gran medida a que la lucha de la clase obrera sea algo menos difícil y perjudicial para quienes la realizamos. La incapacidad de estos partidos ha llevado a que no haya una derogación de la Ley mordaza, a que no se derogue la reforma laboral de Rajoy, la despenalización de los piquetes en las huelgas, el refuerzo de las medidas de prevención y protección ante la violencia de género, la relajación de las actuaciones represivas con la excusa del antiterrorismo o los delitos de odio…

Y así una lista larga de medidas que hubiesen favorecido a que la clase obrera llevase a cabo su lucha. Una lucha que al PSOE y a Unidas Podemos les da igual. Les da igual porque no es su lucha, no son los intereses de la clase trabajadora los que representan y será la propia clase obrera la que deberá defender sus intereses cada día en cada centro de trabajo, en cada barrio, en cada escuela.

[1] http://somosrevolucion.es/analisis-ante-las-elecciones-del-28-de-abril/