Feminismo y patriarcado: Un recorrido por nuestras tesis principales

  1. Siempre hemos tenido muy claro que las mujeres y las disidentes sexuales y de género de clase trabajadora debemos tener un papel activo en la revolución. Nuestra profundización en las experiencias históricas y nuestra participación en las luchas de masas solo han confirmado y fundamentado esta orientación. Por lo tanto, desde el Movimiento Comunista, es necesario estudiar las formas específicas que toma la opresión patriarcal dentro del sistema capitalista, las reivindicaciones y formas de lucha de las masas que se rebelan contra esta opresión, y cuáles son las condiciones de su emancipación a través de la revolución.

Así pues, de cara a este 8 de Marzo de 2024, queremos ofrecer un compendio sintetizado de nuestros principales análisis publicados sobre el patriarcado y el movimiento feminista. También expondremos nuestra crítica al reformismo, que ha intentado abanderar estas reivindicaciones. Su limitación se manifiesta en que no es ni siquiera capaz de paliar las formas de violencia más devastadoras de la opresión patriarcal, aun menos acabar con ella.

También analizaremos el papel de los movimientos de liberación de la mujer en las luchas revolucionarias históricas y cómo se han enfocado estas reivindicaciones en la construcción del socialismo, con sus virtudes y sus limitaciones.

Análisis comunista de la opresión de las mujeres.

La opresión de las mujeres se basa en un sistema relacional, conocido popularmente como patriarcado, que se basa en la jerarquía social de un género sobre otro. Se trata de un proceso histórico que se prolonga durante milenios, y no se desarrolla de manera lineal en todas las partes del mundo. Desde el marxismo, se analiza esta realidad social desde el materialismo histórico: la opresión patriarcal tiene sus orígenes en la aparición de la propiedad privada y las clases sociales.

«Las primeras sociedades humanas, al desatar la producción organizada, también crean y van profundizando la división del trabajo. Sobre esta división del trabajo nacen las clases sociales, y aquellas clases en control de los medios de producción afirman su dominio sobre aquellas que deben trabajar utilizando esos medios para garantizarse la subsistencia.»
– Capítulo ideológico – Documento del III Congreso del Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Este cambio en las estructuras sociales engendra una división sexual del trabajo que relega a la mujer al trabajo reproductivo y la cosifica por su capacidad reproductiva. Esto se consolida y perpetúa mediante la institucionalización de la violencia coercitiva, con la emergencia del Estado y otros aparatos ideológicos. Por tanto, los sistemas de clase son la raíz de la opresión de género.

«Esto es importante por las implicaciones que tiene: la opresión de la mujer se trata del resultado de un proceso de transformación en la producción y que, por lo tanto, dicha opresión es abolible.»

Las mujeres en el movimiento comunista – O. C. Revolución

Con la transformación capitalista de la producción las mujeres obreras se incorporan al trabajo productivo. Su incorporación a la clase obrera desencadena cambios estructurales en el propio núcleo familiar, puesto que a la “esclavitud doméstica” patriarcal se le añade la “esclavitud asalariada” capitalista. Las nuevas formas capitalistas de unidad familiar y la lucha de la mujer obrera como sujeto político rompen con el patriarcalismo feudal, es decir, el régimen de propiedad del hombre cabeza de familia, el patriarca, sobre su mujer e hijos. Pero, como señalábamos, la opresión patriarcal prevalece, los mecanismos coercitivo ideológicos y represivos, culturales e institucionales, se adaptan y adecúan para perpetuar un modelo relacional opresivo funcional a la explotación de la clase obrera: las mujeres trabajadoras siguen siendo las encargadas de reproducir la fuerza de trabajo.

El Estado, lejos de ser un ente mediador entre las clases, es una herramienta de dominación al servicio de las clases dominantes. Esto no es distinto en el capitalismo. El Estado capitalista, aunque en ocasiones bajo una apariencia de igualdad formal, es el garante de la reproducción ideológica y cultural de la opresión de género, y aboga activamente por el mantenimiento de unos cuerpos represivos y judiciales conservadores y reaccionarios. Incluso bajo el gobierno de fuerzas políticas burguesas de “izquierda”, sus medidas contra la opresión patriarcal son estéticas, superficiales, burocráticas, ineficaces, temporales e insuficientes, y solo proponen tales medidas cuando las masas organizadas hacen una presión suficiente para arrancar tales conquistas.

Si queremos conseguir que las leyes se apliquen (qué mínimo), hay que luchar, pero no ganamos siempre. Eso se debe a que las instituciones están al servicio de la clase dominante, hay un interés en que sigan existiendo mecanismos violentos patriarcales, ya que la división sexual del trabajo tiene un papel clave en el capitalismo. Así que, aunque haya margen de negociación de cara a nuestras condiciones de vida más inmediatas, nuestra emancipación no se puede dar dentro del propio sistema capitalista.

La violencia patriarcal: un análisis marxista. – O. C. Revolución

El capitalismo introdujo a la mujer en el ciclo de la explotación productiva, llevando tanto a las obreras como a las burguesas a la politización y la auto-organización. Los intereses de clase fraguan dos líneas antagónicas en el seno del movimiento feminista: la línea burguesa, reivindicando una posición de privilegio y poder para las burguesas equivalente a su homólogo el burgués; y la línea proletaria, que lucha por la revolución socialista como único camino para la liberación de la mujer. Esta lucha de líneas se manifiesta y despliega en cada una de las luchas reivindicativas. La línea proletaria ha apostado históricamente a nivel estratégico por:

  1. La organización de las obreras por sus reivindicaciones económicas y democráticas,

  2. Así como enfocar las luchas democráticas y populares bajo el prisma y los intereses del proletariado, como muestra el histórico ejemplo de la lucha sufragista.

Es en el contexto de las luchas reivindicativas en las que la ideología revolucionaria del proletariado empieza a dar respuesta a los intereses de las mujeres obreras y populares de la consecución de su emancipación.

Como se hace patente, el movimiento feminista alberga una lucha de líneas en su seno, de los intereses de las distintas clases, incluyendo también las líneas pequeñoburguesas. Por su relevancia en el movimiento feminista actual, es relevante señalar que en ausencia de un movimiento revolucionario por parte del proletariado, las líneas pequeñoburguesas luchan exclusivamente por una existencia más cómoda dentro de los márgenes de la explotación capitalista, siendo esencialmente funcionales al mantenimiento de la doble explotación general. Por tanto, como en todos los movimientos de masas, la línea proletaria debe conquistar la dirección del movimiento para que la lucha del mismo sirva a los intereses del pueblo y a la organización de la revolución. En consecuencia, la línea proletaria en el movimiento debe aglutinar todas las reivindicaciones populares contra el patriarcado, incluidas la liberación trans y la lucha por la erradicación de la explotación sexual.

Si quieres profundizar en estas tesis puedes leer los siguientes artículos:

Crítica al reformismo

El reformismo es incapaz siquiera de mejorar mínimamente nuestras condiciones o aliviar ligeramente nuestra opresión, y bajo el Estado capitalista no caben las demandas de la mujer obrera, ni tenemos ninguna garantía de que las conquistas que consigamos bajo este vayan a estar garantizadas, es por esto que reivindicamos que para liberar a la mujer obrera de la doble explotación a la que está sometida como mujer trabajadora debemos destruir el Estado capitalista, aniquilar su aparato represivo, enfrentarnos a sus representantes de “izquierda” y derecha, y a toda clase de reaccionarios que luchen por su conservación.

Comunicado 8M: ¡Contra el patriarcado, revolución socialista!

Recomendamos este comunicado para comprender porqué el capitalismo no puede acabar con la opresión de las mujeres

Como ya sabemos, a partir del 2018 hubo un auge del movimiento feminista en España. Miles de mujeres tomaron las calles y este momento de flujo sirvió para la politización de muchas de ellas: se cuestionó el carácter de la justicia y se puso en cuestión la validez de las instituciones estatales para asegurar la protección de las mujeres. En el área de movimiento obrero, hubo una subida generalizada de afiliadas en los sindicatos, y la brecha salarial y la denuncia del acoso sexual empezaron a formar parte de la agenda política.

Así pues, aunque el movimiento feminista haya conseguido avances sociales, no podemos olvidar que se trata de un movimiento de masas interclasista en el que se ha dado un proceso de institucionalización. El papel del reformismo en los movimientos sociales es de desarticular y desmovilizar las luchas mediante el legalismo, utilizando tres tácticas:

  • La defensa de las instituciones capitalistas, difundiendo la concepción burguesa que estas son neutras, no tienen carácter de clase, y pueden ampliarse o conquistarse para los intereses populares.

  • Situar a las organizaciones de lucha como mediadores con el Estado, siguiendo las lógicas del propio Estado, o en los casos más flagrantes, como apaciguadores del movimiento, mientras los parlamentarios reformistas se presentan como los portavoces del movimiento ante el Estado.

  • En relación con la anterior, se tratar de cooptar a líderes activistas para las filas del reformismo, con el fin de arrancar toda combatividad del movimiento.

Ante esto, como comunistas debemos ser claras y denunciar al reformismo, explicando cómo el capitalismo no sólo no es reformable, sino que cualquier avance que se consiga es temporal, y sólo puede mantenerse bajo presión. Por ello, recomendamos la lectura de los siguientes tres análisis:

1. Por qué el capitalismo es incapaz de erradicar la violencia de género

Como veremos en los siguientes apartados, derrocar el sistema patriarcal no se hace a golpe de reforma o de mandato, sino que tiene que darse a través de una verdadera movilización de masas que incorpore a las mujeres a todos los niveles de la sociedad, la economía y la política, socializando el trabajo doméstico y equiparando a los hombres a nivel de los cuidados a través de la educación político-ideológica y su participación directa en esta transformación. Sin embargo, incluso asumiendo la lógica burguesa burocrática de utilizar el Estado como herramienta principal de transformación social, podemos ver que no es posible poner fin a la violencia de género mediante el Estado capitalista.

Las herramientas que da el propio el sistema capitalista apenas sirven para paliar los efectos más devastadores de la violencia de género. Los recursos destinados en relación al volumen del problema no son suficientes y, realmente, nunca podrán serlo. Para empezar a plantar cara a la violencia de género desde el Estado sería necesario, para empezar, un programa de educación sexual integral en todos los niveles que haga hincapié en las relaciones interpersonales, entendidas como un fenómeno social sujeto a condicionamientos. Después, se deberían habilitar centros de atención y acogida con un gran nivel de proximidad y, sobre todo, facilitar procesos de denuncia, junto con un saneamiento de los cuerpos policiales y judiciales. Evidentemente, si hacemos cuentas, pedimos más de lo que el sistema es capaz de darnos. Para conseguir que la cuestión de la violencia de género sea un problema que podamos atajar de raíz, tenemos que luchar por construir otro sistema que permita la participación política real de las mujeres trabajadoras en todos los niveles y que garantice que estas medidas sean permanentes.

2. El Ministerio de Igualdad y los límites del reformismo

La farsa de las supuestas leyes del gobierno ‘más progresista de la historia’. En el año 2023 se han aprobado ‘La ley del Sí es Sí’ y la ‘Ley trans’, y la narrativa que ha llevado la izquierda reformista es que el Ministerio de Igualdad es un aliado para los derechos de las mujeres. En este artículo, analizamos porqué ninguna institución del poder burgués puede defender a las mujeres trabajadoras. Se explica cuáles son las limitaciones que presentan estas leyes, y cómo funciona el aparato estatal para aplicarlas de forma burocrática. También, destacamos una tendencia del reformismo que antes hemos mencionado: el reformismo negocia con los movimientos sociales y sus reivindicaciones a la baja, llegando a un punto de estancamiento del capitalismo en el cual el Estado burgués ya no puede permitirse soltar más del mínimo o lo que las trabas estructurales le permiten. Además, por la naturaleza burocrática del Estado capitalista, estas reformas, una vez en aplicación, tendrán una serie de limitaciones que ejemplificaremos con estas leyes.

Por otro lado, es notorio cómo la institucionalización de parte del movimiento engendra un ala reaccionaria que ataca y excluye con discursos de odio a las mujeres trans e identidades disidentes de los espacios de luchaEl transexclusionismo no sirve sino para separar y dividir las diversas luchas de la clase trabajadora. La tarea que tenemos los comunistas es otra muy distinta: entender las distintas situaciones de explotación y opresión contra el pueblo para unirlo en un único torrente revolucionario contra el enemigo burgués.

3. El engaño de la ley abolicionista

Los intentos de legislación abolicionistas y regulacionistas en torno a la prostitución evidencian la incapacidad del Estado burgués de erradicar la violencia sexual, puesto que es el sistema capitalista el que empuja a las mujeres más precarias a la venta de su consentimiento. El abolicionismo burgués pretende eliminar por completo la industria del sexo, pero con unos recursos insuficientes que solo consiguen hacerla más clandestina y, por tanto, más violenta y estigmatizada. Por otro lado, el regulacionismo reviste la prostitución de una fachada de legitimidad tras la que se siguen escondiendo redes de trata, aumenta la violencia e incentiva el crecimiento del proxenetismo. En este artículo realizamos un estudio de la aplicación de ambas legislaciones a partir de casos reales que demuestran como la industria sexual, como parte de la economía sumergida, encuentra las vías para asegurar su permanencia.

La lucha de las mujeres en el socialismo

Este último apartado, y no por ello menos importante, recoge cómo el movimiento comunista revolucionario ha integrado en su programa las reivindicaciones de la lucha de las mujeres, y cuál ha sido el papel de éstas en la construcción del socialismo, así como las medidas que se han tomado en las experiencias de Poder Obrero para avanzar hacia la liberación de la mujer.

En primer término, hacemos una comparativa en cómo la ideología burguesa y la ideología del proletariado tratan la cuestión de la lucha de las mujeres. En el caso de la ideología burguesa, mantiene una herencia directa de la ideología patriarcal clásica: ya en los albores del capitalismo, se consideraba a las mujeres como seres humanos inferiores, tanto en los tratados clásicos de política como en la ciencia burguesa, que con su falso materialismo elucubraba sobre la supuesta naturaleza femenina, siendo esta un invento para justificar nuestra opresión. Por otro lado, tras el ascenso del feminismo, el feminismo burgués se erigió como otra de las líneas burguesas, siendo el bastión de algunas burguesas para mantener sus privilegios y mantener al resto explotadas.

Así pues, el comunismo fue la única ideología que analizó la problemática de las mujeres desde una óptica científica: nuestra opresión no es biológica ni esencial a la condición humana, sino que el patriarcado es un producto histórico que se constituye junto con la aparición de la propiedad privada y el Estado, con la emergencia de las divisiones de clase. El capitalismo, que empuja a las mujeres al trabajo asalariado, no hace más que ampliar al proletariado como clase. Por tanto, las diferencias de etnia, género, sexualidad, nación, etc. no deben ser obstáculo para la unidad del proletariado contra sus explotadores, siendo necesario analizar con precisión cada causa de opresión y explotación por separado y en relación con las demás.

A través de estas tesis, en los albores del siglo XX, ya Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin y Alexandra Kollontai fueron representantes de las mujeres trabajadoras (y de toda la clase) y analizaron en profundidad la división sexual del trabajo, la doble explotación de las mujeres en el capitalismo; y también destacaron por trasladar la línea proletaria a reivindicaciones interclasistas que estaban en boga, como la lucha del voto femenino.

Para ahondar en estos aspectos, os recomendamos la lectura de estos dos artículos: Las Mujeres en el movimiento comunistaLa lucha de las mujeres en el socialismo: la revolución soviética. En ellos se profundiza sobre la ligazón de la lucha de las mujeres y el movimiento revolucionario y, además, en la segunda lectura se analiza con profundidad los avances en igualdad que se dieron a cabo en la Unión Soviética. Esto último es importante ya que ningún Estado capitalista había llegado tan lejos en la consecución de políticas de igualdad, demostrando cómo el Poder Obrero intentó apuntalar la división sexual del trabajo, así como las limitaciones de su aproximación a la emancipación de la mujer.

De momento solo hemos publicado el análisis de la lucha de las mujeres en la Unión Soviética, próximamente publicaremos análisis de otras experiencias históricas e internacionales, como lo son China, Perú, India y Filipinas, de las que debemos aprender y que demuestran, tanto con aciertos como con errores, cómo combatir la influencia ideológica y práctica del capitalismo y el patriarcado en nuestros espacios de lucha y organización. En cada uno de esos hitos veremos las siguientes ideas, que se han introducido en distinta medida a lo largo del compendio:

  • Las mujeres, en concreto las mujeres proletarias, son un pilar fundamental de la revolución. «Sostenemos la mitad del cielo».

  • Derrocar el sistema patriarcal va unido a derrocar al capitalismo, pero no se da de manera axiomática; es necesario llevar la lucha feminista antes, durante y tras la revolución.

  • Derrocar el sistema patriarcal no se hace a golpe de reforma o de mandato, sino que tiene que darse a través de una verdadera movilización de masas que incorpore a las mujeres a todos los niveles de la sociedad, la economía y la política.

  • Acabar con el modelo de familia nuclear burgués no será posible sin socializar el trabajo doméstico y equiparar a los hombres a nivel de los cuidados a través de la educación político-ideológica y de la movilización de masas. Las mujeres tienen que ostentar el poder para ser la vanguardia en este proceso de transformación e incorporar a todos los sectores revolucionarios en ésta.

  • El papel de los hombres en dicho proceso, en especial de los hombres cis y heterosexuales, no es inconsecuente, y se les tiene que educar en esta materia. Además, de esta manera se transmite esta educación al resto de compañeros sin que nosotras carguemos sobre los hombros todo el grueso de esta transformación.

  • La consecución de los derechos LGBT va ligada a esta misma lucha y en, antes y tras la revolución, se le tiene que dar especial importancia a la movilización de masas y a la educación política en este ámbito.

Por lo tanto, se hace evidente la vigencia de una de las máximas de la ideología marxista, en tanto que la emancipación de la mujer y de todas las personas oprimidas por el patriarcado es indisoluble de la revolución proletaria:

La clase explotada y oprimida —el proletariado— no puede ya emanciparse del yugo de la clase explotadora y dominante —la burguesía— sin emancipar al mismo tiempo, y para siempre, a toda la sociedad de toda explotación, opresión, división en clases y lucha de clases.

– Manifiesto Comunista, Karl Marx & Friederich Engels

Ante la opresión patriarcal: ¡es justo rebelarse!

¡Viva la lucha de liberación de la mujer!

Contra la doble explotación y toda forma de opresión: ¡organicemos la revolución!

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